domingo, 21 de junio de 2015

Mi viejo, mi querido viejo.





Esta canción le gustaba mucho a mi papá -como a casi todos, ya que es una canción realmente linda-, era parte de su playlist. No había reunión o tarde bohemia sin que estuviera presente, saliendo de una pila de discos de vinilo que tenía siempre lista para esas ocasiones. También la tenía en un casete que pidió le grabáramos con un mix casero de sus canciones favoritas, con las que se acompañaba cuando sacaba el polvo de su habitación; era muy limpio y le gustaba mucho el orden, en sus últimos años no esperaba a que nosotros nos diéramos el tiempo de asear sus habitaciones y lo hacía él mismo, siempre cambiando muebles y redecorando, en un intento constante de reinventar su espacio. Y mientras sacudía cantaba bajito esa y otras canciones, a diferencia de como lo hacía años antes, a todo pulmón, cuando tenía una potente cascada de voz que presumía con gusto, y a complacencia de todos los demás (porque no conocí a nadie que oyéndolo, no quedara admirado). 

Al final solo cantaba en voz alta en reuniones, y después de que se le insistía mucho. Seguramente, como en todo lo demás, su exigencia consigo mismo lo hacía avergonzarse de que su voz se viera disminuida con el tiempo (aún cuando siempre siguió arrancando aplausos cargados de admiración). Nunca se perdonó envejecer, volverse débil, vulnerable, dependiente de los demás. Era tan todopoderoso en otro tiempo. 

Una foto que se ha perdido ha quedado en la memoria de nosotros. Era una foto muy vieja, de cuando era joven. De cuando merecía el apodo de "El Seco", que jugaba con su nombre (Ezequiel) y con su complexión. Salía de la taquilla de un cine y se nota que lo tomaron por sorpresa, seguramente diciendo su nombre para hacerlo voltear a la cámara; su gesto lo dice todo, describiéndolo bien: broncudo, agresivo, siempre a la defensiva, listo para saltar encima de quien pudiera constituirle una amenaza. Sus manos sostienen los boletos y su cara se levanta hacia la lente, el ceño fruncido que arruga una frente prematuramente surcada, la mirada fija, penetrante, retadora e inquisitiva, el mohín de los labios conteniendo una maldición, un insulto o una advertencia. 

La chamarra y el copete indican que eran los años cincuenta, el pantalón amplio y el pañuelo en el cuello, su inclinación hacia la moda de los pachucos. Así es como lo describe mi mamá en su noviazgo: almidonado, acicalado y arrogante (pese a que sus hermanos más chicos corrían descalzos por las calles sin asfaltar), era el galancito de barrio, el líder de la palomilla, el que no le sacaba a los trancazos, por el contrario, sus botas estaban reforzadas con metal para cuando había que patear hacia las pantorrillas para luego lanzar un puñetazo en el estómago y sacar el aire, antes de disparar a la mandíbula y dejarlos noqueados en el suelo, ese -nos explicaba- era su movimiento más recurrido, su sello. Era, también, aprendiz de boxeador.

Su madre lavaba ajeno y sus hermanos menores también trabajaban desde que amanecía hasta que anochecía, así malcompletaban el gasto diario, dejándole a él la carga más pesada, la de pagar la renta, el insuficiente abrigo y la escasa despensa. Lo que faltaba a veces lo completaba jugando a las cartas, teniendo siempre el buen tino de retirarse cuando juntaba alguna cantidad que aliviara las necesidades más apremiantes. Desde los catorce años era la cabeza de familia, aunque trabajó formalmente desde tres antes, abandonando la escuela al terminar el cuarto grado de primaria. Así se inició en la 'adultez'. Fue, también, aprendiz de yesero.

Venía de una familia de pequeños terratenientes, su padre era el presidente municipal de un pequeño pueblo en Tlaxcala, pero cuando murió de tres tiros en la espalda mientras montaba a caballo, dejó a sus hijos en la orfandad y en la miseria, pues sus familiares los despojaron de todas sus tierras. Demasiados hijos no reconocidos, demasiados líos de faldas y demasiados rencores dejó el abuelo, así que lo único que les quedó a su viuda y a sus hijos fue emigrar a la gran ciudad. 

Una anécdota describe el tamaño de ese despojo: cuando a finales de los años 60 los hermanos se juntaron para llevar a su madre al pueblo, a reencontrarse con sus familiares, aprovechando para llevar a sus esposas e hijos a conocer su tierra natal, un susurro que se convirtió en alerta recorrió las casas mientras ellos bajaban de sus camionetas: "¡Llegaron los Carrasco!". Un grupo de hombres, mujeres y niños salieron a recibirlos, con más miedo que gusto, con más recelo que cordialidad. Fue la abuela la que rompió el silencio, preguntando si así se recibía a los paisanos. Enseguida brotaron las risas y las bromas, las palmadas en la espalda, las presentaciones. Ya con más confianza, cuando se disfrutaba de la sobremesa, confesó uno de los locales: 

-Creíamos que venían armados, a echarnos bala. 
-A balearlos no -precisó mi papá-, pero armados si venimos.

Él siempre cargaba una Luger 22, regalo de uno de los comandantes que en ese tiempo visitaban mucho la casa (acompañados de pequeñas starlets de la época, como Isela Vega, o inclusive el mismísimo Chava Flores, que fue a dar clases avanzadas de albures a politiquillos y policletos que creían sabérselas de todas, todas). Como líder sindical recibía muchos regalos, y las armas eran algunos de ellos, no sólo pistolas o rifles, sino también machetes, dagas, cuchillos y pequeñas espadas. La Luger le gustaba por discreta, podía meterla en los maletines o entre los papeles de la guantera de su auto cuando viajaba recorriendo la República Mexicana, para defenderse de los asaltos mientras circulaba por las mismas carreteras que él ayudó a construir, cuando consiguió por fin un trabajo estable como operador de maquinaria pesada en el gobierno, y tuvo su primer acercamiento con los sindicatos. Ahí fue cuando volvió a la escuela, a la Universidad Obrera, en el hermoso edificio de San Ildefonso, ahora convertido en museo. Destacó tanto -como estudiante y como miembro sindical- que cuando una de mis hermanas cursó la preparatoria ahí, veinte años después (en la última generación que ocupó sus instalaciones), su apellido fue identificado por varios maestros, colocando muchas expectativas sobre ella (no cumplidas, hay que confesar).

Sobre la Luger contaba la siguiente anécdota: enviado en carácter de urgente a otro estado, para "coadyuvar" a imponer un acuerdo que no era aceptado por las huestes, y viendo rechazados sus primeros intentos de diálogo mesurado, y ya fastidiado por recibir insultos y mentadas de madre en lugar de argumentos, alzó su recia voz por encima de las de todos mientras arrojaba su maletín abierto sobre la mesa: "Aquí venimos a poner orden", gritó, al tiempo que la esbelta Luger se deslizaba saliendo de entre los papeles. El silencio denso que se dejó sentir durante largos instantes fue roto por las voces conciliadoras que intentaban calmarlo: "No, señor Carrasco, podemos dialogar... sentémonos a dialogar". Sin perder estilo y calma recogió parsimoniosamente la pistola que había olvidado llevaba, agradeciendo que no se le hubiera escapado un tiro, y que ninguno de aquellos líderes rurales, que posiblemente también iban armados, se hubiera sentido tentado a responder de igual manera. Era considerado, también, un gran negociador.

Seguramente, de haber tenido uno, le hubiera gustado que esta canción musicalizara su funeral. O de haber tenido una, que se cantara al pie de su tumba. Quizá eso pensaba mientras la cantaba bajito, sólo para sí, mientras la escuchaba en esas tardes bohemias que se montaba de tanto en tanto.

lunes, 18 de mayo de 2015

Jugar a Matar


Jugar a matar. Matar jugando. Se habla de descomposición social, y sí, no hay como negarlo (menos en la situación que nuestro país vive en estos tiempos), pero también habría que pensar en la naturaleza humana, habría qué preguntar qué detona el impulso asesino, incluso en las mentes más jóvenes, y especialmente cuando se actúa en grupo, cuando hay quien aplaude y azuza divertido, cuando el compañero de juego se entretiene con nuestra crueldad. 

Los detalles del asesinato de un pequeño de seis años por sus compañeros de juego, unos adolescentes que jugaban a ser secuestradores, incomodan por crueles. Golpeado, ahorcado, mutilado, apuñalado... es difícil imaginar un juego tan sádico, pero en lo particular, me es también difícil no recordar y no relacionar este caso con el que nos estremeció en 1993, cuando dos niños ingleses, de diez años, asesinaron a un pequeño de dos, después de atraerlo en un centro comercial, invitándolo a jugar, para en realidad secuestrarlo y torturarlo hasta la muerte con golpes y toques eléctricos.


