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domingo, 21 de junio de 2015

Mi viejo, mi querido viejo.





Esta canción le gustaba mucho a mi papá -como a casi todos, ya que es una canción realmente linda-, era parte de su playlist. No había reunión o tarde bohemia sin que estuviera presente, saliendo de una pila de discos de vinilo que tenía siempre lista para esas ocasiones. También la tenía en un casete que pidió le grabáramos con un mix casero de sus canciones favoritas, con las que se acompañaba cuando sacaba el polvo de su habitación; era muy limpio y le gustaba mucho el orden, en sus últimos años no esperaba a que nosotros nos diéramos el tiempo de asear sus habitaciones y lo hacía él mismo, siempre cambiando muebles y redecorando, en un intento constante de reinventar su espacio. Y mientras sacudía cantaba bajito esa y otras canciones, a diferencia de como lo hacía años antes, a todo pulmón, cuando tenía una potente cascada de voz que presumía con gusto, y a complacencia de todos los demás (porque no conocí a nadie que oyéndolo, no quedara admirado). 

Al final solo cantaba en voz alta en reuniones, y después de que se le insistía mucho. Seguramente, como en todo lo demás, su exigencia consigo mismo lo hacía avergonzarse de que su voz se viera disminuida con el tiempo (aún cuando siempre siguió arrancando aplausos cargados de admiración). Nunca se perdonó envejecer, volverse débil, vulnerable, dependiente de los demás. Era tan todopoderoso en otro tiempo. 

Una foto que se ha perdido ha quedado en la memoria de nosotros. Era una foto muy vieja, de cuando era joven. De cuando merecía el apodo de "El Seco", que jugaba con su nombre (Ezequiel) y con su complexión. Salía de la taquilla de un cine y se nota que lo tomaron por sorpresa, seguramente diciendo su nombre para hacerlo voltear a la cámara; su gesto lo dice todo, describiéndolo bien: broncudo, agresivo, siempre a la defensiva, listo para saltar encima de quien pudiera constituirle una amenaza. Sus manos sostienen los boletos y su cara se levanta hacia la lente, el ceño fruncido que arruga una frente prematuramente surcada, la mirada fija, penetrante, retadora e inquisitiva, el mohín de los labios conteniendo una maldición, un insulto o una advertencia. 

La chamarra y el copete indican que eran los años cincuenta, el pantalón amplio y el pañuelo en el cuello, su inclinación hacia la moda de los pachucos. Así es como lo describe mi mamá en su noviazgo: almidonado, acicalado y arrogante (pese a que sus hermanos más chicos corrían descalzos por las calles sin asfaltar), era el galancito de barrio, el líder de la palomilla, el que no le sacaba a los trancazos, por el contrario, sus botas estaban reforzadas con metal para cuando había que patear hacia las pantorrillas para luego lanzar un puñetazo en el estómago y sacar el aire, antes de disparar a la mandíbula y dejarlos noqueados en el suelo, ese -nos explicaba- era su movimiento más recurrido, su sello. Era, también, aprendiz de boxeador.

Su madre lavaba ajeno y sus hermanos menores también trabajaban desde que amanecía hasta que anochecía, así malcompletaban el gasto diario, dejándole a él la carga más pesada, la de pagar la renta, el insuficiente abrigo y la escasa despensa. Lo que faltaba a veces lo completaba jugando a las cartas, teniendo siempre el buen tino de retirarse cuando juntaba alguna cantidad que aliviara las necesidades más apremiantes. Desde los catorce años era la cabeza de familia, aunque trabajó formalmente desde tres antes, abandonando la escuela al terminar el cuarto grado de primaria. Así se inició en la 'adultez'. Fue, también, aprendiz de yesero.

Venía de una familia de pequeños terratenientes, su padre era el presidente municipal de un pequeño pueblo en Tlaxcala, pero cuando murió de tres tiros en la espalda mientras montaba a caballo, dejó a sus hijos en la orfandad y en la miseria, pues sus familiares los despojaron de todas sus tierras. Demasiados hijos no reconocidos, demasiados líos de faldas y demasiados rencores dejó el abuelo, así que lo único que les quedó a su viuda y a sus hijos fue emigrar a la gran ciudad. 

Una anécdota describe el tamaño de ese despojo: cuando a finales de los años 60 los hermanos se juntaron para llevar a su madre al pueblo, a reencontrarse con sus familiares, aprovechando para llevar a sus esposas e hijos a conocer su tierra natal, un susurro que se convirtió en alerta recorrió las casas mientras ellos bajaban de sus camionetas: "¡Llegaron los Carrasco!". Un grupo de hombres, mujeres y niños salieron a recibirlos, con más miedo que gusto, con más recelo que cordialidad. Fue la abuela la que rompió el silencio, preguntando si así se recibía a los paisanos. Enseguida brotaron las risas y las bromas, las palmadas en la espalda, las presentaciones. Ya con más confianza, cuando se disfrutaba de la sobremesa, confesó uno de los locales: 

-Creíamos que venían armados, a echarnos bala. 
-A balearlos no -precisó mi papá-, pero armados si venimos.

Él siempre cargaba una Luger 22, regalo de uno de los comandantes que en ese tiempo visitaban mucho la casa (acompañados de pequeñas starlets de la época, como Isela Vega, o inclusive el mismísimo Chava Flores, que fue a dar clases avanzadas de albures a politiquillos y policletos que creían sabérselas de todas, todas). Como líder sindical recibía muchos regalos, y las armas eran algunos de ellos, no sólo pistolas o rifles, sino también machetes, dagas, cuchillos y pequeñas espadas. La Luger le gustaba por discreta, podía meterla en los maletines o entre los papeles de la guantera de su auto cuando viajaba recorriendo la República Mexicana, para defenderse de los asaltos mientras circulaba por las mismas carreteras que él ayudó a construir, cuando consiguió por fin un trabajo estable como operador de maquinaria pesada en el gobierno, y tuvo su primer acercamiento con los sindicatos. Ahí fue cuando volvió a la escuela, a la Universidad Obrera, en el hermoso edificio de San Ildefonso, ahora convertido en museo. Destacó tanto -como estudiante y como miembro sindical- que cuando una de mis hermanas cursó la preparatoria ahí, veinte años después (en la última generación que ocupó sus instalaciones), su apellido fue identificado por varios maestros, colocando muchas expectativas sobre ella (no cumplidas, hay que confesar).

Sobre la Luger contaba la siguiente anécdota: enviado en carácter de urgente a otro estado, para "coadyuvar" a imponer un acuerdo que no era aceptado por las huestes, y viendo rechazados sus primeros intentos de diálogo mesurado, y ya fastidiado por recibir insultos y mentadas de madre en lugar de argumentos, alzó su recia voz por encima de las de todos mientras arrojaba su maletín abierto sobre la mesa: "Aquí venimos a poner orden", gritó, al tiempo que la esbelta Luger se deslizaba saliendo de entre los papeles. El silencio denso que se dejó sentir durante largos instantes fue roto por las voces conciliadoras que intentaban calmarlo: "No, señor Carrasco, podemos dialogar... sentémonos a dialogar". Sin perder estilo y calma recogió parsimoniosamente la pistola que había olvidado llevaba, agradeciendo que no se le hubiera escapado un tiro, y que ninguno de aquellos líderes rurales, que posiblemente también iban armados, se hubiera sentido tentado a responder de igual manera. Era considerado, también, un gran negociador.

Seguramente, de haber tenido uno, le hubiera gustado que esta canción musicalizara su funeral. O de haber tenido una, que se cantara al pie de su tumba. Quizá eso pensaba mientras la cantaba bajito, sólo para sí, mientras la escuchaba en esas tardes bohemias que se montaba de tanto en tanto.

domingo, 14 de septiembre de 2014

De Chiles en Nogada y Esclavitud Moderna en México

Nadie se come dos chiles en nogada, afirma la tristemente célebre #LadyChiles, mujer que alcanzó la fama viral por su mala idea de querer exponer mediante un video a su empleada doméstica de robarle la comida, y lo que resultó expuesto fue su clasismo y arrogancia. Otra de sus frases famosas indican que los chiles en nogada llevan religiosamente veinticinco ingredientes, lo cual me lleva a buscar las recetas tradicionales y contar cada uno de los ingredientes para ver si me falta alguno que le quite religiosidad a mi platillo. Por si acaso, acompañaré su preparación y degustación con bebidas espirituosas, como el buen pulque, la bebida de los dioses, o un mezcal, recomendado por la sabiduría popular para acompañar el bien y el mal.

Del origen de los chiles en nogada ya hablamos aquí, pero como fue hace años, podemos volver a hacerlo con total gusto: para celebrar el santo del héroe insurgente Agustín de Iturbide, y para agasajarlo durante su paso por el estado de Puebla en su camino rumbo a la capital -y rumbo a la proclamación de la Independencia-, bajo las órdenes del obispo de Puebla. las monjas de la orden de San Agustín del convento de Santa Mónica le ofrecieron un abundante banquete con catorce platillos preparados por ellas y por otras monjas de conventos cercanos. Temiendo por ser envenenado el futuro emperador eligió al azar un platillo, y quiso la suerte que la feliz elección recayera en ese plato montado con ingredientes que recreaban los colores de la nueva bandera del Ejército Trigarante.

