jueves, 17 de marzo de 2011

Dossier: OBESIDAD, ESTIGMA (Y ENFERMEDAD) SOCIAL


La obesidad es más que un problema estético, es una enfermedad crónica en la que se acumulan reservas naturales de energía en el tejido adiposo (grasa) de forma anormal o excesiva, es también un factor de riesgo pues es causal para otras enfermedades que acrecentan el riesgo de mortalidad o que minan considerablemente las funciones óptimas del organismo, siendo también causal para lesiones o accidentes.


La obesidad es una enfermedad de origen multifactorial que aún hoy día se sigue estudiando, contemplando desde predisposición genética, la acción de un virus, el estilo de vida, un modelo formativo, un problema emocional, una irregularidad metabólica o un desequilibrio neuroquímico que influye en los estados de ánimo y en la necesidad de comer ciertos alimentos. Y aunque no hay todavía un resultado concluyente sobre qué determina el peso de una persona (recientemente se estudia también el Índice de Volúmen Corpóreo, en complemente del Índice de Masa Corporal para establecer el nivel de obesidad), lo que sí es comprobable es que la causa del incremento de la grasa en el cuerpo es que la ingesta de calorías es mayor a la que gasta con la actividad física. El estilo de vida es un factor ambiental que favorece se produzca, pues el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios la propician. En este aspecto se contempla tanto los hábitos implantados en la etapa formativa en el núcleo social, como la cultura y gastronomía local, así como la influencia del medio social y de los medios, como la publicidad.

En países industrializados, la población altera sus hábitos alimenticios de acuerdo a sus actividades laborales y sociales, incrementando el consumo de comida procesada y preelaborada, comercializada en las calles o establecimientos que fomentan su consumo mediante seductoras campañas de marketing, cuyo principal objetivo es aumentar su venta. Durante décadas se han ido imponiendo hábitos que fomentan el alto consumo calórico: la comida preparada en las calles (antojitos), la comida rápida (con su estrategia mercadológica de aumentar las raciones o venderlas en paquetes junto a más alimentos), la comida chatarra, el consumo de refrescos y bebidas altamente endulzadas (incluyendo jugos y néctares comerciales que se anuncian como más saludables), además de una cultura que sitúa a la comida como la parte protagónica de todos los eventos importantes, desde un ascenso laboral hasta una celebración mística van siempre acompañados de un festín culinario como parte medular de su festejo.


La población ha cambiado también los hábitos en su actividad física: la televisión, la Internet, los videojuegos y la tecnología informática al alcance de niños y jóvenes los incita a dejar de lado los juegos y deportes al aire libre o que implican un mayor esfuerzo físico (especialistas afirman que la obesidad infantil se duplicará al final de esta década, y que ésta es la primera generación de niños que morirán antes que sus padres por enfermedades derivadas de la obesidad); la actividad laboral en oficinas, los avances tecnológicos en maquinarias y equipos, la tecnología doméstica, el autotransporte (especialmente la proliferación de automóviles privados) y las grandes distancias que hay que recorrer en él, la mecanización del traslado en sitios cerrados mediante elevadores, escaleras y bandas eléctricas, así como la aparición y preferencia de profesiones y oficios que no implican mayor desgaste físico, la han ido convirtiendo en cada vez más sedentaria.

Hay también un trasfondo político, el encarecimiento de alimentos naturales o con alto contenido nutrimental, los niveles desiguales de educación entre la población -que la limita en su elección de una dieta más saludable o en su concientización del perjuicio de los malos hábitos alimenticios-, la falta de control sobre campañas de publicidad o estrategias comerciales de las grandes empresas del rubro alimenticio y, especialmente, la falta de políticas públicas de salud integral y al alcance de toda la población. En países aún en desarrollo, especialmente sudafricanos y en las islas del Pacífico, se presenta una influencia cultural: la obesidad es una forma de mostrar poder y estatus económico

Curiosamente, en un país (en un hogar, y hasta en una misma persona) puede convivir tanto la obesidad como la desnutrición, así, a las víctimas de hambrunas o de enfermedades infecciosas por la subnutrición, se suman también las de enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, diabéticas, renales y osteoarticulares, entre otras derivadas de la obesidad, y que aumentan cuando la obesidad es mórbida (de 50 a 100% por encima de su peso). En contraparte, la obesidad se ha convertido también en un gran negocio para los que se "nutren" de ella combatiéndola, ofreciendo tratamientos para controlarla o reducirla.


