Uno cosecha lo que siembra... y esto es lo que yo he cosechado estos días:

¡Peras!... y naranjas:
Resulta que una de estas mañanas lluviosas amanecieron cinco enormes peras bajo el árbol, milagrosamente sanas y a salvo del embate del ejército aviar que suele ganarnos los frutos del jardín; un poco más adelante de tan feliz hallazgo, se encontraron dos naranjas que bien podrían haberse confundido con limas, de tan pequeñas y tan verdes.
También tengo un árbol de manzanas jaspeadas que han tentado incluso a un adán moderno y a un par de newtons adormilados, pero en estos días lo que corroboró que aún funciona la fuerza de gravedad, fue este ramillete de diminutas manzanitas (que recolectaron los hobbits que tengo trabajando sin paga y en condiciones infrahumanas, pero a los que proporciono herramientas adecuadas, como esta pequeña carretilla-cenicero):

Estas miniaturas aguardarán su madurez, pero las peras y las naranjas fueron inmediatamente destinadas al desayuno familiar. Y mientras se puso a hervir agua y canela en una jarra de barro (única pertenencia que conservamos de mi abuelita Lola), se improvisó la siguiente receta:
Crepas de Pera a la Naranja
(Para seis personas... o que lo parezcan)
Ingredientes (para la salsa):
Cinco peras orgánicas, grandes, deformes, jugosas y ricas, pero demasiado duras para hincarles el diente sin temor de perderlo.
Dos naranjas orgánicas disfrazadas de limas, con gajos más verdosos que amarillos, que confundan un poco para que se tema que estarán demasiado agrias y secas, y se pueda uno sorprender de lo dulce y abundante que es su jugo.
Tres cucharadas de azúcar mascabado (o más, según su gusto y su inmunidad a la diabetes).
Un vaso de yoghurt natural (opcional).
Corten las peras en medias lunas (sin semillas). Pónganlas a hervir con el jugo de una de las naranjas. Añadan el azúcar. Rallen la cáscara de naranja y agréguenla. Dejen hervir hasta que la pera se suavice y se caramelice. Separen la otra naranja en gajos e incorpórenla a la preparación. Si lo necesita agreguen un poco de agua para que quede suficiente jugo. Dejen enfriar.
Para la masa:
250 g. de harina de trigo cernida.
Una cucharada de mantequilla derretida.
Un vaso de agua.
Un vaso de leche.
Dos huevos.
Media cucharada de saborizante de vainilla.
Una cucharada de azúcar.
Mezclen los ingredientes hasta integrarlos totalmente y no queden grumos, si no tienen batidora mezclen primero los ingredientes líquidos y luego los vierten al centro de un volcán hecho con la harina, manipulando con las manos (¡limpias!) hasta que quede una mezcla uniforme. La mezcla debe ser ligera. Si no tienen un utensilio de cocina con buen teflón, barnicen con mantequilla una superficie de metal caliente (pueden hacerlo con una servilleta) y viertan un poco de la mezcla (aproximadamente medio cucharón para sopa) de acuerdo al tamaño que quieran para sus crepas. Pueden usar una sarteneta mediana, así les será más fácil darles una forma redonda: vertida la cantidad dan vueltas suaves a la sarteneta inclinada hasta que la mezcla llega a sus orillas, si les queda algún huequito añaden unas gotas para cubrirlo. La crepa debe ser muy delgada para que pueda cocerse rápidamente a fuego mediano, observen las orillas para calcular cuando deben voltearlas (ayúdense de una pala de freir, curiosamente mi abuela paterna la llamaba "pichancha", lo que en realidad es una bomba de agua, pero así aprendí yo a llamarla y sólo después de muchos años supe que no se llamaba así, ignoro si tiene un nombre en particular, pero si ustedes saben no sean gachos y sáquenme de la ignorancia); a menos que la olviden por ir a ver el avance de las telenovelas, contestar una encuesta por teléfono o tuitear que están haciendo una receta que inventó la genial malbicho, no se quema fácilmente, así que no teman y no traten de voltearla antes de tiempo, es fácil detectar cuando está lista: además de que las orillas se levantan un poco y empiezan a desprenderse de la superficie, deja de burbujear el centro o empieza a secarse. Voltéenla con cuidado para que termine de cocerse. Ese primer lado queda con un hermoso color tostado.
Para emplatar (me gusta éste término, me provoca antojo) hay varias opciones: se ven bien bonitas dobladas en cuatro como abanico, pero así les cabe poco relleno, si quieren rellenarlas más también pueden doblarlas en dos -como quesadillas- o incluso hacerlas tacos. Mi idea original era rellenarlas como quesadillas y luego coronarlas con un poco de yoghurt, para contrastar los sabores y equilibrarlos, pero como era poco yoghurt mejor lo integré a la salsa fría, lo que también neutralizó lo dulce y agregó frescura.
Doblé las crepas en cuatro, serví tres en un plato, les puse los gajos de fruta encima y las bañé con la salsa.
Quedaron tan ricas que nadie esperó a que le sacara fotos a los platos antes de devorarlas -ni yo-, pero imaginenselas. Fueron el complemento perfecto para el café con canela que humeaba en las tazas, y para esa mañana lluviosa.
La que sí salió en la foto fue Rapunzel (¿
se acuerdan de ella?, ya está libre y se la pasa jugando con la perra, sin temerle... es la otra gata la que la atemoriza):

