Por María José y por María Fernanda. Por Rubí. Y por Marisela, su mamá. Por Lucía, ¿la recuerdas? Durante unos días su historia nos estremeció y nos dolió hasta las entrañas, nos hizo saber que el horror siempre alcanza un nivel más alto. Por unos días, porque luego la vida sigue, la realidad se impone, y hay que buscar qué comer y hay que buscar por quién seguir, por quién reír. Y lo peor, porque otro rostro y otro nombre nos ocupa. Por Fabiola, por Valeria. Por Esmeralda, que sí regresó a su casa.
Por Fabiola, Fabiola Montserrat, para distinguirla de la primera, la más jovencita, la de los ojos aceituna. Por Janet y sus largas pestañas, por Alondra y su mirada inteligente, su sonrisa llena de entusiasmo. Todas tienen miradas alegres, seductoras, posaban conscientes de lo jóvenes y lo atractivas que eran, pero sin saber que así recorrerían las redes, que así gritarían su nombre, llamándolas.
Por Marisol, que viajó a Palenque. Por Elizabeth, que se fue a estudiar inglés a Utah y no quiso distraerse con un noviazgo. Por Marina y María José, turistas argentinas. A todas ellas se les olvidó que es su culpa si viajan solas.
Por Alexa y por Karime, que quedaron de encontrarse en un centro comercial; por Diana, que fue a buscar trabajo a una papelería, dejando encargado a su hijo de dos años; por Mónica, que salió de la secundaria. Por Marifer, que llamó a su mamá desde el departamento de su cuñada. Por Wendy y Lizeth, que no llegaron en plena Navidad.
Por Claudia Yvett, que por dos minutos de retraso no la dejaron entrar a su trabajo, en una maquiladora de Ciudad Juárez.
Por Citlally, que era edecán, y salió de su casa hacia un evento al que también convocaron a doce de sus compañeras. Por Georgina, también edecán, rescatada de un table dance. Por Carmen, con sueños de ser actriz, encontrada en un cisterna. Por Leslie, de 20 años, encontrada en la cajuela de su propio auto. También ellas eran edecanes. También ellas eran hermosas.
Por Karen, cuyo cuerpo fue encontrado dentro de una maleta después de días de búsqueda. Por Ángela, que fue encontrada de la misma forma, aunque a ella nadie la buscó, y no se sabe cuál era el nombre real de esa nena de menos de dos años.
Por esa joven brasileña, violada por más de treinta hombres que subieron el video a Facebook. Por esa otra joven brasileña, violada por más de treinta días en una prisión varonil, a donde la envió una jueza. Por Yuliana, de siete años, que jugaba en las calles de un barrio pobre y fue subida a la fuerza en un auto de lujo, llevada a un departamento de lujo, y tuvo funerales de lujo, que cubrieron todos los medios colombianos. Y por Lucía. Por la hermosa Lucía de dieciséis años. Raptada, drogada, golpeada, torturada, violada y empalada hasta su muerte, hasta que su joven corazón no resistió tanto dolor.
Por ellas, por las que aún no vuelven a su casa y por las que ya nunca volverán. Por ellas. Por amor a ellas.
Fui invitada a leer a la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en la presentación de una pequeña antología que me incluye, y este es el texto que elegí leer. Se los comparto. Gracias por leerme.
En los 80s, U2 era un grupo que proponía un sonido propio, una lírica críptica y un mensaje ambicioso, de marcada conciencia social; cuando salió The Joshua Three se consolidaron como una banda de éxito, en su momento de mayor madurez musical y con una postura social congruente, así, se dieron el lujo de ofrecer un Lado A comercial y un Lado B más profundo. A este último pertenece One three hill, canción que nació como un homenaje a un miembro del staff, amigo personal de varios de la banda, especialmente de Bono.
Greg Carroll entró como asistente del grupo cuando U2 paraba por primera vez en Australia, Bono salía a combatir el jet lag paseando por Auckland, conociendo la zona volcánica de One three hill, quedando maravillado por la belleza del lugar, tanto como con un empleado del lugar donde se hospedaban. Carroll, de orígen maorí, era perfeccionista, solícito y eficiente, por eso se le extendió la invitación a unirse al resto de la gira, lamentablemente, cuando volvieron a Dublín a grabar el álbum de The Joshua Three, murió en un accidente sobre una moto que el mismo Bono le prestó. La canción que compuso en su memoria tiene versos que salieron de la ceremonia tradicional maori, durante sus funerales.
Pero también tiene un par de frases que directamente hablan de otra persona que impactó en el vocalista de U2, de abierta inclinación por los movimientos civiles, y de franco interés por los líderes latinoamericanos que enfrentaron las dictaduras que sufrían los países de Centro y Sudamérica en esos años, creando un contexto de zonas de fuego y poetas que hablan desde el corazón, Bono dice: "Jara canta, su canción como arma en manos del amor. Tú sabes que su sangre todavía llora desde la tierra". Años después, Bono también sería artífice de un documento visual llamado The Resurrection of Víctor Jara.
A veces llamado el Bob Dylan latinoamericano, Víctor Jara también fue reconocido por el grupo The Clash, en su canción Washington Bullets, de su disco Sandinista!, que muestra abierta simpatía por los movimientos de izquierda en Nicaragua, Chile y Cuba, a la vez que critica la política intervencionista, tanto de Estados Unidos como de la URSS. "Please remember Víctor Jara on Santiago Stadium, -es verdad-, those Washington bullets again", cantan. Y Calle 13 lo ubica junto al más admirado de los Beatles en su canción El Aguante.
Pero la mención a Víctor Jara que todos hemos coreado es la que Los Fabulosos Cadillacs hacen en Matador: "¿Qué suena? ¡Son balas! Me alcanzan, me atrapan. Resiste, Víctor Jara, no calla", dice una canción que parece incluirlo en otras frases, aunque sólo en esa lo mencionan directamente.
Cuarenta y cuatro balazos recibió el cuerpo del cantautor, actor, director de teatro, poeta, profesor, productor de televisión educativa, y activista. Hijo de humildes campesinos, cantó a los que no podían ir a la universidad, a los que se levantaban por la mañana para sembrar el campo, a las mujeres que despedían a sus esposos en la puerta de la fábrica, a las manos que construían un país a fuerza de trabajo, que lo defendían en las calles y en las urnas. Su obra artística no sólo comprende sus composiciones de la Nueva Canción Chilena, sino también musicalizó obras de teatro y ballet, así como producciones de cine y televisión, pero su participación en la escena cultural también se extendió al teatro, donde se desempeñó como actor, director, dramaturgo y productor; durante el corto gobierno de Salvador Allende fungió como embajador cultural, participando también en la musicalización, producción y director de televisión educativa.
Tras el golpe de estado de las fuerzas represivas con que fue destituido el gobierno de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, fue detenido en la Universidad Técnica del Estado, junto con el resto del personal docente y estudiantado, y conducido al Estado Chile, acondicionado como campo de detención para prisioneros políticos, al ser reconocido es apartado y sistemáticamente torturado durante los interrogatorios, sufriendo quemaduras, simulacros de fusilamiento y fracturas de sus manos con las culatas de las pistolas (tras lo cual, se le humilló queriéndolo obligar a que tocara sus canciones con una guitarra). Finalmente fue fusilado en las catacumbas del estadio el 16 de septiembre, tras cinco días de tortura.
Antes de morir, aprovechó la oportunidad de escribir unos versos en la libreta de uno de sus compañeros de cautiverio. Mientras otros escribían mensajes de supervivencia a familiares, Víctor Jara escribió un último poema, antes de que dos conscriptos se lo llevaran y no volviera a ser visto.
Su cuerpo fue arrojado a las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, en unos matorrales, pero un funcionario del Instituto Médico Legal reconoció su cuerpo y clandestinamente dio aviso a su esposa, Joan Turner, colaborando en su recuperación y entierro. Los vecinos de esa calle también colaboraron para la identificación del cuerpo, atestiguando después ante la justicia, para evitar que fuera uno más de los detenidos desaparecidos o de las víctimas no identificadas. Ese lugar en que fue arrojado su cadáver ahora es considerado un sitio histórico, con un monumento conmemorativo.
En 2009 su cadáver fue exhumado y analizado para conocer las causas precisas de su muerte, y su posterior sepelio fue un evento público y masivo, con un acto de homenaje que duró tres días, y simbolizó el reconocimiento a todas las víctimas de desaparición forzada durante la dictadura chilena. El Estadio Chile recibió el nombre de Estadio Víctor Jara, con el mismo propósito.
