miércoles, 13 de abril de 2011

Graffiti VIP´S


"Cada vez que creo que he pintado algo ligeramente original, me doy cuenta de que Blek Le Rat lo hizo mejor, sólo veinte años antes."
Banksy.

Banksy, el huidizo artista callejero (del que ya hablamos aquí, desde los primeros días del blog), comparte fama y admiraciones con el italiano Blu, uno de los máximos exponentes del post-grafiti narrativo, Obey (Shepard Fairey), con su trabajo basado en la estética de carteles propagandísticos de principios de siglo XX, y cuyo cartel más reconocido es precisamente el que se utilizó como propaganda del cambio y la esperanza ofrecidos por Obama, durante su campaña electoral, y Swoon, artista norteamericana que expuso en el MOMA de Nueva York, y que es una de las actuales exponentes del estampado que se fija a las paredes citadinas con engrudo (aunque no se limita a estas intervenciones callejeras). Una prueba de lo que cada uno hacen:

Banksy



MUTO. Blu, 2008

Obey


Swoon

Por supuesto, no son los únicos, pero quizá sí los más populares y reconocidos hoy por hoy. El arte urbano (street art o post-grafiti) se ha diversificado y ya no sólo se refiere a los dibujos o firmas con aerosol, sino a las plantillas (esténcil), pósters, etiquetas, calcomanías, dibujos en papel pegado con whastepaste (engrudo), murales y paisajes tridimensionales en el piso. Estos grafiteros famosos tienen dos antecesores interesantes: Blek le Rat y Ernest Pignon-Ernest, dos franceses pioneros en el post-grafiti.

El más famoso de ellos, Blek le Rat, es considerado el padre del esténcil. Inspirado por la plantilla del rostro de Musolini que vio en un viaje a Italia -restos de la propaganda política de la Segunda Guerra Mundial- y las sombras humanas de tamaño natural del norteamericano Richard Hambleton, Blek estampó la figura de un anciano en diez ciudades francesas, cobrando notoriedad, estableció la silueta de una rata como su insignia personal y su escuela se difundió hasta que el uso de la plantilla fue el principal protagonista de la escena postgrafiti.



Blek -quien ahora prefiere trabajar con papel pegado- reconoce también la influencia que tuvo sobre él, la imagen de un raído póster tamaño natural de la célebre fotografía del poeta Rimbaud cuando era niño. Este trabajo fue uno de los que dejó serialmente Ernest Pignon-Ernest en París algunos años antes, el virtuoso y visionario Pignon-Ernest trabajó con serigrafías y dibujos propios que luego pegaba en las paredes, siguiendo un estructurado discurso, tanto de denuncia como de crítica social (como la intervención en las calles de Soweto, Sudáfrica, en la que denuncia el apartheid y la epidemia del SIDA).

Serigrafía de Rimbaud, en las ciudades de París y Chaverville, 1978-1979

Une pieta sud-africaine. Soweto, 2002

Les Agressiones, 1976

Curiosamente, así como Blek dice haberse inspirado en las sombras humanas de Richard Hambleton, Pignon-Ernest dice inspirarse para su trabajo de figuras humanas de tamaño real, en las sombras impresas en suelo y paredes, que dejaron las víctimas calcinadas por la onda expansiva de la bomba nuclear en Hiroshima y Nagashaki.

Sombra en pared de Hiroshima

Y si buscamos el antecesor pionero de todos estos célebres grafiteros, tendríamos que irnos hasta las primeras décadas del siglo XIX, cuando Joseph Kyselak, aventurero austríaco y experto montañista, apostó con sus amigos que sería famoso en el lapso de tres años, con lo que se dedicó a poner su firma sobre edificios, monumentos, castillos, puentes o peñascos, inaccesibles para la gran mayoría pero fácilmente escalables para él, que podía estampar su nombre en su punto más alto. No sólo logró la fama perseguida, sino incluso el respeto de las autoridades, que llegaron a solicitarle el favor de respetar algunas edificaciones nuevas durante ciertos tiempos, antes de poner en ellas su firma.


sábado, 9 de abril de 2011

Paseo Dominical al CENART


Les platico: fui a una obra de teatro estudiantil al Cenart (Centro Nacional de las Artes); buscando la gratuidad atravesé la ciudad (yo vivo bien al norte del Defecito) y gocé una obra divertidísima de Darío Fo (No hay ladrón que por bien no venga), no del todo bien actuada pero sí bien dirigida, pues no perdió el ritmo en ningún momento logrando el dinamismo que esta comedia de enredos requiere.

Luego de las carcajadas atravesé la Plaza del Edificio Central en la que se exhiben las interesantes esculturas de Juan Soriano, en homenaje póstumo en su quinto aniversario luctuoso. En la Plaza de la Danza alcancé un poco del espectáculo Cortejo Huasteco, con danzas y música folclórica de la Huasteca Potosina.


Atraídos por el sonido del agua -muy similar al del oleaje del mar- de su hermosa fuente, mi acompañante y yo nos sentamos a fumarnos un cigarrito que nos supo delicioso, y que se le antojó a una pareja de novios que aprovechaba el lugar -que puede ser tan relajante como romántico, depende de qué ánimo se esté- y nos pidieron que les vendiéramos un cigarro, como una bocanada de aire contaminado no se le niega a nadie, se los obsequiamos; luego un artista bohemio (quien sabe de qué disciplina, pero tenía todo el look necesario para dedicarse a la artisteada) nos pidió fuego para encender su pipa, con lo que se comprueba que el mejor aliado para los lugares placenteros es el tabaco -je-. Era la mejor hora del día (mi favorita): ese momento en que el azul del cielo se hace más profundo, anunciando el pronto anochecer, y los mosaicos multicolores y los brotes de agua de la fuente, aderezados por el refrescante vientecillo -en uno de las tardes más calurosas de lo que va del año- volvió al momento mágico (hasta la luna nos sonreía, se los juro).


Ya bajo la noche, dimos un agradable paseo por las áreas verdes, en donde familias y parejas de enamorados se sentaban en los montecitos cubiertos de pasto. Llegamos al cine y nos devolvimos, y no pude evitar la tentación de recostarme en el fresco césped para devolverle la sonrisa a la luna mientras contábamos anécdotas (hasta que un policía nos invitó a retirarnos, al levantarme para seguir su indicación, vi una parejita oculta tras la complicidad de uno de esos pequeños cerritos, aprovechando cada centímetro de cercanía entre ellos... me dieron completa envidia, sobretodo porque a ellos el policía no los vio y no los urgió por abandonar el parque).

No tenía mucho que había ido al Cenart para escuchar una interesante conferencia sobre la historia de la música de la colonia en Latinoamérica con Aurelio Tello, en el marco de los festejos del Bicentenario de la Independencia (de hecho ahí saqué material para tres posts en este blog, uno sobre la zarzuela del Cóndor pasa, otro sobre la música folclórica venezolana y otro sobre Chabuca Granda); me tocó conocer al Cenart tras su inauguración, trabajar ahí durante las dos primeras ferias del libro infantil que se llevaron a cabo en sus instalaciones, escuchar a la genial Rita Guerrero (de reciente y sensible muerte), jovencísima y en el momento en que empezaba a ser reconocido su grupo Santa Sabina, y aplaudir con orgullo nepotista algunas actuaciones de mi hermano menor cuando era estudiante de teatro. Pero hasta hoy pude disfrutar sus instalaciones, libres de stands comerciales, de tumultos y de apresuramientos, así como del goce de algunas disciplinas artísticas de las varias que alberga, tanto para su estudio como para su exhibición.