Obviamente alguno de ustedes estará diciendo que tiene una mejor receta, mejores procedimientos y que sus crepas saben más ricas, chido por ustedes, a ver si no nada más presumen y nos comparte sus tips y sus recetas -je-, ésta es para el que nunca las había hecho -que es mi caso- y las creía difíciles, además de que esta receta comprendía todo lo que yo tenía en casa y no tuve necesidad de gastar nada, el resultado final fue muy bueno y por eso se los paso al costo, pero, claro, si saben cómo pueden ser más ricas, bienvenidas todas sus observaciones. Les cuento que últimamente ando de romance con el horno de mi estufa y algunos experimentos han sido deliciosamente provechosos, por supuesto, mi familia es la más feliz con esta historia de amor, tanto que tuvieron que aprovechar una super oferta de una tienda departamental para el
Ab coaster, que puedo certificarles que sí funciona pero que no es tan fácil
como se ve en la tele (¡hasta dormir me duele!).
A lo que voy es que ya tenía ganas de compartirles una receta propia y con ésta pude incluso presentarles algo de mi jardín, mi idea era hilarla con una reflexión sobre la amistad, pues precisamente me metí en el laboratorio de los chimoles por un par de excelentes amigos, y es con el feliz pretexto de compartir bocados que estoy reforzando buenas amistades.
Qué es la amistad:
Dar techo y comida si un amigo lo necesita
Dar palabras de ánimo si un amigo las necesita
Consuelo ante la desesperanza
Consejos de qué camino seguir si tu amigo se encuentra perdido
Intentar entender los errores de tu amigo
Pasar por encima esas pequeñas licencias de soberbia que todos tenemos en un momento dado
Decir “No” cuando creas que tu amigo se equivoca
Pero amistad también es. Saber romper la amistad cuando tu amigo pasa determinadas fronteras como:
El abuso de poder
El aprovechamiento de tu trabajo
La falta de respeto por los tuyos
Y que te traten con desprecio.
En algunas partes de este mundo habrá quien diga de mí que le fallé en su amistad. Y seguramente tiene razón. Pero hay otras personas que lo que dicen de mí, en base a hechos, es que soy una muy buena amiga.
Y también tienen razón.
Porque así es la naturaleza humana, fue bocetada en claroscuros, perfilada con sombras. Ninguno es permanentemente perfecto. Y a veces la amistad -la verdadera- sobrevive a varias pruebas. Con algunos de esos amigos que todavía me consideran su amiga, pasé varias: la distancia, esas pequeñas pero insoportables licencias de soberbia, la confusión (incluida la sentimental, hay quien dice que no puede haber una verdadera amistad entre un hombre y una mujer, pero yo sé que sí... aunque a veces la prueba es que alguno rompa el corazón del otro, pero no intencional ni indolentemente, así hay espacio para el perdón y la comprensión, la ofuscación pasa y la amistad permanece), el desprendimiento, la cesión del micrófono y el reflector, la inmovilidad (para dejar pasar la tormenta y esperar a volver a ser el pilar que sirva de apoyo). Incluso el aceptar que ya no queda por hacer nada y aprender a soltar la mano, sin ensuciar más el recuerdo.
Recetas e ingredientes que no son infalibles, que deberán ser dosificados y enriquecidos con ese toque personal, con el sazón particular... y quizá hasta con el hambre de cada uno.
Provecho.