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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Mis Muertos



No me ha tocado enterrar a mis muertos, sólo han sido ausencias que se sientan conmigo a la mesa, que se sientan conmigo en la cama, cuando estoy a punto de quedarme dormida. Quizá por eso los duelos se me han prolongado tanto.

Mis muertos se me aparecen impertinentes. Cuando necesito descansar, cuando necesito ser formal, cuando necesito ser normal. Vienen y se van, dejándome en el desconcierto. En la culpa, en la frustración.

Vienen en sueños y se van antes de que empiece a gozarlos, obligándome a despertar, insatisfecha. Vienen en pesadillas y se van hasta que lograron asustarme, hundirme en el vacío.  Vienen envueltos en una sábana de nostalgia y me dejan con los ojos aguados, con las mejillas húmedas. Vienen y no llegan, sólo se anuncian, sólo me hacen esperar.

A veces llegan con risas. Me hacen llorar de risa, llorar de gusto, de melancolía. Eran simpáticos de vivos, ingeniosos, inteligentes como niños que crecen descubriendo el mundo. Y se fueron muy pronto, me dejaron muy pronto, sin herramientas para adaptarme a esta soledad.

Llegan solos, turnándose para desencajarme. No saben uno del otro, se fueron sin saber la desolación en que me dejaban, sin saber la complicidad que tienen ni el lugar que comparten sobre el colorido papel picado en mi ofrenda. 

Al lado del plato de mole con pollo y el vaso con mezcal que habrían sabido compartir.

domingo, 21 de junio de 2015

Mi viejo, mi querido viejo.





Esta canción le gustaba mucho a mi papá -como a casi todos, ya que es una canción realmente linda-, era parte de su playlist. No había reunión o tarde bohemia sin que estuviera presente, saliendo de una pila de discos de vinilo que tenía siempre lista para esas ocasiones. También la tenía en un casete que pidió le grabáramos con un mix casero de sus canciones favoritas, con las que se acompañaba cuando sacaba el polvo de su habitación; era muy limpio y le gustaba mucho el orden, en sus últimos años no esperaba a que nosotros nos diéramos el tiempo de asear sus habitaciones y lo hacía él mismo, siempre cambiando muebles y redecorando, en un intento constante de reinventar su espacio. Y mientras sacudía cantaba bajito esa y otras canciones, a diferencia de como lo hacía años antes, a todo pulmón, cuando tenía una potente cascada de voz que presumía con gusto, y a complacencia de todos los demás (porque no conocí a nadie que oyéndolo, no quedara admirado). 

Al final solo cantaba en voz alta en reuniones, y después de que se le insistía mucho. Seguramente, como en todo lo demás, su exigencia consigo mismo lo hacía avergonzarse de que su voz se viera disminuida con el tiempo (aún cuando siempre siguió arrancando aplausos cargados de admiración). Nunca se perdonó envejecer, volverse débil, vulnerable, dependiente de los demás. Era tan todopoderoso en otro tiempo. 

Una foto que se ha perdido ha quedado en la memoria de nosotros. Era una foto muy vieja, de cuando era joven. De cuando merecía el apodo de "El Seco", que jugaba con su nombre (Ezequiel) y con su complexión. Salía de la taquilla de un cine y se nota que lo tomaron por sorpresa, seguramente diciendo su nombre para hacerlo voltear a la cámara; su gesto lo dice todo, describiéndolo bien: broncudo, agresivo, siempre a la defensiva, listo para saltar encima de quien pudiera constituirle una amenaza. Sus manos sostienen los boletos y su cara se levanta hacia la lente, el ceño fruncido que arruga una frente prematuramente surcada, la mirada fija, penetrante, retadora e inquisitiva, el mohín de los labios conteniendo una maldición, un insulto o una advertencia. 

La chamarra y el copete indican que eran los años cincuenta, el pantalón amplio y el pañuelo en el cuello, su inclinación hacia la moda de los pachucos. Así es como lo describe mi mamá en su noviazgo: almidonado, acicalado y arrogante (pese a que sus hermanos más chicos corrían descalzos por las calles sin asfaltar), era el galancito de barrio, el líder de la palomilla, el que no le sacaba a los trancazos, por el contrario, sus botas estaban reforzadas con metal para cuando había que patear hacia las pantorrillas para luego lanzar un puñetazo en el estómago y sacar el aire, antes de disparar a la mandíbula y dejarlos noqueados en el suelo, ese -nos explicaba- era su movimiento más recurrido, su sello. Era, también, aprendiz de boxeador.

Su madre lavaba ajeno y sus hermanos menores también trabajaban desde que amanecía hasta que anochecía, así malcompletaban el gasto diario, dejándole a él la carga más pesada, la de pagar la renta, el insuficiente abrigo y la escasa despensa. Lo que faltaba a veces lo completaba jugando a las cartas, teniendo siempre el buen tino de retirarse cuando juntaba alguna cantidad que aliviara las necesidades más apremiantes. Desde los catorce años era la cabeza de familia, aunque trabajó formalmente desde tres antes, abandonando la escuela al terminar el cuarto grado de primaria. Así se inició en la 'adultez'. Fue, también, aprendiz de yesero.

Venía de una familia de pequeños terratenientes, su padre era el presidente municipal de un pequeño pueblo en Tlaxcala, pero cuando murió de tres tiros en la espalda mientras montaba a caballo, dejó a sus hijos en la orfandad y en la miseria, pues sus familiares los despojaron de todas sus tierras. Demasiados hijos no reconocidos, demasiados líos de faldas y demasiados rencores dejó el abuelo, así que lo único que les quedó a su viuda y a sus hijos fue emigrar a la gran ciudad. 

Una anécdota describe el tamaño de ese despojo: cuando a finales de los años 60 los hermanos se juntaron para llevar a su madre al pueblo, a reencontrarse con sus familiares, aprovechando para llevar a sus esposas e hijos a conocer su tierra natal, un susurro que se convirtió en alerta recorrió las casas mientras ellos bajaban de sus camionetas: "¡Llegaron los Carrasco!". Un grupo de hombres, mujeres y niños salieron a recibirlos, con más miedo que gusto, con más recelo que cordialidad. Fue la abuela la que rompió el silencio, preguntando si así se recibía a los paisanos. Enseguida brotaron las risas y las bromas, las palmadas en la espalda, las presentaciones. Ya con más confianza, cuando se disfrutaba de la sobremesa, confesó uno de los locales: 

-Creíamos que venían armados, a echarnos bala. 
-A balearlos no -precisó mi papá-, pero armados si venimos.

Él siempre cargaba una Luger 22, regalo de uno de los comandantes que en ese tiempo visitaban mucho la casa (acompañados de pequeñas starlets de la época, como Isela Vega, o inclusive el mismísimo Chava Flores, que fue a dar clases avanzadas de albures a politiquillos y policletos que creían sabérselas de todas, todas). Como líder sindical recibía muchos regalos, y las armas eran algunos de ellos, no sólo pistolas o rifles, sino también machetes, dagas, cuchillos y pequeñas espadas. La Luger le gustaba por discreta, podía meterla en los maletines o entre los papeles de la guantera de su auto cuando viajaba recorriendo la República Mexicana, para defenderse de los asaltos mientras circulaba por las mismas carreteras que él ayudó a construir, cuando consiguió por fin un trabajo estable como operador de maquinaria pesada en el gobierno, y tuvo su primer acercamiento con los sindicatos. Ahí fue cuando volvió a la escuela, a la Universidad Obrera, en el hermoso edificio de San Ildefonso, ahora convertido en museo. Destacó tanto -como estudiante y como miembro sindical- que cuando una de mis hermanas cursó la preparatoria ahí, veinte años después (en la última generación que ocupó sus instalaciones), su apellido fue identificado por varios maestros, colocando muchas expectativas sobre ella (no cumplidas, hay que confesar).