Hecho con ingredientes locales y de temporada, los chiles en nogada se han perpetuado como uno de los platillos que más identifican a la gastronomía mexicana, y que más se relacionan con el lujo culinario en este país. En esta época son casi una obligación en cualquier menú de restaurante, fonda o lonchería. Son un lujo si se incluyen en el menú familiar, y un anhelo si sale a comer fuera.

En este año he notado una fiebre por aclarar los ingredientes que lleva o no lleva la receta original. Así, he leído que el chile poblano debe ser de la variedad miahuateco de la zona de Tehuacán, Puebla, que el capeado (sumergido en espuma de huevo y freido en abundante aceite) es obligatorio, que las frutas del relleno son de una variedad específica (manzana panochera, pera lechera y durazno criollo), así como la nuez de la salsa con que se bañan (nuez de castilla, jamás usar pecana), que los piñones deben ser rosados, el queso de cabra que se utiliza no es del tipo francés, que las carnes de ninguna manera van molidas sino finamente picadas, y que deben guisarse con jitomate molido. El jeréz es opcional (para una salsa de nuez dulce, que también puede ser salada), así como la piña (que se recomienda asar previamente).

Esta urgencia tan purista me salta un poco, no entiendo para qué tanta "religiosidad" con un platillo que ya se ha transformado desde que salió de las cocinas conventuales, y que sigue siendo delicioso con todo y esas variantes. El cambio más grande es el de la misma carne, que no estaba incluida en el platillo original (y cuya receta data desde 1714, no fue invención de esas traviesas monjitas), otro cambio cultural es el del capeado de huevo, pues las preferencias actuales favorecen una variación más sana al evitarlo. La salsa de nuez sigue siendo muy rica aunque no haya sido hecha con nueces de cosecha reciente ni se haya evitado la nuez pecana, mucho más accesible que la de castilla. El relleno lo he probado casi siempre sin jitomate, con algunas frutos secos más (dátiles, pasas, arándanos, durazno y manzana deshidratados), y con algunos ingredientes extra, como aceitunas verdes o negras, papa o zanahoria, incluso con mariscos en lugar de carne (¡delicioso!). 

Pero el cambio definitivo será el del acitrón, hecho a partir de la cristalización de la pulpa de la biznaga, planta cactácea catalogada como especie en extinción, por lo que está prohibida su comercialización (lo que no la ha impedido hasta el momento, y es ofensivamente sencillo adquirirlo en cualquier mercado), una buena sustitución es la jícama cristalizada, pero si esta tendencia a "rescatar" la receta tradicional (que no la original, pues ya vimos que esa no llevaba carne) sigue, no será necesario respetar la prohibición, sino que simplemente ya no existirá más la hermosa planta (que también es excesivamente requerida para ornato, en otra tendencia, ahora de decoración).

También la opción de un chile en nogada sin capear me parece defendible, pues si bien en ese tiempo el uso del huevo elevaba el lujo de un platillo, en la actualidad el huevo es uno de los ingredientes menos costosos, y lo que eleva el capeado es su contenido calórico, así como el colesterol y los triglicéridos, por lo que se vuelve un platillo prohibido para muchos, especialmente diabéticos e hipertensos.

Pero aún con todas estas exigencias y precisiones, no me da la cuenta de los veinticinco ingredientes que presume la #LadyChiles, por lo que sería muy buen detalle que resarciera un poco del daño a la sociedad compartiendo su receta (vi una fotografía de sus famosos chiles, y realmente se veían ricos). Yo creo que la comida, como tantas herencias culturales, incluido el lenguaje, no pueden evitar su transformación, y esa lucha encarnizada de algunos por conservar su pureza, es una de las pocas causas perdidas con las que no simpatizo. Por eso mi propuesta para estas fiestas septembrinas es un chile poblano relleno y envuelto en pasta de hojaldre sobre un espejo de salsa de nuez, y con el tradicional adorno del fruto de la granada encima.

Estos son "chiles momia", envueltos en hojaldre pero con "huesitos" de pan, los hicimos para la ofrenda del Día de Muertos del año pasado, pero su hechura es similar. Están rellenos de carne de res y cerdo guisadas con frutos secos (también son muy ricos con un espejo de salsa de tres chiles, para otra ocasión que no sean estas fiestas patrias, por supuesto).

El caso de Lady Chiles señaló la discriminación y el clasismo en nuestra sociedad, tan pomposamente orgullosa de no ser racista. Sin embargo, el racismo existe, tan camuflajeado como la xenofobia, y manifestado especialmente hacia nuestras raíces. Nos avergüenza nuestra herencia indígena y la rechazamos cuando se evidencia en la piel y en los rasgos, incluso cuando esa evidencia es en nosotros mismos (o  nuestros hijos).  Hace unos meses se hizo otro escándalo en redes y noticieros al evidenciar a una agencia que invitaba a un casting para anuncios de Aeroméxico, en el que solicitaron un "look Polanco", entendiéndose por este la piel blanca y los rasgos finos, además de que se perciba un estilo de vida alto, sin embargo, el "casting" personal que cada uno hacemos no dista de esa postura, pues hay una inclinación general para favorecer y considerar más atractivos a las personas con esas características. Consideramos una suerte y una cualidad nacer "güerito", siempre es un motivo de orgullo. Si alguien de la familia nos presenta a su nueva pareja, pensamos que logró una buena conquista si esa persona tiene características que identificamos con una clase social más alta de la que tenemos y un fenotipo que se acerque más al caucásico ("hay que mejorar la raza", es una expresión popular). También es habitual utilizar palabras como "indio" e "indígena" de manera descalificativa, y entre menos se nos vea el mestizaje más posibilidades se tiene de recibir un trato digno.

Podríamos decir que esa es nuestra herencia cultural colonialista, el considerar todavía al indígena como una persona inferior, aunque la verdad es que en las culturas prehispánicas también había jerarquías que se consolidaban con acciones y actitudes muy desventajosas para las clases inferiores o para los pueblos dominados. Pero es durante la colonia que se siembran todos los prejuicios que todavía hoy nos dominan, y en pleno siglo XXI seguimos considerando que ser blanco es ser superior y que es prerrogativa de ellos tener mejores condiciones en varios aspectos. Y aunque la esclavitud se abolió desde 1813, en la práctica el vasallaje y la servidumbre constituyeron una forma de esclavitud que todavía se da en la actualidad bajo las actividades del trabajo doméstico y el cuidado de personas, con condiciones que vulneran a los empleados, como es una paga insuficiente, una carga de trabajo muy pesada, horarios extensos con jornadas desgastantes y no definidas, actividades extras, ausencia de prestaciones laborales, abusos, maltratos y humillaciones.

#LadyChiles representó todo esto en una acción que ella misma evidencia en video, porque esta vez no es una videodenuncia en que se graba a un prepotente déspota y se exhibe para su condenación pública, es ella misma la que prepara el escenario y las condiciones para que la cámara casera la grabe humillando, exhibiendo y acorralando a su empleada doméstica, que ha tomado comida sin su consentimiento y pretende llevársela consigo al salir de su casa, terminada ya su jornada de limpieza. #LadyChiles es quien, satisfecha de su grabación y su proceder, publica el video y lo comparte en Facebook, con un mensaje a manera de introducción, un mensaje titulado: "Entre más conozco a la gente, más quiero a mi perro", como preámbulo del trato indigno que demuestra le merecen las personas que no considera sus pares, a los que obsequia con chiles en nogada. #LadyChiles representa a todas esas patronas de clase media que considera a sus muchachas "casi como de la familia", pero que en ese "casi" engloban toda la distancia que una clase, una estirpe y una jerarquía ameritan. Casi son de la familia, casi las tratan como a un igual, casi las respetan, casi las valoran y casi las remuneran como su trabajo merece. Las dádivas son un extra, toda esa comida que les comparten, casi sin escatimar (en este caso, un chile, el segundo ya era un exceso), la ropa que les obsequian, casi sin usar, el espacio que les brindan, casi suficiente, el trato que les dan, casi decente, casi humano. Casi como si fueran personas, y no sólo unas sirvientas, no sólo un jardinero, no sólo el conserje, no sólo la de intendencia, no sólo el valet parking, no sólo un mesero, no sólo una cajera, no sólo un albañil, no sólo el de seguridad.

Estas personas de clase media, pequeño-burguesas, tienden una mano a las personas a las que previamente les han abierto una zanja, y que al menor pretexto, se la señalan para recordarles que ahí está. Que no por que en su generosidad las traten como a un igual, crean que realmente lo son. Y que no se olvide que el dinero que dan a cambio de su trabajo, exige también lealtad e incondicionalidad, tal como en el vasallaje.

Reporte Índigo muestra en su reportaje Domésticas al mejor postor, la denigrante manera en que las empleadas domésticas son ofrecidas en agencias de colocación, llegando incluso a ofrecer un "combo 2x1": una empleada y su hija por el mismo precio. O jovencitas para "hacer a su modo". Así de denigrante es el trato que una empleada doméstica recibe, especialmente cuando tiene un origen rural o pueblerino.