Y también me es difícil no recordar el caso de la pequeña Mary Flora Bell (Inglaterra, 1968), la más fría y famosa de los asesinos infantiles, que se regodeaba preguntando a los familiares del niño de tres años que asesinó, detalles de como fue encontrado el pequeño cadáver, fingiendo una compasiva curiosidad. Tal como pasó en el caso actual, Mary Bell, de once años, y una amiga invitaron a un pequeño vecino (de tres años) para que las acompañara a jugar, pero terminaron golpeándolo, ahorcándolo y mutilándolo. Era su segunda víctima. Otra similitud con el caso actual es que las victimarias se acercaban a los familiares fingiendo interés y colaboración. 



A pesar de la corta edad de los asesinos, los pequeños agredidos son significativamente más jóvenes, vulnerables física y mentalmente, y aceptaron seguirlos para unirse al juego, brindando su confianza y simpatía, buscando amistad, diversión y compañía. En estos tres casos hay elementos comunes a pesar de las diferentes épocas y localidades, entre ellos, que los niños asesinos son de barrios marginales y no tenían suficiente supervisión paterna. 

Pero otra reflexión me lleva al caso de la joven japonesa Junko Furuta, secuestrada a los quince años por sus compañeros de escuela, violada e inhumanamente torturada durante 44 días por esos cuatro adolescentes (y por algunos miembros de la mafia Yakuza, a los que invitaban en ocasiones), hasta que la muerte la salvó de seguir siendo lastimada de manera inenarrable. Uno de esos jóvenes sí se había iniciado en la mafia japonesa, famosa por su crueldad, pero los otros tres sólo eran estudiantes que le colaboraron al principio para que se vengara de la joven, por rechazar sus pretensiones amorosas, pero al final participaban en las crueles torturas no sólo aplicándolas sino incluso idéandolas, compitiendo por quién inventaba una nueva manera de agredirla y prolongar su sufrimiento. Este caso tiene alguna similitud con el de Sylvia Likens, otra adolescente secuestrada y violentada hasta la muerte, pero esta vez por la familia que cuidaba de ella y de su hermana menor, participando en su maltrato todos los miembros de esa familia, incluyendo a los niños y adolescentes, así como sus amigos y vecinos jóvenes, a los que invitaban a presenciar y participar de las vejaciones que le infligían. 

Aunque hay una diferencia notable con los otros casos, pues al contrario de la espontánea colaboración de los primeros, en estos dos se puede decir que hay una paulatina degradación que acostumbra a los más jóvenes a la violencia, deshumanizándolos, sin embargo, dos cosas me llaman la atención y me hacen comparar todos estos casos, la primera es que al actuar como parte de un grupo los límites parecen desdibujarse, permitiendo que la conducta personal se relaje hasta estos preocupantes niveles (tal como pasa en los linchamientos y en el bullying). La segunda es la condición de total indefensión de la víctima. ¿Qué provoca tener el poder total sobre otra persona? ¿Cómo nos transforma esto? Google no me ayuda para localizar la referencia a un performance en que una artista se mantiene inmóvil durante un tiempo determinado, ante un público que aumenta sus interacciones hacia ella de forma cada vez más agresiva, dejándola semidesnuda y manchada de pintura y otros materiales dejados a su alcance, y huyendo cuando se termina el tiempo establecido y la artista deja su inmovilidad, encarándolos (por favor, si alguien sabe el nombre de la artista y de la intervención, déjenmelo saber), es un buen ejemplo de cómo se transforma la actitud y la conducta cuando nos sentimos con poder sobre otra persona. Los malos jefes, los malos padres, los malos cónyuges y los malos funcionarios públicos son otro ejemplo cotidiano... pero nada de esto logra quitarnos de la cabeza la pregunta:

¿Qué lleva a un niño a ser cómplice y partícipe de actos como estos?

Además de los niños sicarios, realidad aplastante de lo que la descomposición social significa en países como el nuestro; además de los niños entrenados por terroristas, guerrilleros o traficantes en países de Centroamérica, África y Medio Oriente; además de los niños francotiradores que asesinan a sus compañeros de escuela en Estados Unidos y algunas ciudades europeas; además de los niños atrapados en las redes de la delincuencia en los barrios marginales de los espacios urbanos, que terminan cometiendo asesinatos como parte de su actividad criminal; estos niños que salen de sus casas buscando desaburrirse, que no tienen planeado terminar el día convertidos en homicidas, que descubren el placer en el sadismo mientras juegan a ser verdugos, que no registran las consecuencias de sus indolentes actos hasta que sienten la urgencia de esconder las evidencias de su barbarie, que no volverán a ser los mismos ni a volver a su rutina, a su aburrida rutina de la que lograron escapar perdiendo su cuota de humanidad, su libertad y su futuro, estos niños, ¿qué reflejan de nosotros? ¿Qué sociedad los formó?

jueves, 1 de enero de 2015

¡Primer Sexenio!





2014 fue un año difícil, Peña Nieto seguro jamás lo olvida -je-, pasó de ser el "salvador" de México a una figura de inacción hecha de cartón para ser quemada, golpeada y decapitada por el pueblo que lo odia (que es la gran mayoría, pese a que los peñabots parezcan ser muchos, y los que prefieren que la indignación no se manifieste ni siquiera con hashtags sean todavía más).

Fue un año de cambios y despertares en este país, lo que podría ser semilla de movimientos de mayor complejidad que una marcha o un bloqueo, pese a la demanda de que las manifestaciones permanezcan pacíficas, o del lógico desgaste de la movilización popular. Lo que sí es tangible ya, es que germinó una conciencia crítica que invita a la acción organizada.

Lo cual es muy bueno.

Ni el levantamiento del Ejército Zapatista hace exactamente veintiún años, ni la protesta masiva de quienes estaban convencidos de que hubo fraude en las elecciones de 2006 (los dos sucesos que volvieron a convocar a la Sociedad Civil que se organizó espontáneamente por primera vez después del sismo de 1986, para cubrir el vacío del tibio gobierno de entonces) habían provocado las multitudinarias adhesiones solidarias que se han presentado después de la desaparición y asesinato de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, la gota que derramó el vaso de la indignación por la impunidad y la connivencia de autoridades corruptas con narcotraficantes. Por eso la protesta y la rabia se ha dirigido hacia lo alto de esas autoridades, tomando la figura presidencial como catalizador de toda la incomodidad y disgusto populares. Sumando la mirada crítica de los medios que antes le brindaban tolerancia cómplice, y la reprobación a su gestión desde otros países, el sexenio de Peña Nieto se ve más complicado de lo que ha sido el sexenio de este blogcito cumpleañero. Aquí sólo hemos tenido un (absurdo) reclamo por el nombre, un (absurdo) pleito entre divas ególatras, y unas cuantas (absurdas) grafiteadas en un post popular, que vio pintadas sus paredes con frases escatológicas cual baño de secundaria.

Fuera de eso, pura buena vibra ha llegado por aquí. Más de la que su inconstante, (mentalmente) inestable e inconsistente autora merece. Gracias por eso, ustedes son mejores lectores de lo que yo soy como bloguera.

Yo no puedo hacer un balance objetivo de este año, personalmente me siento mejor que nunca, es decir, en una de mis etapas de mayor estabilidad en varios niveles, además de algunos logros individuales, las celebraciones recientes me han confirmado que tengo amigos sinceros con los que mantengo lazos muy firmes, además de la suerte inmensa de ser parte de una familia felizmente disfuncional, pues tal como decía Tolstói, las familias infelices lo somos de distinta manera, incluso dando cabida a una felicidad intermitente y necia, que regresa tozuda a instalarse en cualquier recoveco que encuentra, pese a las grandes tragedias que tampoco se resignan a abandonarnos. Porque a pesar de esas pequeñas y crecientes dosis de dicha, y de avances tímidos que logramos, dos sucesos añadieron el drama que la vida requiere. Dos pérdidas, dos ausencias, dos huecos en el estómago y el pecho, dos nudos en la garganta que se deben disimular con la sonrisa, pese a todo, sincera. Porque de eso se trata la vida, ¿no es cierto?, de buscar sonreír de nuevo, de intentar sonreír otra vez.




Así se iluminó Europa celebrando el cumple del blogcito. Apenas comenzó el año y luego luego se pusieron bien loquitos festejándonos hasta en Dubai, Hong Kong y demás hermanas repúblicas. ¿Qué chiditos, no?

Y hoy mi sonrisa es muy plena. Yo termino el año brindando como en La Traviata, y comienzo los años acompañando mi primer despertar con los aplausos de la Marcha Radetzky de Johann Strauss, que concluye el tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena.

Y desde hace seis años, esta es mi celebración por El Fanzín, por todas las cosas lindas que me ha traido: el aprendizaje, las conversaciones, las amistades, la empatía, las ideas en tránsito, las puertas que se abren, las voces que escucho, los estilos que reconozco, los caminos que recorro, los puentes que se tienden, las manos que se brindan, las causas que se abrazan, las personas... sobretodo, las personas. Los avatares que se vuelven personas, los nicks que se vuelven nombres.