La conservación de sus últimos versos también fue una pequeña batalla. Las hojas que soltó el poeta y cantautor cuando los conscriptos lo llevaron a su muerte, fueron levantadas y guardadas por quien le prestó la libreta, quien era el jefe del departamento de personal de la UTE, luego esas hojas fueron copiadas en cajetillas de cigarros que llegaron a manos del periodista (ya fallecido) Camilo Taufic, y a las de algunas esposas de los músicos del grupo Quilapayún, del que fue director artístico, y ellas enviaron el texto a Europa, camuflajeado como una cápsula de medicamento.
Estos son esos versos:
Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!
16 de septiembre de 1973, en Chile... 16 de septiembre de 2005, en México (donde se realiza una demostración anual del poderío militar al servicio del Estado), donde no hay una dictadura, pero sí una "guerra contra el narco", simulación que ha provocado más de cien mil muertos y más de veinticinco mil desaparecidos.
Jugar a matar. Matar jugando. Se habla de descomposición social, y sí, no hay como negarlo (menos en la situación que nuestro país vive en estos tiempos), pero también habría que pensar en la naturaleza humana, habría qué preguntar qué detona el impulso asesino, incluso en las mentes más jóvenes, y especialmente cuando se actúa en grupo, cuando hay quien aplaude y azuza divertido, cuando el compañero de juego se entretiene con nuestra crueldad.
Y también me es difícil no recordar el caso de la pequeña Mary Flora Bell (Inglaterra, 1968), la más fría y famosa de los asesinos infantiles, que se regodeaba preguntando a los familiares del niño de tres años que asesinó, detalles de como fue encontrado el pequeño cadáver, fingiendo una compasiva curiosidad. Tal como pasó en el caso actual, Mary Bell, de once años, y una amiga invitaron a un pequeño vecino (de tres años) para que las acompañara a jugar, pero terminaron golpeándolo, ahorcándolo y mutilándolo. Era su segunda víctima. Otra similitud con el caso actual es que las victimarias se acercaban a los familiares fingiendo interés y colaboración.
A pesar de la corta edad de los asesinos, los pequeños agredidos son significativamente más jóvenes, vulnerables física y mentalmente, y aceptaron seguirlos para unirse al juego, brindando su confianza y simpatía, buscando amistad, diversión y compañía. En estos tres casos hay elementos comunes a pesar de las diferentes épocas y localidades, entre ellos, que los niños asesinos son de barrios marginales y no tenían suficiente supervisión paterna.
Pero otra reflexión me lleva al caso de la joven japonesa Junko Furuta, secuestrada a los quince años por sus compañeros de escuela, violada e inhumanamente torturada durante 44 días por esos cuatro adolescentes (y por algunos miembros de la mafia Yakuza, a los que invitaban en ocasiones), hasta que la muerte la salvó de seguir siendo lastimada de manera inenarrable. Uno de esos jóvenes sí se había iniciado en la mafia japonesa, famosa por su crueldad, pero los otros tres sólo eran estudiantes que le colaboraron al principio para que se vengara de la joven, por rechazar sus pretensiones amorosas, pero al final participaban en las crueles torturas no sólo aplicándolas sino incluso idéandolas, compitiendo por quién inventaba una nueva manera de agredirla y prolongar su sufrimiento. Este caso tiene alguna similitud con el de Sylvia Likens, otra adolescente secuestrada y violentada hasta la muerte, pero esta vez por la familia que cuidaba de ella y de su hermana menor, participando en su maltrato todos los miembros de esa familia, incluyendo a los niños y adolescentes, así como sus amigos y vecinos jóvenes, a los que invitaban a presenciar y participar de las vejaciones que le infligían.
Aunque hay una diferencia notable con los otros casos, pues al contrario de la espontánea colaboración de los primeros, en estos dos se puede decir que hay una paulatina degradación que acostumbra a los más jóvenes a la violencia, deshumanizándolos, sin embargo, dos cosas me llaman la atención y me hacen comparar todos estos casos, la primera es que al actuar como parte de un grupo los límites parecen desdibujarse, permitiendo que la conducta personal se relaje hasta estos preocupantes niveles (tal como pasa en los linchamientos y en el bullying). La segunda es la condición de total indefensión de la víctima. ¿Qué provoca tener el poder total sobre otra persona? ¿Cómo nos transforma esto? Google no me ayuda para localizar la referencia a un performance en que una artista se mantiene inmóvil durante un tiempo determinado, ante un público que aumenta sus interacciones hacia ella de forma cada vez más agresiva, dejándola semidesnuda y manchada de pintura y otros materiales dejados a su alcance, y huyendo cuando se termina el tiempo establecido y la artista deja su inmovilidad, encarándolos (por favor, si alguien sabe el nombre de la artista y de la intervención, déjenmelo saber), es un buen ejemplo de cómo se transforma la actitud y la conducta cuando nos sentimos con poder sobre otra persona. Los malos jefes, los malos padres, los malos cónyuges y los malos funcionarios públicos son otro ejemplo cotidiano... pero nada de esto logra quitarnos de la cabeza la pregunta:
¿Qué lleva a un niño a ser cómplice y partícipe de actos como estos?
Además de los niños sicarios, realidad aplastante de lo que la descomposición social significa en países como el nuestro; además de los niños entrenados por terroristas, guerrilleros o traficantes en países de Centroamérica, África y Medio Oriente; además de los niños francotiradores que asesinan a sus compañeros de escuela en Estados Unidos y algunas ciudades europeas; además de los niños atrapados en las redes de la delincuencia en los barrios marginales de los espacios urbanos, que terminan cometiendo asesinatos como parte de su actividad criminal; estos niños que salen de sus casas buscando desaburrirse, que no tienen planeado terminar el día convertidos en homicidas, que descubren el placer en el sadismo mientras juegan a ser verdugos, que no registran las consecuencias de sus indolentes actos hasta que sienten la urgencia de esconder las evidencias de su barbarie, que no volverán a ser los mismos ni a volver a su rutina, a su aburrida rutina de la que lograron escapar perdiendo su cuota de humanidad, su libertad y su futuro, estos niños, ¿qué reflejan de nosotros? ¿Qué sociedad los formó?
2014 fue un año difícil, Peña Nieto seguro jamás lo olvida -je-, pasó de ser el "salvador" de México a una figura de inacción hecha de cartón para ser quemada, golpeada y decapitada por el pueblo que lo odia (que es la gran mayoría, pese a que los peñabots parezcan ser muchos, y los que prefieren que la indignación no se manifieste ni siquiera con hashtags sean todavía más).
Fue un año de cambios y despertares en este país, lo que podría ser semilla de movimientos de mayor complejidad que una marcha o un bloqueo, pese a la demanda de que las manifestaciones permanezcan pacíficas, o del lógico desgaste de la movilización popular. Lo que sí es tangible ya, es que germinó una conciencia crítica que invita a la acción organizada.
Lo cual es muy bueno.
Ni el levantamiento del Ejército Zapatista hace exactamente veintiún años, ni la protesta masiva de quienes estaban convencidos de que hubo fraude en las elecciones de 2006 (los dos sucesos que volvieron a convocar a la Sociedad Civil que se organizó espontáneamente por primera vez después del sismo de 1986, para cubrir el vacío del tibio gobierno de entonces) habían provocado las multitudinarias adhesiones solidarias que se han presentado después de la desaparición y asesinato de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, la gota que derramó el vaso de la indignación por la impunidad y la connivencia de autoridades corruptas con narcotraficantes. Por eso la protesta y la rabia se ha dirigido hacia lo alto de esas autoridades, tomando la figura presidencial como catalizador de toda la incomodidad y disgusto populares. Sumando la mirada crítica de los medios que antes le brindaban tolerancia cómplice, y la reprobación a su gestión desde otros países, el sexenio de Peña Nieto se ve más complicado de lo que ha sido el sexenio de este blogcito cumpleañero. Aquí sólo hemos tenido un (absurdo) reclamo por el nombre, un (absurdo) pleito entre divas ególatras, y unas cuantas (absurdas) grafiteadas en un post popular, que vio pintadas sus paredes con frases escatológicas cual baño de secundaria.
Fuera de eso, pura buena vibra ha llegado por aquí. Más de la que su inconstante, (mentalmente) inestable e inconsistente autora merece. Gracias por eso, ustedes son mejores lectores de lo que yo soy como bloguera.