La #LadyChiles no recibió el aplauso y los "likes" que seguramente esperó. Por lo contrario, aunque sí hay quien lamenta que se victimice a una ladrona de comida, la viralización de su condena la volvió famosa en cuestión de horas, para el anochecer de ese día también los noticieros y los portales informativos reseñaban su caso, así como los memes burlones y críticos que recibió en redes sociales, además del linchamiento mediático. Ella se defiende justificando su proceder, sin entender que nada, ni siquiera el abuso de confianza del que se sintió víctima, justificaba la humillación pública que le hizo a su empleada. Sin embargo, nadie juzga a los que, queriéndose burlar de ella, hicieron escarnio de su hija muerta, de los que difundieron sus datos personales incitando al odio y a la acción violenta en su contra, de los que también la hicieron víctima de humillaciones y acoso cibernético. Las masas cibernéticas tienen la misma irresponsabilidad que las que en el plano físico linchan a presuntos culpables, sin más evidencia que la sospecha pública.

Hay otro aspecto que esa masa que se erige como juez no tomó en cuenta: lo cerca que está cada uno en ser una #LadyChiles. Mientras no se erradique del todo esta cultura de discriminación, todos estamos predispuestos a hacer menos a otro (una muestra es la cantidad de personas que defiende y apoya su conducta). Ser güerito, ser bonito, vestir caro (lo que nuestro bolsillo considere caro), considerarse culto o académicamente más preparado, ser empresario, ser jefe, ser del gobierno, ser hermano de un Ministerio Público, ser esposa del gerente, ser hijo del compadre de un subalterno de un funcionario, siempre trae prerrogativas, al parecer. Y, casi indignados, preguntamos: "¿No sabes quién soy?", o advertimos: "No sabes con quien te metes", si alguno tiene la mala idea de provocarnos. Tener un cargo directivo no se entiende como tener más responsablidades que los demás, sino tener poder sobre ellos. Pero especialmente el dar empleo es algo que nos eleva ante nuestros propios ojos, nos sentimos omnipotentes y todopoderosos sobre esas personas que voluntariamente se pusieron a nuestra disposición y reciben nuestra generosa paga (como si no se lo hubieran ganado mediante un intercambio de servicios previamente acordado). Y esta misma cultura de sometimiento nos hace menospreciarnos a nosotros mismos, obligándonos a ser no sólo leales, sino incondicionales y hasta sumisos o serviles para granjearnos al jefe y conservar el trabajo. "Para eso nos alquilamos", es común escuchar entre empleados, asumiéndose como una mercancía más.

La erradicación de la palabra "sirvienta" es tan lenta, como la concienciación de lo ofensivo que son las otras formas de llamar a las personas que nos ayudan con el trabajo doméstico, "gatas" y "chachas" siguen siendo términos comunes, así como los abusos a los que las someten sus empleadores, tristemente no son excepciones el maltrato y el abuso sexual.

Dos siglos después de abolirse la esclavitud, perpetuamos otras formas de explotación del ser humano, y seguimos favoreciendo un sistema de castas.

lunes, 22 de octubre de 2012

Continuando la Conversación sobre Bullying


Algo muy extraño me pasa con Blogger, que yo misma no puedo comentar en mis propias entradas, por eso mismo no he podido dar respuesta a los comentarios de El Signo de la Espada, Amatista y Marichuy en la anterior entrada Basta de bullying, con interesantes testimonios y experiencias personales.

Lo bueno es que esto me da la oportunidad de ahondar en el tema, que para tanto da. En principio les enlazo una entrada de un blog que es parte de una campaña permanente en contra de la pornografía infantil en la red, por una persona que hace un esfuerzo constante para denunciar los sitios que encuentra, y que en esta ocasión, con motivo del mismo caso de Amanda Todd que comentamos en el post anterior, comparte 10 consejos para explicar a tus hijos pequeños como protegerse en la red, al ver que en buena parte es la falta de precaución la que los vuelve vulnerables ante un depredador sexual que usa la Internet para sus actividades. También les enlazo a otro artículo en donde se dan Diez acciones concretas para controlar el bullying, todas son de sentido común... pero a veces es increíble como hay cosas que aparentemente son muy obvias pero tienen que señalarse para que alguien más las vea.

El Signo de la Espada comparte en sus comentarios su experiencia sobre el bullying que sufrió durante su vida escolar, la manera en que sobrevivió a él, y su conclusión, en la que afirma: "Así que no, el bullying no mata, lo que mata es dejarse."

Además de su testimonio, nos recuerda el también notorio caso de Casey Haines, conocido como Zangief Kid por su defensa ante el bullying que sufrió por años, y que se difundió viralmente al mundo entero mediante un video, retirado varias veces de Youtube por considerarse incitación a la violencia, pero retomado por los medios tradicionales y por los mismos usuarios que elevaron a Haines a un estatus de "héroe". Zangief es un personaje (grande y robusto) del videojuego Street fighter, y la comparación es porque en el video se puede ver a Casey Haines, un niño de 16 años, levantando a su acosador (un pequeño y delgado niño de 12) y estrellándolo contra el suelo después de recibir varios golpes y esquivar alguno. La verdad es que después de ver el video es difícil simpatizar con el pequeño bravucón, y lo más fácil es pensar que se lo merecía. Sin embargo, la caída pudo tener consecuencias graves pues hay un momento en que se teme que se rompa el cuello al estrellarse contra el suelo; está también la otra parte de la versión y de la historia, donde se dice que el pequeño acosador -además de sufrir un ambiente familiar muy difícil- también sufrió de bullying durante varios años, hasta que tomar la misma actitud agresiva contra otros pareció solucionar su problema, pero después del video ha recibido más ataques de los que alguien podría soportar.

Podría parecer una solución, que en algunos casos resulta, defenderse con los mismos medios que se usan para atacarnos. Pero la realidad es que no siempre resulta, y también se dan casos en que la violencia atrae más violencia, los casos más drásticos son las matanzas escolares. Los chicos que dispararon a sus compañeros, en los casos de Columbine y Virginia, eran víctimas de bullying, y fue su manera de "no dejarse". Pero hay otros casos de chicos que se defienden y esto atrae mayores ataques, más violentos y multitudinarios, para que aprenda la lección de no intentar rebelarse nuevamente. Supe de un caso de un estudiante de bachillerato, secuestrado en la cajuela de un auto, después de que él confrontó a sus agresores, retándolos; fue golpeado, apuñalado, maniatado y abandonado dentro de la cajuela, hasta que fue encontrado muerto, tanto por las lesiones sin atención médica oportuna como por la falta de aire. Cuando sus compañeros fueron interrogados dijeron que sólo querían darle una lección "para que aprendiera a no meterse con ellos". Leí en la red el caso de una niña de nueve años estudiante de un colegio privado, que tras enfrentar y denunciar a sus agresoras, fue sometida en el baño por las mismas, que la amenazaron con un cuchillo en el cuello por haberlas acusado con su madre, quien acudió a las autoridades escolares para exigir una solución. Precisamente el caso lo ventiló la propia madre al no obtener ninguna respuesta o acción favorable por parte de la escuela. Y al hacer el anterior post supe de un adolescente golpeado y apuñalado por sus compañeros que llegó a su casa arrastrándose, para morir en la puerta, y de un estudiante de secundaria al que sus compañeros arrojaron thinner en las piernas y prendieron fuego. Las agresiones cada vez son más violentas. 

El bullying no es nuevo, una muestra es como lo retrata magistralmente Mario Vargas Llosa en su libro La ciudad y los perros, publicado hace 50 años, donde incluso muestra a sus diferentes actores (el agresor, la víctima y los espectadores), sus perfiles, sus motivaciones, y el nada raro cambio de roles -como ya vimos en el caso de Casey Haines-, en donde el agresor puede volverse la víctima (o haber sido tal), y los espectadores, los culpables de agresión (en realidad, todos son víctimas). Lo que sí es nuevo, es la dimensión alarmante que está cobrando, en parte gracias a las nuevas tecnologías de comunicación y a la normalización de la violencia que estamos viviendo (y fomentando).

Algo que tenemos que entender es el proceso del bullying, y como afecta a sus actores. Amatista nos cuenta que era su actitud la que la salvó de mayores ataques, y que incluso eso ayudó a una de sus compañeras. Y esa es una de las claves en estas situaciones. Como dice El Signo de la Espada: no hay que dejarse, pero más que una acción física, lo que hay que hacer es no dejarse derrumbar animicamente ante la intimidación y las agresiones, de la misma forma en que no hay que dejar que nos atrapen convirtiéndonos en cómplices. Pero esto no es fácil a una edad en que aún se está formando la personalidad, en que cuenta tanto la opinión externa y el sentido de pertenencia, y en que incluso se trae arrastrando un historial de vulnerabilidad emocional por el ambiente en que se ha crecido.

No hay que olvidar ese aspecto: el bullying habitualmente se centra en niños y niñas más vulnerables. Y no es su culpa serlo, y tampoco por serlo merecen las consecuencias que les atrae ser objeto de agresión.



Hablemos del proceso y los actores:

Los agresores (bullies, matones, abusones o como el lenguaje popular los identifique) comienzan un ataque sutil, mediante bromas cada vez más pesadas, comentarios irónicos, críticas cada vez más duras, o burlas aparentemente justificadas por las características o la conducta de los que son elegidos como blancos. Tanto los testigos como las víctimas aceptan esto como un juego sin consecuencias.

Las agresiones van subiendo de tono a medida que van teniendo aceptación y adhesión por parte del grupo, más compañeros se van sumando al "juego" de burlarse, embromar o descalificar a otros, hasta que estas bromas, burlas o insultos se vuelven sistemáticos sobre las mismas personas. Sólo para el agredido ha dejado de ser divertido y ha comenzado a ser una incomodidad real. La sensación de malestar aumenta a medida que el grupo que se divierte a su costa se hace más grande, y el grupo que ignora o atestigua los ataques tambien crece y continúa indolente. Sin embargo, a la mirada ajena, todavía parece ser una situación que todo el mundo puede o debe afrontar y superar (es común que se considere al bullying "cosas de niños", restándole importancia y normalizando la agresión). 