Carmen, Nora, Marichuy, Donají, Luis, Aurelio, Bertha, Ana, Tere, Laura, Carolina, Gisela, Max, Hugo, Carlos, Adriana, Jesús, Juan, David, Ángela, Norma, José, Sergio... nombres que se han vuelto amigos constantes, maestros y cómplices, presencias que entibian la virtualidad, y junto a todos estos nombres, hay tres que me persiguen siempre, porque sé que El Fanzín les debe mucho y necesito agradecerles: Andrés, Rodrigo y Ulisses. No fui inteligente y no supe dejarles saber la importancia que tuvieron para mí y para el blog, no supe corregir mis errores ni tuve la suficiente madurez, y lo lamento de manera recurrente, ojalá un día tenga la oportunidad de ofrecer la disculpa obligada.

Por hoy, agradezco la oportunidad de celebrar brindando y aplaudiendo así:






Feliz Año. Feliz Vida.

Adendum: releyendo la entrada de hace un año, en que transmito toda la frustración de ir contra un sistema sin mayor esperanza de provocar un cambio, hoy puedo decir que todas estas manifestaciones han servido, además, para que la esperanza se vuelva más robusta y firme, de ahí el cambio de ánimo registrado en este último año. El sistema sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, esperando nuestro total despertar... pero somos más ahora.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

No sólo por Ayotzinapa


No sólo es por Ayotzinapa. Todo este hartazgo, el reclamo, la denuncia, la protesta y la indignación no es sólo por Ayotzinapa, no es sólo por las cuarenta y tres ausencias en cuarenta y tres hogares, además de las nueve muertes comprobadas tras los ataques de elementos de la policía y del cártel Guerreros Unidos, contra estudiantes normalistas hace un mes en Iguala (Guerrero); es por Aguas Blancas, por los diecisiete campesinos asesinados (y veintiún heridos) por policías del estado de Guerrero en 1995; es por Acteal, por los cuarenta y cinco indígenas asesinados por paramilitares en 1997; es por el asesinato de dos jóvenes, el abuso sexual a veintiséis mujeres, y la tortura y vejaciones a los detenidos (incluyendo diez menores) en San Salvador Atenco en 2006; es por los cuarenta y nueve niños muertos (y setenta y nueve heridos) durante el incendio de la Guardería ABC, en Hermosillo (Sonora), en 2009, hecho por el que ningún funcionario ha sido procesado (testimonios afirman que el incendio fue provocado bajo órdenes de personas del gobierno de Sonora); es por la violenta represión del 1 de diciembre de 2012, durante las manifestaciones en contra de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto, que causó un muerto, desapariciones y varias detenciones arbitrarias; es por José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, de trece años, que fue declarado con muerte cerebral tras sufrir un impacto de bala de goma disparada por granaderos, en julio de 2014, víctima de la "Ley Bala" en Puebla, aprobada por Moreno Valle; es por los veintidos ejecutados en Tlataya, Estado de México, por miembros del Ejército Mexicano, así como por el encubrimiento de los hechos y la evidencia de que se trató de una ejecución; por  por supuesto, también es por el recuerdo vigente de las matanzas de Tlatelolco en 1968, y el Jueves de Corpus Cristi en 1971, junto a otros crímenes de estado, entre los que figuran cateos ilegales, detenciones arbitrarias, impunidad de abusos militares, fallas en el sistema de justicia penal, desapariciones, tratos crueles, vejatorios e inhumanos, asesinatos y violaciones.



Todo esta denuncia no sólo es por Ayotzinapa, no es sólo porque la orden de disparar y secuestrar a los estudiantes normalistas fue por parte de la pareja que ostentaba el poder en Iguala, y por sus ligas con los cárteles del narcotráfico en el estado de Guerrero, es por los siete muertos y ciento treinta y ocho heridos por un atentado atribuido a narcotraficantes en el Zócalo de Morelia (Michoacán) en 2008, en plena celebración del Día de la Independencia; es por los diez asesinados (entre ellos un niño de ocho años) en Durango, por pasarse un narcoretén en la zona conocida como Triángulo Dorado, en marzo de 2010; es por los dieciseis estudiantes asesinados (y doce heridos) en Villas de Salvárcar (Chihuahua), cuando fueron baleados por presuntos zetas mientras celebraban un cumpleaños en el interior de una casa particular; es por los diecinueve internos de un centro de rehabilitación en Chihuahua que fueron ejecutados por sicarios en junio de 2010; es por los diecisiete jóvenes ejecutados (y dieciocho heridos) mientras celebraban en un salón de fiestas de Torreón (Coahuila), en julio de 2010; es por los setenta y dos ejecutados (58 hombres, 14 mujeres, en su mayoría inmigrantes) en San Fernando, Tamaulipas, en agosto de 2010, al parecer por no querer unirse a los cárteles de narcotráfico; es por los ciento noventa y tres cadáveres hallados en cuarenta y siete fosas, también en San Fernando, Tamaulipas, en 2011; es por los trescientos secuestrados (y aparentemente ejecutados) en Los Cinco Manantiales, en Allende, Coahuila, presumiblemente por Los Zetas, como probable vendetta, en marzo de 2011; es por los treinta y cinco cadáveres arrojados en la Zona Dorada de Boca del Río, Veracruz, en septiembre de 2011, cuya ejecución fue atribuida al cártel Jalisco Nueva Generación, por su presunta vinculación con Los Zetas; es por las trescientas cuarenta personas enterradas en fosas que se encontraron en Ciudad Victoria, Durango, en abril del 2011; es por las cincuenta y dos víctimas mortales del atentado al Casino Royale en agosto del 2011; es por los veintiocho cuerpos encontrados en las diecinueve fosas clandestinas que se descubrieron en las inmediaciones de Iguala, Guerrero, durante la búsqueda por los cuarenta y tres normalistas secuestrados en el pasado mes de octubre. Y por otros crímenes atribuidos a los cárteles del narcotráfico en su lucha por el control de territorio, entre los que se cuentan despojos, secuestros, torturas, violaciones, ejecuciones individuales y masivas, así como asesinatos contra la población civil.

Toda esta indignación no es sólo por Ayotzinapa, es también por María Elizabeth Macías Castro "La Nena Laredo", de Tamaulipas, periodista cuyo cuerpo decapitado se encontró en septiembre de 2011 con un mensaje intimidatorio para los que, como ella, reportaban situaciones de riesgo por las redes sociales; por Humberto Millán Salazar, de Sinaloa, secuestrado y ejecutado en agosto de 2011 tras denunciar casos de corrupción política y delincuencia organizada; es por Yolanda Ordaz, de Veracruz, raptada causa de su larga labor de información policíaca, su cuerpo decapitado fue encontrado con un mensaje intimidatorio; es por el columnista Milo Vera y su hijo Misael Vera, fotorreportero, asesinados en el interior de su casa junto a Agustina Solano, esposa y madre, respectivamente, el triple homicidio fue días después de una columna que denunciaba operaciones de narcotráfico en Veracruz, en junio de 2011; es por Gregorio Jiménez, de Veracruz, secuestrado y encontrado muerto seis días después, en febrero de este año, y que es uno de los periodistas asesinados en este 2014; es por Atilano Román, locutor y líder agrario asesinado en Sinaloa cuando hacía su programa de radio, este mes de octubre pasado; es por Karla Janeth Silva Guerrero, reportera del diario El Heraldo, agredida e intimidada por criticar el desempeño de Silao, Guanajuato,  y es por los más de cien periodistas asesinados desde el año 2000, entre los que se encuentran reporteros, fotorreporteros, locutores, directores editoriales, columnistas y jefes de redacción, así como por los periodistas desaparecidos a causa de su labor informativa.



Todo esta dolorosa rabia no es sólo por Ayotzinapa, es por María del Rosario Fuente Rubios "La Felina", doctora que fue secuestrada y asesinada cuando la identificaron como titular de la cuenta en Twitter @miut3 que reportaba situaciones de riesgo y actividades del crimen organizado, así como fomentar la denuncia ciudadana en Reynosa, Tamaulipas, este mes de octubre; es por los dos jóvenes asesinados y colgados de un puente en Tamaulipas, con un narcomensaje atribuido a Los Zetas en el que se especificaba que era por denunciar en Twitter las actividades del narco, en septiembre de 2011; es por Marisela Escobedo, asesinada por denunciar y localizar al asesino de su hija Rubí Marisol Frayre Escobedo; es por Sandra Luz Hernández del grupo Madres de Hijos Desaparecidos, asesinada en Culiacán, Sinaloa, en mayo de este año, después de meses de buscar a su hijo Edgardo García Hernández; es por Nepomuceno Moreno, Don Nepo, asesinado por insistir en la búsqueda de su hijo Jorge Mario Moreno León, secuestrado a los diecisiete años; es por Alejandro Solalinde, conocido como el Padre Solalinde, director del albergue Hermanos en el Camino, que brinda atención a migrantes, de quienes también defiende sus derechos humanos, y que ha sido amenazado de muerte en varias ocasiones, teniendo, incluso, que salir del salir para protegerse; es por Nestora Salgado, ciudadana estadounidense encarcelada por comandar la Policía Comunitaria de Olinalá, su pueblo natal, en agosto de 2013; es por José Manuel Mireles Valverde, médico y exlíder de las autodefensas en Michoacán, encarcelado con falsos cargos de posesión de arma y drogas en julio de este año, 2014; es también por Digna Ochoa, abogada defensora de derechos humanos asesinada en 2001, y por todos los valientes civiles que se enfrentan desde su trinchera al narco, convirtiéndose en informantes, defensores de derechos humanos, investigadores, denunciantes y activistas, que continúan con su autoimpuesta tarea de no ceder ante la delincuencia organizada y la corrupción de las autoridades, poniendo en riesgo su vida. Más de sesenta defensores de derechos humanos han sido asesinados en los últimos cinco años.