Sobre la Luger contaba la siguiente anécdota: enviado en carácter de urgente a otro estado, para "coadyuvar" a imponer un acuerdo que no era aceptado por las huestes, y viendo rechazados sus primeros intentos de diálogo mesurado, y ya fastidiado por recibir insultos y mentadas de madre en lugar de argumentos, alzó su recia voz por encima de las de todos mientras arrojaba su maletín abierto sobre la mesa: "Aquí venimos a poner orden", gritó, al tiempo que la esbelta Luger se deslizaba saliendo de entre los papeles. El silencio denso que se dejó sentir durante largos instantes fue roto por las voces conciliadoras que intentaban calmarlo: "No, señor Carrasco, podemos dialogar... sentémonos a dialogar". Sin perder estilo y calma recogió parsimoniosamente la pistola que había olvidado llevaba, agradeciendo que no se le hubiera escapado un tiro, y que ninguno de aquellos líderes rurales, que posiblemente también iban armados, se hubiera sentido tentado a responder de igual manera. Era considerado, también, un gran negociador.

Seguramente, de haber tenido uno, le hubiera gustado que esta canción musicalizara su funeral. O de haber tenido una, que se cantara al pie de su tumba. Quizá eso pensaba mientras la cantaba bajito, sólo para sí, mientras la escuchaba en esas tardes bohemias que se montaba de tanto en tanto.

jueves, 1 de enero de 2015

¡Primer Sexenio!





2014 fue un año difícil, Peña Nieto seguro jamás lo olvida -je-, pasó de ser el "salvador" de México a una figura de inacción hecha de cartón para ser quemada, golpeada y decapitada por el pueblo que lo odia (que es la gran mayoría, pese a que los peñabots parezcan ser muchos, y los que prefieren que la indignación no se manifieste ni siquiera con hashtags sean todavía más).

Fue un año de cambios y despertares en este país, lo que podría ser semilla de movimientos de mayor complejidad que una marcha o un bloqueo, pese a la demanda de que las manifestaciones permanezcan pacíficas, o del lógico desgaste de la movilización popular. Lo que sí es tangible ya, es que germinó una conciencia crítica que invita a la acción organizada.

Lo cual es muy bueno.

Ni el levantamiento del Ejército Zapatista hace exactamente veintiún años, ni la protesta masiva de quienes estaban convencidos de que hubo fraude en las elecciones de 2006 (los dos sucesos que volvieron a convocar a la Sociedad Civil que se organizó espontáneamente por primera vez después del sismo de 1986, para cubrir el vacío del tibio gobierno de entonces) habían provocado las multitudinarias adhesiones solidarias que se han presentado después de la desaparición y asesinato de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, la gota que derramó el vaso de la indignación por la impunidad y la connivencia de autoridades corruptas con narcotraficantes. Por eso la protesta y la rabia se ha dirigido hacia lo alto de esas autoridades, tomando la figura presidencial como catalizador de toda la incomodidad y disgusto populares. Sumando la mirada crítica de los medios que antes le brindaban tolerancia cómplice, y la reprobación a su gestión desde otros países, el sexenio de Peña Nieto se ve más complicado de lo que ha sido el sexenio de este blogcito cumpleañero. Aquí sólo hemos tenido un (absurdo) reclamo por el nombre, un (absurdo) pleito entre divas ególatras, y unas cuantas (absurdas) grafiteadas en un post popular, que vio pintadas sus paredes con frases escatológicas cual baño de secundaria.

Fuera de eso, pura buena vibra ha llegado por aquí. Más de la que su inconstante, (mentalmente) inestable e inconsistente autora merece. Gracias por eso, ustedes son mejores lectores de lo que yo soy como bloguera.

Yo no puedo hacer un balance objetivo de este año, personalmente me siento mejor que nunca, es decir, en una de mis etapas de mayor estabilidad en varios niveles, además de algunos logros individuales, las celebraciones recientes me han confirmado que tengo amigos sinceros con los que mantengo lazos muy firmes, además de la suerte inmensa de ser parte de una familia felizmente disfuncional, pues tal como decía Tolstói, las familias infelices lo somos de distinta manera, incluso dando cabida a una felicidad intermitente y necia, que regresa tozuda a instalarse en cualquier recoveco que encuentra, pese a las grandes tragedias que tampoco se resignan a abandonarnos. Porque a pesar de esas pequeñas y crecientes dosis de dicha, y de avances tímidos que logramos, dos sucesos añadieron el drama que la vida requiere. Dos pérdidas, dos ausencias, dos huecos en el estómago y el pecho, dos nudos en la garganta que se deben disimular con la sonrisa, pese a todo, sincera. Porque de eso se trata la vida, ¿no es cierto?, de buscar sonreír de nuevo, de intentar sonreír otra vez.




Así se iluminó Europa celebrando el cumple del blogcito. Apenas comenzó el año y luego luego se pusieron bien loquitos festejándonos hasta en Dubai, Hong Kong y demás hermanas repúblicas. ¿Qué chiditos, no?

Y hoy mi sonrisa es muy plena. Yo termino el año brindando como en La Traviata, y comienzo los años acompañando mi primer despertar con los aplausos de la Marcha Radetzky de Johann Strauss, que concluye el tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena.

Y desde hace seis años, esta es mi celebración por El Fanzín, por todas las cosas lindas que me ha traido: el aprendizaje, las conversaciones, las amistades, la empatía, las ideas en tránsito, las puertas que se abren, las voces que escucho, los estilos que reconozco, los caminos que recorro, los puentes que se tienden, las manos que se brindan, las causas que se abrazan, las personas... sobretodo, las personas. Los avatares que se vuelven personas, los nicks que se vuelven nombres.

Carmen, Nora, Marichuy, Donají, Luis, Aurelio, Bertha, Ana, Tere, Laura, Carolina, Gisela, Max, Hugo, Carlos, Adriana, Jesús, Juan, David, Ángela, Norma, José, Sergio... nombres que se han vuelto amigos constantes, maestros y cómplices, presencias que entibian la virtualidad, y junto a todos estos nombres, hay tres que me persiguen siempre, porque sé que El Fanzín les debe mucho y necesito agradecerles: Andrés, Rodrigo y Ulisses. No fui inteligente y no supe dejarles saber la importancia que tuvieron para mí y para el blog, no supe corregir mis errores ni tuve la suficiente madurez, y lo lamento de manera recurrente, ojalá un día tenga la oportunidad de ofrecer la disculpa obligada.

Por hoy, agradezco la oportunidad de celebrar brindando y aplaudiendo así:






Feliz Año. Feliz Vida.

Adendum: releyendo la entrada de hace un año, en que transmito toda la frustración de ir contra un sistema sin mayor esperanza de provocar un cambio, hoy puedo decir que todas estas manifestaciones han servido, además, para que la esperanza se vuelva más robusta y firme, de ahí el cambio de ánimo registrado en este último año. El sistema sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, esperando nuestro total despertar... pero somos más ahora.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Aquí...


Wish You Were Here by Pink Floyd & Stéphane Grappelli on Grooveshark



Stéphane Grappelli improvisó con su violín durante una grabación de estudio de Wish you were here, y por poco esta es la grabación que todos hubiéramos conocido desde 1975. Por poco, también, se pierde para siempre, de hecho, se dio por perdida pensando que habían grabado sobre ella, hasta que fue hallada en 2011, cuando se dio a conocer y pasó casi desapercibida, entre todas las notas sobre Pink Floyd que salen continuamente. 