Ojalá tengan la oportunidad de disfrutarlo igual.

Y si quieren leer (o releer) las entradas que inspiraron las sabias y amenas palabras del músico-historiador Aurelio Tello (una verdadera institución en el área), denle click a los siguientes enlaces:




ADENDUM:

Hace algunos años, los 10 de abril eran días de fiesta en mi casa por el cumpleaños de mi papá, que usualmente se celebraba con tremenda fiesta. Era un hombre muy popular, muy amiguero y al que le encantaba la fiesta y la convivencia (conbebencia, dicen algunos), bailaba (bien), cantaba (mejor) y contaba chistes subiditos de tono, a veces agarrándose a alguien de botana, provocando carcajadas intensas; contaba anécdotas muy sabrosas, discutía sobre política y contaba chismes de las figuras y celebridades que conocía, a veces, incluso, llegaba a venir alguna a la casa, como Isela Vega, Chava Flores o Los Angeles Negros. Era un tipazo, sé que dirán que no soy objetiva al ser yo su hija, pero en realidad sólo repito lo que dicen los que lo conocieron (como muchos, mi relación con mi padre fue compleja y no sólo tengo cosas lindas para contar de él... pero de alguna forma la memoria siempre privilegia sus cualidades, afortunadamente). Hoy en casa preparamos una mariscada en su honor y en su recuerdo. Perdonen la insistencia, ya se me hizo tradición recordar que lo recordé con esta entrada y que este poema es sobre él, pero no quiero -ni puedo- pasar esta fecha por alto. Hoy tenía pensado hacer una entrada contando algunas anécdotas de él pero ayer se me fue el avión e hice la entrada sobre la visita al Cenart, olvidando momentaneamente la fecha al publicarla.

Feliz cumpleaños papá. Te abrazo.


jueves, 7 de abril de 2011

De Fluidos, Excreciones y otros Humores


"Piojos cría el cabello más dorado,/legañas hace el ojo más vistoso/y en la nariz del rostro más hermoso/el moco verdinegro está encerrado.
Es preciso que la mano blanca y perfumada/hasta el culo de su dama haya llegado./Éste es el muladar que os enamora./Cágome en el amor y en la hermosura".
Francisco de Quevedo.

Como saben, me fui de vacaciones a las playitas de Acapulco, y como siempre pasa cuando alguien se hunde en el agua por un cierto tiempo, eso trajo consecuencias: la primera fue que me quedé parcialmente sorda al limitarse la audición de mi oído derecho, luego me enfermé de gripe y llevo estas dos semanas resintiendo malestares como dolor de garganta, fiebre, estornudos y tos, y finalmente, mi ojo derecho se puso todo un día muy emocional y estuvo chille y chille.

Al segundo día de mi llegada la molestia en el oído no se limitaba a la sordera sino a un zumbido y a un dolor que fue acrecentándose y extendiéndose a la sien, como se sabe, esto debido al agua que quedó atrapada en el conducto del oído, en combinación por la acumulación de cera y su reblandecimiento, que la hizo compactarse formando un tapón. El proceso para limpiar la cera del oído suele ser no muy grato, pues la consistencia y el olor de la cera no son precisamente agradables, aunque el alivio inmediato a su remoción hace que se agradezca haberlo llevado a cabo. Por cierto, su olor no sólo nos repele a nosotros sino también a los mosquitos, así que si sufren mucho de picaduras pueden acumular la suficiente y embadurnarse con ella... aunque probablemente no sólo los mosquitos eviten acercárseles en las noches, pues no es precisamente un afrodisíaco -je-.

La gripe trajo consigo que también mi nariz "llorara" y fluyera como un río, que estornudara con mucha fuerza, que tosiera todavía más fuerte y que la fiebre me provocara un "fuego" en los labios (que en realidad son como siete, pequeñitos y tan unidos que parecen uno solo). Cada una de estas cosas va relacionada con otros fluidos: mocos, saliva y pus al drenarse la úlcera labial.

Y para cerrar con broche de oro, anteayer, de un momento a otro sentí una molestia en el ojo, una irritación repentina que me hizo tallármelo de manera inconsciente, llamándome la atención que quedó en mi dedo lo que comunmente se conoce como lagaña pero que yo crecí oyendo llamar "chinguiña"; como estaba ocupada haciendo de comer me lavé las manos y continué preparando un pollo horneado a las hierbas finas; como el horno ya estaba caliente y el clima era muy caluroso, tenía la puerta abierta hacia el patio, y mi perra aprovecha cualquier descuido para entrar y robarse la comida, así que esperé a terminar de preparar el pollo y meterlo en el horno antes de ir a revisar mi ojo en el espejo del baño, ignorando la creciente molestia que me hacía preocuparme más y más; cuando lo hice mi susto fue enorme: alrededor de mi enrojecido globo ocular, bajo el párpado, había la concentración más grande y desagradable de chinguiñas que había visto en toda mi inútil vida. Avergonzada de mi propia imagen me lavé los ojos hasta conseguir que se fuera por el drenaje toda esa horrible secreción purulenta, confieso que el asco que yo misma me daba me hizo recriminarme severamente: ¿acaso no entendía que era una reacción natural de mi propio cuerpo, defendiéndose de bacterias o avisándome de una infección? Pero igualmente corrí a lloriquear asustada con mi mamibicha, ella me dio unas gotas que mi hermana le estaba poniendo a su pequeña hija, que también tenía una infección provocada por el cloro de las albercas, según su pediatra. Al paso de las horas la secreción fue disminuyendo, al igual que la irritación y el constante lagrimeo.

Y la experiencia me hizo acordarme de dos libros geniales: El libro de las cochinadas, de los científicos Juan Tonda y Julieta Fierro (la más popular de los divulgadores científicos mexicanos) y la versión en español de la serie Grossology, traducida como Asquerosología, la ciencia de las cosas que dan asco.

Ambos libros demuestran -con gran manejo del humor- que las funciones esenciales de los seres humanos son naturales y necesarias, pese a estar tan mal vistas y tratar de ser disimuladas. El libro de los mexicanos tiene el lema: “Más vale aceptar ser cochino que demostrar no serlo”, y el primero de la serie traducida (Asquerosología de los pies a la cabeza) dice: "A veces, apesta. A veces, cruje. Y a veces, resulta pegajoso. Pero… es tu cuerpo", y está dirigido, principalmente, a los lectores infantiles.

"...de cagar nadie se escapa,
caga el rey, caga el papa,
caga el buey, caga la vaca,
y hasta la señorita más guapa
hace sus bolitas de caca".
Poema a la mierda.


Saliva, sudor y lágrimas.

Mi reacción es producto de una educación prejuiciosa y restrictiva, no sólo de mi familia sino de la sociedad en general. Está mal visto mostrar nuestra naturaleza humana. Aquí nos lo vinieron a decir Le cid y compañía: los japoneses no se permiten ni siquiera transpirar (mucho menos dejar escapar eructos y flatulencias). Los gringos (según muestran en sus películas y series de televisión) tienen una fijación por el humor escatológico, especialmente por los flatos, las heces y los vómitos, que aluden en gags repetitivos. Los mexicanos no nos quedamos atrás, la lista de dichos populares, canciones, apodos, eufemismos y albures relativos a la acciones de defecar y expulsar gases es muy vasta, y aún más los que se refieren a los fluidos liberados en el acto sexual. Esto me lleva a recordar otro libro, Tus zonas erróneas, de Wayne Dyers, famoso terapeuta y autor de libros de autoayuda con base a su experiencia profesional. Aunque no es el tema primordial del libro, hay una parte en que dice que las personas maduras son aquellas que aceptan las funciones de su cuerpo con naturalidad, incluyendo las funciones animales básicas, su corporalidad, sus necesidades físicas, y la secreción y hasta el intercambio de fluidos durante la satisfacción de las mismas.