Esta es la parte peligrosa, porque "echar carrilla" a alguien está aceptado socialmente, y se considera "tener carácter" aguantarla , además que "ser soplón" y "rajarse" están igualmente condenados por el grupo social, tomándolo como traición. Por eso la indolencia de los espectadores (o bystanders, como los han comenzado a denominar): porque no perciben aún la gravedad de la situación, o porque tienen miedo de atraer hacia sí mismos las agresiones, o no quieren traicionar al grupo. Sin embargo, los espectadores no tienen un rol tan pasivo como pudiera pensarse, porque la agresión y la intimidación cobran fuerza proporcionalmente a la atención que reciben, es decir, a mayor público, mayor bullying... y menor posibilidad de que alguien interfiera (esto último es conocido como Efecto espectador). Y si se trata de bullying, los espectadores tienen también una participación directa, especialmente si parecen dar su aprobación mediante risas o animaciones al agresor (incitándolo para lo continúe o lo aumente), si lo documentan y lo difunden valiéndose de las nuevas herramientas multimedia, pero también si son parte del público silente.. con ese silencio cómplice que deja a la víctima en la indefensión. 

Por eso es tan importante romper el silencio, ya sea apoyando a la víctima para que los agresores y ella misma vean que no está sola (tal como hizo Amatista), o buscando (y exigiendo) la ayuda e intervención de los adultos responsables, exponiendo y denunciando la situación, para que pueda ser detenida. Esto incluso puede ser anonimamente, si se tiene el temor de atraer la agresión hacia el denunciante o si se percibe que se pone en riesgo su seguridad. Si la intimidación y la humillación se han hecho públicas por las nuevas formas de comunicación viral, es más fácil denunciarlas, pues en lugar de compartir el video o las imágenes del bullying con el resto de los compañeros, pueden ser mostradas a los adultos que pueden detener y corregir la situación, esa es la elección que el espectador tiene. Y esa es otra de las partes importantes de concientizar: el bullying necesita de la participación pasiva de los bystanders para continuar. El bullying es un asunto de grupo.

Cuando la víctima empieza a aceptar la culpa de la situación, pensando que se lo merece -al no entender por qué le está pasando eso y por qué nadie lo apoya-, es cuando el bullying le ha comenzado a causar un daño psicológico grave, como ansiedad, depresión, impotencia, soledad, autoestima baja, y sentimientos de rechazo hacia sí mismo y hacia la sociedad. Somos seres gregarios y la interacción positiva con nuestros iguales nos es necesaria, al faltar esta comenzamos a desarrollar una personalidad antisocial que nos limita en nuestro desarrollo personal, especialmente en las personas más jóvenes esto es resulta muy nocivo, porque parte importante de su maduración es sentir que pertenecen a su círculo social.

Hay dos tipos de víctimas: la que parece atraer y provocar la agresión con su conducta, por ejemplo, un chico hiperactivo que pueda ser considerado problemático, y la que parece aceptarlo con sumisión pasiva, convirtiéndose en la víctima ideal. Al final, es probable que ambos tipos de víctimas lleguen al mismo punto, en que, dicho coloquialmente, se ha matado su espíritu al sentirse aislado y vulnerado.

Esto es lo que se conoce como Indefensión aprendida.

Similar a lo que sucede con las mujeres víctimas de violencia doméstica, que simplemente no pueden salir solas del círculo de violencia en que viven con su pareja, perdonando y justificando las agresiones una vez tras otra, así también las víctimas de bullying llegan a creer que se merecen el acoso de sus compañeros y que no tienen forma de salir de la situación. Y de la misma forma en que es muy injusto considerar tonta a una mujer que sufre violencia doméstica sin lograr detenerla, también lo es considerar que los niños y adolescentes que sufren bullying son responsables de no salir de esa situación de acoso, y de las consecuencias trágicas que pudieran derivar de ella. Para explicar mejor el concepto de indefensión aprendida les dejo el siguiente video (son menos de cinco minutos, pero les garantizo que no lamentarán invertirlos para entenderlo más):

El bullying provoca que su víctima se inmovilice y se desequilibre en su confianza interna, algunos tienen mejores armas para defenderse de eso, pero no es culpa del que no las tiene carecer de ellas, cada uno es resultado de las experiencias vividas y del ambiente formativo, no elegimos la forma en que crecimos, no elegimos las circunstancias que nos formaron en los primeros años, que es cuando se define nuestra personalidad, así que si llegamos a la situación de bullying menos preparados que otros para superarla, no es del todo nuestra culpa.

Pero sí es nuestra responsabilidad crear las condiciones para que nuestros niños tengan mayor fortaleza, mayor confianza para pedir ayuda, y mayor asertividad para defenderse. Al igual que tengan la capacidad de empatía necesaria para que no se conviertan ni en abusadores ni en cómplices pasivos. Porque la realidad es que, en ocasiones, el bullying sí mata.

(Gracias por continuar la conversación, especialmente les agradezco a El Signo de la Espada y a Amatista, por los grandes aportes que dieron con sus testimonios personales, perdón por no darles respuesta directa en un comentario)

Artículo relacionado: Basta de Bullying

miércoles, 11 de enero de 2012

Publicidad Sexista

Aunque uno se resiste a aceptarlo, los medios están profundamente implicados en la manera en que producimos -y reproducimos- pensamientos y conductas. Por eso los mensajes que recibimos a través de ellos son necesarios de analizar, pues son mecanismos sutiles para que adoptemos hábitos, transformemos nuestra ideología y concibamos nuestro entorno. Ya sea con o sin intención, con o sin consciencia, nos educamos a través de ellos.

Los medios, y entre ellos la publicidad, representan y legitimizan roles y conductas sociales. Y la publicidad sexista discrimina a un sexo con respecto a otro. Durante años se ha luchado por evitar que la publicidad deje de representar a la mujer como un objeto sexual, como una propiedad del hombre, o como un ser inferior, pues esto contribuye a continuar el abuso o la violencia contra la misma:

¿Tu esposo se casaría contigo de nuevo?
La mayoría de los hombres pregunta "¿Es bonita?", no "¿Es inteligente?"
Muéstrale que es un mundo de hombres

¿Es siempre ilegal matar a una mujer?
No importa lo que ha pasado. Él es un hombre y usted lo ama. Él merece Lucky 
Es bueno tener una chica en casa

Mantenla donde pertenece

En la actualidad ninguno de estos anuncios evitaría levantar protestas por sus mensajes machistas, e incluso, misóginos, lo cual es un signo de que la sociedad ha avanzado; sin embargo, mensajes similares, pero más velados, son transmitidos con la aceptación de un público seducido por el humor o el tono de comedia con que se presentan, y que parece justificar el estereotipo negativo que contribuyen a perpetuar:




La publicidad sexista tiene un gran peso y sus consecuencias son la subordinación de un sexo y las desigualdades de género, así, la violencia doméstica, el acoso y la explotación sexual, la discriminación laboral contra la mujer, la falta de oportunidades para su educación y realización profesional son alimentadas por los mensajes que en medios gráficos y electrónicos se difunden. Sin embargo, la solución no es alternar el objeto de agresión, yendo ahora contra el hombre, anuncios como el de English Lady (del que acabamos de hablar en el post anterior) o el de la galleta Tentaciones de Gamesa (que analizamos antes, en un blog amigo), que vulneran la dignidad masculina, son tan inadmisibles como los misóginos. Avivar una guerra de sexos, o promover una revancha por todo el abuso que el género femenino a sufrido, es abyecto y execrable; aún más si el fin es enteramente buscar ganancias económicas. Debe quedar claro que la publicidad sexista no es sólo contra la mujer, y cuando se enfoca contra el hombre no es el género masculino el único perjudicado, también el femenino y la sociedad misma.




La publicidad sexista no sólo menosprecia a un género, reduce también al otro: cuando una mujer es cosiderada como un mero objeto sexual, el hombre es reducido a un animal instintivo a merced de sus hormonas; cuando se aduce a la irritante complicación de la mente femenina, la del hombre se reduce a una ridículamente elemental; si la mujer es considerada un ser de menor valía, al hombre se le reduce a una bestia sin sensibilidad, incapaz de generar empatía o consideración, la mujer manipuladora no puede existir sin un hombre con debilidad de carácter, y así cada idea negativa de una mujer, es sustentada por una igual de negativa para el hombre (aunque en la práctica si es la mujer la que sufre consecuencias más graves, parece exagerado, pero la violencia y la explotación sexual, la violencia doméstica y los feminicidios existen gracias a que la mujer es reducida a un objeto y a una pertenencia); los estereotipos negativos lesionan la sana convivencia entre ambos géneros, la publicidad y los medios debían contribuir a que esto fuera al contrario. Hay otras campañas que abordan la guerra de los sexos con mejor humos y sin inclinar la balanza a un lado (como el de la cerveza argentina Quilmes), sin embargo, también confunden al igualar al feminismo con el machismo, y tendrá que explicarse cuantas veces sea necesario: el feminismo es una ideología a favor de la equidad de géneros, no de la supremacía del sexo femenino sobre el masculino, no puede ser igual al machismo pues este es una conducta social que menosprecia y agrede a las mujeres, el feminismo busca reivindicar a las mujeres, no sojuzgar a los hombres. Otro intento que incluso conmueve (por ingenuo) o indigna (por errático) es el de los creativos de Axe, que al lanzar (temporalmente) una fragancia para mujeres, califiquen esto y su publicidad como un "logro del feminismo", pues ahora hay más "equilibrio entre los sexos", según su director creativo... aunque en su publicidad se siga usando una imagen sexualizada de las mujeres policías.