Yo no puedo hacer un balance objetivo de este año, personalmente me siento mejor que nunca, es decir, en una de mis etapas de mayor estabilidad en varios niveles, además de algunos logros individuales, las celebraciones recientes me han confirmado que tengo amigos sinceros con los que mantengo lazos muy firmes, además de la suerte inmensa de ser parte de una familia felizmente disfuncional, pues tal como decía Tolstói, las familias infelices lo somos de distinta manera, incluso dando cabida a una felicidad intermitente y necia, que regresa tozuda a instalarse en cualquier recoveco que encuentra, pese a las grandes tragedias que tampoco se resignan a abandonarnos. Porque a pesar de esas pequeñas y crecientes dosis de dicha, y de avances tímidos que logramos, dos sucesos añadieron el drama que la vida requiere. Dos pérdidas, dos ausencias, dos huecos en el estómago y el pecho, dos nudos en la garganta que se deben disimular con la sonrisa, pese a todo, sincera. Porque de eso se trata la vida, ¿no es cierto?, de buscar sonreír de nuevo, de intentar sonreír otra vez.
Así se iluminó Europa celebrando el cumple del blogcito. Apenas comenzó el año y luego luego se pusieron bien loquitos festejándonos hasta en Dubai, Hong Kong y demás hermanas repúblicas. ¿Qué chiditos, no?
Y hoy mi sonrisa es muy plena. Yo termino el año brindando como en La Traviata, y comienzo los años acompañando mi primer despertar con los aplausos de la Marcha Radetzky de Johann Strauss, que concluye el tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena.
Y desde hace seis años, esta es mi celebración por El Fanzín, por todas las cosas lindas que me ha traido: el aprendizaje, las conversaciones, las amistades, la empatía, las ideas en tránsito, las puertas que se abren, las voces que escucho, los estilos que reconozco, los caminos que recorro, los puentes que se tienden, las manos que se brindan, las causas que se abrazan, las personas... sobretodo, las personas. Los avatares que se vuelven personas, los nicks que se vuelven nombres.
Carmen, Nora, Marichuy, Donají, Luis, Aurelio, Bertha, Ana, Tere, Laura, Carolina, Gisela, Max, Hugo, Carlos, Adriana, Jesús, Juan, David, Ángela, Norma, José, Sergio... nombres que se han vuelto amigos constantes, maestros y cómplices, presencias que entibian la virtualidad, y junto a todos estos nombres, hay tres que me persiguen siempre, porque sé que El Fanzín les debe mucho y necesito agradecerles: Andrés, Rodrigo y Ulisses. No fui inteligente y no supe dejarles saber la importancia que tuvieron para mí y para el blog, no supe corregir mis errores ni tuve la suficiente madurez, y lo lamento de manera recurrente, ojalá un día tenga la oportunidad de ofrecer la disculpa obligada.
Por hoy, agradezco la oportunidad de celebrar brindando y aplaudiendo así:
Feliz Año. Feliz Vida.
Adendum: releyendo la entrada de hace un año, en que transmito toda la frustración de ir contra un sistema sin mayor esperanza de provocar un cambio, hoy puedo decir que todas estas manifestaciones han servido, además, para que la esperanza se vuelva más robusta y firme, de ahí el cambio de ánimo registrado en este último año. El sistema sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, esperando nuestro total despertar... pero somos más ahora.
No sólo es por Ayotzinapa. Todo este hartazgo, el reclamo, la denuncia, la protesta y la indignación no es sólo por Ayotzinapa, no es sólo por las cuarenta y tres ausencias en cuarenta y tres hogares, además de las nueve muertes comprobadas tras los ataques de elementos de la policía y del cártel Guerreros Unidos, contra estudiantes normalistas hace un mes en Iguala (Guerrero); es por Aguas Blancas, por los diecisiete campesinos asesinados (y veintiún heridos) por policías del estado de Guerrero en 1995; es por Acteal, por los cuarenta y cinco indígenas asesinados por paramilitares en 1997; es por el asesinato de dos jóvenes, el abuso sexual a veintiséis mujeres, y la tortura y vejaciones a los detenidos (incluyendo diez menores) en San Salvador Atenco en 2006; es por los cuarenta y nueve niños muertos (y setenta y nueve heridos) durante el incendio de la Guardería ABC, en Hermosillo (Sonora), en 2009, hecho por el que ningún funcionario ha sido procesado (testimonios afirman que el incendio fue provocado bajo órdenes de personas del gobierno de Sonora); es por la violenta represión del 1 de diciembre de 2012, durante las manifestaciones en contra de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto, que causó un muerto, desapariciones y varias detenciones arbitrarias; es por José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, de trece años, que fue declarado con muerte cerebral tras sufrir un impacto de bala de goma disparada por granaderos, en julio de 2014, víctima de la "Ley Bala" en Puebla, aprobada por Moreno Valle; es por los veintidos ejecutados en Tlataya, Estado de México, por miembros del Ejército Mexicano, así como por el encubrimiento de los hechos y la evidencia de que se trató de una ejecución; por por supuesto, también es por el recuerdo vigente de las matanzas de Tlatelolco en 1968, y el Jueves de Corpus Cristi en 1971, junto a otros crímenes de estado, entre los que figuran cateos ilegales, detenciones arbitrarias, impunidad de abusos militares, fallas en el sistema de justicia penal, desapariciones, tratos crueles, vejatorios e inhumanos, asesinatos y violaciones.
Todo esta denuncia no sólo es por Ayotzinapa, no es sólo porque la orden de disparar y secuestrar a los estudiantes normalistas fue por parte de la pareja que ostentaba el poder en Iguala, y por sus ligas con los cárteles del narcotráfico en el estado de Guerrero, es por los siete muertos y ciento treinta y ocho heridos por un atentado atribuido a narcotraficantes en el Zócalo de Morelia (Michoacán) en 2008, en plena celebración del Día de la Independencia; es por los diez asesinados (entre ellos un niño de ocho años) en Durango, por pasarse un narcoretén en la zona conocida como Triángulo Dorado, en marzo de 2010; es por los dieciseis estudiantes asesinados (y doce heridos) en Villas de Salvárcar (Chihuahua), cuando fueron baleados por presuntos zetas mientras celebraban un cumpleaños en el interior de una casa particular; es por los diecinueve internos de un centro de rehabilitación en Chihuahua que fueron ejecutados por sicarios en junio de 2010; es por los diecisiete jóvenes ejecutados (y dieciocho heridos) mientras celebraban en un salón de fiestas de Torreón (Coahuila), en julio de 2010; es por los setenta y dos ejecutados (58 hombres, 14 mujeres, en su mayoría inmigrantes) en San Fernando, Tamaulipas, en agosto de 2010, al parecer por no querer unirse a los cárteles de narcotráfico; es por los ciento noventa y tres cadáveres hallados en cuarenta y siete fosas, también en San Fernando, Tamaulipas, en 2011; es por los trescientos secuestrados (y aparentemente ejecutados) en Los Cinco Manantiales, en Allende, Coahuila, presumiblemente por Los Zetas, como probable vendetta, en marzo de 2011; es por los treinta y cinco cadáveres arrojados en la Zona Dorada de Boca del Río, Veracruz, en septiembre de 2011, cuya ejecución fue atribuida al cártel Jalisco Nueva Generación, por su presunta vinculación con Los Zetas; es por las trescientas cuarenta personas enterradas en fosas que se encontraron en Ciudad Victoria, Durango, en abril del 2011; es por las cincuenta y dos víctimas mortales del atentado al Casino Royale en agosto del 2011; es por los veintiocho cuerpos encontrados en las diecinueve fosas clandestinas que se descubrieron en las inmediaciones de Iguala, Guerrero, durante la búsqueda por los cuarenta y tres normalistas secuestrados en el pasado mes de octubre. Y por otros crímenes atribuidos a los cárteles del narcotráfico en su lucha por el control de territorio, entre los que se cuentan despojos, secuestros, torturas, violaciones, ejecuciones individuales y masivas, así como asesinatos contra la población civil.