Y es que uno crece aprendiendo a avergonzarse de su propia baba, de su propia orina, de los gases que necesita expulsar para liberar su cuerpo; aprendemos a no decir caca (o a decirlo bajito, entre risas), pero a preferir decirlo antes que decir mierda; a encontrar eufemismos y formas más aceptables para decir cagar; a reírnos de un pedo, y a señalar al culpable; a enfurecernos con el que se echa un gargajo en la vía pública, a sentir asco por el que se saca un moco (dice Julieta Fierro que tal vez no es coincidencia que las narices sean de un tamaño que deja entrar al dedo índice, y que ese acto equivale a una vacuna pues ese dedo sale inmunizado, al igual que el que se come sus propios mocos, por más asco que esto nos dé); a burlarnos del barroso; a evitar al que suda, a condenar al que vomitó, y al que le huelen los pies o la boca.

"Voy a echar a nadar al topo"
"Voy a donde el rey va solo"
"Voy a cantar un corrido muy mentado"
"Voy a hacer carita de león"
"Voy a gratinar el queso"
"Voy a mi arbolito"
"Se puso a cantar Oaxaca"
"No la hagas de pedo"
"Tanto pedo pa´ cagar aguado"
Voces y expresiones populares.

En contraparte están los concursos de escupitajos, los besos de lengüita, los juegos incendiarios que combinan cerillos y flatulencias, la recitación del abecedario en un sólo eructo, las canciones "entonadas" a fuerza estomacal, los descubrimientos arqueológicos gracias al estudio de excrementos fosilizados, los remedios a base de orina (tan injustamente incluida en el conjunto de "cochinadas", pues es tan aséptica como benéfica), además de los concursos para hacerla llegar más lejos. Y ni hablar de los fluidos genitales... quizá las secreciones más buscadas y más disfrutadas.

En los noventas, Thalía escandalizaba al hacer canciones sobre la saliva, el sudor y la sangre, siendo todos fluidos y comenzando con la letra "s", se esperaba que su próxima canción tratara del sémen, pero no lo hizo. La que sí se atrevió a incluso más es Lady Gaga, que anuncia perfume que contiene su propia sangre y esencia de sémen después de un coito (dice que su perfume huele a puta cara, ¿será?... y por cierto ¿a qué huele una puta cara?). Curiosamente, en siglos pasados la melancolía (conocida como bilis negra) era considerada uno de los cuatro humores corporales, junto a la flema, la bilis amarilla y la sangre (pasarían siglos para que, junto a la nostalgia, dejara de ser considerada enfermedad del cuerpo para serlo de la mente, englobadas en la definición de depresión)

Hay también otro fluido que no provoca asco, pero sí conmoción. Aunque a veces causa alivio, la mayoría de las veces va acompañado de algo de dolor, tanto para el que lo deja salir como para el que atestigua su secreción: las lágrimas; otro de los fluidos que nos recuerdan que tan humana es nuestra naturaleza. Y que tan necesaria de liberar.

martes, 5 de abril de 2011

Florence Jenkins, La Inimitable Soprano


Florence Jenkins bien puede protagonizar una película de esas edificantes, que se pueden ver un domingo a mediodía con la familia o poner a una clase de secundaria para que se inspiren al perseguir un sueño, pues fue una mujer que persiguió el suyo toda su vida, desoyendo las voces negativas que la instaban a claudicar, venciendo todos los obstáculos y financiando ella misma su carrera convirtiéndose en una cantante soprano exitosa. Y lo tuvo todo en contra: desde la negativa paterna a darle su apoyo (de la que se fugó, agarrándose de la tabla de salvación del matrimonio), la opinión disuatoria de su marido (de la que también huyó para poder seguir su sueño), la feroz crítica de los especialistas y la falta de respeto de sus mismos acompañantes en escena, que se burlaban a espaldas de ella pero de frente al público.


Pero Florence salió avante de todo, incluso de un accidente automovilístico en un taxi que la transportaba, sin embargo, su generosidad era tan grande que en lugar de reclamarle al conductor lo premió con una caja de finos habanos, pues notó que gracias a ese accidente podía cantar un tono más alto.

Aunque Florence tenía todo (y de verdad era todo) en su contra para hacer una carrera de cantante, su perseverancia fue reconocida por el público que abarrotaba sus presentaciones musicales, especialmente los recitales anuales que llevaba a cabo en Nueva York, para los que las entradas eran peleadas por sus seguidores.

Su carrera artística la empezó hasta los 41 años, cuando libre de las prohibiciones (y falta de fe) paternas y conyugales, pudo retomar sus clases de canto y piano. Amante de la música y filantrópica, fundó el Verdi Club, a través del cual ejerció el mecenazgo de músicos que luego le devolverían el favor tocando y componiendo para ella. A los 74 años, Florence cumplió su sueño de cantar en el Carnegie Hall (apenas un mes antes de su muerte). Y su presentación fue todo un éxito.

Aquí les dejo una probadita de lo que el público podía disfrutar en sus presentaciones:



Como pueden apreciar, todos los que le decían a Florence que no podía ser cantante de ópera, tenían razón: la mujer tenía una carencia vocal ofensiva. Apestaba.

Pero nada -ni la realidad de sus limitaciones- la detuvo en su sueño. Afortunadamente era rica, a la herencia de su padre le siguió la de su mamá, su divorcio le dio todavía más recursos para hacer sus grabaciones y sus giras. Y el público fue acrecentándose en sus presentaciones para reirse de ella mientras destrozaba las arias de Bach, Mozart y Verdi, enfundada en ridículos vestuarios.


Ella nunca se dio por enterada de las burlas ni de las críticas, desestimándolas al pensar que eran a causa de las envidias profesionales de sus colegas. Y siguió siendo feliz en el escenario, y haciendo feliz a un público que gozaba y se divertía tanto como ella. Una de sus frases resume su tenacidad: "La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté."

Y bueno, ahora ya sabemos el antecedente de las Ninel Conde, las Paris Hilton, las Niurka Marcos, las Paulina Rubio, los Enrique Iglesias. En México, la historia de Florence se repitió de forma actualizada por una jovencita que formó parte del reality show de La Academia: Jolette, niña muy bonita que cobró notoriedad efímera al cantar pésimo, pero pese a ello, ser la favorita del público dada su personalidad arrogante y retadora, aunque el verdadero motivo que la hacía permanecer en el concurso era la polémica que levantaba y el ridículo espectáculo en torno a ella.

sábado, 2 de abril de 2011

Paseo Dominical Barroco


El de hoy en realidad fueron dos paseos, el primero de ellos fue un domingo de febrero en que me dirijo al Centro Histórico para escuchar a Horacio Franco dirigiendo al Coro de Madrigalistas de Bellas Artes, interpretando a Bach y Vivaldi entre otros músicos barrocos, en la Sinagoga Justo Sierra.