La publicidad tiene una responsabilidad social, tanto los creativos dentro de esa actividad como el público deben tener más consciencia de los efectos que tiene, no hay una verdadera "inmunidad publicitaria", todos somos susceptibles a sus mensajes, y especialmente, a las conductas aprendidas, adoptadas o toleradas a partir de su influencia. Así como influyen en nosotros al elegir una marca de jabón, de refresco o de perfume, así también aprendemos a permear o transformar nuestro pensamiento ante sus mensajes. Si estos son negativos en detrimento de un género, de una clase social, de un tipo étnico, de un tipo físico o de una ideología, pueden modificar nuestra concepción sobre los mismos.

Afortunadamente, también hay esfuerzos creativos que no sólo pueden presumir de un gran ingenio y de un estupendo resultado (como el de un chocolate rumano que apeló al orgullo nacional y a un "simulacro" de campaña, o el impresionante trabajo creativo detrás de una cadena de supermercados en Corea, que aligera la vida de los ocupados trabajadores coreanos facilitándoles comprar su despensa desde el metro), sino también apela al sentido humano, les dejo la campaña publicitaria en España de Médicos sin fronteras, con la presencia del recientemente fallecido director de cine Luis García Berlanga:



martes, 2 de agosto de 2011

El Humor es Cosa Seria

"Disculpen que no me levante".
Epitafio de Groucho Marx.

En El Corán dice que Quien hace reír a sus compañeros, tiene el paraíso ganado, y en la película La vida es bella, de Roberto Benigni, se demuestra lo que decía Joseph Klatzmann sobre el humor judío en situaciones dramáticas: "Reímos para no llorar", lo cual es una perfecta muestra de como el humor es una herramienta en la Resiliencia, esa capacidad que el ser humano tiene para remontar una adversidad. La misma ciencia encuentra evidencias de cómo la risa es parte del ser humano desde que está en el útero, que libera endorfinas y que activa el sistema inmunológico.

Entonces, ¿por qué parezco estar en contra del humor, criticando tvseries exitosas como Two and half men o programas como Top Gear, de innegable aceptación mundial, en gran parte por la acidez del humor británico? Será que quiero hablar del humor... en serio -je-.

Ya en el Talmud se diferencia la risa sana (sakhaq) de la risa burlona (laag), y es que hay que recordar que el humor también significa un desaprecio sobre el objeto en que se basa, establece una distancia y es lo contrario a la compasión (que no hay que confundir con la lástima, pues es más bien una emoción empática); por eso, cuando se utiliza para ridiculizar o estigmatizar, resulta un buen conducto tanto para difundir como para establecer prejuicios y estereotipos. El humor no es nada inocuo y eso lo saben los que lo han utilizado como contradiscursos que cuestionan status quo y transgreden convenciones sociales, o critican un régimen o sistema... y especialmente, lo saben quienes las censuran. Ejemplo de todo esto es el cartón político. En contraparte, está también el empleo del humor como instrumento del poder, ejemplos hay muchos y en varios niveles, pero uno de vigencia mediática es el bullying, es decir, el acoso agresivo hacia una víctima en estado de indefensión por parte de varios que lo ridiculizan y molestan, desvalorizándolo e intimidándolo, aprovechando la ventaja numérica o de circunstancias propicias.

Decía el genial Óscar Wilde: "El mejor humor es el que te hace reir cinco segundos y te deja pensando diez minutos"... y retomando sus palabras, podríamos decir que el peor humor es el que asimilamos sin ninguna postura reflexiva. Aceptamos la descalificación hacia una minoría social o una comunidad si se nos presenta envuelta en el bonito empaque del sarcasmo agudo, pensando que porque es gracioso no es nocivo, pero el mejor ejemplo es el estereotipo que se tiene en toda Latinoamérica sobre el pueblo gallego, al que se le identifica como ejemplo de estupidez a partir de los chistes que se difundieron originalmente en Argentina, donde la comunidad gallega en el exilio no recibió un trato del todo hospitalario. El humor es un buen conducto del prejuicio, del discurso discriminativo y de la ideologización (el aceptar ideologías aprendidas). Si lo aceptamos sin ejercicio reflexivo, somos más proclives a aceptar estereotipos negativos que insensibilizan hacia el sector social estigmatizado, propiciando el separatismo, el adoctrinamiento y la discriminación.

Lo único que yo necesito para hacer reír a la gente es un parque, un policia y una chica guapa.
(Charles Chaplin)

En el caso de la tvserie citada los estereotipos negativos sobre las mujeres, especialmente la difusión del de mujer-objeto, se hacen presentes de forma constante hasta formar parte de la línea argumental habitual; lamentablemente nuestra realidad social nos muestra de forma fehaciente, cómo el hecho de que el machismo considera a la mujer como una propiedad, encamina a la violencia doméstica, la agresión sexual y el feminicidio (háganme el favor de no confundir este argumento con una intención moralizadora, no hay nada aquí que tenga que ver con un juicio moral, sino con la exposición de hechos y la relación con sus orígenes ideológicos). Los estereotipos masculinos negativos también están presentes, volviendo atractiva una conducta autodestructiva.

En el post en que anteriormente se trató este tema, se confundió la intención de cuestionar este último punto con una moralizante y de frívolo chacoteo sobre la farándula. En realidad quería profundizar sobre la elección del público que vuelve exitosos programas o personajes que abiertamente presumen una falta de compromiso con la calidad o con el talento, basándose mayormente en el escándalo y la polémica para generar interés. Personalidades como Charlie Sheen, Gloria Trevi, Laura de América, Niurka, etc., lucran con el morbo que su misma persona causa para capitalizarlo hacia sus proyectos de trabajo en la industria del entretenimiento, pero más allá de la complacencia de las producciones o las empresas, está la del público, que los encumbra en el cénit de su interés.

Programas como Matutino Express o El Mañanero, que son también espacios informativos, utilizan el humor para malinformar o para difundir estereotipos nocivos. En el primero, el conductor principal, Esteban Arce, difunde información errónea acerca del aborto, de la homosexualidad y de la sexualidad humana mediante un discurso intolerante que sazona con agilidad mental, irreverencia y cierta gracia, lo que lo hace muy popular especialmente entre los más jóvenes. En El Mañanero, Brozo, el popular personaje de Víctor Trujillo, comenta las noticias del día con más ingenio, mayor ética periodística y con mejor análisis, pero también contribuye a la difusión de la mujer-objeto al presentar a una atractiva mujer, enmascarada y silenciosa, fungiendo únicamente como objeto ornamental, y nombrada con un alias que tiene una fuerte connotación sexual.

Nuevamente, y en vista de que es necesario aclararlo, no es un juicio moral lo que estoy haciendo, es la exposición de que se difunde el estereotipo de la mujer que no emite opiniones y que sólo se ocupa de complacer sexualmente al hombre, la evidencia de que eso es perjudicial lo tenemos con la modelo-actriz que tuvo la misma función en el espacio de Brozo, Isabel Madow (La Secretaria), y que cuando quiso retomar proyectos en la actuación, fue reducida a un atractivo visual y sus opiniones hasta la fecha son descalificadas con argumentos tales como: "con razón Brozo no la dejaba hablar" o "calladita se veía más bonita". En ese tiempo era común que varios hombres repitieran lo que el personaje decía que era la mujer perfecta: hermosa y que no hable.

"La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son"
Winston Churchill.

Concluyo, porque lamentablemente no pude hacer la entrada más breve y necesitaba precisar mi punto de vista, dada la confusión anterior y la reiterada necesidad de volver a exponer los mismos argumentos cada que se toca el tema del humor, y siempre hay que detenerse en el punto de "pero si sólo es comedia, no hay nada de malo": no estoy en contra del humor, no estoy amargada tampoco, ni soy moralista ni me rasgo las vestiduras, ni quiero matar la comedia con la hipercorrección política, de hecho estoy a favor del humor negro, transgresor, irreverente, desacralizador y catártico... pero sí creo que es necesario que sepamos de qué nos estamos riendo y qué mensaje estamos aceptando con tanta docilidad, pues ni el humor ni el entretenimiento son inofensivos, pero quiero retomar las palabras de Ulisses P. Bolón dejó en el anterior post alusivo al tema, y que explican mejor el punto en que abundó Nietzche (al decir: "El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa"):

"...el humor es cosa seria, y no siempre inocua ni inocente, pero quizá el hecho de que el mismo humor constituye la opción más barata para escapar a una realidad monstruosa hace de él un elemento irrenunciable, y sólo voltear a verlo de manera crítica levanta asperezas".

lunes, 16 de mayo de 2011

Historia de una Foto: Fabienne Cherisma

Fabienne Cherisma era notable en su aprendizaje del francés y las matemáticas, éstas últimas eran muy útiles para la actividad comercial en que se desenvolvía junto a su familia, en un puesto del mercado de Puerto Príncipe en el que se revendía mercancía, alguna de ella conseguida por la misma Fabienne, que a sus quince años era estupenda para localizar rebajas y fijar nuevos precios, ganando unas monedas más para la -precaria- cena familiar.