Stéphane Grapelli, leyenda del gipsy jazz y compañero de Django Reinhardt, colaboró con el grupo inglés cuando ellos buscaban hacer algo impresionante después de Dark Side of the Moon, y logró -como podemos escuchar-, una versión todavía más nostálgica y más abrumadora, haciendo que uno, tal como Nick Mason, se pregunte por qué no la usaron desde un principio.

Esta canción, ¿saben?, musicaliza mi duelo. Pero esta versión de plano me quiebra, si algo me hacía falta es que se le sumara un violín lloroso para que me resulte insoportablemente nostálgica. Y dolorosa. Aceptar la pérdida total de una persona amada es difícil, así se haya esperado la noticia durante casi veinte años. Uno esperaría que sería más sencillo, pero la verdad es que hasta las lágrimas que no se derramaron oportunamente pueden ahogar. Y uno va cargando una pena que se confunde con la culpa, una nostalgia que a veces parece obsesión. Se llega, incluso, a preguntar cómo se pudo seguir viviendo... y como seguir.

Al final la vida sigue y te arrastra sin que uno pueda elegir seguirla.

Perdí a alguien. Alguien, también, me perdió. Supongo algún día lo superaré pero hasta hoy ese día no ha llegado. Y casi son veinte años ya.

Creo que soy muy lenta para algunas cosas.


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En la Ciudad de la Furia


Posdata: lamento mucho la muerte de Gustavo Cerati, significó mucho su música para la adolescente que fui. De música ligera sigue siendo mi canción favorita (bueno... tengo varias, confieso, todas empatadas en primer lugar). Anhelaba verlo volver, como prometió. Vine y escribí una entrada larga larga sobre él, bueno, sobre mí y su música, sobre los oscurantistas años ochenteros (en México) y su música. Pero al final ya no quise publicarla, pensé: "¿a quién le importa lo que yo pueda decir sobre él?". Y la boté a la papelera. He hecho varias veces así con otros temas, o ni siquiera comienzo a escribirlos a pesar de tener el cuadro de texto de una nueva entrada abierto y las palabras en la punta de los dedos. ¿A quién le importa que yo escriba en este blog?, ¿lo que pueda decir sobre cualquier cosa? Por ejemplo, quise venir hablar también de la muerte de Robin Williams, ahí no porque me afectara en lo personal (no me gustaba su trabajo actoral, casi lo contrario), sino por el efecto que vi en los demás, en lo que se piensa que es la depresión, y hasta en ese curioso caso de payasos tristes que lloran debajo del maquillaje (entrada planeada desde hace años que  nunca vio la luz). Quise hablar también del caso de la #LadyChiles, porque me hizo reflexionar sobre el trato que les damos a las personas que nos ayudan en el trabajo doméstico y el clasismo que todos contribuimos a preservar... pero al final sólo se quedaron en ideas sin concretar. Y bueno, al final abrí (como por cuarta vez) esta otra entrada que estaba fermentándose en los borradores (entrada que también fue mutilada al ver que ya había contado demasiado, y relegada al pensar: "¿a quién le puede importar lo que yo diga sobre esto?"), le agregué las últimas frases, y luego empecé esta larga posdata para explicarles que ya no publico mis entradas, que sólo las empiezo y no las concluyo, las dejo ahí encerradas, sin luz y sin agua para que ya no crezcan, para que no florezcan. Algo me pasa... y no sólo es en este blog sino en la vida general, últimamente me guardo todo lo que pienso, me reservo mis opiniones y mis confidencias, me ha dado por callarme y jugar a la mudez... pero ya es septiembre y siempre me gusta hablar de la historia de este país -a manera de celebración-, de lo que aprendo sobre él y quiero compartir, así que tal vez lleguen más entradas... tengo además muchas fotos de esta ciudad, soy muy mala fotógrafa pero también soy muy mala escritora y de todas maneras sigo escribiendo mis historias, y lo mismo creo que pasará con mis miradas sobre la ciudad, ciudad que amo desaforadamente a ratos... o a rincones, a escalinatas, a jardines, a sabores, a rostros. Y que quiero venir a dejar por acá, porque es el México que mejor conozco y el que me toca compartir. Y porque tengo esa necesidad de hacer pública mi declaración de amor por esta ciudad. Así que aquí nos vemos nuevamente.


sábado, 26 de julio de 2014

44

Cuarenta y cuatro años son los que cumplo hoy, y Google, que nunca deja pasar una efeméride especial, divertida y trascendente -je-, así me felicita:



Este año ha sido difícil en muchos aspectos, pero aleccionador. Espero se refleje aquí todo ese aprendizaje.

Voy a intentar compartir aquí algunas impresiones que tengo sobre la ciudad que vivo diariamente, la que veo yo, y que he recorrido mucho en las últimas semanas. Mientras les dejo el enlace para que vean algunas de esas imágenes que han sido publicadas recientemente en Instagram, y dejo algunas aquí también.

Le robo descaradamente su despedida habitual a Nora, pero hoy necesito sus palabras para dirigirme a ustedes, los que todavía se interesan por este blog:

Gracias por leerme.

jueves, 18 de julio de 2013

Matador

Vientos de libertad, sangre combativa.

Mira hermano en qué terminaste por pelear por un mundo mejor.

...Qué suenan. Son balas. Me alcanzan. Me atrapan. Resiste...
Matador, Los Fabulosos Cadillacs.



Creo que si no había escrito antes su historia fue porque estaría inconclusa. Tantas dudas tenía sobre sus motivos... y sus motores.

Cuándo él se fue pensé que me abandonaba, y fue que me estaba salvando.
Así era él... un salvador 
(lo tenía escrito en la frente).

Explicarlo sería extenuante, explicarme a mí sería inútil. Tendría que contar tantos detalles, porque si no sólo sería la historia de unos locos. Una historia loca de unos desquiciados. Que se enfermaban mutuamente.

Eso sería muy cercano a la realidad. Pero faltaría lo inverosímil, lo inaudito.
Lo inédito.

No estoy para misterios pero realmente no puedo contarles mucho, más que decirles que mi vida, que mis vivencias, son inusuales. Poca gente vive tan a la orilla del abismo como yo. Y no porque sea aventurera o temeraria, ni siquiera estrafalaria, ni siquiera extravagante... bueno, ni siquiera realmente divertida. Sólo inconsciente. Agraviosamente inconsciente

(como en esos videos de muertes tontas, esas que podrían ganar un Premio Darwin).

Y de esas cosas que simplemente no puedo contarles, está este luto inacabado, este duelo que no tuve.

No me ha tocado enterrar a mis muertos (cosa curiosa). No es una frase que aspira ser literaria. Es la verdad. Tengo lutos sin exequias. No hay una urna que albergue cenizas y lágrimas, que lapide los recuerdos. Ellos han quedado ahí, al vuelo, como fantasmas de un pasado que se aferra a mis días presentes. Que no regresan porque, simplemente, nunca se han ido.

Él ha estado ahí siempre. Incluso cuando por fin se fue. Cuando realmente se fue. Porque la ausencia que lloré fue apenas, simulacro. Una broma burda. Más al final sí terminó haciéndose realidad, como todo lo que yo finjo. Porque han de saber que dejé de ser mitómana cuando comprobé que las que se hacían realidad eran mis mentiras.