Ese día comenzó con un desayuno frente a la Plaza Mayor, en un restaurancito nuevo en el segundo piso del edificio que está frente al Zócalo, al lado del Hotel Majestic y que en su planta baja alberga el Centro joyero, el restaurante se llama A mi manera y su servicio es excelente; ahí comí unos huevos benedictinos con salmón realmente ricos, y aunque yo relacionaba el nombre de estos huevos con la Orden de San Benito, que tuvo su esplendor durante la Edad Media y cuyos monasterios son una buena muestra del periodo barroco, en realidad el delicioso platillo no tiene que ver con los monjes benedictinos sino fue una creación de la élite neoyorquina, y aunque hay varias versiones de su origen todas coinciden en que sus creadores fueron estadounidenses del tiempo alrededor de 1900.

Pero cuando yo me llevaba a la boca una porción de salmón, huevo y muffin bañados en salsa holandesa, creía que estaba disfrutando un platillo barroco, así que lo incluyo en mi paseo -es mi blog y hago lo que se me da la gana, je-.

Saliendo de la recientemente restaurada sinagoga, seguí mi paseo por el bello parquecito de la Plaza Loreto, que toma el nombre por el Templo Loreto que se encuentra ahí, y que es de una belleza conmovedora, pese al deterioro evidente; aunque el estilo de esa iglesia no es barroco sino neoclásico, al igual que el de la fuente al centro del parque, diseñada por Miguel Tolsá, y que es una de las más bellas de la ciudad.


A un costado del Templo de Loreto hay otra iglesia mucho más austera que es el Templo de Santa Teresa la Nueva, ambas iglesias muestran un hundimiento notorio.

Y si se preguntan qué para cuando un templo estilo barroco que pudiera justificar el título, les cuento que seguí mi camino por la calle Santísima hasta llegar al cruce con la calle de Moneda, y ahí me encontré con la churrigueresca fachada de la Iglesia de la Santísima Trinidad, una de las más bellas obras del barroco en la capital, perdida entre pasos peatonales en desnivel -dado su hundimiento- y andamios que anuncian su remozamiento (dejo un enlace con su historia y su descripción muy completas).


Estas tres iglesias se encontraban semivacías, aunque en dos de ellas se celebraba una misa cuando entré a admirar sus interiores, el más bello, sin duda, es el Templo Loreto. Pero la que me encogió el corazón fue el de Santa Teresa la Nueva, de haber llevado cámara habría capturado la decadente belleza de su cuarteada bóveda desde dentro, y titulado la foto como La nave del olvido.

Posteriormente me metí al Museo de la Culturas y vi muestras de las civilizaciones primarias de Norteamérica, Oceanía, Australia y algunos países asiáticos e islas polinesias. Lo más destacable fueron los elementos comunes que todas estas culturas tienen, por ejemplo, los postes totémicos y máscaras, de Canadá a Oceanía se encuentran simbolismos afines y variaciones interesantes. Pero esto no tiene nada que ver con el barroco (a excepción de algunos trajes de teatro japonés), así que sigo con la segunda parte de este paseíto dominical:

El otro paseo no lo hice en domingo sino en jueves, apenas este anterior. También me detuve en el mismo restaurancito pero ahora para comer un platillo nacional: queso panela relleno con cochinita pibil. Y volví, como hace un par de meses, al Antiguo Palacio del Arzobispado, también para degustar arte nacional. Una irritante sesión fotográfica me impidió ver las otras exposiciones inauguradas un día antes, pero la única que vi valió la pena: Barroco, de Benjamín Domínguez. Estudioso del arte colonial, Domínguez es uno de los pintores neoclasicistas más modernos, su obra en esta muestra es una mezcla de erotismo y misticismo, dentro de la fastuosidad que permite el estilo barroco.


Como muestra dejo un par de las variaciones al cuadro del Matrimonio Adolfini, de Jan Van Eyck:

El título de este cuadro es Expulsión del Paraíso

Y en mi paso por la calle Madero, exclusiva para el paso peatonal, me detuve en el Antiguo Palacio de Iturbide (hoy Museo Palacio Cultural Banamex, pero odio este nombre comercial), donde felizmente encontré la exposición Pintura de los Reinos, también recientemente inaugurada, y en la que se muestran las identidades compartidas de los íconos religiosos en el mundo hispánico, con la muestra más importante hasta el día de hoy de la pintura de la América Virreinal, especialmente de la Nueva España y de Perú, basadas en la relación e influencia de Europa, principalmente de España.

La Virgen de los Desposeídos, de un artista anónimo peruano

La feliz coincidencia me hizo comparar y tener más elementos de referencia entre estas obras y la de Benjamín Domínguez, así que mi recomendación es que la vean -si andan por acá- complementariamente.

Nota adicional: Por cierto, Horacio Franco y Barroqueando, su travesía por la música del barroco se podrán escuchar en la Fonoteca Nacional de Conaculta los dos siguientes miércoles, no son conciertos, son sesiones de escucha de documentos comentados por él o por el clavecista Santiago Álvarez. Franco acaba de ofrecer un magno concierto en apoyo de los damnificados en Japón, que dicen estuvo soberbio.

martes, 29 de marzo de 2011

Acá en Acapulco


La Quebrada.

Acapulco es el puerto más famoso de México, y uno de los más famosos del mundo, probablemente el destino turístico con más tradición del país. Su notoriedad mundial data desde los años treinta, cuando se dice que el futuro rey Eduardo VIII de Inglaterra fue ahí en una expedición de pesca, poco antes se había construido el camino que lo comunicaba con la boyante y joven Ciudad de México.

Sus playas de fino oleaje y clima perfecto invitaron al futuro presidente Kennedy y a Brigitte Bardot a disfrutar sus respectivas lunas de miel en esta bahía. La reciente (y tristemente) desaparecida Elizabeth Taylor llevó a cabo una de sus bodas ahí; Frank Sinatra, Judy Garland, Harry Belafonte, Elvis Presley (que le dedicó una película, aunque luego dijera la tizianoferrez de que prefería besar a una negra que a una mexicana), las fiestas de Aristóteles Onassis, de los barones de Rotschild y de Portanova contribuyeron a poner de moda al puerto.

Pero sería una canción de amor la que lo haría perdurar en la memoria colectiva como el sitio romántico por excelencia: María Bonita, de Agustín Lara, dedicada a su bellísima esposa María Félix, la mítica actriz ("Acuérdate de Acapulco", le demandaba el poeta cantor).

Hace cincuenta años la misma María Félix filmaba en el tradicional hotel El Mirador, que tiene una privilegiada vista al conjunto de arrecifes bautizado como La Quebrada, donde se lleva a cabo desde 1934 el espectáculo de clavados hacia a el acantilado formado artificialmente (en esa fecha se dinamitó el cerro, quedando un paso entre los arrecifes).


El acantilado tiene una altura de 45 metros, los clavadistas son jóvenes locales expertos en calcular el momento en que la marea y el viento se combinan para que el oleaje alcance su punto más alto, de otra forma tendrían una muerte segura al no haber la suficiente profundidad en el agua para evitar su choque contra las piedras del fondo.


Los clavadistas llegan al nicho ante el que se persignan antes de saltar, escalando entre las hendiduras naturales de la roca del acantilado después de que una embarcación los llevó hasta él, y realizan clavados de diferentes grados de complejidad y vistosidad, acompañándose en algunos con antorchas encendidas en su veloz caída (les toma sólo tres segundo encontrarse con el mar). Este espectáculo es uno de los más representativos de Acapulco.


El hotel El Mirador es el que tiene más tradición entre los hoteles del puerto (justo en la zona conocida como Acapulco Tradicional), aunque ya está lejano al esplendor que tuvo entre las décadas cincuenta y setenta, que artistas como Cantinflas y Mauricio Garcés lo preferían para alojarse en la bahía.