En 2010, el terremoto en su natal Haití rompió la rutina de la familia Cherisma, pero, pese a todo, agradecieron no haber tenido ninguna pérdida mortal en la familia... hasta que se dieron los saqueos de tiendas. Quizá aprovechando la oportunidad de conseguir mercancía gratuita, quizá por la mala fortuna de confundirse entre los saqueadores mientras cargaba mercancía que sí pagó, pero Fabienne trepaba por el techo de un edificio derruido con dos sillas y tres cuadros a cuestas, cuando las balas tiradas al azar por la policía la alcanzaron, terminando con su sueño de ser enfermera.

El mundo supo de su muerte por la fotografía de Paul Hansen (que en marzo de este año ganó el premio International News Image del Swedish Picture of the Year).



Pero al mismo tiempo, el mundo se enteró del "make off" de esa fotografía, y de otras tomas similares:

Fotografía de Nathan Weber

Fotografía de Jan Grarup

Fotografía de Carlos García Rawlins

Fotografía de Jan Grarup
Fotografía de Alon Skuy

Fotografía de Edwar Linsmier

Y la vieja discusión sobre la ética del periodista fotográfico revivió, tal como se dio con el caso de Kevin Carter y su fotografía de la niña acechada por un buitre.

La imagen del cadáver de Fabienne también le acaba de dar un premio a Lucas Oleniuk, el National Newspaper Award en Canadá, además de ayudar a sensibilizar a la población mundial sobre la situación de Haití después del terremoto y recaudar más donaciones. El debate ético continúa, siendo lo más fácil acusar de "carroñeros" a los fotógrafos (o "paparazzis del dolor"), sin considerar que su labor permite que personas que están sentadas frente a una pantalla de computadora o televisión, o con un diario en las manos, se enteren de una realidad paralela a la suya.

La foto premiada de Oleniuk

Por lo pronto, antes de enjuiciar a Paul Hansen y los demás fotógrafos, habrá que decir que el propio padre de Fabienne, Osama Cherisma, dio su aprobación para publicar las fotos de su hija y documentar su duelo familiar:

Fotografía de Jan Grarup

Fotografía de Paul Hansen


Fotografía de Jan Grarup

sábado, 2 de abril de 2011

Paseo Dominical Barroco


El de hoy en realidad fueron dos paseos, el primero de ellos fue un domingo de febrero en que me dirijo al Centro Histórico para escuchar a Horacio Franco dirigiendo al Coro de Madrigalistas de Bellas Artes, interpretando a Bach y Vivaldi entre otros músicos barrocos, en la Sinagoga Justo Sierra.

Ese día comenzó con un desayuno frente a la Plaza Mayor, en un restaurancito nuevo en el segundo piso del edificio que está frente al Zócalo, al lado del Hotel Majestic y que en su planta baja alberga el Centro joyero, el restaurante se llama A mi manera y su servicio es excelente; ahí comí unos huevos benedictinos con salmón realmente ricos, y aunque yo relacionaba el nombre de estos huevos con la Orden de San Benito, que tuvo su esplendor durante la Edad Media y cuyos monasterios son una buena muestra del periodo barroco, en realidad el delicioso platillo no tiene que ver con los monjes benedictinos sino fue una creación de la élite neoyorquina, y aunque hay varias versiones de su origen todas coinciden en que sus creadores fueron estadounidenses del tiempo alrededor de 1900.

Pero cuando yo me llevaba a la boca una porción de salmón, huevo y muffin bañados en salsa holandesa, creía que estaba disfrutando un platillo barroco, así que lo incluyo en mi paseo -es mi blog y hago lo que se me da la gana, je-.

Saliendo de la recientemente restaurada sinagoga, seguí mi paseo por el bello parquecito de la Plaza Loreto, que toma el nombre por el Templo Loreto que se encuentra ahí, y que es de una belleza conmovedora, pese al deterioro evidente; aunque el estilo de esa iglesia no es barroco sino neoclásico, al igual que el de la fuente al centro del parque, diseñada por Miguel Tolsá, y que es una de las más bellas de la ciudad.


A un costado del Templo de Loreto hay otra iglesia mucho más austera que es el Templo de Santa Teresa la Nueva, ambas iglesias muestran un hundimiento notorio.

Y si se preguntan qué para cuando un templo estilo barroco que pudiera justificar el título, les cuento que seguí mi camino por la calle Santísima hasta llegar al cruce con la calle de Moneda, y ahí me encontré con la churrigueresca fachada de la Iglesia de la Santísima Trinidad, una de las más bellas obras del barroco en la capital, perdida entre pasos peatonales en desnivel -dado su hundimiento- y andamios que anuncian su remozamiento (dejo un enlace con su historia y su descripción muy completas).


Estas tres iglesias se encontraban semivacías, aunque en dos de ellas se celebraba una misa cuando entré a admirar sus interiores, el más bello, sin duda, es el Templo Loreto. Pero la que me encogió el corazón fue el de Santa Teresa la Nueva, de haber llevado cámara habría capturado la decadente belleza de su cuarteada bóveda desde dentro, y titulado la foto como La nave del olvido.

Posteriormente me metí al Museo de la Culturas y vi muestras de las civilizaciones primarias de Norteamérica, Oceanía, Australia y algunos países asiáticos e islas polinesias. Lo más destacable fueron los elementos comunes que todas estas culturas tienen, por ejemplo, los postes totémicos y máscaras, de Canadá a Oceanía se encuentran simbolismos afines y variaciones interesantes. Pero esto no tiene nada que ver con el barroco (a excepción de algunos trajes de teatro japonés), así que sigo con la segunda parte de este paseíto dominical:

El otro paseo no lo hice en domingo sino en jueves, apenas este anterior. También me detuve en el mismo restaurancito pero ahora para comer un platillo nacional: queso panela relleno con cochinita pibil. Y volví, como hace un par de meses, al Antiguo Palacio del Arzobispado, también para degustar arte nacional. Una irritante sesión fotográfica me impidió ver las otras exposiciones inauguradas un día antes, pero la única que vi valió la pena: Barroco, de Benjamín Domínguez. Estudioso del arte colonial, Domínguez es uno de los pintores neoclasicistas más modernos, su obra en esta muestra es una mezcla de erotismo y misticismo, dentro de la fastuosidad que permite el estilo barroco.


Como muestra dejo un par de las variaciones al cuadro del Matrimonio Adolfini, de Jan Van Eyck:

El título de este cuadro es Expulsión del Paraíso

Y en mi paso por la calle Madero, exclusiva para el paso peatonal, me detuve en el Antiguo Palacio de Iturbide (hoy Museo Palacio Cultural Banamex, pero odio este nombre comercial), donde felizmente encontré la exposición Pintura de los Reinos, también recientemente inaugurada, y en la que se muestran las identidades compartidas de los íconos religiosos en el mundo hispánico, con la muestra más importante hasta el día de hoy de la pintura de la América Virreinal, especialmente de la Nueva España y de Perú, basadas en la relación e influencia de Europa, principalmente de España.

La Virgen de los Desposeídos, de un artista anónimo peruano

La feliz coincidencia me hizo comparar y tener más elementos de referencia entre estas obras y la de Benjamín Domínguez, así que mi recomendación es que la vean -si andan por acá- complementariamente.

Nota adicional: Por cierto, Horacio Franco y Barroqueando, su travesía por la música del barroco se podrán escuchar en la Fonoteca Nacional de Conaculta los dos siguientes miércoles, no son conciertos, son sesiones de escucha de documentos comentados por él o por el clavecista Santiago Álvarez. Franco acaba de ofrecer un magno concierto en apoyo de los damnificados en Japón, que dicen estuvo soberbio.

martes, 29 de marzo de 2011

Acá en Acapulco


La Quebrada.

Acapulco es el puerto más famoso de México, y uno de los más famosos del mundo, probablemente el destino turístico con más tradición del país. Su notoriedad mundial data desde los años treinta, cuando se dice que el futuro rey Eduardo VIII de Inglaterra fue ahí en una expedición de pesca, poco antes se había construido el camino que lo comunicaba con la boyante y joven Ciudad de México.

Sus playas de fino oleaje y clima perfecto invitaron al futuro presidente Kennedy y a Brigitte Bardot a disfrutar sus respectivas lunas de miel en esta bahía. La reciente (y tristemente) desaparecida Elizabeth Taylor llevó a cabo una de sus bodas ahí; Frank Sinatra, Judy Garland, Harry Belafonte, Elvis Presley (que le dedicó una película, aunque luego dijera la tizianoferrez de que prefería besar a una negra que a una mexicana), las fiestas de Aristóteles Onassis, de los barones de Rotschild y de Portanova contribuyeron a poner de moda al puerto.

Pero sería una canción de amor la que lo haría perdurar en la memoria colectiva como el sitio romántico por excelencia: María Bonita, de Agustín Lara, dedicada a su bellísima esposa María Félix, la mítica actriz ("Acuérdate de Acapulco", le demandaba el poeta cantor).

Hace cincuenta años la misma María Félix filmaba en el tradicional hotel El Mirador, que tiene una privilegiada vista al conjunto de arrecifes bautizado como La Quebrada, donde se lleva a cabo desde 1934 el espectáculo de clavados hacia a el acantilado formado artificialmente (en esa fecha se dinamitó el cerro, quedando un paso entre los arrecifes).