No sólo es por Ayotzinapa, donde el 26 de septiembre de este año un grupo de estudiantes de la Normal rural “Isidro Burgos” sufrió el ataque de policías municipales por órdenes del presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa María de los Ángeles Pineda, emparentada con el cártel local "Guerreros Unidos". No es sólo por las nueve personas que murieron en los ataques, incluyendo al de un autobús con jóvenes futbolistas al confundirlos con estudiantes normalistas. No es sólo por Julio César Mondragón, cuyo cadáver fue encontrado  dos días después, con el rostro desollado y con los ojos arrancados de sus cuencas, como muestra de la violencia sádica con que fueron atacados. No es sólo por la desaparición de cuarenta y tres normalistas que fueron secuestrados por esos elementos de la policía para entregarlos a los“Guerreros Unidos”. No es sólo por los veintiocho muertos encontrados en las nueves fosas clandestinas que se han hallado en la búsqueda de los normalistas desaparecidos. No es sólo por la solapada actitud de autoridades y partidos políticos que ignoraron todas las denuncias en contra del presidente municipal de Iguala, permitiéndole total abuso de autoridad. No es sólo por todos los días que dejaron pasar antes de actuar ante la presión social y las condenas internacionales, aceptando la renuncia del gobernador del estado, recibiendo a los padres de las víctimas, aplicándose a la búsqueda de los normalistas secuestrados, así como de la pareja de Abarca y esposa, quienes huyeron con facilidad. No es sólo por el montaje ante medios de la aprehensión de Abarca y su esposa, para calmar las protestas y la movilización, dentro y fuera de las fronteras nacionales.


No es sólo por Ayotzinapa, es por toda la violencia y descomposición social resultante de la corrupción de las autoridades en contubernio con el crimen organizado; es por las seis mujeres que mueren al día en el país (sumando más de cuatro mil feminicidios en los últimos cinco años), y la falta de voluntad política para resolver, o siquiera reconocer esta violencia sistemática; es por la pantomima de la "Guerra contra el narcotráfico", cuando ya todo el mundo sabe que el crimen organizado se ha filtrado en todas las esferas del gobierno; es por la indolencia ante las víctimas de la violencia que estas políticas han provocado; es por la criminalización de la protesta; es por la complicidad de los poderosos grupos mediáticos; es por la indefensión ante el poderío de la delincuencia organizada, y ante el abuso de autoridades corrompidas e ineficientes; es por la impunidad con que se permiten actuar, diversificando sus actividades al secuestro, la extorsión y la trata de blancas; es por el narcogobierno que han impuesto a una ciudadanía inerme.

No es sólo por Ayotzinapa, es por las más de veintiseis mil personas que están oficialmente desaparecidas (cifras que dan ong´s y la ONU ascienden a trescientos mil). Es por las ciento cincuenta mil personas que han sido asesinadas en los últimos diez años.

No es sólo por Ayotzinapa, (esta movilizacion, esta protesta, este reclamo) es por todo México.

domingo, 14 de septiembre de 2014

De Chiles en Nogada y Esclavitud Moderna en México

Nadie se come dos chiles en nogada, afirma la tristemente célebre #LadyChiles, mujer que alcanzó la fama viral por su mala idea de querer exponer mediante un video a su empleada doméstica de robarle la comida, y lo que resultó expuesto fue su clasismo y arrogancia. Otra de sus frases famosas indican que los chiles en nogada llevan religiosamente veinticinco ingredientes, lo cual me lleva a buscar las recetas tradicionales y contar cada uno de los ingredientes para ver si me falta alguno que le quite religiosidad a mi platillo. Por si acaso, acompañaré su preparación y degustación con bebidas espirituosas, como el buen pulque, la bebida de los dioses, o un mezcal, recomendado por la sabiduría popular para acompañar el bien y el mal.

Del origen de los chiles en nogada ya hablamos aquí, pero como fue hace años, podemos volver a hacerlo con total gusto: para celebrar el santo del héroe insurgente Agustín de Iturbide, y para agasajarlo durante su paso por el estado de Puebla en su camino rumbo a la capital -y rumbo a la proclamación de la Independencia-, bajo las órdenes del obispo de Puebla. las monjas de la orden de San Agustín del convento de Santa Mónica le ofrecieron un abundante banquete con catorce platillos preparados por ellas y por otras monjas de conventos cercanos. Temiendo por ser envenenado el futuro emperador eligió al azar un platillo, y quiso la suerte que la feliz elección recayera en ese plato montado con ingredientes que recreaban los colores de la nueva bandera del Ejército Trigarante.

Hecho con ingredientes locales y de temporada, los chiles en nogada se han perpetuado como uno de los platillos que más identifican a la gastronomía mexicana, y que más se relacionan con el lujo culinario en este país. En esta época son casi una obligación en cualquier menú de restaurante, fonda o lonchería. Son un lujo si se incluyen en el menú familiar, y un anhelo si sale a comer fuera.

En este año he notado una fiebre por aclarar los ingredientes que lleva o no lleva la receta original. Así, he leído que el chile poblano debe ser de la variedad miahuateco de la zona de Tehuacán, Puebla, que el capeado (sumergido en espuma de huevo y freido en abundante aceite) es obligatorio, que las frutas del relleno son de una variedad específica (manzana panochera, pera lechera y durazno criollo), así como la nuez de la salsa con que se bañan (nuez de castilla, jamás usar pecana), que los piñones deben ser rosados, el queso de cabra que se utiliza no es del tipo francés, que las carnes de ninguna manera van molidas sino finamente picadas, y que deben guisarse con jitomate molido. El jeréz es opcional (para una salsa de nuez dulce, que también puede ser salada), así como la piña (que se recomienda asar previamente).

Esta urgencia tan purista me salta un poco, no entiendo para qué tanta "religiosidad" con un platillo que ya se ha transformado desde que salió de las cocinas conventuales, y que sigue siendo delicioso con todo y esas variantes. El cambio más grande es el de la misma carne, que no estaba incluida en el platillo original (y cuya receta data desde 1714, no fue invención de esas traviesas monjitas), otro cambio cultural es el del capeado de huevo, pues las preferencias actuales favorecen una variación más sana al evitarlo. La salsa de nuez sigue siendo muy rica aunque no haya sido hecha con nueces de cosecha reciente ni se haya evitado la nuez pecana, mucho más accesible que la de castilla. El relleno lo he probado casi siempre sin jitomate, con algunas frutos secos más (dátiles, pasas, arándanos, durazno y manzana deshidratados), y con algunos ingredientes extra, como aceitunas verdes o negras, papa o zanahoria, incluso con mariscos en lugar de carne (¡delicioso!). 

Pero el cambio definitivo será el del acitrón, hecho a partir de la cristalización de la pulpa de la biznaga, planta cactácea catalogada como especie en extinción, por lo que está prohibida su comercialización (lo que no la ha impedido hasta el momento, y es ofensivamente sencillo adquirirlo en cualquier mercado), una buena sustitución es la jícama cristalizada, pero si esta tendencia a "rescatar" la receta tradicional (que no la original, pues ya vimos que esa no llevaba carne) sigue, no será necesario respetar la prohibición, sino que simplemente ya no existirá más la hermosa planta (que también es excesivamente requerida para ornato, en otra tendencia, ahora de decoración).

También la opción de un chile en nogada sin capear me parece defendible, pues si bien en ese tiempo el uso del huevo elevaba el lujo de un platillo, en la actualidad el huevo es uno de los ingredientes menos costosos, y lo que eleva el capeado es su contenido calórico, así como el colesterol y los triglicéridos, por lo que se vuelve un platillo prohibido para muchos, especialmente diabéticos e hipertensos.

Pero aún con todas estas exigencias y precisiones, no me da la cuenta de los veinticinco ingredientes que presume la #LadyChiles, por lo que sería muy buen detalle que resarciera un poco del daño a la sociedad compartiendo su receta (vi una fotografía de sus famosos chiles, y realmente se veían ricos). Yo creo que la comida, como tantas herencias culturales, incluido el lenguaje, no pueden evitar su transformación, y esa lucha encarnizada de algunos por conservar su pureza, es una de las pocas causas perdidas con las que no simpatizo. Por eso mi propuesta para estas fiestas septembrinas es un chile poblano relleno y envuelto en pasta de hojaldre sobre un espejo de salsa de nuez, y con el tradicional adorno del fruto de la granada encima.