Esta es la vista a La Quebrada y al mirador desde el lobby del hotel

Entre sus atractivos, además de la vista privilegiada hacia el espectáculo en La Quebrada, está la de la vista tanto hacia el océano Pacífico como a la Bahía de Acapulco; sus habitaciones tipo villa, que te hacen sentir dueño de tu propia vivienda en un laberinto de escaleras y jardineras (como si formara parte un cuadro de Escher tropical, dada la construcción que se adapta a la orografía del cerro), y una maravillosa alberca natural de agua salada (proveniente del mar que se cuela entre un dique de rocas), en la que se puede nadar entre peces exóticos de indescriptibles colores, a salvo del tempestivo oleaje aledaño por paredes de roca del mismo acantilado.

Este es el hotel en el que me hospedé, y la última mañana decidimos sacrificar la visita a la playa para podernos quedar a disfrutar de esa fosita, mientras los niños más pequeños gozaban el chapoteadero con agua tibia de una de sus tres albercas:


La sensación de sentarte entre rocas forradas de musgo, mientras la brisa de las olas que chocan contra la pared de roca te salpica en la espalda, viendo como peces globo salen de entre tus piernas hundidas en la arena, y centenares de cangrejos huyen por las paredes de roca, es indescriptible. Otro momento inenarrable fue la puesta de sol y el amanecer que observamos desde sus balcones (teníamos el privilegio de tener dos, uno hacia el Pacífico y otro con vista a la Bahía), viendo los diferentes matices del cielo y el mar en su baile con el sol. Durante la noche, el choque de las olas contra las rocas del acantilado era nuestro arrullo.

La Laguna

Acapulco, pese a lo que muchos creen, es mucho más que hermosas playas y noches de antro. Uno de mis recuerdos más felices de la pubertad fue una jornada entera en las aguas de la Laguna de Coyuca. Éramos los únicos ahí, y estando muy cercana a la niñez, tenía todavía la capacidad de fusionar la realidad con la fantasía, sintiéndome parte de las aventuras de La familia Robinson o del libro de Verne, Dos años de vacaciones. La guardé en la memoria como un lugar paradisíaco de un encanto exótico, esta vez pude reencontrarme con ella y me volví a maravillar, pues pude recorrerla toda a bordo de una embarcación sencilla, en los recorridos turísticos que hacen en los embarcaderos frente a la playa Pie de la Cuesta (la más recomendada para observar una puesta de sol).

La inmensidad de la laguna es deslumbrante -dicen que es más grande que la misma bahía-, y recorrerla toda llegó incluso a resultar muy cansado, pero aún así es un recorrido que volvería a hacer, con tal de volver a ver la exhuberancia de la vegetación de sus manglares, con árboles que parecen reproducir su proceso natural a la inversa: no es un árbol que se ramifica, son varios árboles que al crecer se unen en un sólo tronco. Esta vegetación ha hecho que la laguna sea escenario natural de películas que reproducen las selvas amazónicas, tailandesas o vietnamitas, como en la saga de las horribles películas de Rambo. Si se es actor de la época más triste del cine mexicano, y se llama uno Andrés García, puede tener una bella casa escondida entre los manglares, y es éste actor de mediano alcance -que además de rentar su propiedad como locación natural, incursiona en el papel de productor y director-, el que, haciendo películas de bajo presupuesto, muestra más de estos manglares y lo bello pero lo difícil que es andar entre ellos; aunque son escenarios perfectos para deportes como el esquí acuático, siendo una de las pocas actividades más lucrativas que pueden realizar sus habitantes (nuestro solecito Luis Miguel filmó aquí escenas de su videíto Cuando calienta el sol, aunque supongo que si lo han visto seguro sólo han notado las tangas de sus amiguitas).


En la Isla Pelona (o de los Pájaros) vi un árbol inmenso, coronado en cada rama por un cormorán, ave que emigra desde Canadá junto a varias especies más. También había elegantes garzas sosteniéndose erguidas sobre ramas trozadas, viéndonos pasar con la condescendencia de quien se sabe admirada.


Lamenté ver constantemente botellas de plástico flotando en la superficie de las verdes aguas, pero lo que creí un grosero y criminal descuido de los turistas, en realidad son señalamientos de bancos de algas, para alertar a los pescadores de la zona (y que pude ver en acción a lo largo de la laguna).

Después de un par de horas, llegamos por fin a lo que es uno de los tesoros mejor guardados de Acapulco: Barra de Coyuca, una franja de tierra que emerge en las épocas más secas del año, pero que en temporada de lluvia desaparece bajo la unión del río y el mar. Sin electricidad y sin otras comodidades de la urbanización, negocios en rústicas palapas ofrecen al visitante la mejor comida de la zona al precio más accesible. Esperamos que nuestra comida fuera pescada y asada en carbón, mientras nos recostamos en la arena alfombrada de musgo de las orillas de la laguna (en el centro puede medir hasta diez metros de profundidad y tiene bancos de arena traicioneros), o en las hamacas que ponen a disposición del cliente.



Y entre las aguas de la laguna y el océano, comimos el mejor pescado a la talla, la mejor mojarra al ajío, los mejores camarones a la diabla y el mejor filete de pescado de todo el viaje (y quizá de toda mi vida, pero he comido tantas exquisiteces durante ella que no podría jurarlo) mientras veíamos la mejor -esa sí, indiscutiblemente- puesta de sol frente a un mar embravecido e intimidante. El regreso nos llevó más tiempo del previsto (gracias a la mala organización e informalidad de los responsables del paseo) y la noche nos cayó cuando apenas habíamos recorrido la mitad de la laguna, pero ver el ocaso en sus aguas, y luego navegar entre su penumbra fue otra experiencia inolvidable -pese a los mosquitos que se estrellaban contra la cara-. Una noche estrellada y una luna con media sonrisa no nos dejaron en soledad.

Acapulco de noche

La vida nocturna de Acapulco está muy afamada, desde las fiestas aristocráticas y millonarias de hace décadas hasta los excesos de los springbreakers, pasando por los de los chilangos que mantienen la tradición del acapulcazo (estando a sólo cuatro horas del D.F. en auto, se volvió un clásico la escapada al puerto para continuar la farra de fin de semana). Siguen funcionando lugares como el famoso Baby ´O (desde la discotequera década de los 70), el Palladium y el Sr. Frogs, o el disco-yate Acaray, que es un antro flotante, entre la grande oferta, tan vasta como variada.



Pero no todo son antros, el espectáculo de los clavadistas atrae una multitud a la plaza frente a La Quebrada, que se vacía hasta la madrugada; bajando un par de calles, otra placita frente a la Iglesia y un hermoso kiosco concentra otra cantidad de personas que escuchan música, ríen ante las gracias y chistes o aplauden las acrobacias de artistas callejeros; otro centro de diversión, en sí mismo, es, el paseo de La Costera, son las diez de la noche y todavía veo familias que rentan cañas de pescar en el embarcadero; hermosas y arregladas mujeres mayores que bailan danzón frente los muelles de los cruceros, haciendo pareja con elegantes cabelleros de cabezas plateadas; parejitas que buscan la quietud y la brisa en las románticas bancas (en las que sólo cabe una pareja bien juntita) frente a los muelles de los lujosos yates, donde hay algunos propietarios que convidan cervezas a sus amigos; alrededor del bungie hay toda una actividad propia: los más temerarios se arrojan al vacío, los más prudentes sólo los ven y aplauden su arrojo, los más pesudos los ven mientras comen langosta, en un restaurante con inmejorable vista; muchas suegras consentidas paseando en caletillas adornadas con globos y tiradas por caballos, escogiendo artesanías hechas con conchas del mar y cáscaras de coco, o comiendo dulces típicos hechos de coco y tamarindo.