El acantilado tiene una altura de 45 metros, los clavadistas son jóvenes locales expertos en calcular el momento en que la marea y el viento se combinan para que el oleaje alcance su punto más alto, de otra forma tendrían una muerte segura al no haber la suficiente profundidad en el agua para evitar su choque contra las piedras del fondo.


Los clavadistas llegan al nicho ante el que se persignan antes de saltar, escalando entre las hendiduras naturales de la roca del acantilado después de que una embarcación los llevó hasta él, y realizan clavados de diferentes grados de complejidad y vistosidad, acompañándose en algunos con antorchas encendidas en su veloz caída (les toma sólo tres segundo encontrarse con el mar). Este espectáculo es uno de los más representativos de Acapulco.


El hotel El Mirador es el que tiene más tradición entre los hoteles del puerto (justo en la zona conocida como Acapulco Tradicional), aunque ya está lejano al esplendor que tuvo entre las décadas cincuenta y setenta, que artistas como Cantinflas y Mauricio Garcés lo preferían para alojarse en la bahía.

Esta es la vista a La Quebrada y al mirador desde el lobby del hotel

Entre sus atractivos, además de la vista privilegiada hacia el espectáculo en La Quebrada, está la de la vista tanto hacia el océano Pacífico como a la Bahía de Acapulco; sus habitaciones tipo villa, que te hacen sentir dueño de tu propia vivienda en un laberinto de escaleras y jardineras (como si formara parte un cuadro de Escher tropical, dada la construcción que se adapta a la orografía del cerro), y una maravillosa alberca natural de agua salada (proveniente del mar que se cuela entre un dique de rocas), en la que se puede nadar entre peces exóticos de indescriptibles colores, a salvo del tempestivo oleaje aledaño por paredes de roca del mismo acantilado.

Este es el hotel en el que me hospedé, y la última mañana decidimos sacrificar la visita a la playa para podernos quedar a disfrutar de esa fosita, mientras los niños más pequeños gozaban el chapoteadero con agua tibia de una de sus tres albercas:


La sensación de sentarte entre rocas forradas de musgo, mientras la brisa de las olas que chocan contra la pared de roca te salpica en la espalda, viendo como peces globo salen de entre tus piernas hundidas en la arena, y centenares de cangrejos huyen por las paredes de roca, es indescriptible. Otro momento inenarrable fue la puesta de sol y el amanecer que observamos desde sus balcones (teníamos el privilegio de tener dos, uno hacia el Pacífico y otro con vista a la Bahía), viendo los diferentes matices del cielo y el mar en su baile con el sol. Durante la noche, el choque de las olas contra las rocas del acantilado era nuestro arrullo.

La Laguna

Acapulco, pese a lo que muchos creen, es mucho más que hermosas playas y noches de antro. Uno de mis recuerdos más felices de la pubertad fue una jornada entera en las aguas de la Laguna de Coyuca. Éramos los únicos ahí, y estando muy cercana a la niñez, tenía todavía la capacidad de fusionar la realidad con la fantasía, sintiéndome parte de las aventuras de La familia Robinson o del libro de Verne, Dos años de vacaciones. La guardé en la memoria como un lugar paradisíaco de un encanto exótico, esta vez pude reencontrarme con ella y me volví a maravillar, pues pude recorrerla toda a bordo de una embarcación sencilla, en los recorridos turísticos que hacen en los embarcaderos frente a la playa Pie de la Cuesta (la más recomendada para observar una puesta de sol).

La inmensidad de la laguna es deslumbrante -dicen que es más grande que la misma bahía-, y recorrerla toda llegó incluso a resultar muy cansado, pero aún así es un recorrido que volvería a hacer, con tal de volver a ver la exhuberancia de la vegetación de sus manglares, con árboles que parecen reproducir su proceso natural a la inversa: no es un árbol que se ramifica, son varios árboles que al crecer se unen en un sólo tronco. Esta vegetación ha hecho que la laguna sea escenario natural de películas que reproducen las selvas amazónicas, tailandesas o vietnamitas, como en la saga de las horribles películas de Rambo. Si se es actor de la época más triste del cine mexicano, y se llama uno Andrés García, puede tener una bella casa escondida entre los manglares, y es éste actor de mediano alcance -que además de rentar su propiedad como locación natural, incursiona en el papel de productor y director-, el que, haciendo películas de bajo presupuesto, muestra más de estos manglares y lo bello pero lo difícil que es andar entre ellos; aunque son escenarios perfectos para deportes como el esquí acuático, siendo una de las pocas actividades más lucrativas que pueden realizar sus habitantes (nuestro solecito Luis Miguel filmó aquí escenas de su videíto Cuando calienta el sol, aunque supongo que si lo han visto seguro sólo han notado las tangas de sus amiguitas).


En la Isla Pelona (o de los Pájaros) vi un árbol inmenso, coronado en cada rama por un cormorán, ave que emigra desde Canadá junto a varias especies más. También había elegantes garzas sosteniéndose erguidas sobre ramas trozadas, viéndonos pasar con la condescendencia de quien se sabe admirada.


Lamenté ver constantemente botellas de plástico flotando en la superficie de las verdes aguas, pero lo que creí un grosero y criminal descuido de los turistas, en realidad son señalamientos de bancos de algas, para alertar a los pescadores de la zona (y que pude ver en acción a lo largo de la laguna).

Después de un par de horas, llegamos por fin a lo que es uno de los tesoros mejor guardados de Acapulco: Barra de Coyuca, una franja de tierra que emerge en las épocas más secas del año, pero que en temporada de lluvia desaparece bajo la unión del río y el mar. Sin electricidad y sin otras comodidades de la urbanización, negocios en rústicas palapas ofrecen al visitante la mejor comida de la zona al precio más accesible. Esperamos que nuestra comida fuera pescada y asada en carbón, mientras nos recostamos en la arena alfombrada de musgo de las orillas de la laguna (en el centro puede medir hasta diez metros de profundidad y tiene bancos de arena traicioneros), o en las hamacas que ponen a disposición del cliente.



Y entre las aguas de la laguna y el océano, comimos el mejor pescado a la talla, la mejor mojarra al ajío, los mejores camarones a la diabla y el mejor filete de pescado de todo el viaje (y quizá de toda mi vida, pero he comido tantas exquisiteces durante ella que no podría jurarlo) mientras veíamos la mejor -esa sí, indiscutiblemente- puesta de sol frente a un mar embravecido e intimidante. El regreso nos llevó más tiempo del previsto (gracias a la mala organización e informalidad de los responsables del paseo) y la noche nos cayó cuando apenas habíamos recorrido la mitad de la laguna, pero ver el ocaso en sus aguas, y luego navegar entre su penumbra fue otra experiencia inolvidable -pese a los mosquitos que se estrellaban contra la cara-. Una noche estrellada y una luna con media sonrisa no nos dejaron en soledad.

Acapulco de noche

La vida nocturna de Acapulco está muy afamada, desde las fiestas aristocráticas y millonarias de hace décadas hasta los excesos de los springbreakers, pasando por los de los chilangos que mantienen la tradición del acapulcazo (estando a sólo cuatro horas del D.F. en auto, se volvió un clásico la escapada al puerto para continuar la farra de fin de semana). Siguen funcionando lugares como el famoso Baby ´O (desde la discotequera década de los 70), el Palladium y el Sr. Frogs, o el disco-yate Acaray, que es un antro flotante, entre la grande oferta, tan vasta como variada.



Pero no todo son antros, el espectáculo de los clavadistas atrae una multitud a la plaza frente a La Quebrada, que se vacía hasta la madrugada; bajando un par de calles, otra placita frente a la Iglesia y un hermoso kiosco concentra otra cantidad de personas que escuchan música, ríen ante las gracias y chistes o aplauden las acrobacias de artistas callejeros; otro centro de diversión, en sí mismo, es, el paseo de La Costera, son las diez de la noche y todavía veo familias que rentan cañas de pescar en el embarcadero; hermosas y arregladas mujeres mayores que bailan danzón frente los muelles de los cruceros, haciendo pareja con elegantes cabelleros de cabezas plateadas; parejitas que buscan la quietud y la brisa en las románticas bancas (en las que sólo cabe una pareja bien juntita) frente a los muelles de los lujosos yates, donde hay algunos propietarios que convidan cervezas a sus amigos; alrededor del bungie hay toda una actividad propia: los más temerarios se arrojan al vacío, los más prudentes sólo los ven y aplauden su arrojo, los más pesudos los ven mientras comen langosta, en un restaurante con inmejorable vista; muchas suegras consentidas paseando en caletillas adornadas con globos y tiradas por caballos, escogiendo artesanías hechas con conchas del mar y cáscaras de coco, o comiendo dulces típicos hechos de coco y tamarindo.

Los camiones.