Estos son "chiles momia", envueltos en hojaldre pero con "huesitos" de pan, los hicimos para la ofrenda del Día de Muertos del año pasado, pero su hechura es similar. Están rellenos de carne de res y cerdo guisadas con frutos secos (también son muy ricos con un espejo de salsa de tres chiles, para otra ocasión que no sean estas fiestas patrias, por supuesto).

El caso de Lady Chiles señaló la discriminación y el clasismo en nuestra sociedad, tan pomposamente orgullosa de no ser racista. Sin embargo, el racismo existe, tan camuflajeado como la xenofobia, y manifestado especialmente hacia nuestras raíces. Nos avergüenza nuestra herencia indígena y la rechazamos cuando se evidencia en la piel y en los rasgos, incluso cuando esa evidencia es en nosotros mismos (o  nuestros hijos).  Hace unos meses se hizo otro escándalo en redes y noticieros al evidenciar a una agencia que invitaba a un casting para anuncios de Aeroméxico, en el que solicitaron un "look Polanco", entendiéndose por este la piel blanca y los rasgos finos, además de que se perciba un estilo de vida alto, sin embargo, el "casting" personal que cada uno hacemos no dista de esa postura, pues hay una inclinación general para favorecer y considerar más atractivos a las personas con esas características. Consideramos una suerte y una cualidad nacer "güerito", siempre es un motivo de orgullo. Si alguien de la familia nos presenta a su nueva pareja, pensamos que logró una buena conquista si esa persona tiene características que identificamos con una clase social más alta de la que tenemos y un fenotipo que se acerque más al caucásico ("hay que mejorar la raza", es una expresión popular). También es habitual utilizar palabras como "indio" e "indígena" de manera descalificativa, y entre menos se nos vea el mestizaje más posibilidades se tiene de recibir un trato digno.

Podríamos decir que esa es nuestra herencia cultural colonialista, el considerar todavía al indígena como una persona inferior, aunque la verdad es que en las culturas prehispánicas también había jerarquías que se consolidaban con acciones y actitudes muy desventajosas para las clases inferiores o para los pueblos dominados. Pero es durante la colonia que se siembran todos los prejuicios que todavía hoy nos dominan, y en pleno siglo XXI seguimos considerando que ser blanco es ser superior y que es prerrogativa de ellos tener mejores condiciones en varios aspectos. Y aunque la esclavitud se abolió desde 1813, en la práctica el vasallaje y la servidumbre constituyeron una forma de esclavitud que todavía se da en la actualidad bajo las actividades del trabajo doméstico y el cuidado de personas, con condiciones que vulneran a los empleados, como es una paga insuficiente, una carga de trabajo muy pesada, horarios extensos con jornadas desgastantes y no definidas, actividades extras, ausencia de prestaciones laborales, abusos, maltratos y humillaciones.

#LadyChiles representó todo esto en una acción que ella misma evidencia en video, porque esta vez no es una videodenuncia en que se graba a un prepotente déspota y se exhibe para su condenación pública, es ella misma la que prepara el escenario y las condiciones para que la cámara casera la grabe humillando, exhibiendo y acorralando a su empleada doméstica, que ha tomado comida sin su consentimiento y pretende llevársela consigo al salir de su casa, terminada ya su jornada de limpieza. #LadyChiles es quien, satisfecha de su grabación y su proceder, publica el video y lo comparte en Facebook, con un mensaje a manera de introducción, un mensaje titulado: "Entre más conozco a la gente, más quiero a mi perro", como preámbulo del trato indigno que demuestra le merecen las personas que no considera sus pares, a los que obsequia con chiles en nogada. #LadyChiles representa a todas esas patronas de clase media que considera a sus muchachas "casi como de la familia", pero que en ese "casi" engloban toda la distancia que una clase, una estirpe y una jerarquía ameritan. Casi son de la familia, casi las tratan como a un igual, casi las respetan, casi las valoran y casi las remuneran como su trabajo merece. Las dádivas son un extra, toda esa comida que les comparten, casi sin escatimar (en este caso, un chile, el segundo ya era un exceso), la ropa que les obsequian, casi sin usar, el espacio que les brindan, casi suficiente, el trato que les dan, casi decente, casi humano. Casi como si fueran personas, y no sólo unas sirvientas, no sólo un jardinero, no sólo el conserje, no sólo la de intendencia, no sólo el valet parking, no sólo un mesero, no sólo una cajera, no sólo un albañil, no sólo el de seguridad.

Estas personas de clase media, pequeño-burguesas, tienden una mano a las personas a las que previamente les han abierto una zanja, y que al menor pretexto, se la señalan para recordarles que ahí está. Que no por que en su generosidad las traten como a un igual, crean que realmente lo son. Y que no se olvide que el dinero que dan a cambio de su trabajo, exige también lealtad e incondicionalidad, tal como en el vasallaje.

Reporte Índigo muestra en su reportaje Domésticas al mejor postor, la denigrante manera en que las empleadas domésticas son ofrecidas en agencias de colocación, llegando incluso a ofrecer un "combo 2x1": una empleada y su hija por el mismo precio. O jovencitas para "hacer a su modo". Así de denigrante es el trato que una empleada doméstica recibe, especialmente cuando tiene un origen rural o pueblerino.

La #LadyChiles no recibió el aplauso y los "likes" que seguramente esperó. Por lo contrario, aunque sí hay quien lamenta que se victimice a una ladrona de comida, la viralización de su condena la volvió famosa en cuestión de horas, para el anochecer de ese día también los noticieros y los portales informativos reseñaban su caso, así como los memes burlones y críticos que recibió en redes sociales, además del linchamiento mediático. Ella se defiende justificando su proceder, sin entender que nada, ni siquiera el abuso de confianza del que se sintió víctima, justificaba la humillación pública que le hizo a su empleada. Sin embargo, nadie juzga a los que, queriéndose burlar de ella, hicieron escarnio de su hija muerta, de los que difundieron sus datos personales incitando al odio y a la acción violenta en su contra, de los que también la hicieron víctima de humillaciones y acoso cibernético. Las masas cibernéticas tienen la misma irresponsabilidad que las que en el plano físico linchan a presuntos culpables, sin más evidencia que la sospecha pública.

Hay otro aspecto que esa masa que se erige como juez no tomó en cuenta: lo cerca que está cada uno en ser una #LadyChiles. Mientras no se erradique del todo esta cultura de discriminación, todos estamos predispuestos a hacer menos a otro (una muestra es la cantidad de personas que defiende y apoya su conducta). Ser güerito, ser bonito, vestir caro (lo que nuestro bolsillo considere caro), considerarse culto o académicamente más preparado, ser empresario, ser jefe, ser del gobierno, ser hermano de un Ministerio Público, ser esposa del gerente, ser hijo del compadre de un subalterno de un funcionario, siempre trae prerrogativas, al parecer. Y, casi indignados, preguntamos: "¿No sabes quién soy?", o advertimos: "No sabes con quien te metes", si alguno tiene la mala idea de provocarnos. Tener un cargo directivo no se entiende como tener más responsablidades que los demás, sino tener poder sobre ellos. Pero especialmente el dar empleo es algo que nos eleva ante nuestros propios ojos, nos sentimos omnipotentes y todopoderosos sobre esas personas que voluntariamente se pusieron a nuestra disposición y reciben nuestra generosa paga (como si no se lo hubieran ganado mediante un intercambio de servicios previamente acordado). Y esta misma cultura de sometimiento nos hace menospreciarnos a nosotros mismos, obligándonos a ser no sólo leales, sino incondicionales y hasta sumisos o serviles para granjearnos al jefe y conservar el trabajo. "Para eso nos alquilamos", es común escuchar entre empleados, asumiéndose como una mercancía más.

La erradicación de la palabra "sirvienta" es tan lenta, como la concienciación de lo ofensivo que son las otras formas de llamar a las personas que nos ayudan con el trabajo doméstico, "gatas" y "chachas" siguen siendo términos comunes, así como los abusos a los que las someten sus empleadores, tristemente no son excepciones el maltrato y el abuso sexual.

Dos siglos después de abolirse la esclavitud, perpetuamos otras formas de explotación del ser humano, y seguimos favoreciendo un sistema de castas.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Aquí...


Wish You Were Here by Pink Floyd & Stéphane Grappelli on Grooveshark



Stéphane Grappelli improvisó con su violín durante una grabación de estudio de Wish you were here, y por poco esta es la grabación que todos hubiéramos conocido desde 1975. Por poco, también, se pierde para siempre, de hecho, se dio por perdida pensando que habían grabado sobre ella, hasta que fue hallada en 2011, cuando se dio a conocer y pasó casi desapercibida, entre todas las notas sobre Pink Floyd que salen continuamente. 

Stéphane Grapelli, leyenda del gipsy jazz y compañero de Django Reinhardt, colaboró con el grupo inglés cuando ellos buscaban hacer algo impresionante después de Dark Side of the Moon, y logró -como podemos escuchar-, una versión todavía más nostálgica y más abrumadora, haciendo que uno, tal como Nick Mason, se pregunte por qué no la usaron desde un principio.