Los camiones.

Pero mis acompañantes no sólo quieren pasear sino también quieren beber y bailar, así que tomamos un transporte que nos acerque al Acapulco Dorado, frente a la Playa Condesa, donde empieza la zona más comercial. En contraste con el camión que nos llevó al embarcadero de Laguna de Coyuca (que tiene el pomposo nombre de Hawai 5.0, pero que más bien parece un chalet comunitario tailandés), que me recordó a los guajoloteros que llevaban a las zonas conurbadas de la Ciudad de México en los setentas y ochentas (e incluso el chofer se ambientaba con música de Rigo Tovar y se iba peleando con las señoras que le reclamaban que manejara bien pues no llevaba ganado), ya desde la mañana había notado la decoración de los camiones de la zona urbana estandarizados por el color blanco en el exterior y azul rey en el interior... pero personalizados con todo tipo de dibujos, murales, cenefas, lámparas y calcomonías. Acostumbrada a la decoración kitsch de algunos transportes defeños, como los tableros de taxi forrados de terciopelo rosa; los dados, los zapatitos de bebé y las imágenes de la Virgen de Guadalupe o de la Santa Muerte colgando de los espejos retrovisores; las calcomonías de muñequitos que indican que a bordo va una familia o los muñecos de peluche pegados con ventosas en los cristales, la ornamentación de estos camiones antiguos es una alternativa curiosa e interesante; el primer camión que abordé tenía un letrero formado con globos de unicel pintados de gris metálico y blanco fosforescente que decía "El Rey del Surf", frente a él, unas gigantescas alas de ángel -también de unicel y también fosforescentes-, además de cientos de glifos pintados con aerosol en los mismo colores en el techo y en el tablero, que con la luz neón de las lámparas tenían un resplandor verdaderamente místico, al ritmo de la música tribal que salía de la radio.

El segundo camión tenía el techo pintado con personajes infantiles, dibujos gigantescos de Bob Esponja, la Sirenita, y los pingüinos de Madagascar me miraban sonrientes, mientras a lo largo de todo el camión se enlistaban los Diez Mandamientos bíblicos; otro tenía el techo pintado psicodélicamente con figuras geométricas que parecías salir de un caleidoscopio iluminado, al centro del techo, con letras enormes, un letrero mostrando el gusto culposo del propietario: Rebelde, y para que no hubiera duda alguna, un "mural" con los rostros de los integrantes del grupo musical, salido de la telenovela del mismo nombre... pero el mejor fue ese camión que me llevaba a la zona de antros, y que en sí mismo era un lounge ambulante: sus parrillas iban iluminadas de varios colores, haciéndolo parecer más un carro alegórico navideño que un camión de pasajeros, en el interior, luces estrambóticas se encendían y favorecían un juego de reflejos en los espejos esmerilados del frente, con figuras femeninas que se antojaban desnudas y envueltas en un frenesí orgíastico, así como el baile de las mitocondrias y espirales fosforescentes pintadas en el techo, ¿la música?: las románticas de El Buki y Joan Sebastian (las más pegadoras), y el chofer y sus amigos ya iban bien ambientados con una hielera repleta de cervezas que se empezó a vaciar demasiado pronto, a medida que el coro a los estribillos de las canciones se hacía más fuerte. Fue el preámbulo perfecto para llegar al antro.

Una noche de copas, una noche loca

Pasaban ya de las diez de la noche y la ausencia de los springbreakers hizo que todos los antros abrieran su oferta a los paseantes nativos, en un intento de no ver tan mermadas sus ganancias. Recorrimos buena parte de la costera eligiendo el adecuado, pero todos estaban vacíos. La amiga que me acompaña tiene unas piernas largas y viste unos hotpants de verdad cortitos, eso hace que los camiones-antro desaceleren para gritarle piropos y los volanteros nos correteen para convencernos de meternos a sus respectivos antros. Hicimos caso de las recomendaciones del más insistente y nos metimos en uno que tenía una vista abierta a la Playa Condesa.

La música bien (para mí, ya que era una mix ochentero, pero mis acompañantes son mucho más jóvenes y no les entusiasmó), pero el lugar muy vacío, pensamos que iba a llenarse conforme pasaban las horas, pero no, la poca gente que llegaba se iba casi enseguida, practicamente éramos los únicos en la pista cuando alguna canción nos animaba de pararnos. Para cuando cambiaron de música se notó la poca habilidad del DJ para manejar los ánimos de la gente, los tragos mal, la atención deficiente (atentos, pero no eficientes), los baños sucios, sin servicios básicos (ni agua ni papel)... pero yo me sentía feliz de bailar, fumar, tomar, cantar y reir frente al violento oleaje y con la brisa refrescándome, estábamos al nivel de la playa y pude salir a pisar la arena y sentir la brisa marina nocturna mientras cantaba a voz en cuello. Algunas personas paseaban en la playa, con sus sandalias en las manos, hubo uno que incluso atravesó la playa trotando, otro se tiró a dormir... pero hubo uno que llegó a pararse frente a nosotros, con mirada desafiante. Vestido con mallas rojas, capa y máscara con cuernos: era un diablito. De su boca salía fuego. La tea que prendía con gasolina se apagaba en su boca después de dar vueltas en el aire y ser cachada por él, luego escupía fuego de la boca y de sus ojos, nos miraba inquisitivamente mientras levantaba los brazos, como retando o como preguntando. Y se iba. Y volvía. Como la marea.

Uno de mis acompañantes, aburrido y hastiado de la mala música, nos convenció de pagar más con tal de estar en la parte superior del bar, una terraza que está al nivel de la calle. Le dimos gusto, afortunadamente no hubo necesidad de pagar más, sólo de solicitarlo; el ambiente estaba un poco mejor, la música también aunque sólo era tropical y mis acompañantes no gustan mucho de ella, eso nos hizo irnos pronto y buscar algo de comer; alguien propuso tacos, en un lugar que nos hacía volver el camino que hicimos cuando escogíamos en que antro parar. Ya eran alrededor de las tres de la mañana y entonces vimos que la noche para los demás todavía no acababa, y el nuestro era el único antro vacío y sin ambiente, todos los demás estaban a reventar, podía verse a la gente arriba de las mesas, agitando globos, bailando entre espuma, coreando canciones o bailando conga, hasta el que se veía más ñoño (un bar-karaoke) tenía a todos de pie bailando y cantando a gritos una cancioncita infantil, siguiendo el juego... por lo menos los tacos estuvieron sabrosos y baratos, y la vista del blanco oleaje rompiendo la oscuridad era inmejorable.