Toda esta indignación no es sólo por Ayotzinapa, es también por María Elizabeth Macías Castro "La Nena Laredo", de Tamaulipas, periodista cuyo cuerpo decapitado se encontró en septiembre de 2011 con un mensaje intimidatorio para los que, como ella, reportaban situaciones de riesgo por las redes sociales; por Humberto Millán Salazar, de Sinaloa, secuestrado y ejecutado en agosto de 2011 tras denunciar casos de corrupción política y delincuencia organizada; es por Yolanda Ordaz, de Veracruz, raptada causa de su larga labor de información policíaca, su cuerpo decapitado fue encontrado con un mensaje intimidatorio; es por el columnista Milo Vera y su hijo Misael Vera, fotorreportero, asesinados en el interior de su casa junto a Agustina Solano, esposa y madre, respectivamente, el triple homicidio fue días después de una columna que denunciaba operaciones de narcotráfico en Veracruz, en junio de 2011; es por Gregorio Jiménez, de Veracruz, secuestrado y encontrado muerto seis días después, en febrero de este año, y que es uno de los periodistas asesinados en este 2014; es por Atilano Román, locutor y líder agrario asesinado en Sinaloa cuando hacía su programa de radio, este mes de octubre pasado; es por Karla Janeth Silva Guerrero, reportera del diario El Heraldo, agredida e intimidada por criticar el desempeño de Silao, Guanajuato, y es por los más de cien periodistas asesinados desde el año 2000, entre los que se encuentran reporteros, fotorreporteros, locutores, directores editoriales, columnistas y jefes de redacción, así como por los periodistas desaparecidos a causa de su labor informativa.
Todo esta dolorosa rabia no es sólo por Ayotzinapa, es por María del Rosario Fuente Rubios "La Felina", doctora que fue secuestrada y asesinada cuando la identificaron como titular de la cuenta en Twitter @miut3 que reportaba situaciones de riesgo y actividades del crimen organizado, así como fomentar la denuncia ciudadana en Reynosa, Tamaulipas, este mes de octubre; es por los dos jóvenes asesinados y colgados de un puente en Tamaulipas, con un narcomensaje atribuido a Los Zetas en el que se especificaba que era por denunciar en Twitter las actividades del narco, en septiembre de 2011; es por Marisela Escobedo, asesinada por denunciar y localizar al asesino de su hija Rubí Marisol Frayre Escobedo; es por Sandra Luz Hernández del grupo Madres de Hijos Desaparecidos, asesinada en Culiacán, Sinaloa, en mayo de este año, después de meses de buscar a su hijo Edgardo García Hernández; es por Nepomuceno Moreno, Don Nepo, asesinado por insistir en la búsqueda de su hijo Jorge Mario Moreno León, secuestrado a los diecisiete años; es por Alejandro Solalinde, conocido como el Padre Solalinde, director del albergue Hermanos en el Camino, que brinda atención a migrantes, de quienes también defiende sus derechos humanos, y que ha sido amenazado de muerte en varias ocasiones, teniendo, incluso, que salir del salir para protegerse; es por Nestora Salgado, ciudadana estadounidense encarcelada por comandar la Policía Comunitaria de Olinalá, su pueblo natal, en agosto de 2013; es por José Manuel Mireles Valverde, médico y exlíder de las autodefensas en Michoacán, encarcelado con falsos cargos de posesión de arma y drogas en julio de este año, 2014; es también por Digna Ochoa, abogada defensora de derechos humanos asesinada en 2001, y por todos los valientes civiles que se enfrentan desde su trinchera al narco, convirtiéndose en informantes, defensores de derechos humanos, investigadores, denunciantes y activistas, que continúan con su autoimpuesta tarea de no ceder ante la delincuencia organizada y la corrupción de las autoridades, poniendo en riesgo su vida. Más de sesenta defensores de derechos humanos han sido asesinados en los últimos cinco años.
No sólo es por Ayotzinapa, donde el 26 de septiembre de este año un grupo de estudiantes de la Normal rural “Isidro Burgos” sufrió el ataque de policías municipales por órdenes del presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa María de los Ángeles Pineda, emparentada con el cártel local "Guerreros Unidos". No es sólo por las nueve personas que murieron en los ataques, incluyendo al de un autobús con jóvenes futbolistas al confundirlos con estudiantes normalistas. No es sólo por Julio César Mondragón, cuyo cadáver fue encontrado dos días después, con el rostro desollado y con los ojos arrancados de sus cuencas, como muestra de la violencia sádica con que fueron atacados. No es sólo por la desaparición de cuarenta y tres normalistas que fueron secuestrados por esos elementos de la policía para entregarlos a los“Guerreros Unidos”. No es sólo por los veintiocho muertos encontrados en las nueves fosas clandestinas que se han hallado en la búsqueda de los normalistas desaparecidos. No es sólo por la solapada actitud de autoridades y partidos políticos que ignoraron todas las denuncias en contra del presidente municipal de Iguala, permitiéndole total abuso de autoridad. No es sólo por todos los días que dejaron pasar antes de actuar ante la presión social y las condenas internacionales, aceptando la renuncia del gobernador del estado, recibiendo a los padres de las víctimas, aplicándose a la búsqueda de los normalistas secuestrados, así como de la pareja de Abarca y esposa, quienes huyeron con facilidad. No es sólo por el montaje ante medios de la aprehensión de Abarca y su esposa, para calmar las protestas y la movilización, dentro y fuera de las fronteras nacionales.
No es sólo por Ayotzinapa, es por toda la violencia y descomposición social resultante de la corrupción de las autoridades en contubernio con el crimen organizado; es por las seis mujeres que mueren al día en el país (sumando más de cuatro mil feminicidios en los últimos cinco años), y la falta de voluntad política para resolver, o siquiera reconocer esta violencia sistemática; es por la pantomima de la "Guerra contra el narcotráfico", cuando ya todo el mundo sabe que el crimen organizado se ha filtrado en todas las esferas del gobierno; es por la indolencia ante las víctimas de la violencia que estas políticas han provocado; es por la criminalización de la protesta; es por la complicidad de los poderosos grupos mediáticos; es por la indefensión ante el poderío de la delincuencia organizada, y ante el abuso de autoridades corrompidas e ineficientes; es por la impunidad con que se permiten actuar, diversificando sus actividades al secuestro, la extorsión y la trata de blancas; es por el narcogobierno que han impuesto a una ciudadanía inerme.
No es sólo por Ayotzinapa, es por las más de veintiseis mil personas que están oficialmente desaparecidas (cifras que dan ong´s y la ONU ascienden a trescientos mil). Es por las ciento cincuenta mil personas que han sido asesinadas en los últimos diez años.
No es sólo por Ayotzinapa, (esta movilizacion, esta protesta, este reclamo) es por todo México.
Imagen de los grupos de apoyo a las autodefensas "Valor por Michoacán"
La situación en Michoacán, que se empieza a expandir a otros estados como Guerrero, Puebla y Tabasco, es tema obligado en casi todas las sobremesas, conversaciones y foros de debates, tanto físicos como virtuales. Todo México tiene una opinión y todos comparten algún enlace. Lamentablemente, pese a esta aparente proliferación de información, muy pocos están bien informados. Y es que no hay forma de acceder a una información no manipulada, filtrada, tasajeada y alterada. Así que casi todas esas opiniones y fuentes que se comparten, están basadas en especulaciones, verdades a medias y mentiras.
Junto a este análisis que no puede evitar ser tendencioso, está la descarada ofensiva de los medios plenamente identificados como instrumentos del gobierno, para estigmatizar al Consejo de Autodefensa ante la opinión pública más dócil, al grado de llegar a la manipulación de un video con uno de los principales portavoces de la Autodefensa, el Dr. José Manuel Mireles, editándolo para que su mensaje fuera un llamado a deponer las armas (transmitido por Televisa). Video que fue desmentido inmediatamente en redes sociales con la versión sin editar, en el que se aprecia claramente que se desvirtuó su mensaje original.
Y sumado a todo esto, está la opinión pública, a veces tan cínica o tan indiferente, que compra los argumentos descalificativos sin detenerse a hacer un ejercicio de pensamiento crítico, y que compra, también, el miedo que nos venden. Lo cual no es sencillo de evitar. Que violencia llama a más violencia no es un argumento menor, que la violencia no es la solución, no es una mentira. Pero la violencia ya estaba, sólo es que ahora son también las víctimas las que deciden un cómo y un cuándo.
La sociedad civil va a tener un rol importante en ese derrotero, ya sea por las acciones que tome, como por las que deje de hacer. Pero esa sociedad civil debe saber que este es un buen momento para actuar a favor de la gente que, valientemente, se enfrenta a las organizaciones criminales, tanto las ilegales como las institucionales.
Porque nadie se sorprende ya cuando alguien dice que el narco está aliado al gobierno. Es uno de esos secretos a voces. Las acciones en la región de Tierra Caliente parecen confirmar lo que podrían parecer rumores, pues saber del ejército desarmando a las autodefensas y no a los narcotraficantes, y permitiendo que estos incendiaran la biblioteca y el palacio municipal, así como los negocios que desobedecían la orden que los Templarios daban de que se mantuvieron cerrados, dejan poco margen de duda.