Yo mentí sobre él, para justificar mi gran dolor. Y palabra a palabra mis mentiras se fueron cumpliendo.

Así fue que finalmente murió. Tras convertirse en lo que yo dije que era.

¿Qué camino le quedaba sino la muerte?

(Un día escribí esto:

Andar debajo la noche. Andar sobre la ciudad. Andar en busca de tumbas para, después de escribir que has muerto, poder enterrar tu nombre.
Y ya, ya puedo desandar las noches)

También yo me convertí en lo que mentí que era. La verdad nunca me alcanza, pero mis mentiras siempre esperan por mí.

Hoy también soy lo que él esperó que fuera. Por lo que se sacrificó. Las dos mentiras conviven, persisten.

Quizá ese sea mi homenaje a él.

Vivir por lo que él murió. Aunque eso también me mate.


Fue él, por cierto, quien me hizo escritora... y más que escritora, bloguera. Porque la larga e intensa batalla epistolar era en realidad un posteo de nuestras cotidianidades, la crónica de nuestras distancias. El intercambio de misivas -ensayos sobre la mutua ausencia- nos acercaba cuando no podíamos estar físicamente juntos. Hasta que un día no quiso recibir la última. Su motivo fue tajante: no podía conservarla, no quería tenerla para después tirarla. Fue cuando supe que realmente se había acabado todo. Aunque viví en el error de creer que era por desamor. Yo no volví a escribir, pero él sí siguió escribiendo. Sólo que ya no me envió ninguna. 

No quiero desestimar ningún sentimiento, ninguna relación. Pero hay amores más grandes que otros.

Y están los que son gigantes.

domingo, 7 de abril de 2013

Resurrección Dominguera


Una semana después pero llegó mi propio domingo de resurrección.

Perdón por si alguien ha quedado defraudado de no encontrar más entradas aquí en las últimas semanas, no sé si aún queden lectores de este blog o se han perdido todos. Pero espero ustedes y yo recuperemos el ritmo anterior.

Una de las razones de que no me organice para escribir en éste es que ahora escribo en otro blog. Para esto déjenme les cuento que uno de los mayores halagos que recibí sobre mi manera de bloguear fue precisamente en una de las tantas pausas que ha tenido El Fanzín -de hecho era la primera ausencia larga-, esa vez por dificultades económicas al no poder pagar el servicio de Internet, y lamentando la falta de actualizaciones, a una amiga lectora le comentó su esposo: "debían pagarle por bloguear". Así de buenos le parecían mis posts y así de lamentable el que no pudiera subir nuevos. Me sentí realmente halagada y orgullosa cuando ella me lo contó. Aunque no fuera con una compensación económica me di por bien pagada, ante esa opinión.

Esta ausencia se debe también a motivos económicos, pero ahora es el contrario. Y es que ahora sí me pagan por bloguear. No aquí en El Fanzín, lamentablemente, sino en el blog corporativo de una empresa, con una temática muy diferente a la de aquí, y en un tono mucho menos informal. Aun así los invito a leerme allá también, sin embargo, no quiero hacer una invitación y ya. Mejor primero les cuento mis andanzas del último fin de semana.

Como cada vacaciones de semana santa, mi familia y yo salimos a pasear, aquí ya he contado como me fue la última vez que nos fuimos a acampar a un balneario en Hidalgo, y aquí como me fue en Acapulco (y aquí como me volvió a ir en la última visita), esta vez volvimos al balneario de aguas termales (ya estamos hartos de ir al mismo, pero los niños y el que paga el viaje ejercen su dictadura al decretarlo el balneario oficial de las vacaciones familiares). La verdad es que aunque nos quejamos de ir otra vez, lo disfrutamos mucho. El día que empezó frío y con viento se compuso totalmente, las aguas siempre cálidas y las instalaciones cada vez más comfortables nos regalaron momentos felices y divertidos. Sin embargo, todavía hoy no me repongo (apenas fui antier) del ejercicio realizado en sus albercas, de los golpes ligeros al caer de toboganes y chocar con los que también saltaban en la alberca de olas gigantes, de los raspones al rozar el fondo de un río artificial de poca profundidad, cuando me dejaba llevar por su corriente, y de la prolongada permanencia en aguas geotérmicas, tan benéficas y relajantes que todavía me mantienen en un sopor que me atolondra -je-. Y aquí es donde hago el primer enlace al blog que me da de comer, pues quiso la casualidad que encontrara información sobre los mejores balnearios de aguas termales en el mundo (hotsprings, les dicen en el idioma de Shakespeare, Wilde y los Beckham), y es que tengo que explicarles que el blog está dedicado a la información sobre el estilo de vida acomodado y de lujo (lifestyle, le dicen, justamente, en el idioma de los Beckham... y los Windsor).

Ya también es tradición nuestra hacer un alto para comprar pastes cuando pasamos por Pachuca al regresar. Kiko´s son el McDonald´s de los pastes, cada tres calles hay una sucursal y dominan hasta en la publicidad, ahora ya le salieron contrarios igual de competitivos en la mercadotecnia y también se ve una buena cantidad de letreros de El Duque (que vendrían siendo los Burguer´s King de los pastes... je, chiste malo de tan obvio y falto de ingenio), pero nosotros apostamos por comercios más pequeños.



Y aquí aprovecho para platicarles sobre los pastes porque debo esa entrada desde hace dos años. Para quien no los conozca, los pastes son como empanadas, también su relleno varía en dulce o salado, aunque los originales son los de carne molida, papa y poro, tal como tradicionalmente los hacen en Inglaterra. La masa utilizada es la cornish pastry, que es la base clásica para pays y tartas, y aquí el relleno se amplió a los platillos de la comida regional, heredera de la comida novohispana, tales como mole con pollo, picadillo, frijoles con chorizo y queso, jamón con queso y piña, champiñones, tinga y papas con atún; también hay de relleno dulce, como ate con queso, mermelada de piña, crema pastelera, manzana con canela, arroz con leche, cajeta y nutella. También hay otra variante que es con pasta hojaldrada, que es mi pasta favorita, pero para los pastes prefiero la masa original, y aquí les dejo la receta que tradicionalmente se usa en Real del Monte, Hidalgo (para hacer los cornish pasties a la manera inglesa, aquí un enlace al periódico Guardian, con un muy completo artículo sobre su platillo tradicional):

Pasta original :
 - 2 kilos de harina de trigo 
- 1 kilo de manteca 
- Agua, la necesaria 
- Sal al gusto 

Se mezcla la harina con la manteca, integrándolas poco a poco. Se agrega la sal y el agua. Se amasa hasta formar una pasta manejable, se deja reposar mínimo media hora. Luego se hacen las tortillas, el relleno se coloca en una mitad y se cubre con la otra, los bordes se unen con pequeños pellizcos, formando una especie de trenza, o se barnizan con agua o huevo, para que se peguen. También la superficie de la empanada se barniza con yema de huevo, para que quede brillosa. Si el relleno es dulce puede salpicarse con un poco de azúcar. Se hornean alrededor de veinte minutos, dependiendo de la intensidad del horno (en Hidalgo lo hacen en hornos de tabiques rojos), hasta que queden doradas (algunos recomiendan voltearlas y hornearlas hasta que el otro lado quede igual de dorado).

Relleno original: 
- 1 kilo de papa fresca 
- ½ kilo de carne molida de res 
- Cebolla picada 
- Perejil o poro picado 
- Sal y pimienta negra al gusto

Las papas se cortan en cubos pequeños, al igual que la cebolla, el poro también se pica finamente y se mezclan todos los ingredientes con la carne, la mezcla final se salpimenta. Se coloca crudo en las tortillas antes de unir sus extremos. Esta es la diferencia entre un paste y una empanada, en los pastes el relleno se coce junto con la masa.