Habla bien de Aca

Dicen que a los chilangos no se nos quiere en Acapulco -y en ninguna otra parte, je-, que somos sucios, tranzas y abusivos... pero a mí siempre me han tratado bien, esta vez no fue la excepción, me sorprendió la atención de todos los servidores y de la gente en las calles, muchos espontaneamente ofrecían información o recomendaciones útiles, aunque fuimos víctimas de varios abusados que ofrecieron cosas que no cumplieron o que las cobraron hasta tres veces más caras; el acoso de algunos vendedores llega a ser fastidiante, no basta un "No, gracias", obligan a ser cortantes o se vuelven groseros cuando no se les consume, lo cual es una pena porque sí pueden restarle placer al paseo (por supuesto no todos, y se entiende que insistan en lograr su venta, sólo que hubo algunos que lo hacían excesivamente); al contrario de lo que se puede pensar, cuando preguntaban si éramos "de México" (refiriéndose al D.F.) y contestábamos afirmativamente, se redoblaba la atención y las sonrisas, se nota que somos un mal necesario -je- y que quizá están resignados a que seamos su principal fuente de ingresos, aunque se nos culpe de que por nosotros (los chilangos clasemedieros y los de extracción popular) fue que Acapulco perdió su esplendor mundial y dejó de ser un centro recreativo de lujo. Sin embargo, y con todo y la excentricidad que se puede encontrar en la Ciudad de México, sólo en Acapulco y Veracruz he visto personajes más vistosos. Desde el clásico costeñito que se acerca diciendo: "¿Te muevo la panza?" (personaje casi extinto en las playas acapulqueñas), la niña que te insiste en hacerte trencitas (estilo que popularizó en los ochentas Bo Derek, en 10, La mujer perfecta), hasta el moreno de piel casi azul que pasa con una balsa vendiendo recuerdos hechos con conchas de mar en la playa de Caleta, los personajes acapulqueños pueden ser tan pintorescos y exhuberantes como salidos de un cuadro de Gauguin. Una vez anterior vi a un músico callejero que gracias a Youtube tuvo su cuota de fama: el Grupo Lata, así, yo espero que próximamente ese diablito que echa fuego en las madrugadas frente a la playa, tenga también su reconocimiento (y que la moda de los camiones acapulqueños llegue a los microbuses chilangos, je).

Varias mantas con la leyenda "Habla bien de Aca" (jugando con el adverbio "acá" y el apócope de Acapulco) cuelgan de las paredes; Acapulco lleva décadas tratando de volver a su posicionamiento líder como atractivo turístico, pero adversidades naturales como el huracán Paulina o sociales como la contaminación y explotación indiscriminada de reservas naturales, o la actual inseguridad a consecuencia del narcotráfico, no le han permitido remontar a los niveles que tenía anteriormente. Me constan sus esfuerzos por limpiar sus aguas (todos los días vi lanchas "barredoras") y la imagen de la ciudad, los inversionistas -pese a todo- no han abandonado el puerto, las autoridades constantemente tratan de atraer turismo con festivales artísticos o tianguis turísticos... y lo más importante: el vacacionista no olvida Acapulco.


Confieso que al planear este viaje traté de convencer a todos de ir a otras playas -por el gusto de conocer nuevos lugares-, pero en cambio estamos planeando volver aprovechando las próximas vacaciones, para que puedan ir los que no pudieron ir esta vez y disfrutar todos las maravillas que encontramos.

Algo tiene Acapulco, que se te queda en la piel.

Todas la fotos, todas, sacadas de Internet.

domingo, 27 de marzo de 2011

Paseo Dominical Playero (Mi Álbum de Fotos)


Las hordas de fans (¿fanz?, ¿fanzinfans?, ¿fanzfans?... ¿cómo podrían ser llamados?) me suplican encarecidamente que les muestre fotos mías en la playa. Seguramente porque creen que nuevamente fui a las playas nudistas... pero no. Como soy una bicha decente y de una familia muy bien avenida, esta vez cumplimos con todas las normas morales y me fui a conseguirles estos modelitos a mis hermanas, pa´ que no provoquen ningún mal pensamiento:


Pero las locas no se quisieron poner esos modelos y prefirieron otros más impúdicos, así se veían las indecentes:


(bueno, creo que debí separar las bolsas de los gorros de baño y la de los condones, una de ellas como que se confundió)

Aquí andábamos bailando conga, estábamos bien contentas después de echarnos unos jaiboles y unos marr-ga-rrritas (como dirían Rick y Bob):


Pero no nos habíamos dado cuenta de que andábamos alborotando a los presentes hasta que llegó la polecía a amonestarnos por provocar tsunamis dentro de los speedos:

Aquí se ve al largo brazo de la ley midiendo la corta falda de una las malbitch´s sisters, qué vergüenza me hizo pasar esta escuincla por descocada, tuvimos que mandarla a bajar los dobladillos de su traje de baño.

Aquí otra vez la hermana-bicha haciendo su aparición triunfal, pese a que le mandamos cubrir hasta el pelo, tuvimos que alejar a palazos a los viejos morbosos que se le querían ir encima:


Otra de las hermanas a la que -literalmente- le echaron los perros:


Hasta las olas nos querían revolcar en la arena (ay, estábamos hartas de que sólo nos vean como un objeto sexual):


Una de las olas me dio un sustote arrastrándome mar adentro ("era todo un tsurimi", diría Ninelita Conde), afortunadamente un héroe andaba por ahí grabando The Return of the Baywatch)


El tipo quedó prendado de mí y ya no me lo pude quitar de encima el resto de la tarde (aunque la foto parezca indicar lo contrario, él era el que me estaba acosando y tratando de manosearme, lo bueno es que la mamibicha estaba al ladito como buena chaperona, cuidando la virtud impóluta de su hija):


Y bueno, estos son los recuerdos de mi jornada playera, el tarzán éste me anda urgiendo para que lo acompañe a ver a la virgencita bajo el mar desde una lancha con fondo de vidrio (ojalá no sea una trampa para robarme mi tesorito, tan bien guardado... ay, como se aprovechan estos gañanes de que soy bien piadosa), así que con su conpermiso, luego vengo a compartirles un poco más de recuerdos playeros (ya les llevo unos tamarindos con chile y unas cocadas, ¿eh?, no se crean que no me he acordado de ustedes).

sábado, 26 de marzo de 2011

Un Día como Hoy, en El Fanzín (Celebrando a Beethoven)

Y ya que retomamos esa buena costumbre de los Jueves de Dossiers, y ya que tuvo tan buena acogida su regreso, recordamos el dossier con que en El Fanzín celebramos el genio de Beethoven, en su aniversario luctuoso:


Y el índice de todo el Dossier:

El Hombre
La Obra
El Testamento de Heiligenstadt
Carta a la Amada Inmortal
El Funeral

Del que tomamos una trivia simpática (para que se animen a leerlo todo):

Trivia: ¿qué personaje televisivo viene a la memoria con las notas de su obra la Marcha Turca de las Ruinas de Atenas? (puntos extras a quien diga nombre y autor de la adaptación que musicaliza la serie de dicho personaje*).

*Puntos canjeables en la unidad móvil del Fanzín, estén pendientes de horarios y recorridos. Premios no acumulables con otras promociones. Se aplican restricciones. Supervisión necesaria de un adulto responsable (y sobrio). Niños mayores de cinco años pagan pasaje. Salida la mercancía no se admiten reclamaciones. Revise su cambio antes de salir. No está el que fía porque fue a partirle la madre a uno que le debía. Más barato por docena.

viernes, 25 de marzo de 2011

Un Día como Hoy, en El Fanzín



Hace dos años, en El Fanzín se daba una charla sabrosa sobre las canciones que transformaron nuestras vidas:


También se habló de la historia de Sofía, y del premio de periodismo 2008 en España:


Hace un año de lo que hablábamos es de mi posible tuitcidio (cosa que sí se dio, pero con una muerte leeenta que todavía no acaba) y de lo que la malbicho (malbixo, en ese mundillo) creía que es la red social Twitter:


(Para estas horas yo ya estoy reencontrándome con el mar, prometo no gozar mucho para no despertar su envidia, pero también les dejo lo que el mar le hace sentir a la hoy húmeda bichita).

miércoles, 23 de marzo de 2011

Este Blog se Va de Vacaciones

Y bueno, no debía ni de avisar porque a veces hasta pasan más días sin que publique nada, pero me voy del jueves al domingo a las mugrosas aguas de Acapulco (bueno, voy antes de que lleguen los vacacionistas de Semana Santa y con el alivio de que no llegaron los springbreakers, así que no las voy a encontrar tan mugrientas). Ahí les dejo mi reputación pa´ que la hagan pedazos. Estoy feliz porque hace un ratote que no veía a mi eterno novio el mar (justito hace dos años, por cierto, alguien robó mi entrada al respecto, la iba a enlazar pero no la encuentro, junto con otras que se publicaron en mi destierro citadino, la única que dejaron fue la de mi andanza en playas impudendas, ya había notado que se borraron algunos comentarios pero no le había dado importancia, pero ahora me sorprendió no encontrar estas entradas... y como este paréntesis ya se prolongó demasiado para que pueda seguir siendo correcto que sea un paréntesis, le paro a mi chilladera).