Hay qué decir que las autodefensas han mostrado una organización estratégica muy eficaz, que contrasta con el barbarismo primario de las organizaciones criminales. En las últimas dos semanas han avanzado ocupando y rescatando territorios que estaban en manos de los narcotraficantes, también tiene una estrategia mediática que sí está golpeando la imagen del gobierno y del ejército: videos y testimoniales que desnudan el mal manejo. Las redes sociales juegan aquí un papel trascendente, filtrar y diseminar la información es su tarea, la virtualidad su trinchera. Esa puede ser la contribución a un movimiento que sí está haciendo trastabillar al sistema, porque aunque es cierto que mandar a la guerra desde nuestro escritorio o el iPad, no sólo es cómodo sino también irresponsable, lo es más descalificar las autodefensas desde la misma comodidad cobarde, sin entender que son personas que lo están arriesgando todo, porque en realidad no les han dejado nada.
Identificar que esta es más que una oportunidad, una responsabilidad, y que antes de retuitear que las autodefensas son tan peligrosas como los grupos paramilitares, o que sirven al gobierno o a otros cárteles, o que los financían desde China, habría que reflexionar si no se contribuye a desligitimizar una iniciativa que, si bien no es ideal, sí es la más importante y efectiva que se está llevando a cabo contra una ausencia de estado, que ha permitido gobiernos totalitarios en cada región tomada por la delincuencia organizada.
La Sociedad Civil ha actuado otras veces con gran efectividad, siendo un agente de cambio hacia la pacificación, la negociación y la acción inmediata, como fue tras el surgimiento del EZLN, la tragedia del sismo de 1985 o la manifestación de inconformidad por el turbio manejo de las elecciones en el 2006. Desde el 1º de septiembre también se ha manifestado contra un gobierno en contra de la ciudadanía (tanto a nivel nacional como distrital), desde antes, incluso, se manifestó contra un candidato que representaba un retroceso, siendo la mayor de estas manifestaciones el Movimiento Yo Soy 132.
Esta participación ciudadana, que se tarda a veces en responder, que cuando a veces lo hace resulta demasiado prudente, y que se repliega muy fácilmente en ocasiones, hoy necesita saltar con mayor decisión y firmeza, porque puede haber una oportunidad de encontrar la fisura de un sistema que no está preparado para responder a los cuestionamientos y a la protesta bien organizada. La represión agudizada en el último año y dos meses, puede actuar ahora en contra de ese lado represor. Porque la inconformidad está sembrada, la injusticia desnuda y la provocación señalada.
Actuar no es sólo tomar las armas, sino tomar una postura. Iniciativas hay, esta también es una de ellas: Convocatoria para un Congreso Popular. Y las más fáciles, las que podemos hacer dando un click, es desarrollar un filtro que nos depure información falaz, y nos permita formar un criterio, dentro de lo más posible, sustentado.
ACTUALIZACIÓN:
Este día la noticia de que las autodefensas de Michoacán llegan a un acuerdo con el gobierno para legalizarse se propagó desde la tarde, por supuesto, la incertidumbre acompañó al anuncio, junto a las críticas y descalificaciones hacia las autodefensas, quienes dan este comunicado. Al igual que en su momento pasó con los zapatistas, tenemos que decir que cualquier mala negociación es mejor que una buena guerra... aunque la experiencia nos dice que siempre hay una trampa detrás de algo así, además de la posibilidad que se abre de que ahora sí se conviertan en grupos paramilitares. Pero la recomendación sigue vigente, ahora más necesaria todavía: desarrollemos un filtro que nos depure información falaz, y nos permita formar un criterio lo más sustentado posible, porque otra posibilidad es que esta sea la forma que se encontró para nulificar el impacto de las autodefensas, cuyo ejemplo empezaba a seguirse en otros estados, así se les contiene, se les resta credibilidad y apoyo social, controlándolas desde su interior. ¿Podemos juzgar a quien elige una vía más pacífica, una tregua para no dormir entre el temor y el riesgo de muerte? Yo creo que no.
"Reconciliar las aspiraciones de los negros con los temores de los blancos".
Nelson Mandela, después de salir de la cárcel tras 27 años, respondiendo a la pregunta "¿cuál será su fórmula?.
Si no me hubiera gustado tanto el rock en la adolescencia, a los quince años no me hubiera enterado de que Pat Benatar, U2, Peter Gabriel, Bob Dylan, Lou Reed, Bob Geldof y otros de mis músicos favoritos participaban en un grupo musical en contra del apartheid en Sudáfrica. Pero afortunadamente era una enajenadita que oía, comía y respiraba rock, y me bebí toda la información que pude sobre ese grupo formado por varios artistas afamados, reunidos bajo el nombre Artists United Against Apartheid. para cantar Sun City, en un esfuerzo parecido pero a la vez, muy distinto de We are the world, pues esta vez se pedía libertad, no caridad, crear conciencia, no chantajes. Así supe de Nelson Mandela. Y su lucha y su ideología se volvieron un referente para mí. Me asomé a la madurez siguiendo su labor democratizadora. Era la segunda mitad de los ochentas, la democracia parecía ganar batallas importantes: Berlín dejaba caer el muro, la Perestroika empujaba a una apertura en el régimen socialista, Solidaridad daba esperanzas de un cambio democrático en Polonia y se votaba en contra de Pinochet en Chile.
Nelson Mandela y Lech Walesa eran los nombres emblemáticos que se relacionaban a la libertad y la democracia, a derechos humanos y a la cultura del disenso. Exigir su libertad era parte de ese compromiso social que se gestaba en mi incipiente consciencia. Entre canciones de Silvio Rodríguez y consignas contra las autoridades, mi interés por Mandela se había ido cimentando, Siempre lo admiré más que a todos, era un héroe contemporáneo. Cuando salió de la cárcel y no persiguió la venganza, sino todo lo contrario, fomentó la reconciliación entre una sociedad dividida por el apartheid, y refundó un país destrozado por la confrontación racial, quedé todavía más imantada por su personalidad. No se aferró al poder, no se aferró a la revancha, pero tampoco abandonó la memoria, no fue una amnistía, buscó se recordara la infamia y se honrara a las víctimas. Luego se dedicó a luchar contra el SIDA, a favor de los niños, a favor de la democracia que sembró. Y cada vez, la admiración por él crecía. Las ganas de ser, un poco, como él.
No podía vivir por siempre, noventa y cinco años ya fueron bastante regalo a la humanidad... pero deja un hueco tan grande que es difícil hallar contentamiento. ¿Cuándo surgirá otro como él?
Les dejo un enlace una entrevista con su biógrafo, John Carlin, en un artículo que se titula "El Nelson Mandela que yo recuerdo", donde lo describe generoso, lúcido, grandioso... "el más grandioso que haya jamás conocido". Me hubiera gustado usar ese título: "El Mandela que yo recuerdo... el que nunca olvidaré".
«Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood... Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores».
«El arte es una forma de consciencia».
«La única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia».
Susan Sontag.
Provocadora, polémica, brava, comprometida, profundamente crítica, Susan Sontag era una mujer de inteligencia avasalladora que sacudió las mentes norteamericanas por su nada complaciente análisis al sistema y cultura de su país, que lo mismo abordó la guerra de Vietnam o las políticas del gobierno norteamericano tras los ataques del 11 de septiembre. Así como las de países como Israel, a las que criticó desde el mismo estrado en que la galardonaban con el Premio Jerusalen de Literatura, el máximo premio israelí otorgado a escritores extranjeros. Además de la política y el poder, Sontag analizó la cultura occidental con la misma precisión quirúrgica, hasta en la manera de entender las enfermedades, y justo lo hace desde su misma condición de enferma de cáncer (del que derivaría posteriormente la leucemia que le causó la muerte a los 71 años), en La enfermedad y sus metáforas, y El SIDA y sus metáforas, reflexiona sobre los prejuicios negativos, los estigmas y las actitudes sociales con que se conciben y acompañan a las enfermedades.