Y ¿cómo fue que un platillo inglés se convirtió en el platillo tradicional de la capital de Hidalgo, y de pueblos mágicos como Real del Monte? A causa de la plata, y del vasto yacimiento que se encontró en ese pueblito y que fue explotado por siglos por los españoles, especialmente por Pablo Romero de Terreros (ajá, no sólo fue una colonia, fue uno de los hombres más ricos de la Nueva España en su tiempo, al grado que invitó al rey de España para que visitara su mina y el pueblo, y le ofreció adoquinar con lingotes de plata el camino desde Veracruz hasta Real del Monte, para que el carruaje real no pisara la tierra). Ya independizado el pueblo y el territorio mexicanos, el descendiente de Romero de Terreros quedó en bancarrota y para reabrir sus minas buscó inversión en Londres, de donde llegó nueva tecnología y mano de obra. Fueron estos obreros ingleses (de la provincia de Cornwell) los que trajeron la costumbre de transportar su almuerzo envuelto en pan, para conservarlo caliente. La trencita de pan que une los extremos de la tortilla era para sujetar el paste, pues no tenían oportunidad de lavarse las manos después de interrumpir el trabajo en la mina para el almuerzo. Por cierto, junto con los pastes, trajeron el futbol.

Otro día hablamos de la pasta de hojaldre (sé que eso ya lo prometí pero les juro que se los cumplo ahora sí).

Por cuestiones de trabajo ando asomada siempre al mundo del lifestyle y el lujo, ahorita como advenediza e intrusa, sintiéndome todavía culpable de dejar mis votos de pobreza voluntaria y entrar en esos mundillos elitistas. Siempre me ha gustado el comfort y soy de naturaleza sibarita, pero siempre me molestó que esos gustos se reserven a clases acomodadas, creo firmemente que todo el mundo debería tener derecho a los placeres que da la calidad y el buen gusto. Confieso que cuando yo disfruto más un lujo es porque lo obtengo gratis -je-, y por eso ahora todavía estoy encandilada con algunos placeres que descubro gracias a mi jefe o a mis compañeros de trabajo, sin que me cueste gastar el poco dinero que recibo. Gracias a mi jefe me hicieron un cambio de imagen en el salón de belleza más caro de México, y quedé maravillada de la atención y las comodidades que ofrecen. También descubro algunos sabores nuevos que me habían sido vedados por el precio que tienen en las tiendas gourmets o en los restaurantes más lujositos, y también he quedado asombrada de las sensaciones en mi boca... claro que igual disfruto un taco de carnitas del puesto de la esquina o los nopalitos que prepara la mamibicha, o el vaso con coca-cola fría que por mi dieta me es restringido y que cuando hago la excepción pecaminosa lo disfruto igual que si fuera un pecado carnal.

De esos gustos caros que todavía no me doy están los libros de ornato que tanto me gustan, y de los que quería hablarles desde hace mucho. Los gringos los llaman coffee table books, y son los libros de gran tamaño y pasta dura que preferencían el contenido visual con fotografías de alta calidad, normalmente de la naturaleza, de obras pictóricas, escultóricas o arquitectónicas, con imágenes de danza o de moda, o con imágenes altamente estéticas o emblemáticas.

El primero de ellos data de 1892, y fue concebido por el director de una asociación de ciudadanos estadounidenses con un visionario interés por el cuidado del medio ambiente, y con la intención de llamar la atención hacia ese tema (tan poco prioritario en ese entonces), para lo cual ideó un libro con poco texto e imágenes impactantes. Inspirado en los pósters con imágenes de la naturaleza que adornaban las paredes de su despacho, David Brower, director de la asociación ambientalista Sierra Club, encargó el libro This is American Earth al fotógrafo Ansel Adams. Fue el primero de una exitosa serie de libros, que fueron los primeros en adornar las mesas de café norteamericanas, para adorno y presunción.

Hace mucho aquí hablamos del libro Sumo, del fotógrafo de moda Helmut Newton, uno de los coffee table books más famosos y exitosos (no suelen ser bestsellers dado el alto costo de fabricación y de venta al consumidor, muchos basan su éxito comercial precisamente en ser ediciones limitadas). La editorial alemana Taschen es la que se ha especializado en la edición de estos libros, con cuidadas ediciones en material de calidad, y enfocados a personalidades de gran prestigio. Y justamente aquí es donde hago mi segundo enlace al blog que realizo profesionalmente (ah, porque eso sí, ya puedo decir que soy una blogger profesional... por lo menos ya cobro por eso, y oficialmente ya no soy amateur, je), porque encontré novedades de esa editorial, enfocados al mundo de la moda. Pásenle a lo barrido y léanme por allá también, si me hacen favorcito.

Ya les enlacé a los dos últimos artículos de allá, les dejo ahora el enlace al blog general, aunque al principio hay dos entrevistas interesantes, pero que no hice yo, yo sólo escribo los artículos y las actualizaciones de estado en las redes sociales (y también ahí los invito a seguirme, a diferencia de mis perfiles como la malbicho, ahí sí actualizo diariamente... y les prometo ir más allá de la frivolidad del mundo del lujo).

También les prometo ya no alejarme tanto de aquí. Yo a este blog lo extraño más que ustedes, se los juro.

lunes, 28 de enero de 2013

Orgullo y Prejuicio, 200 Años


Ilustración de Pickering y Greatbat, para la edición de 1833

«Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa», dice Jane Austen, en uno de los íncipit más conocidos de la literatura mundial, quizá porque sigue vigente. Tantas son las razones y las complicaciones sociales que mantienen esta verdad mundialmente reconocida, que se necesitaría de la mirada aguda y fotográfica de la escritora británica para plasmarlas en una historia que retrataran nuestros ritos y convenciones alrededor del romance, tal como se vive en la actualidad.

Ilustración de C. E. Brook para la edición de 1895

Porque ella guardó para nosotros, sus lectores, los convencionalismos sociales que vivía la sociedad que le tocó atestiguar, y estos últimos doscientos años, todo el que se ha acercado a su libro Orgullo y Prejuicio se ha acercado también a la sociedad rural inglesa durante la transición del siglo XVIII al siglo XIX. Se acerca, también, al feminismo incipiente de su protagonista (y de la escritora misma), que desafía la convención social del matrimonio arreglado por conveniencia, al priorizar el amor sobre la seguridad económica. Elizabeth Bennet es una protagonista literaria moderna, tan transgresora en su tiempo como en la actualidad lo puede ser Lisbeth Salander, de la exitosa Trilogía Millennium, asumiendo dos grandes (y graves) estigmas de la época: la soltería y la pobreza, a causa de sus convicciones. Pero el amor la sorprende. Y eso la hace también tan vigente como cualquier otra de las protagonistas de las novelas románticas actuales, incluso de las historias telenovelizadas que día a día atrapan a miles de espectadoras que suspiran por un galán como el señor Darcy: tímido, elegante, con sentido práctico pero al mismo tiempo romántico, tan enamorado como millonario.