Esta canción, ¿saben?, musicaliza mi duelo. Pero esta versión de plano me quiebra, si algo me hacía falta es que se le sumara un violín lloroso para que me resulte insoportablemente nostálgica. Y dolorosa. Aceptar la pérdida total de una persona amada es difícil, así se haya esperado la noticia durante casi veinte años. Uno esperaría que sería más sencillo, pero la verdad es que hasta las lágrimas que no se derramaron oportunamente pueden ahogar. Y uno va cargando una pena que se confunde con la culpa, una nostalgia que a veces parece obsesión. Se llega, incluso, a preguntar cómo se pudo seguir viviendo... y como seguir.

Al final la vida sigue y te arrastra sin que uno pueda elegir seguirla.

Perdí a alguien. Alguien, también, me perdió. Supongo algún día lo superaré pero hasta hoy ese día no ha llegado. Y casi son veinte años ya.

Creo que soy muy lenta para algunas cosas.


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En la Ciudad de la Furia


Posdata: lamento mucho la muerte de Gustavo Cerati, significó mucho su música para la adolescente que fui. De música ligera sigue siendo mi canción favorita (bueno... tengo varias, confieso, todas empatadas en primer lugar). Anhelaba verlo volver, como prometió. Vine y escribí una entrada larga larga sobre él, bueno, sobre mí y su música, sobre los oscurantistas años ochenteros (en México) y su música. Pero al final ya no quise publicarla, pensé: "¿a quién le importa lo que yo pueda decir sobre él?". Y la boté a la papelera. He hecho varias veces así con otros temas, o ni siquiera comienzo a escribirlos a pesar de tener el cuadro de texto de una nueva entrada abierto y las palabras en la punta de los dedos. ¿A quién le importa que yo escriba en este blog?, ¿lo que pueda decir sobre cualquier cosa? Por ejemplo, quise venir hablar también de la muerte de Robin Williams, ahí no porque me afectara en lo personal (no me gustaba su trabajo actoral, casi lo contrario), sino por el efecto que vi en los demás, en lo que se piensa que es la depresión, y hasta en ese curioso caso de payasos tristes que lloran debajo del maquillaje (entrada planeada desde hace años que  nunca vio la luz). Quise hablar también del caso de la #LadyChiles, porque me hizo reflexionar sobre el trato que les damos a las personas que nos ayudan en el trabajo doméstico y el clasismo que todos contribuimos a preservar... pero al final sólo se quedaron en ideas sin concretar. Y bueno, al final abrí (como por cuarta vez) esta otra entrada que estaba fermentándose en los borradores (entrada que también fue mutilada al ver que ya había contado demasiado, y relegada al pensar: "¿a quién le puede importar lo que yo diga sobre esto?"), le agregué las últimas frases, y luego empecé esta larga posdata para explicarles que ya no publico mis entradas, que sólo las empiezo y no las concluyo, las dejo ahí encerradas, sin luz y sin agua para que ya no crezcan, para que no florezcan. Algo me pasa... y no sólo es en este blog sino en la vida general, últimamente me guardo todo lo que pienso, me reservo mis opiniones y mis confidencias, me ha dado por callarme y jugar a la mudez... pero ya es septiembre y siempre me gusta hablar de la historia de este país -a manera de celebración-, de lo que aprendo sobre él y quiero compartir, así que tal vez lleguen más entradas... tengo además muchas fotos de esta ciudad, soy muy mala fotógrafa pero también soy muy mala escritora y de todas maneras sigo escribiendo mis historias, y lo mismo creo que pasará con mis miradas sobre la ciudad, ciudad que amo desaforadamente a ratos... o a rincones, a escalinatas, a jardines, a sabores, a rostros. Y que quiero venir a dejar por acá, porque es el México que mejor conozco y el que me toca compartir. Y porque tengo esa necesidad de hacer pública mi declaración de amor por esta ciudad. Así que aquí nos vemos nuevamente.


sábado, 26 de julio de 2014

44

Cuarenta y cuatro años son los que cumplo hoy, y Google, que nunca deja pasar una efeméride especial, divertida y trascendente -je-, así me felicita:



Este año ha sido difícil en muchos aspectos, pero aleccionador. Espero se refleje aquí todo ese aprendizaje.

Voy a intentar compartir aquí algunas impresiones que tengo sobre la ciudad que vivo diariamente, la que veo yo, y que he recorrido mucho en las últimas semanas. Mientras les dejo el enlace para que vean algunas de esas imágenes que han sido publicadas recientemente en Instagram, y dejo algunas aquí también.

Le robo descaradamente su despedida habitual a Nora, pero hoy necesito sus palabras para dirigirme a ustedes, los que todavía se interesan por este blog:

Gracias por leerme.

lunes, 14 de julio de 2014

El Cuestionario Proust



A mí nunca me lo han hecho, será por que no soy una celebridad y la costumbre es, gracias a la revista Vanity Fair, hacerle este cuestionario a los famosos y a los notables.

Pero una de las prerrogativas de ser la dueña de este blog, es darme a mí misma un trato de mucha importancia, así que aunque nadie se pregunte cuál es mi respuesta a estas preguntas, y aunque ya ha pasado el tiempo en que los memes eran cuestionarios compartidos de blog en blog (ahora son imágenes chistositas alteradas por Photoshop, que se viralizan vía Facebook o Twitter), de igual forma voy a responderlas -je-:

1. El rasgo principal de tu carácter 
Yo sé de mí que soy, ante todo, intolerante. Pero como es una cruzada personal aprender a manejar dicha intolerancia, la gente me percibe lo contrario. Lo primero que dicen de mí es que soy amable. Eso es bueno... porque me esfuerzo mucho en serlo.

2. La cualidad que prefiero en un hombre
Gentileza. En todo momento debían ser gentiles, compasivos. No nada más con las mujeres. Con sus iguales, pero especialmente con los más vulnerables.

3. La cualidad que prefiero en una mujer 
Insurrecta. Se nos ha olvidado que debemos continuar rebelándonos. Aprendimos nuevamente la lección de ser sumisas, obedientes.

4. Lo que más aprecio de mis amigos
Su paciencia. Soy tan voluble, terca, necia, torpe, olvidadiza, imprudente... no sé por qué siguen soportándome, y a veces con tan buen talante.

5. Mi principal defecto
Soy vergonzosa e imperdonablemente impuntual. También soy intrigosa.

6. Mi ocupación preferida 
Ser una paria. Me sale tan bien. Y nací para ser bloguera, lástima que tuve que esperar tanto para descubrirlo, y que los blogs ya están muertos... Facebook (and Twitter, and Youtube) kills the blogging star.

7. Mi sueño de felicidad 
Flotar en el agua, comer camarones, tomar coca-cola que no engorde pero que no sepa a refresco de dieta, abrazar a mi raza, bailar con alguien que me ame... y aunque parezca lo más cursi y más idiota del mundo: Paz Mundial.

8.¿Cuál sería mi mayor desgracia?
Saber del sufrimiento de alguien querido, no poderle ayudar... la dolorosa impotencia de la guerra, la enfermedad, el hambre... no ser suficiente para el que necesito me ame.

9. El país en el que me gustaría vivir 
El México de antes, el que conocí... el México que no me daba miedo.

10. El color que prefiero
Negro. Y luego azul, azul profundo, como el del cielo cuando empieza a anochecer.  

11. La flor que me gusta 
La orquídea, el pensamiento, el tulipán, la flor de la isla Mauricio (no me sé el nombre).

12. El ave que prefiero 
Las alondras y los gorriones que me despiertan en las mañanas. También hay un pájaro rojo de alas grises que se me hace muy hermoso.

13. Mis autores favoritos en prosa 
Cortázar, Rulfo, Ibargüengoitia.

14. Mis poetas favoritos 
Efraín Huerta, Oliverio Girondo, Alejandra Pizarnik.

15. Mis héroes de la ficción
Sherlock Holmes, Auguste Dupin (mi villano favorito es el tenebroso Dr. Doom... y mi antihéroe favorito es Mr. Heisenberg).

16. Mis heroinas favoritas de la ficción
Lizzie Bennet, Lisbeth Salander.

17. Mis compositores preferidos
Chopin, Bach, Silvio Rodríguez, George Gershwin.

18. Mis pintores favoritos 
Kandinski, Paul Klee, Caravaggio, Goya, Remedios Varo.

19. Mis héroes de la vida real 
Nicola Tesla, Mandela, José María Morelos.

20. Mis heroinas de la historia 
Corazón Aquino, la Malinche, Sor Juana Inés de la Cruz, Simone de Beavoir, Aurore Dupin.

21. Mis nombres favoritos 
Gloria, Alondra, Samuel.

22. Lo que odio sobre todo 
El Machismo. El sadismo. La injusticia.

23. Personajes de la historia que más desprecio
George Bush hijo, Pinochet, Mussolini, Idi Amin, Ceaucescu... todos los dictadores. 

24. El hecho militar que más admiro
El movimiento de Independencia de México, y los de Latinoamérica.

25. La reforma que me parece más importante 
Todos los movimientos de la abolición de la esclavitud, y el movimiento feminista.