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Esa disección con bisturí analítico, también lo hace de sí misma en los escritos que salen a la luz tras su muerte, en 2004. En contraste con sus combativas ideas, activismo social y contribuciones intelectuales, poco se sabía de la vida privada de la escritora, dramaturga, cineasta y ensayista; incluso su relación con la reconocida fotógrafa Annie Leibovitz, y la hija que tuvieron durante su unión sentimental, fueron muy poco difundidas en sus detalles. Su vida personal y su aspecto íntimo fueron muy bien resguardados por ella misma hasta su muerte, hasta que su hijo y editor, David Rieff decide editar los diarios que ella comienza desde a los 14 años, cuando con lucidez pasmosa, enumera sus convicciones, creencias y preferencias:
Creo que:
(A) Que no hay dios personal o vida después de la muerte
(B) Que la cosa más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, Honestidad
(C) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia
(D) Que el único criterio de una acción es su efecto último en hacer que la persona feliz o infeliz
(E) Que está mal privar a un hombre de la vida [comentarios 'f' y 'g' están desaparecidos.]
(H) Creo, además, que un Estado ideal (además de 'g') debe ser de carácter fuerte y centralizado con control gubernamental de servicios públicos, bancos, minas, transporte + y subvenciones de las artes, un salario mínimo cómodo, el apoyo de discapacidad y edad [d]. Estado cuidado de las mujeres embarazadas con tal distinción como legítimos + ilegítimos hijos.
Susan Sontag adolescente
En 1957 vuelve a hacer un ejercicio similar (además de establecer para sí misma "Reglas y deberes a los 24", en donde, entre otras cosas, se ordena no criticar públicamente a la universidad donde trabaja, darse una ducha cada noche y escribir a su madre cada tercer día):
¿En qué creo?
En la vida privada
En sostener la cultura
En la música, Shakespeare, edificios antiguos
¿Qué disfruto?
Música
Estar enamorado
Niños
Dormir
Carne
Mis errores
Nunca estar a tiempo
Mentira, hablar demasiado
Pereza
No aceptar el rechazo
Susan Sontag en 1964
Los diarios de Susan Sontag se han editado en varios volúmenes, siendo el primero Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964, y en ellos se puede hallar a una mujer transformarse de la brillante adolescente con la misma curiosidad hacia el conocimiento y la literatura que por el sexo, y la vida misma, por la que manifiesta siempre un gran apego (escribe a los 18, sin más contexto: "Dios, vivir es enorme"), a la deslumbrante librepensadora que sacudió la conciencia norteamericana, convirtiéndose primero en la intelectual independiente más admirada, bandera del movimiento ideológico posterior al mayo del 68, hasta la rechazada por la nacionalista sociedad estadounidense, que en la primera década de este siglo llegó a considerarla traidora a la patria por sus críticas al sistema norteamericano, especialmente por sus políticas imperialistas y antiterroristas.
Algo muy extraño me pasa con Blogger, que yo misma no puedo comentar en mis propias entradas, por eso mismo no he podido dar respuesta a los comentarios de El Signo de la Espada, Amatista y Marichuy en la anterior entrada Basta de bullying, con interesantes testimonios y experiencias personales.
Lo bueno es que esto me da la oportunidad de ahondar en el tema, que para tanto da. En principio les enlazo una entrada de un blog que es parte de una campaña permanente en contra de la pornografía infantil en la red, por una persona que hace un esfuerzo constante para denunciar los sitios que encuentra, y que en esta ocasión, con motivo del mismo caso de Amanda Todd que comentamos en el post anterior, comparte 10 consejos para explicar a tus hijos pequeños como protegerse en la red, al ver que en buena parte es la falta de precaución la que los vuelve vulnerables ante un depredador sexual que usa la Internet para sus actividades. También les enlazo a otro artículo en donde se dan Diez acciones concretas para controlar el bullying, todas son de sentido común... pero a veces es increíble como hay cosas que aparentemente son muy obvias pero tienen que señalarse para que alguien más las vea.
Además de su testimonio, nos recuerda el también notorio caso de Casey Haines, conocido como Zangief Kid por su defensa ante el bullying que sufrió por años, y que se difundió viralmente al mundo entero mediante un video, retirado varias veces de Youtube por considerarse incitación a la violencia, pero retomado por los medios tradicionales y por los mismos usuarios que elevaron a Haines a un estatus de "héroe". Zangief es un personaje (grande y robusto) del videojuego Street fighter, y la comparación es porque en el video se puede ver a Casey Haines, un niño de 16 años, levantando a su acosador (un pequeño y delgado niño de 12) y estrellándolo contra el suelo después de recibir varios golpes y esquivar alguno. La verdad es que después de ver el video es difícil simpatizar con el pequeño bravucón, y lo más fácil es pensar que se lo merecía. Sin embargo, la caída pudo tener consecuencias graves pues hay un momento en que se teme que se rompa el cuello al estrellarse contra el suelo; está también la otra parte de la versión y de la historia, donde se dice que el pequeño acosador -además de sufrir un ambiente familiar muy difícil- también sufrió de bullying durante varios años, hasta que tomar la misma actitud agresiva contra otros pareció solucionar su problema, pero después del video ha recibido más ataques de los que alguien podría soportar.
Podría parecer una solución, que en algunos casos resulta, defenderse con los mismos medios que se usan para atacarnos. Pero la realidad es que no siempre resulta, y también se dan casos en que la violencia atrae más violencia, los casos más drásticos son las matanzas escolares. Los chicos que dispararon a sus compañeros, en los casos de Columbine y Virginia, eran víctimas de bullying, y fue su manera de "no dejarse". Pero hay otros casos de chicos que se defienden y esto atrae mayores ataques, más violentos y multitudinarios, para que aprenda la lección de no intentar rebelarse nuevamente. Supe de un caso de un estudiante de bachillerato, secuestrado en la cajuela de un auto, después de que él confrontó a sus agresores, retándolos; fue golpeado, apuñalado, maniatado y abandonado dentro de la cajuela, hasta que fue encontrado muerto, tanto por las lesiones sin atención médica oportuna como por la falta de aire. Cuando sus compañeros fueron interrogados dijeron que sólo querían darle una lección "para que aprendiera a no meterse con ellos". Leí en la red el caso de una niña de nueve años estudiante de un colegio privado, que tras enfrentar y denunciar a sus agresoras, fue sometida en el baño por las mismas, que la amenazaron con un cuchillo en el cuello por haberlas acusado con su madre, quien acudió a las autoridades escolares para exigir una solución. Precisamente el caso lo ventiló la propia madre al no obtener ninguna respuesta o acción favorable por parte de la escuela. Y al hacer el anterior post supe de un adolescente golpeado y apuñalado por sus compañeros que llegó a su casa arrastrándose, para morir en la puerta, y de un estudiante de secundaria al que sus compañeros arrojaron thinner en las piernas y prendieron fuego. Las agresiones cada vez son más violentas.
El bullying no es nuevo, una muestra es como lo retrata magistralmente Mario Vargas Llosa en su libro La ciudad y los perros, publicado hace 50 años, donde incluso muestra a sus diferentes actores (el agresor, la víctima y los espectadores), sus perfiles, sus motivaciones, y el nada raro cambio de roles -como ya vimos en el caso de Casey Haines-, en donde el agresor puede volverse la víctima (o haber sido tal), y los espectadores, los culpables de agresión (en realidad, todos son víctimas). Lo que sí es nuevo, es la dimensión alarmante que está cobrando, en parte gracias a las nuevas tecnologías de comunicación y a la normalización de la violencia que estamos viviendo (y fomentando).
Algo que tenemos que entender es el proceso del bullying, y como afecta a sus actores. Amatista nos cuenta que era su actitud la que la salvó de mayores ataques, y que incluso eso ayudó a una de sus compañeras. Y esa es una de las claves en estas situaciones. Como dice El Signo de la Espada: no hay que dejarse, pero más que una acción física, lo que hay que hacer es no dejarse derrumbar animicamente ante la intimidación y las agresiones, de la misma forma en que no hay que dejar que nos atrapen convirtiéndonos en cómplices. Pero esto no es fácil a una edad en que aún se está formando la personalidad, en que cuenta tanto la opinión externa y el sentido de pertenencia, y en que incluso se trae arrastrando un historial de vulnerabilidad emocional por el ambiente en que se ha crecido.
No hay que olvidar ese aspecto: el bullying habitualmente se centra en niños y niñas más vulnerables. Y no es su culpa serlo, y tampoco por serlo merecen las consecuencias que les atrae ser objeto de agresión.
Hablemos del proceso y los actores:
Los agresores (bullies, matones, abusones o como el lenguaje popular los identifique) comienzan un ataque sutil, mediante bromas cada vez más pesadas, comentarios irónicos, críticas cada vez más duras, o burlas aparentemente justificadas por las características o la conducta de los que son elegidos como blancos. Tanto los testigos como las víctimas aceptan esto como un juego sin consecuencias.