Ilustración de Hugh Thompson para la edición de 1894

Tengo que confesar aquí que sufro de una cursilería pasmosa, y que el "Te amo" de Mr. Darcy me sorprendió y me conmovió tanto como a la misma Lizzie Bennet, a partir de él las páginas se sucedieron con velocidad agitada, hasta comprobar que también ella había descubierto en él a un hombre digno de amar. Porque soy una de las tantas miles de enamoradas del arrogante Fitzwilliam, y no he dejado de soñar de que un hombre guapo, sensible y millonario se dé cuenta de lo irresistible que me hace mi ingenio, y decida dejar de lado a las niñas bien que lo rodean para llevarme a vivir a su palacio de jardines suntuosos, donde intercambiaremos impresiones sobre obras artísticas mientras comemos uvas y bebemos té.



Pero más que la historia de amor del libro que hoy cumple dos siglos, me impactó el estilo directo e inteligente de una autora que supo retratar su sociedad a detalle, sin juicios pero sin contemplaciones, reflexionando no sólo sobre sus costumbres sino también sobre las relaciones humanas, a partir de una sencilla historia de amor,  tan sencilla y tan compleja como lo son todas las historias entre dos personas que se enamoran; una historia tan personal como universal, porque como todos saben, Austen la empezó a escribir justo al malograrse su gran amor, precisamente por convenciones sociales, traspolando su vivencia particular en una que es posible comprender por todo aquel que ha tenido la fortuna de enamorarse. Eso es a lo que yo aspiré conseguir cuando aspiré a ser escritora. Injustamente su literatura es considerada menor, tanto por grandes escritores como el mismo Mark Twain, quien realmente la odiaba y no escatimaba descalificaciones hacia ella, como por lectores contemporáneos, que siguen etiquetándola como autora de novelas rosas; afortunadamente ha sido también defendida por plumas más dignas y de mayor credibilidad que ésta, que la devuelven al nivel que tiene y merece.

La familia Bennet

Orgullo y prejuicio es uno de mis libros más amados, y Jane Austen es de mis escritoras consentidas, y estos doscientos años los festejo como si me atañeran directamente. No soy la única, Jane Austen seduce a muchas mujeres y no pocos hombres (un curioso cuento de Rudyard Kiplin nombra a soldados de la I Guerra Mundial, devotos de los libros de Austen, como Los Janeites, nombre que portan orgullosos los actuales admiradores de su obra, que recrean la moda y costumbres de su época), y en su figura y entorno se centran libros y películas, además de las adaptaciones a sus obras, la influencia en nuevos libros (como los de la famosa Bridget Jones) y las nuevas recreaciones (como la imaginativa Orgullo y prejuicio y zombies). Pero es poco conocido el escrito por su sobrino, donde además se reproducen algunas de sus cartas: Recuerdos de Jane Austen es un retrato cercano, tan objetivo como subjetivo de alguien que la conoció y la amó.

Retrato hecho por su hermana Cassandra

Supuesto retrato en posesión de la familia Austen

martes, 1 de enero de 2013

¡CUATRO AÑOS DEL FANZINE!

Así empezó todo:



Con un propósito incumplido... pero no olvidado. Aunque ahora ya me es casi imposible escribir diariamente, además el blog a evolucionado un poco, no es más un álbum de recortes y para recoger lo que veo en la red está El microfanzín, con una plataforma más práctica para eso; para comentar la información actual está Twitter y para cotorrear sabroso y echar chisme está Facebook (y para algo de todo eso está Google+ pero la verdad es que se me olvida que está ahí).

Ya tampoco las cosas del Fanzín y la malbicho me ocupan exclusivamente, no les había dicho pero soy responsable del manejo de las redes sociales y del blog de un sitio que proximamente tendrá una apertura pública, encima me comprometí en algunos proyectos que me interesan sobradamente, y que tienen que ver con la conciencia social que me he comprometido a desarrollar en mí y -en lo posible- en los demás, uno de esos proyectos es una iniciativa para contrarrestar la violencia y la normalización de la muerte de las víctimas del narcotráfico y la guerra mal planeada que se lleva contra este. Les cuento más sobre esto en una próxima entrada sobre el tema.

Porque lo que hoy nos ocupa es... ¡el cumple!

No es casualidad que el cumpleaños del blogcito sea en inicio de año, la coincidencia no es tal y lo que se empezó hace cuatro años fue el inicio de una conversación y una convivencia fructífera, justo como el ciclo que se inicia cada 365 días y que nos entusiasma renovar. Hoy celebramos al doble, y brindamos también dos veces, una por el año que nace y otra por el año nuevo del Fanzín, que también renace. Lo único que sentimos es que nuestro cumple opaque otros eventos casi tan importantes como nuestro aniblogsario:

En 1325 la fundación de la ciudad de Tenochtitlán. En 1801 Giuseppe Piazzi descubre el primer asteroide, Ceres. Y se funda el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. En 1860 Lincoln programa la abolición de la esclavitud. En 1959 triunfa la Revolución Cubana sobre la dictadura de Fulgencio Batista. En 1994 entran en funcionamiento el Espacio Económico Europeo (EEE) y el Tratado de Libre Comercio (TLC) de Canadá, EEUU y México. Y guerrilleros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inician una rebelión en el estado mexicano de Chiapas protestando contra la pobreza del indígena campesino. En 1998 entra en circulación el euro, moneda única para dieciséis países de la Unión Europea, siendo Eslovaquia el último en unirse.

Por nuestra parte este año volvemos a recordar al santo patrono del blog, al que nos encomendamos en un principio: el dios Jano.



Jano es una figura mitológica exclusiva de la cultura romana, considerado un héroe (al igual que Prometeo) se le atribuye también la invención del dinero, las leyes y la agricultura, según los romanos este dios aseguraba buenos finales.

El origen del nombre del mes de Enero (Ianvarivs) procede de Jano, el dios romano de las puertas, los comienzos y los finales, a quien se representaba con una figura bifrontal, mirando hacia ambos lados de su perfil (al Este y al Oeste, por donde sale y se mete el sol); era el dios de los cambios y las transiciones, de los momentos en los que se traspasa el umbral que separa el pasado y el futuro, y se le honraba cada vez que se iniciaba un proyecto nuevo. Enero era el undécimo mes del calendario romano, fue con las reformas al calendario juliano (45 a.C., durante el mandato de Augusto) que fue considerado el inicio del año.

Este blogcito se inició con el año en este mes de puertas abiertas, encomendándose al dios Jano, no sólo para tener un buen comienzo sino un buen final, y cuando sea necesario, una buena transición.

Pero todavía no es tiempo del final del blog, aunque la transición se ha hecho con cada entrada. Y hoy precisamente para celebrar el fanzinversario les quiero comentar sobre las mejores entradas del blog. Al gusto del público y al mío propio.

Porque las reinas de las entradas son las que ofrecen datos e información para trabajos escolares, destacando descaradamente las que tratan sobre la pena de muerte, ofreciendo argumentos a favor y en contra, dentro del dossier que hicimos sobre el tema. Solitas, esas dos entradas ya sostienen el posicionamiento del blog, pues acumulan entre las dos más de cincuenta mil visitas, y diariamente rebasan el centenar. Son también las que mayor número de comentarios tienen, incluso habiendo borrado los más soeces y estúpidos (siendo las únicas entradas en las que he borrado comentarios, que ofrecían sexo por pago y lindezas de ese tipo, y a petición e insistencia de los mismos lectores). Otra reina de las entradas, a pesar de su corta edad, es la de Continuando la conversación sobre bullying, y también la que habla de La situación de la mujer en la actualidad, que aborda problemáticas como la ablación, la violencia sexual, la trata de blancas y otros temas sobre la realidad adversa de las mujeres en el mundo, dando cifras estremecedoras. El dossier sobre la discapacidad también es otro que atrae bastantes visitas.