Pero mis acompañantes no sólo quieren pasear sino también quieren beber y bailar, así que tomamos un transporte que nos acerque al Acapulco Dorado, frente a la Playa Condesa, donde empieza la zona más comercial. En contraste con el camión que nos llevó al embarcadero de Laguna de Coyuca (que tiene el pomposo nombre de Hawai 5.0, pero que más bien parece un chalet comunitario tailandés), que me recordó a los guajoloteros que llevaban a las zonas conurbadas de la Ciudad de México en los setentas y ochentas (e incluso el chofer se ambientaba con música de Rigo Tovar y se iba peleando con las señoras que le reclamaban que manejara bien pues no llevaba ganado), ya desde la mañana había notado la decoración de los camiones de la zona urbana estandarizados por el color blanco en el exterior y azul rey en el interior... pero personalizados con todo tipo de dibujos, murales, cenefas, lámparas y calcomonías. Acostumbrada a la decoración kitsch de algunos transportes defeños, como los tableros de taxi forrados de terciopelo rosa; los dados, los zapatitos de bebé y las imágenes de la Virgen de Guadalupe o de la Santa Muerte colgando de los espejos retrovisores; las calcomonías de muñequitos que indican que a bordo va una familia o los muñecos de peluche pegados con ventosas en los cristales, la ornamentación de estos camiones antiguos es una alternativa curiosa e interesante; el primer camión que abordé tenía un letrero formado con globos de unicel pintados de gris metálico y blanco fosforescente que decía "El Rey del Surf", frente a él, unas gigantescas alas de ángel -también de unicel y también fosforescentes-, además de cientos de glifos pintados con aerosol en los mismo colores en el techo y en el tablero, que con la luz neón de las lámparas tenían un resplandor verdaderamente místico, al ritmo de la música tribal que salía de la radio.

El segundo camión tenía el techo pintado con personajes infantiles, dibujos gigantescos de Bob Esponja, la Sirenita, y los pingüinos de Madagascar me miraban sonrientes, mientras a lo largo de todo el camión se enlistaban los Diez Mandamientos bíblicos; otro tenía el techo pintado psicodélicamente con figuras geométricas que parecías salir de un caleidoscopio iluminado, al centro del techo, con letras enormes, un letrero mostrando el gusto culposo del propietario: Rebelde, y para que no hubiera duda alguna, un "mural" con los rostros de los integrantes del grupo musical, salido de la telenovela del mismo nombre... pero el mejor fue ese camión que me llevaba a la zona de antros, y que en sí mismo era un lounge ambulante: sus parrillas iban iluminadas de varios colores, haciéndolo parecer más un carro alegórico navideño que un camión de pasajeros, en el interior, luces estrambóticas se encendían y favorecían un juego de reflejos en los espejos esmerilados del frente, con figuras femeninas que se antojaban desnudas y envueltas en un frenesí orgíastico, así como el baile de las mitocondrias y espirales fosforescentes pintadas en el techo, ¿la música?: las románticas de El Buki y Joan Sebastian (las más pegadoras), y el chofer y sus amigos ya iban bien ambientados con una hielera repleta de cervezas que se empezó a vaciar demasiado pronto, a medida que el coro a los estribillos de las canciones se hacía más fuerte. Fue el preámbulo perfecto para llegar al antro.

Una noche de copas, una noche loca

Pasaban ya de las diez de la noche y la ausencia de los springbreakers hizo que todos los antros abrieran su oferta a los paseantes nativos, en un intento de no ver tan mermadas sus ganancias. Recorrimos buena parte de la costera eligiendo el adecuado, pero todos estaban vacíos. La amiga que me acompaña tiene unas piernas largas y viste unos hotpants de verdad cortitos, eso hace que los camiones-antro desaceleren para gritarle piropos y los volanteros nos correteen para convencernos de meternos a sus respectivos antros. Hicimos caso de las recomendaciones del más insistente y nos metimos en uno que tenía una vista abierta a la Playa Condesa.

La música bien (para mí, ya que era una mix ochentero, pero mis acompañantes son mucho más jóvenes y no les entusiasmó), pero el lugar muy vacío, pensamos que iba a llenarse conforme pasaban las horas, pero no, la poca gente que llegaba se iba casi enseguida, practicamente éramos los únicos en la pista cuando alguna canción nos animaba de pararnos. Para cuando cambiaron de música se notó la poca habilidad del DJ para manejar los ánimos de la gente, los tragos mal, la atención deficiente (atentos, pero no eficientes), los baños sucios, sin servicios básicos (ni agua ni papel)... pero yo me sentía feliz de bailar, fumar, tomar, cantar y reir frente al violento oleaje y con la brisa refrescándome, estábamos al nivel de la playa y pude salir a pisar la arena y sentir la brisa marina nocturna mientras cantaba a voz en cuello. Algunas personas paseaban en la playa, con sus sandalias en las manos, hubo uno que incluso atravesó la playa trotando, otro se tiró a dormir... pero hubo uno que llegó a pararse frente a nosotros, con mirada desafiante. Vestido con mallas rojas, capa y máscara con cuernos: era un diablito. De su boca salía fuego. La tea que prendía con gasolina se apagaba en su boca después de dar vueltas en el aire y ser cachada por él, luego escupía fuego de la boca y de sus ojos, nos miraba inquisitivamente mientras levantaba los brazos, como retando o como preguntando. Y se iba. Y volvía. Como la marea.

Uno de mis acompañantes, aburrido y hastiado de la mala música, nos convenció de pagar más con tal de estar en la parte superior del bar, una terraza que está al nivel de la calle. Le dimos gusto, afortunadamente no hubo necesidad de pagar más, sólo de solicitarlo; el ambiente estaba un poco mejor, la música también aunque sólo era tropical y mis acompañantes no gustan mucho de ella, eso nos hizo irnos pronto y buscar algo de comer; alguien propuso tacos, en un lugar que nos hacía volver el camino que hicimos cuando escogíamos en que antro parar. Ya eran alrededor de las tres de la mañana y entonces vimos que la noche para los demás todavía no acababa, y el nuestro era el único antro vacío y sin ambiente, todos los demás estaban a reventar, podía verse a la gente arriba de las mesas, agitando globos, bailando entre espuma, coreando canciones o bailando conga, hasta el que se veía más ñoño (un bar-karaoke) tenía a todos de pie bailando y cantando a gritos una cancioncita infantil, siguiendo el juego... por lo menos los tacos estuvieron sabrosos y baratos, y la vista del blanco oleaje rompiendo la oscuridad era inmejorable.

Habla bien de Aca

Dicen que a los chilangos no se nos quiere en Acapulco -y en ninguna otra parte, je-, que somos sucios, tranzas y abusivos... pero a mí siempre me han tratado bien, esta vez no fue la excepción, me sorprendió la atención de todos los servidores y de la gente en las calles, muchos espontaneamente ofrecían información o recomendaciones útiles, aunque fuimos víctimas de varios abusados que ofrecieron cosas que no cumplieron o que las cobraron hasta tres veces más caras; el acoso de algunos vendedores llega a ser fastidiante, no basta un "No, gracias", obligan a ser cortantes o se vuelven groseros cuando no se les consume, lo cual es una pena porque sí pueden restarle placer al paseo (por supuesto no todos, y se entiende que insistan en lograr su venta, sólo que hubo algunos que lo hacían excesivamente); al contrario de lo que se puede pensar, cuando preguntaban si éramos "de México" (refiriéndose al D.F.) y contestábamos afirmativamente, se redoblaba la atención y las sonrisas, se nota que somos un mal necesario -je- y que quizá están resignados a que seamos su principal fuente de ingresos, aunque se nos culpe de que por nosotros (los chilangos clasemedieros y los de extracción popular) fue que Acapulco perdió su esplendor mundial y dejó de ser un centro recreativo de lujo. Sin embargo, y con todo y la excentricidad que se puede encontrar en la Ciudad de México, sólo en Acapulco y Veracruz he visto personajes más vistosos. Desde el clásico costeñito que se acerca diciendo: "¿Te muevo la panza?" (personaje casi extinto en las playas acapulqueñas), la niña que te insiste en hacerte trencitas (estilo que popularizó en los ochentas Bo Derek, en 10, La mujer perfecta), hasta el moreno de piel casi azul que pasa con una balsa vendiendo recuerdos hechos con conchas de mar en la playa de Caleta, los personajes acapulqueños pueden ser tan pintorescos y exhuberantes como salidos de un cuadro de Gauguin. Una vez anterior vi a un músico callejero que gracias a Youtube tuvo su cuota de fama: el Grupo Lata, así, yo espero que próximamente ese diablito que echa fuego en las madrugadas frente a la playa, tenga también su reconocimiento (y que la moda de los camiones acapulqueños llegue a los microbuses chilangos, je).

Varias mantas con la leyenda "Habla bien de Aca" (jugando con el adverbio "acá" y el apócope de Acapulco) cuelgan de las paredes; Acapulco lleva décadas tratando de volver a su posicionamiento líder como atractivo turístico, pero adversidades naturales como el huracán Paulina o sociales como la contaminación y explotación indiscriminada de reservas naturales, o la actual inseguridad a consecuencia del narcotráfico, no le han permitido remontar a los niveles que tenía anteriormente. Me constan sus esfuerzos por limpiar sus aguas (todos los días vi lanchas "barredoras") y la imagen de la ciudad, los inversionistas -pese a todo- no han abandonado el puerto, las autoridades constantemente tratan de atraer turismo con festivales artísticos o tianguis turísticos... y lo más importante: el vacacionista no olvida Acapulco.


Confieso que al planear este viaje traté de convencer a todos de ir a otras playas -por el gusto de conocer nuevos lugares-, pero en cambio estamos planeando volver aprovechando las próximas vacaciones, para que puedan ir los que no pudieron ir esta vez y disfrutar todos las maravillas que encontramos.

Algo tiene Acapulco, que se te queda en la piel.

Todas la fotos, todas, sacadas de Internet.

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