Nomás para que no me extrañen de más, les dejo unos enlaces programados en los siguientes días, para que descubran o redescubran lo que se dijo en El Fanzín en tiempos idos, pues aunque ya lo pasado, pasado, se dice que blog que no conoce su historia está condenada a repetirla.

jueves, 17 de marzo de 2011

Dossier: OBESIDAD, ESTIGMA SOCIAL

La obesidad es una enfermedad crónica, con secuelas graves en la salud corporal y en la salud emocional. En el último cuarto del siglo anterior se ha visto un incremento alarmante en los países industrializados, al grado que algunos especialistas la consideran una epidemia, sin embargo, no la consideran así por ser una enfermedad contagiosa, la epidemia se ha desatado por el estilo de vida que la modernidad ha traído.

La sociedad y los medios, paradojicamente, al mismo tiempo la alientan y la condenan. Esta contradicción es lo que nos lleva a abordar el tema en este Jueves de Dossier, no desde un punto de vista médico -aunque es necesaria e inevitable la referencia básica- sino desde el social: ¿por qué nos estamos haciendo más gordos?, ¿y por qué nos está afectando tanto serlo?

En el tiempo en que la sociedad está más preocupada por la apariencia física, la obesidad se ha convertido en un problema de salud mundial. Otro contraste que resulta en paradoja, es que mientras hay países que cuentan miles de víctimas mortales por secuelas de obesidad (al tiempo que se desata otra epidemia mortal por desórdenes alimentarios), en otros cuentan miles de muertes a causa de hambrunas.

Algo estamos haciendo muy mal.

Y con este tema, vuelven los Jueves de Dossier a El Fanzine, que presenta en el índice del Dossier sobre Obesidad, Estigma Social:


Dossier: OBESIDAD, ESTIGMA SOCIAL. ¿CUÁNTO PESA LA MODA?


Moda es lo que está en vigencia o que interesa a la mayoría en un momento determinado, usualmente bajo la influencia de un grupo hegemónico. La moda en el vestuario, en el arreglo y en el aspecto personal es tan antigua como la civilización, ha variado en parámetros y cánones estéticos, tanto como las culturas se han diversificado. Pero la interacción e interdependencia entre las naciones y sociedades ha dado paso a una estandarización en el molde estético. La cultura hegemónica dicta la tendencia. Y desde el siglo XIX se establece la delgadez como modelo corporal asociado con el éxito y la aceptación social, el corset es una prenda que demuestra la importancia de parecer más delgada y -literalmente- entrar en la talla que representaba la belleza.

Todo el siglo XX estuvo orientado a ensalzar al cuerpo esbelto, aunque a principios de siglo los cuerpos curvilíneos se posicionaron como los ideales (tomando como modelo las Gibson girls), y retomando parcial fuerza en las décadas de los 40, 50 y 60 (con íconos como Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Sofía Loren y Raquel Welch), el resto del siglo rindió culto a la figura femenina delgada y estilizada: los pechos planos y torsos largos de los felices veintes, la frugalidad de la silueta en esos sobrios trajes sastres de los treintas, la elasticidad etérea de los setentas, la figura atlética de los ochentas, la dictadura estética de los noventa, ya rendida en pleno hacia las topmodels, dando paso al tortuoso raquitismo de los primeros años del nuevo siglo.


Lineamiento estético que en 2006 provocó la muerte de Luisel Ramos, quien llevaba tres meses alimentándose sólo de hojas verdes y Diet-Coke. Su muerte daría inicio a un movimiento que prohibe contratar modelos con un índice de masa corporal inferior a 18, iniciado en las pasarelas de Cibeles. La hermana de Luisel murió medio año después, también era modelo y también su muerte estuvo relacionada con problemas de desnutrición, lamentablemente no son las únicas muertes que se han dado por la misma causa, entre 2006 y 2007 murieron 5 modelos brasileñas en un lapso de seis meses, teniendo la última apenas catorce años de edad.


El antecendente más antiguo que se tiene de la anorexia data del siglo XVI, con la princesa Wilgenfortis, quien no quería probar alimento para su delgadez no resultara atractiva a los hombres... contradictoriamente la percepción (equívoca) de las actuales víctimas de anorexia es que quedarse en los huesos las hace atractivas. En este enlace se puede leer un blog de una jovencita que padece de anorexia, y es una de las miles de páginas "pro Ana y Mía" que fomentan los trastornos alimenticios, como puede verse, su fuente de inspiración son los íconos populares de la farándula y la moda; citándola (tras poner fotografías de Kate Moss): "¡¡ quiero este cuerpo !! Me niego a comer hasta conseguirlo , nada. Solo liquidos y fuerza , fuerza , fuerza; VOLUNTAD !!"

Y pese la creciente aceptación de modelos de tallas grandes en el mundo de la moda, todavía no son mayoría los que se pronuncian por incluir los cuerpos con sustancia entre los estéticos, una muestra demoledora es el caso de Gemma Ward, que hace unos años encabezaba la preferencia de los diseñadores con su famélica figura y sus rasgos extraterrestres. Tenía dieciseis años. Su meteórica y sorprendente carrera se colapsó cuando desfilando en un bikini de Channel se pudo ver que sus muslos y cintura empezaron a ensancharse, producto de un natural proceso de desarrollo corporal.

A los diecisiete años, los "gruesos" muslos de Gemma asustaron al mundo

Cinco años después se le descubrió caminando tanto en playas como en las calles de Nueva York y las fotografías dieron la vuelta al mundo: la pequeña niña extraterrestre estaba gorda... aunque su sobrepeso no sea realmente considerable tomando en cuenta su estatura. Todo el mundo se preguntó qué le pasó a Gemma Ward, y la respuesta es simple... creció. Nada anormal en ello.


Lo que es anormal es que el mundo de la moda pretenda que las mujeres luzcan su ropa como una niña de quince años (provocando, con eso, hordas de mujeres descontentas con su cuerpo, limitadas a la hora de disfrutar su sexualidad, torturadas ante la necesidad de alimentarse y esclavizadas del miedo a su reflejo).

Sin embargo, también el mundo de la moda se transforma según la evolución social, así como poco a poco se vencen prejuicios raciales (y las modelos de piel oscura, con rasgos no caucásicos y fenotipos físicos diversos empezaron a lucir en pasarelas y portadas), así también se podrán ensanchar los parámetros estéticos, y aceptar que también la edad, la (sana) voluptuosidad, la naturalidad y la diversidad étnica comprenden belleza.


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