Pero no todo es seriedad en el blog, desde el amor en las historietas rosas con Susy, Secretos del corazón, en los ligues en las redes sociales, con la historia de Cuca, una transexual cibernética, o el amor explicado desde el punto de vista científico, el romanticismo ha estado presente en el blog, atrayendo grandes cantidades de visitas. El amor y el desamor, y este último ha corrido por mi cuenta, tanto con curiosidad felina como con desahogos personales, aquí hablamos de los celos enfermizos y del duelo emocional, el temido mal de amores, y también lo hemos abordado a título personal, porque este blog ha sido hecho por una malbicha enamorada y muy malcorrespondida (correspondida, sí... pero ese es el principal problema, porque de veras lo es muy mal, je), y aunque no es mi deseo exhibirme tanto, al final no he logrado evitar hacerlo, y aquí está documentado lo que el enamoramiento, pero sobretodo, la desilusión y la desolación han provocado en la endeble mentecita malbichosa durante todas las fases del proceso amoroso y del duelo emocional, una muestra son las siguientes entradas:


También se habló de ausencias y pérdidas, tanto virtuales como físicas, la más sentida, la de mi padre, por la relación turbulenta que hubo entre él y yo, en donde igual éramos enemigos y cómplices, él inspiró dos textos:


Queda demostrado con estas entradas que la malbicho no es sólo un personaje, es también el retrato de una personalidad imperfecta, humanamente imperfecta, pues también se documentaron las enemistades virtuales y lo poco estable que es la autora intelectual de este crimen bloguero. Pero no todo ha sido infelicidad o nostalgia, y aquí dejo la prueba de que esta bicha ha sido feliz en dichosos paréntesis... y creo que incluso me atrevo a asegurar que actualmente también lo soy, y que estoy viviendo la mejor época de mi vida, así que el siguiente texto podría haber sido escrito hoy mismo:


Y otro muy festivo, de cuando aún me querían mis lectores y se daban el tiempito de venir a echar desmadre (esta vez por mi cumple):


Y de las entradas que más me han gustado a mí (y a veces también a ustedes), las que demuestran qué es lo quiero hacer con El Fanzín y para qué mantengo un blog, dejo algunas muestras que a mí me da orgullo y gusto releer, y que, perdonen la presunción, pero incluso considero que algunas son un aporte a la información en la red:

31 curiosidades de 31 minutos. Caza de albinos en Tanzania. Narcomentarios (sobre narcoviolencia y narcocultura). La malinche, ¿traidora o madre de la nación mexicana? La cena del centenario. Historias deliciosas: de Las muy ricas horas a la mantequilla Colbert. Los funerales de Víctor Hugo. El profesor y el pianista. El español mexicano y el (ab)uso del diminutivo. Los dibujos eróticos de Klimt. Cuando una mujer parte plaza. Taller de sexualidad: Parafilias alternativas y prácticas sexuales curiosas. La fiesta del Cinco de febreroEvolución del Zócalo, siglo XX (Minidossier). Juana Gallo. Manuel Tolsá y los trotes del caballito. Dossier: Jesús... ¿Cristo o de Nazareth? Muerte, conspiranoia y fraude: del Joker al Escándalo Libor. Los Barbarrojas del siglo XXI: los piratas somalíes. El ruido de fondo. Ópera Mariachi.

Estas son algunas de las casi mil entradas del Fanzín, y son también, algunas de las que me da gusto haber hecho (otras, reconozco, son absolutamente desechables). Son las que demuestran el amor con que se ha hecho este blog y con el que se ha construido el personaje de malbicho, amor por las letras, amor por la cultura, amor por la humanidad, amor por mi país, amor por mi ciudad, amor por mi familia, amor por la vida y amor por el amor mismo. Me encantaría saber cuál es la que más les gusta a ustedes, o cuál fue la que hizo que se decidieran a quedarse (claro, les hablo a los lectores habituales, que son con quien quiero compartir el festejo de hoy), ojalá quieran contármelo.

Es mi tradición recibir el Año Nuevo con dos canciones: la primera es la interpretación de Brindisi, de La Traviata, con Ana Netrebko, Rolando Villazón y Plácido Domingo en el concierto de Berlín de 2006:


La segunda es la Marcha Radetzky, del tradicional concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, que este año contó con la batuta de Franz Welser-Möst:



Siempre los pongo en El (micro)Fanzine, pero hoy quiero dejarlos aquí para compartir con ustedes mi deleite.

Le robo a Nora su tradicional despedida en cada entrada, pues necesito decírselos con la mayor sinceridad:

Gracias por leerme. 

lunes, 1 de octubre de 2012

La Edad de la (Tercera) Inocencia


Cuenta la mamibicha que el abuelito Martín decía: "Eso de cuando somos viejitos volvemos a ser como los bebés, no es cierto, porque a los bebés les besan la pancita, les besan sus piecitos, les besan hasta la colita... ¡y ya parece que a nosotros los viejos nos van a estar besando la colita!" -je-. Era un viejo adorable el abuelito Martín, caminaba por todas las calles de la ciudad con una canasta en el brazo, llena de delicias dulces: charamuscas, obleas de colores, ates, palanquetas, natillas, muéganos, cocadas, pepitorias, jamoncillos, macarrones, borrachitos, camotes y otras variedades del dulce típico mexicano que hacía con sus propias manos. Nos visitaba de vez en vez y siempre era recibido con entusiasmo, porque además de que -literalmente- con él llegaba la alegría (otro dulce típico), y de su mano bien podríamos recibir tanto una trompada como una gloria (otros más), mi mamá nos transmitió el gran cariño que tenía por él, así como el respeto que rayaba en la veneración (nos enseñó a saludarlo con un beso en la mano).

Aparte de un buen humor permanente, el abuelito Martín derramaba bondad. E independencia. No sólo ayudaba a sus hijos caídos en desgracia económica, acogiéndolos en su casa y compartiéndoles el pan y la sal, sino que jamás permitió ser una carga para ellos, siguió trabajando de lo que encontraba rechazando la ayuda económica que le hacían llegar eventualmente. Sin ponerse de acuerdo, tenía una actitud similar a la de la abuelita Lola, que aceptaba los billetes que sus hijas le daban, sólo para enrollarlos y guardarlos en un cajón oculto, y devolvérselos cuando atravesaban por una situación dificil. Durante muchos años se sostuvieron de la venta de los dulces caseros que él hacía en las tardes y salía a vender por las mañanas, teniendo tan buena acogida que era habitual que regresara a media mañana con la canasta vacía, para volver a salir enseguida con una nueva remesa de dulces hacia otro rumbo de la ciudad.

La única vez que pidió ayuda económica fue para rescatar sus terrenos del pueblo de Pozos (Guanajuato), pues tenía que cercarlos para que no los invadieran nuevos vecinos que se aprovechaban de su ausencia. Fue cuando mi papá viajó con él y dispuso para que se rodearan con palos y mallas las tierras, y se levantaran unos cuartos provisionales para que pernoctara ahí un velador, pero hubo malinterpretaciones de esa acción por parte de algunas hermanas de mi mamá, que levantaron un reclamo sospechosista de que mi papá -con fama de abusivo y prepotente... hasta eso medio bien ganada- quería quedarse con las tierras. Ofendido y digno mi papá se hizo a un lado y esos terrenos no fueron bien protegidos ni bien trabajados, y mi abuelo murió un par de años después en esos cuartos, apenas un poco más acondicionados para alojar a alguien. Murió de frialdad, dicen, minada su salud por el trabajo físico y la desatención al querer echar a andar esas tierras, sin recibir ayuda de casi nadie, pues sus hijos estaban muy ocupados con sus vidas citadinas para ir a  perderse en esa tierra de nadie, tan agreste y tan desértica, que fue elegida para representar el pueblo fantasma de Comala, en una de las versiones cinematográficas de Pedro Páramo.