26. Cómo me gustaría morir 
Durmiendo. Soñando... O en medio de un orgasmo.

27. Estado actual de mi espíritu 
Va arriba de una nube.

28. Qué don me gustaría tener
El de castigar la estupidez mezquina... con un toque de mezquindad estúpida (¡hey!, no me juzguen, el fuego se combate con fuego).

29. Faltas que me inspiran la mayor indulgencia
Las mentiras... soy una mitómana en recuperación, que evita (con gran éxito) decir mentiras pero sabe que la verdad se oculta por reflejo, sin que una esté realmente consciente de que está mintiendo. Además uno se miente a sí mismo primero, así se justifica la mentira que se está por decir, o la que se dijo. El mentiroso es la primera víctima de su autoengaño.

30. Mi consejo
Lo que sea que te ayude a conocerte, está bien, así sea un libro de autoayuda o un curso de coaching, un programa de doce pasos o la venganza cruel de un examigo que te grita verdades a la cara con dolo. De la misma forma en que duele reconocerse en una foto que no es favorecedora, así duele ver cómo te ven los demás cuando identificas tus fallas, pero la aceptación es el siguiente paso... muy necesaria para alcanzar la autoestima y el crecimiento como ser humano. Golpea tu ego, golpea el orgullo, es tu principal lastre, es lo que más te impide avanzar.

Este listado de preguntas se conoce como Cuestionario Proust porque trascendió gracias a sus respuestas. Por error se le atribuyó su autoría, pero en realidad sólo lo respondió dos veces, la primera vez en su adolescencia (algunos dicen que a los trece años, otros a los quince), durante un juego de fiesta de cumpleaños de su amiga Antoinette Fauré (hija del presidente de Francia en ese tiempo), y otra, posteriormente, a los veintiuno. Los tests de personalidad eran un divertimento popular entonces, tal como los "chismógrafos" en la secundaria, o los memes blogueros en la década pasada. Aquí pueden leer sus respuestas, que fueron descubiertas en 1924, dos años después de su muerte, en un documento titulado "Marcel Proust por sí mismo". Vanity Faire lo retomó ya que en su consejo editorial se encontraban declarados fans del escritor, y lo convirtieron en un sello propio para entrevistar personalidades. De ahí su popularidad.

domingo, 6 de abril de 2014

Paseo Dominical en Honor de Leonora Carrington

Hace mucho que no hacíamos estas entradas, pero hoy no quisimos dejar pasar el que sería el 97 cumpleaños de Leonora Carrington, quien nació un día como hoy, y se nos fue hace tres años, no sin antes hermosear un poco más esta ciudad que la acogió con el mismo cariño con que ella eligió quedarse aquí.

La Ciudad de México siempre ha tenido el toque surrealista de Leonora, pero desde el año 2006 se le siente más presente en las calles con la exposición al aire libre de su obra. En ese año, como parte del Festival Internacional por el Agua, Tlalocan, dentro del marco del Foro Mundial del Agua que se llevaba a cabo en el Distrito Federal, se reubicó la escultura Cocodrilo, trasladándola del interior del Bosque de Chapultepec a Paseo de la Reforma, esquina con Havre, depositándola en un lecho de agua y transformándola en una fuente. Meses después, también como parte de una exposición que se pensaba efímera, se ubicó enfrente otra de sus obras: "Ya no hay lugar", escultura de unos magos que cumplen la función de brindar asiento, como parte de la exposición de arte-objeto Diálogo de Bancas en el tramo del Ángel de la Independencia a Av. Insurgentes. Ocho años después, la mayoría de las bancas siguen en exposición, pero varias han cambiado de lugar. 

Quizá la más viajera ha sido precisamente la de Leonora Carrington, que ha mudado de sitio un par de veces, una de esas, para ser parte de otra exposición de sus fotografías, pinturas y esculturas que se pudo apreciar en Paseo de la Reforma, a la altura de Chapultepec, en el año 2008. En ese tiempo su banca se colocó frente a su escultura El Pescador, casi frente al Auditorio Nacional (esta exposición se llamó: Leonora Carrington en la Ciudad de México,y como afortunadamente en Internet todo se queda, hay varios registros gráficos de cómo fue, este es uno de ellos).

Posteriormente esa banca ha sido colocada a espaldas de La Catedral Mayor, en la calle de Guatemala, en el Centro Histórico, donde, lamentablemente, pasa un poco desapercibida (sobre la exposición Diálogo de Bancas hicimos varias entradas hace años, esta es la última.y en ella se enlazan las anteriores).



El año pasado se inició con la exposición Leonora Carrington y sus personajes fantásticos en el Cenart,y posteriormente, en julio, el Centro Histórico aumentó la dosis del arte de la entrañable artista con la exhibición de algunas de esas piezas en la exposición Leonora Carrington y sus animales fantásticos en el atrio de San Francisco, en la calle -ahora peatonal- de Madero, casi enfrente a la Casa de los Azulejos. Esta exposición estaba proyectada para permanecer sólo cuatro meses, pero ante la afluencia del público, se ha prolongado hasta estos primeros meses del nuevo año.













Todas estas imágenes que les traigo (¡por fin!) no son del Internet sino fueron tomadas con mis anteriores smartphoncitos (que eran medio chafas, apenas me conseguí uno chingonérrimo), con los que saqué muchas muchas fotos que nunca me di tiempo a subir al blog, y que apenas rescaté de irse a la basura o a la papelera del olvido, algunos de esos eventos ya no es oportuno ponerlos pero, si me lo permiten (y si no, pues también) voy a subir aquí las fotos como crónicas urbanas porque, pues, ni modo que las deseche, ¿no? Así que esperen algunas entradas con más imágenes que texto*, son malas fotos, aparte de malenfocadas y malencuadradas son inoportunas, desfasadas, extemporáneas, pero, son parte de mi mirada a esta ciudad y a algunos otros lugares que visito. 

Son las prerrogativas de ser la dueña y señora del blog -je-.

*Les anticipo una, ya que les hablé de las exposiciones del Festival de Agua del 2006, y es sobre dónde quedaron esas esculturas.


sábado, 1 de marzo de 2014

Tristesse


 No, no estoy triste, aunque debiera estarlo, quizá.

No quiero dejar pasar el aniversario de nacimiento de Chopin, aquí ya hablé de él, en su bicentenario y un año antes. Aunque el documento oficial de su partida de nacimiento tiene el 22 de febrero, la de hoy es la fecha que realmente él y su familia aceptaban como verdadera.

A mí su música me transporta a otro estado, es raro, no es sólo que me guste y ya, ni siquiera soy realmente conocedora, pero me toca fibras internas que ignoro por qué son tan sensibles a sus notas. Especialmente esta pieza, popularmente conocida como Tristesse o Nocturno, que incluso le han puesto letra y alguna vez les compartí con una inmejorable interpretación de Nina Koshetz.

Bueno, pero les decía: no estoy triste... es tan raro en mí eso. Y sin embargo, ahora me es tan natural no estarlo, como si no hubiera sido durante cuatro décadas mi característica principal la melancolía, la depresión continua. Raros que somos los humanos. Me sentía tan orgullosa de vestir esa eterna tristeza, a veces tan elegante como una saudade. Por lo menos ahora debía sentirme extraña vestida de sonrisas, pero no.

Aunque escucho a Chopin y me acuerdo de cuando esa tristeza, de por qué y de cómo se siente. Y la extraño un poquito y casi creo sentirla.

Un día, haciendo labores domésticas, puse un disco compacto que me regaló la única persona que coincidió conmigo en el amor (me amaba cuando yo lo amaba, coincidencia inusual). Era una selección de varias piezas conocidas de la llamada música clásica. Y cuando comenzaron estas notas me detuve en mi labor y me incorporé, tuve que mirar el aparato del que salía la música, como para comprobar que era un artilugio automatizado y no el compositor detrás del piano... y me tuve que sentar en los escalones que limpiaba unos segundos antes, incapaz de soportar tanta emoción, mientras me corría una lágrima por la mejilla. No sé a que se deba esta conexión con esta pieza. Ni con este compositor. Es como si lo hubiera conocido.

Más raro todavía si se suma la identificación que siento desde niña con la figura de George Sand. Y con la broma que un día le hice a esa persona con la que coincidí en el amar, al verlo con su gabardina y su melena a merced del viento, y le dijera: "Me recuerdas a Chopin". Como si lo hubiera conocido... como si lo hubiera amado como lo amaba a él.

Si fuera valiente afrontaría aquí el tema de la resurrección, que explicaría tantas cosas... menos a mí, que soy tan escéptica, y como tendría que definirme por una postura y además conflictuarme con un tema que no soy capaz de abordar con la seriedad que requieren sus adeptos, pues mejor me voy hacia otro que es mucho más fácil de tratar:

"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". (Stendhal, 1817) 

Stendhal fue un seudónimo que usó el escritor francés Henri-Marie Beyle en su libro Napolés y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio. Y fue retomado por la psiquiatra y psicoanalista Graziella Magherini, directora del Departamento de Salud Mental de Florencia y del Servicio Psiquiátrico del Hospital de Santa María Nuova, cuando observó cuadros breves e intensos de manifestaciones somáticas que surgían en personas, generalmente turistas, durante sus visitas a algún lugar artístico. 