Mención aparte merecen los padecimientos emocionales provocados por la obesidad, o relacionados con ella: la baja autoestima, la depresión, las disfunciones sexuales, la ansiedad, la distorsión de la propia imagen corporal, los desórdenes alimenticios (como la anorexia y la bulimia) y la angustia por la presión social, pues lamentablemente, la obesidad y el sobrepeso son causa de discriminación, escarnio y aislamiento social. Al mismo tiempo, la presión social puede ser también origen de un malestar emocional, que entre otras cosas también puede propiciar la obesidad o los trastornos alimenticios, especialmente en las mujeres.

La sociedad puede crear todo una estigmatización de la gordura, siendo una de las características físicas más limitantes para el óptimo desenvolvimiento social del individuo, pues por la respuesta de la cultura imperante hacia la persona obesa o con sobrepeso (de rechazo y menosprecio), se puede ver afectada su vida profesional y personal. En respuesta a esto surgen los movimientos contra la discriminación de las personas obesas, además de protestas individuales contra las políticas empresariales que fomentan una marginación, como las de aerolíneas, de compañías de outsourcing (que evitan emplear obesos por cuestiones estéticas o de costos de programas de salud) y de las cadenas de comida rápida. Y se presentan también argumentos para señalar el costo económico que la obesidad tiene para un país o una empresa, al reducir la productividad y aumentar los gastos de salud.


BiBlografía:

7 ideas en tránsito:

Amorphis dijo...

Pero como decirle que no al mole en un bodorrio, y a las tortillas, y como negar unos buenos tacos de canasta, o unos de machito, o que tal una torta de tamal, que cosas más deliciosas, por eso la bandera nacional se hace cada vez más grande.

Jaspo dijo...

jejeje, a que amorfis tan glotón(a)

malbicho dijo...

@Amorphis
ja, ja... pues de todo lo que dices lo único más extremo es la torta de tamal... es lo bueno de nuestra gastronomía, que en realidad no es dañina, al contrario, es muy benéfica y variada, lo que nos vino a fregar es la costumbre de pasarnos todo con refresco o chelas, y picar entre comidas puras grasosidades, deliciosas, eso sí, pero engordadoras

=D

@Jaspo
ja, ja... es glotón, jaspo, no te vayas a acercar mucho al monitor, eh? (no vaya a salir un puño y te dé una trompada)

Jaspo dijo...

O una mordida jajajajaaja.

Ya lo lei casi todo, y si cae de peso, creo lo debi haber hecho más pausadamente, pero como no voy a meterme al internet en 1 mes. Quise aprovechar.
Fijate que en lo general hablas de muchas de las cosas que ya habíamos platicado alguna vez al respecto: las perspectivas en función de los tiempos, de las culturas, las modas, los esterotipos inculcados por los medios, y algo más. Tal vez faltó algo sobre la efimeridad de la belleza y la moraleja de que al fin y al cabo todo se lo van a comer los gusanos.
Al igual que en esa ocasión, te manifiesto mi posición, todas esas ideas se deben resbalar o desaprender como dices. Y la única idea que se nos debe quedar es la aceptación y funcionalidad de nuestro cuerpo, a mi me valen madre mis lonjas, pero cuando pujo para amarrarme las agujetas, o cuando subo las escaleras del metro y tengo que tomar un descanso en el intemredio, entonces si me deja de valer, y le bajo dos rayitas a las tortillas y le digo no a la coca.
Pero que se le va ha hacer con las mujeres (y no soy misógino, bueno tantito), traen el chip integrado de la vanidad. Por eso les toca sufrir.

Un abrazote de oso (pero no de esos que le gustan al RBD, aclaro, no me vaya a confundir si pasa por aqui jejejeje).

Saludotes

le cid dijo...

Malbicho...

Una amiga mia me dijo un dia que "hacer el amor con un hombre que tiene tripita y lonjita es humano y conmovedor"... Debe de ser cierto!

malbicho dijo...

@le cid
la verdad es que cuando alguien te gusta lo de menos son sus defectos (ni se los ves, o los vuelves parte de su atractivo)... y si hablamos de amor, bueeeeno, ahí ya ni pa´ donde hacerse, todo en esa persona te parece adorable, así sea la verruga con pelos, la calvita que crece o esa linda joroba que le da un aire tan particular

=D

Pascal dijo...

entonces yo soy requetehumano!!!!

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