Fotografía de Lee Jeffries
Generalmente son este tipo de conflictos familiares los que terminan provocando la desatención de un anciano: no todos los hijos se involucran en la atención de sus padres envejecidos, no hay acuerdos entre hermanos para cubrir las necesidades de sus padres ancianos, se decide egoistamente sobre sus bienes, la carga económica y emocional suele recaer sólo en uno, al que a veces no se le reconoce su labor (ni los otros hermanos, y a veces ni el anciano mismo), no se tiene la suficiente preparación para lidiar con sus nuevos requerimientos, tanto de atención física como de convivencia. Así como el anciano pierde facultades físicas, también su carácter se va desgastando, y tienen menor tolerancia a la frustración y mayor vulnerabilidad emocional, lo que los vuelve más conflictivos. Se resienten fácil, se impacientan más, malinterpretan acciones y provocan malentendidos... la imagen de una abuela tierna y sonriente no es tan común, lo es más la de un anciano gruñón y malencarado, eternamente inconforme con un mundo que no está preparado para darles el espacio que merecen.

Imagínense, por un momento, en sus (desgastantes) zapatos:

Tu cuerpo se ha deteriorado, aún cuando te hayas esforzado por mantenerte sano, el proceso natural de envejecimiento disminuyó tu fuerza y tono muscular, acumulando grasa y perdiendo líquido, esto se refleja en tu piel, tu postura y tus funciones digestivas; también has perdido o se te han debilitado tus dientes, la dificultad para masticar repercute en los nutrientes que asimilas, a la larga esto también te hace más débil; se han limitado tus actividades, no tienes la suficiente energía para hacer tus ocupaciones anteriores, han disminuido tus capacidades físicas y también las intelectuales, no sólo al caminar eres lento, también te tardas más en entender y no captas toda la información, se te olvidan las cosas; encima estás de malas más seguido, el estrés y la impotencia te acompañan todo el tiempo; la gente te urge para todo: para cruzar la calle, para subir a un transporte, para hacer un trámite engorroso que no alcanzas a comprender en su procedimiento porque no escuchaste bien las instrucciones, no alcanzas a leer las indicaciones y te has cansado de estar formado por tanto tiempo. Incluso sentarte cuando te han cedido el asiento y levantarte cuando llega tu turno o tu destino es demasiado esfuerzo. Te explican con palabras que desconoces como utilizar aparatos que tampoco te son conocidos. La tecnología avanzó más rápido que tu, al igual que las costumbres, que los modales, que la vida misma. Porque es la vida la que te dejó atrás... no supiste cuándo pasaste de dirigir el rumbo y marcar el paso, a quedarte relegado en el camino, incluso, a parecer un estorbo para los demás. Esa es otra de las muchas cosas que no entiendes.

Fotografía de Lee Jeffries

A pesar de convivir con ella todo el tiempo, nada nos prepara para envejecer. El sueño de la eterna juventud se ha vuelto realidad en nuestra mente: no nos imaginamos viejos... ni aún cuando el espejo nos dice que ya lo estamos. Tampoco nos preparamos para atender a un anciano, así sea nuestro propio padre o nuestra propia madre. No prevenimos. No acondicionamos la casa ni abrimos una cuenta extra, y la vejez (nuestra o ajena) nos sorprende en la estrechez y en el segundo piso, con gastos y escaleras que sortear día a día con los bolsillos vacíos y con dolor en las rodillas.

Y quizá nos prepararíamos para sobrellevar mejor la vejez, si aprendiéramos a verla como algo inherente a nuestra propia naturaleza, inevitable pero no trágico, incluso: ventajoso, anhelable. En culturas antiguas el anciano era venerado; la ancianidad se vinculaba con la sabiduría y conocimiento de la vida, así como también se ligaba la seguridad con la experiencia. En esas sociedades que afrontaban riesgos hoy inimaginables, el anciano había sobrevivido a vivencias que le significaban un conocimiento valioso al resto de la comunidad, además de garantizar la conservación y continuidad de las tradiciones a través de su ejemplo y su consejo. Pero la gerontocracia se fue debilitando a medida que el anciano se fue vinculando a lo no productivo, especialmente a lo económicamente no productivo, que parece ser el mayor pecado de esta sociedad materialista.

En esta era del botox, la vejez tambien ha llegado a ser el mayor de todos los miedos.

Fotografía de Lee Jeffries

En culturas orientales todavía se tiene un respeto y un aprecio por la vejez, pero a medida que se van occidentalizando también aparecen los signos de rechazo hacia sus condiciones, la sociedad busca atesorar la juventud como símbolo de productividad y capacidad a plenitud... sin embargo, hay ejemplos de una vejez plena y digna, todos conocemos un caso de vitalidad longeva, de una jovialidad que parece eterna y de una sonrisa (o una mirada) que no envejece pese a estar rodeada de arrugas.

Hace unos días, la noticia de una admirable mujer de 92 años practicando esquí, sorprendió al mundo entero. Es especialmente sorprendente cuando uno reflexiona en lo difícil que ese deporte es para alguien con articulaciones débiles, y que después de nueve décadas esa abuela argentina tenga la resistencia para descender una montaña, soportando su peso en las rodillas, arranca un aplauso mayúsculo.

Y la mente es igual... o incluso mejor. Contradiciendo -sólo en parte- al gran Aristóteles, quien se preguntaba “por qué tenemos más inteligencia al llegar a viejos pero aprendemos más de prisa cuando somos jóvenes” (como también asegura el dicho popular que dice: "Perro viejo no aprende trucos nuevos"), Ayn Rand, escritora rusa, comenzó a interesarse en la filatelia cuando rebasaba los 60 años, puede parecer nada, pero este hobbie requiere de una gran memoria y presteza mental.

Eisenhower, el presidente norteamericano que gobernó en el inicio de la segunda mitad del siglo XX, se adentró en la pintura cuando tenía 58 años, sin tener un conocimiento previo.

La célebre Marie Curie no aprendió a nadar sino hasta que dejó pasar sus primeros 50 años, y lo hizo a instancias de sus hijas, que fueron quienes la enseñaron y practicamente la obligaron a aprender. Y cuando lo hizo, se entrenó para romper los récords de la universidad en que practicaba la natación.

Y el admirado Leon Tolstoi aprendió a andar en bicicleta a los 67 años, un mes después de que murió su pequeño hijo de siete.

Tolstoi y su bicicleta

Hoy es el Día Internacional del Anciano, declarado así para hacer conciencia sobre el abandono que recibe esta parte de la población que acrecenta su número año con año, no sólo en edad, sino también en porcentaje, dentro de 30 años seremos mayoría los que sobrepasemos los 60 años, y estaremos en un mundo que no estará preparado para cubrir nuestras necesidades... a menos que actuemos para revertir esta situación. Así que no dejemos que nuestra voluntad envejezca y preparémonos a no sufrir esa etapa de vida, gocémosla y aprovechémosla, tanto en nosotros como en las personas a quienes debemos la devolución del cuidado y las atenciones que nos brindaron cuando no podíamos valernos por nosotros mismos. Disfrutemos la vejez propia y también la ajena, que bien dice una voz popular: 

"Viejos los vientos... y todavía alzan faldas".

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