Las agresiones van subiendo de tono a medida que van teniendo aceptación y adhesión por parte del grupo, más compañeros se van sumando al "juego" de burlarse, embromar o descalificar a otros, hasta que estas bromas, burlas o insultos se vuelven sistemáticos sobre las mismas personas. Sólo para el agredido ha dejado de ser divertido y ha comenzado a ser una incomodidad real. La sensación de malestar aumenta a medida que el grupo que se divierte a su costa se hace más grande, y el grupo que ignora o atestigua los ataques tambien crece y continúa indolente. Sin embargo, a la mirada ajena, todavía parece ser una situación que todo el mundo puede o debe afrontar y superar (es común que se considere al bullying "cosas de niños", restándole importancia y normalizando la agresión).
Esta es la parte peligrosa, porque "echar carrilla" a alguien está aceptado socialmente, y se considera "tener carácter" aguantarla , además que "ser soplón" y "rajarse" están igualmente condenados por el grupo social, tomándolo como traición. Por eso la indolencia de los espectadores (o bystanders, como los han comenzado a denominar): porque no perciben aún la gravedad de la situación, o porque tienen miedo de atraer hacia sí mismos las agresiones, o no quieren traicionar al grupo. Sin embargo, los espectadores no tienen un rol tan pasivo como pudiera pensarse, porque la agresión y la intimidación cobran fuerza proporcionalmente a la atención que reciben, es decir, a mayor público, mayor bullying... y menor posibilidad de que alguien interfiera (esto último es conocido como Efecto espectador). Y si se trata de bullying, los espectadores tienen también una participación directa, especialmente si parecen dar su aprobación mediante risas o animaciones al agresor (incitándolo para lo continúe o lo aumente), si lo documentan y lo difunden valiéndose de las nuevas herramientas multimedia, pero también si son parte del público silente.. con ese silencio cómplice que deja a la víctima en la indefensión.
Por eso es tan importante romper el silencio, ya sea apoyando a la víctima para que los agresores y ella misma vean que no está sola (tal como hizo Amatista), o buscando (y exigiendo) la ayuda e intervención de los adultos responsables, exponiendo y denunciando la situación, para que pueda ser detenida. Esto incluso puede ser anonimamente, si se tiene el temor de atraer la agresión hacia el denunciante o si se percibe que se pone en riesgo su seguridad. Si la intimidación y la humillación se han hecho públicas por las nuevas formas de comunicación viral, es más fácil denunciarlas, pues en lugar de compartir el video o las imágenes del bullying con el resto de los compañeros, pueden ser mostradas a los adultos que pueden detener y corregir la situación, esa es la elección que el espectador tiene. Y esa es otra de las partes importantes de concientizar: el bullying necesita de la participación pasiva de los bystanders para continuar. El bullying es un asunto de grupo.
Cuando la víctima empieza a aceptar la culpa de la situación, pensando que se lo merece -al no entender por qué le está pasando eso y por qué nadie lo apoya-, es cuando el bullying le ha comenzado a causar un daño psicológico grave, como ansiedad, depresión, impotencia, soledad, autoestima baja, y sentimientos de rechazo hacia sí mismo y hacia la sociedad. Somos seres gregarios y la interacción positiva con nuestros iguales nos es necesaria, al faltar esta comenzamos a desarrollar una personalidad antisocial que nos limita en nuestro desarrollo personal, especialmente en las personas más jóvenes esto es resulta muy nocivo, porque parte importante de su maduración es sentir que pertenecen a su círculo social.
Hay dos tipos de víctimas: la que parece atraer y provocar la agresión con su conducta, por ejemplo, un chico hiperactivo que pueda ser considerado problemático, y la que parece aceptarlo con sumisión pasiva, convirtiéndose en la víctima ideal. Al final, es probable que ambos tipos de víctimas lleguen al mismo punto, en que, dicho coloquialmente, se ha matado su espíritu al sentirse aislado y vulnerado.
Esto es lo que se conoce como Indefensión aprendida.
Similar a lo que sucede con las mujeres víctimas de violencia doméstica, que simplemente no pueden salir solas del círculo de violencia en que viven con su pareja, perdonando y justificando las agresiones una vez tras otra, así también las víctimas de bullying llegan a creer que se merecen el acoso de sus compañeros y que no tienen forma de salir de la situación. Y de la misma forma en que es muy injusto considerar tonta a una mujer que sufre violencia doméstica sin lograr detenerla, también lo es considerar que los niños y adolescentes que sufren bullying son responsables de no salir de esa situación de acoso, y de las consecuencias trágicas que pudieran derivar de ella. Para explicar mejor el concepto de indefensión aprendida les dejo el siguiente video (son menos de cinco minutos, pero les garantizo que no lamentarán invertirlos para entenderlo más):
El bullying provoca que su víctima se inmovilice y se desequilibre en su confianza interna, algunos tienen mejores armas para defenderse de eso, pero no es culpa del que no las tiene carecer de ellas, cada uno es resultado de las experiencias vividas y del ambiente formativo, no elegimos la forma en que crecimos, no elegimos las circunstancias que nos formaron en los primeros años, que es cuando se define nuestra personalidad, así que si llegamos a la situación de bullying menos preparados que otros para superarla, no es del todo nuestra culpa.
Pero sí es nuestra responsabilidad crear las condiciones para que nuestros niños tengan mayor fortaleza, mayor confianza para pedir ayuda, y mayor asertividad para defenderse. Al igual que tengan la capacidad de empatía necesaria para que no se conviertan ni en abusadores ni en cómplices pasivos. Porque la realidad es que, en ocasiones, el bullying sí mata.
(Gracias por continuar la conversación, especialmente les agradezco a El Signo de la Espada y a Amatista, por los grandes aportes que dieron con sus testimonios personales, perdón por no darles respuesta directa en un comentario)
...clearly i remember
pickin' on the boy
seemed a harmless little fuck...
Pearl Jam (Jeremy)
Cuando Jesús tenía doce años ya medía 1.68 metros. Todavía creció unos diez centímetros más en los siguientes tres años que cursamos juntos la secundaria. Tenía unos ojos inmensos como de venado, que disimulaban bien sus gruesas gafas, pues tener los ojos tan grandes no lo salvaban de sufrir una miopía severa. Era tan alto como flaco, y desgarbado. Parecía una marioneta que avanzaba a tirones de hilos. Y era tan tímido, tan torpe con la palabra como con el movimiento de sus extremidades. A todos exasperaba, a maestros y a alumnos. Y mientras los primeros le reñían por su mal desempeño escolar, los segundos se reían a su costa. Nos reíamos a su costa, más bien.
Era casi imposible que no ganara la risa ante las ingeniosas burlas de los más atrevidos. Nunca falta ese niño que no tiene pena de nada, que incluso busca el protagonismo llamando la atención sobre sí y sobre el objeto de sus bromas pesadas. Pero en ese grupo de 1o. "E" de secundaria técnica no sólo era uno, eran como seis terribles niños que aprovechaban cada momento sin supervisión para brindar un espectáculo al resto, a costa de la humillación de uno, que casi siempre era él, dada su torpeza social y física.
Recuerdo en especial un día en que le arrebataron la mochila y le vaciaron sus cosas en el suelo, en medio del salón. Yo me sentaba a un lado de él, así que pude ver toda la acción. Era yo tan apocada que ni siquiera me defendía de las burlas que yo misma sufría por mi sobrepeso, así que era impensable defenderlo a él, pero además no pude evitar unirme a las risas, las frases hirientes de José Celaya (el más descarado de todos) eran tan oportunamente ingeniosas, sobretodo cuando levantaron la cartera y sacaron de ella una credencial de una escuela de karate. "¡Eres karateca!", gritó entusiasmado, y enseguida improvisó una rutina cómica de artes marciales frente al rostro desesperado de Jesús, terminando cada cadena de movimientos estrellando ligeramente la mano en su cabeza o mejillas, orillándolo a refugiarse bajo un escudo formado por sus propios brazos sobre la paleta de la banca. Las risas de todos se volvieron carcajadas, que llegaron a su clímax cuando Jesús, enloquecido de furia e impotencia, levantó la cara y gritó: "¡Ya!", exigiendo un alto al ataque, al tiempo que lanzaba un brazo hacia el rostro de su acosador.
Para su infortunio su voz mutante de adolescente combinó las notas graves con unas agudas y desafinadas, y el golpe en lugar de ser puñetazo era apenas una bofetada débil, casi femenina. Sus ojos enrojecidos y húmedos fueron el último elemento para su aniquilación. Desde los que gritaron que pegaba como niña, que lástima de clasecitas de karate y el inefable "Quiere llorar" repetido como mantra, el salón entero estalló en una cascada de burlas y risas, que se incrementaron hasta atraer a una de las prefectas (especie de custodios escolares). Sin embargo, aunque el silencio grupal se impuso no se detuvieron las descalificaciones hacia Jesús, pues la odiosa mujer le recriminó frente a todos que no supiera controlar su llanto. "Tan grandote y tan chillón", fueron sus palabras, también burlonas, antes de darle la espalda (a él y a la situación de abuso).
A pesar de mi cobardía para defenderlo yo era de las pocas que lo trataba mejor, intercambiando comentarios y bromas entre clases, así como respuestas en exámenes, dada su miopía y mi aceptable aprovechamiento académico, coincidimos siempre en las primeras filas del salón durante los siguientes meses y años (los más aplicados siempre eran sentados al frente, pero con él se hacía una excepción pues no alcanzaba a ver lo que se anotaba en el pizarrón), así que fue una constante nuestra interacción, aunque las burdas normas sociales entre pubertos nos impidió ser más amigos, pues cualquier aproximación entre alumnos de diferentes géneros era tomado como conato de romance, acusación a la que se huye siempre a esa edad, cuando ver encerradas las iniciales en un corazón pintado con gis en el pizarrón, en compañía de las de un compañero del sexo contrario, es una de las vergüenzas más temidas. A pesar de nuestro cuidado no faltaron las cantaletas de "Son novios... ♬ ...se quieren", cuando nos veían platicar un poco más de lo habitual. Y creo que alguna vez esa cancioncilla tuvo que ver con una confesión de él hacia otro compañero, menos discreto de lo que él hubiera querido. Tras lo cual la distancia prudente se hizo más grande.
Pero el último día de clases, cuando nos fue entregado el certificado en una ceremonia ridícula, de tan afectada como deslucida, matamos el aburrimiento platicando más relajadamente, poniéndonos al tanto de los intereses y proyectos de ambos, y por primera vez pude conocer al joven maduro y centrado que era, pues, como todos, seguía creyendo que era un poco tonto y sin interés por el estudio. Los padres estaban presentes (los de él, no los míos, que no se tomaron la molestia de asistir), y me sorprendió verlos tan jóvenes, tan bien vestidos y tan guapos, eran a luces vistas de una mejor posición económica de la mayoría de los que estábamos ahí, y tomándome por una amiga de su hijo, me saludaron con deferencia y amabilidad. Por ellos supe de los planes de Jesús de ser ingeniero, y de su futuro viaje a Estados Unidos, para perfeccionar su inglés (que era la única materia que no se le dificultaba, debido a las clases particulares que recibía).
Por primera vez me sentí intimidada por él, al descubrirle ventajas para un futuro promisorio, pero su humildad me desarmó, pues se notaba abrumado por lo que podía parecer un alarde de parte de sus padres, insistiendo en restar importancia a lo que decían. Tenía yo un poco de celebridad local en ese año, por un concurso de álgebra que gané representando a la escuela a nivel distrital, así que cuando las autoridades escolares dijeron mi nombre lo acompañaron de una breve semblanza obsequiosa, que ellos aplaudieron como si de un logro familiar se tratara, supliendo en parte mi orfandad de ese día. Al final me invitaron a acompañarlos a la comida que harían en un restaurante, a manera de celebración. Fui demasiado tímida y no acepté, despidiéndome de Jesús ahí mismo, para siempre.
Sin embargo, nunca lo he olvidado, y menos aun ese día en que me reí mientras él lloraba. La primera vez que escribí un cuento -para una clase durante el bachillerato-, lo hice pensando en él, retratando su hostigamiento escolar. Hubo un momento a principios de los 90´s, cuando me entró una necesidad por saber de él, despertada por la canción de Pearl Jam, Jeremy, canción inspirada en un caso real de un suicidio juvenil por bullying (y que curiosamente se parecía un poco a mi cuento), que casi no podía soportar mi culpa, recriminándome por mi timidez cobarde y cómplice. Definitivamente no merecía ser su amiga, pero es de los pocos compañeros por los que todavía me detengo a formular buenos deseos, esperando que haya encontrado mejores compañeros y mejores personas a las que pudiera considerar amigas.
El acoso escolar, ahora identificado como bullying, no es un fenómeno nuevo, ha existido desde siempre, todos conocemos un caso cercano; sin embargo, sí parece ser nueva la forma exponencial con que se está dando, tanto en cantidad como en preocupante agresividad. Los casos de violencia emocional y física son cada vez más alarmantes, al grado de provocar suicidios o asesinatos, además de lesiones, daño psicológico y secuelas, algunas tan graves, como las matanzas escolares. Los nuevos medios de interacción social, como el Internet y la mensajería por teléfono celular, ayudan a difundir el acoso y agresión escolares agravando el perjuicio. Ahora las humillaciones son perpetuadas en material multimedia y expuestas a todo el mundo para su difusión viral.
El caso más reciente es el de Amanda Todd, adolescente expuesta en su intimidad, acosada por un depredador sexual, enjuiciada, agredida y discriminada por sus compañeros de escuela durante años y durante su peregrinar por varias escuelas, precisamente huyendo de las consecuencias de exhibirse semidesnuda en la red cuando tenía doce años. Finalmente tuvo éxito en su tercer intento suicida tras narrar su historia en un conmovedor video subido a Youtube. Sin embargo, no todo ha sido solidaridad hacia la víctima, aunque en mucho menor número de las manifestaciones de duelo e indignación, hay también mensajes de inclemente crueldad, de quienes la conocieron y siguen insultándola, y de quienes no tienen simpatía por ella, por lo que la concientización sobre la gravedad del problema que es el bullying, y las consecuencias tan nocivas que tienen en una persona, todavía se ve lejana y distante.
Amanda Todd, en una imagen del video en que narra su "historia sin fin" de bullying
¿Qué sociedad estamos formando para las nuevas generaciones? Si chicos que participan en el hostigamiento criminal hacia uno de ellos -pero más vulnerable-, no se conmocionan o se conmueven ni siquiera cuando ven consecuencias fatales, ¿qué nos espera cuando tengan mayor plenitud de acción? ¿Cómo avanzará esta problemática social, cuando en lugar de ayudar a difundir la indignación, las nuevas tecnologías parecen estar siendo usadas como un incentivo para esas prácticas, además de contribuir a la indolencia y la insensibilización?
Las víctimas cada vez son más jóvenes, ya no sólo son adolescentes o púberes, sino también niños de ocho, nueve o diez años que eligen suicidarse ante la desesperación de no saber como seguir soportando una situación tan hostil. Hay una constante en todos los casos: la ineficacia de las autoridades escolares ante la situación, aun habiendo peticiones de los padres de familia para poner un alto al abuso y acoso que recibían sus hijos. Incluso las autoridades escolares llegan a entorpecer las investigaciones, negando o maquillando la realidad.
El caso de Amanda Todd ha levantado revuelo e indignación a nivel internacional, de los que hay que valernos para fabricarles una realidad más amable a nuestros jóvenes, y para conformar las redes de apoyo que deben estar ahí para el momento en que ellos pidan ayuda. Así como crearles conciencia, tanto de los riesgos a los que están expuestos con las nuevas formas de relacionarse, como de la responsabilidad de cada uno para no causar una incomodidad y un sufrimiento tal, que orillen a una decisión trágica. Lamentablemente la indolencia nos va invadiendo demasiado rápido, a medida que las noticias de un nuevo adolescente suicida se suceden una a otra, ganándonos en tiempo para los cambios necesarios de hacer para revertir esta situación, ganándonos, también, en voluntad para el cambio de mentalidad necesario para erradicarla.
Ustedes, ¿cómo están pensando en actuar para ser parte de la solución?
ACTUALIZACIÓN:
El Signo de la Espada, amigo y comentarista habitual de este blog, nos comparte su testimonio en los comentarios, y además nos recuerda el conocido caso de Casey Haines, estudiante australiano de 16 años conocido como Zangief Kid a raíz de que, también por otro video viral, el mundo entero conociera como se defendía del bullying que sufrió por años. Aunque, también hay otra parte de la historia: el chico que aparentemente "recibió su merecido" tenía sólo 12 años, no fue él quien molestó al otro por todo ese tiempo, y después de conocerse el video también ha sido víctima de bullying, con la diferencia de que el bullying cibernético ha sido a nivel mundial, sin atraer las muestras de simpatía que Haines a pesar de que también él venía de vivir un ambiente familiar difícil.