El Síndrome de Stendhal es definido como la reacción romántica ante la acumulación de belleza y exhuberancia del goce artístico.

A mí me pasa con la música, no sólo con la clásica (aunque sí es más común con ella). Me pasa también con la pintura, y a veces me ha pasado con la danza. Soy tan fácil de hacer llorar y de hacer volar. Una vez me dejé impactar con un cuadro en el Jardín del Arte en San Ángel, que lo único que tenía era varios matices de rojo, pero que para mí era como una puerta a otra dimensión, una ventana a otro mundo. El precio me devolvió a la realidad -je-. Mi tacañez (más bien mi pobreza) me ha hecho andar por la vida y por pasillos de museos en busca de esos tonos y esa sensación otra vez. 

Me encanta ver bailar. Me gusta bailar, pero yo soy de moverme al compás de las guarachas sabrosonas, nomás. Pero ver bailar... me sublima. La capacidad que tienen otros cuerpos no sólo de elevarse a sí mismos sino de llevarme a mí también sobre sus hombros, sin perder ligereza, me hace volar a mí también. Son las tres artes que más me gustan. Aún por encima de la literatura, que alguna vez ambicioné crear, y que alguna vez me llenó leer. 

Pero me pasa más con la música. Un instrumento, una voz, una melodía... me hacen volverme tan ligera, como esa bolsa de plástico a merced del viento que sale al final de la película Belleza Americana.

Y en especial Chopin me vuelve tan vulnerable al viento, vibrante y feliz, como si de una bolsita de Soriana, de esas que han sido vaciadas de las despensas de 500 pesos, se tratara. Valga entonces esta entrada improvisada para conmemorar su 204 aniversario.


domingo, 9 de febrero de 2014

Te Juro que Te Amo


O

Memorias de una romántica de clóset.

"...aunque sufra este tormento, me quedas tú".
Los Terrícolas.

Durante mucho tiempo creí que era la peor música del mundo. Fue durante los años que siguieron: toda la década siguiente, y la que vino después, cuando el regreso de los grupos románticos se volvió oficial. Esos recuerdos que me perseguían, con el fondo musical de Los Yonic´s o de Los Baby´s o de La Revolución de Emiliano Zapata, regresaron a mí como bofetaditas a todo volúmen, gracias a estaciones como La Z, de reciente creación.

Para entonces, la ola romántica venía recargada: Los Temerarios y Los Piratas del Caribe se dejaban caer sobre mi atormentada mente, de por sí lastimada por Selena y Los Dínamos o Campeche Show. Era un tiempo en que yo ni siquiera soportaba a Juanga.

A diferencia de las canciones de Camilo Sesto, Julio Iglesisa y Manoella Torres, que me traían lo mejor de mi infancia, o la música de Chicago, Neil Diamond o Queen, que me devolvían a mis primeros intereses (los libros, la pintura, el ajedrez), los grupos románticos me recordaban los cuartos semioscuros y vacíos de una casa en obra negra, las tardes de aburrimiento, la lonchería sucia afuera de la ciudad donde me enfermé de vómito y diarrea, echando a perder un viaje, son recuerdos de un cine de provincia donde me aburrí viendo películas de artes marciales, de una arena donde lloré viendo las luchas, o peor aún, en la que vi morir un toro desangrado ante un público sediento de muerte, que aplaudía pidiendo más. 

No venía el mar con esas canciones, ni las albercas ni las puestas del sol, no llegaba la fiesta con piñata y payasos, pero sí llegaban las fiestas de mi papá, con multitudes dentro de una casa recién inaugurada, con desconocidos bailando en el patio, sirviéndose de la pequeña cantina casera que era toda una novedad. Esas fiestas no eran mías, aunque grandes y, en parte, divertidas, no se centraban en mí o en alguno de mis hermanos, eran para mí papá pero tampoco para él en realidad, eran para sus compañeros de trabajo, para sus colaboradores de campaña, para sus subalternos lambiscones o para los que quería agradar para comprometerlos luego.

Esas canciones venían con fotos y cintas de Echeverría saludando, Echeverría prometiendo, Echeverría justificando. Mi padre trabajó en su gobierno en un puesto más o menos (menos que más) influyente, coordinando sindicatos, organizando campañas políticas, estableciendo alianzas. Lo único bueno de esas fiestas es que luego esas canciones cursis daban paso a las de Javier Solis o Emilio Tuero, que mi papá cantaba con su privilegiada voz. Era tan buen anfitrión como buen cantante. Y nadie quería que la fiesta acabara por esas dos razones, así que la fiesta seguía otro día más, volviéndose un círculo vicioso porque otra vez llegaban Los Pasteles Verdes, o peor aún, Rigo Tovar y su Costa Azul. 

Una vez llegaron Los Ángeles Negros. Y no por un tocadiscos. Tuvieron un templete de madera en un extremo del jardín tan cuidado y bonito, maltratándolo un poco, lo que a mí me pareció un crimen (el jardín siempre ha sido mi parte favorita de la casa). 

Ese día hubo más gente que nunca, no era una fiesta cualquiera sino era el cumpleaños de mi papá, coincidiendo con el santo de mi hermana Gloria, en plena Semana Santa. Pero no los recuerdo mucho porque al final yo me subí a dormir. Era lo malo de las fiestas de mi papá, yo sólo vivía los preparativos con los cinco sentidos, el resto de la fiesta lo pasaba semidormida, o despierta por segunda o tercera vez en la noche, así que no siempre estaba con el mejor humor para apreciarlas, pese a que siempre tenía un número especial en un momento de esa noche, cuando me subía a una mesa o una silla para que mi papá presumiera que todos sus hijos cantaban, incluso la más pequeña, la más desenvuelta de todas. Porque la timidez no me abrazaba todavía.

Ese día la fiesta se extendió también más de la cuenta, no sólo fue otro día más, sino un tercero, aunque ya no era fiesta, pero algo de gente seguía aquí, oyendo y cantando cosas como: "...si lo hubieras hecho antes, de partir, si lo hubieras hecho, antes, de sufrir..."

También son recuerdos de carretera. De carreteras interminables sin final, con paisajes que se repetían hasta hacerme perder el interés, hasta preferir quedarme dormida sobre las piernas de alguien, después de llorar por ser regañada, o llorar de aburrimiento, o llorar de calor o por algún calambre. Lo peor de mis viajes infantiles tienen de fondo musical a un órgano tocado sin genio, con notas básicas que acompañan letras todavía más simples como "ya la luna está muy triste", o peor aún: "triángulo, triángulo, triángulo", una de las canciones que más absurdas me parecían. 

Pero sobretodo, esas canciones que hablan de debúts y despedidas, de palabras tristes y de corazones de roca, cantadas con voces feas y sin gran aporte musical, me saben a paredes tapizadas de madera. Porque así era la oficina de mi papá, al más puro estilo setentero, con pesados lockers de archivos y escritorios de metal. Sillones de piel que se me pegaban en las piernas. Son canciones, además, que traen a Esperanza de vuelta. No una esperanza, sino a Esperanza, la secretaria de mi papá, una muchacha bonita y amable, que se portaba muy bien conmigo. Me traía refresco (Orange Crush o Sangría) y cacahuates. Me sonreía mucho, como si la bonita fuera yo y no ella. A mi mamá también le caía muy bien. Nos dolió mucho que muriera, tan joven. No tenía más de 20 o 22 años, con mi papá llegó de diecisiete, directo de su pueblo. Los compadres de mi papá, los señores Águila, eran sus padrinos, y la trajeron del pueblo para que trabajara, se la recomendaron -intencionadamente- a mi papá y él la puso como su secretaria. 

Pero Esperanza no era cualquier chica pueblerina, era educada y con clase, hija de una familia venida a menos pero de educación muy rígida. No volvió a su pueblo ni a ver a sus papás. Se hizo amante de mi papá y se dedicó a pulirlo. Mi mamá sabía de los chismes, por supuesto, pero, todavía más inocente que la chica pueblerina, no los creyó. Todavía lo dice con incredulidad: "¿Cómo iba yo a creer que una muchachita tan bonita se iba a fijar en un viejo?"

Pero no sólo se fijó en él o en su dinero, como todos la acusaban, sino que se enamoró de él. Y él de ella. No sólo era su amante sino la mujer que lo inspiraba para ser más ambicioso y profesional. Lo enseñó a vestir y le enseñó modales, lo convenció de teñirse el pelo y hacerse la manicura en las uñas de manos toscas, manos de obrero que ascendió de operar maquinaria para hacer carreteras, a representante sindical, luego a líder de asociaciones, y luego a secretario de finanzas de la nueva federación que agrupó a todos los sindicatos de trabajadores del estado, con un liderazgo y una base popular tan fuerte que incluso se pudo postular para diputado. Pudo, pero no lo hizo. Negoció con el poder y cedió su fuerza al sistema, que lo traicionó. Nunca se lo perdonaron, ni él ni sus bases. Pero en ese tiempo no se sabía como iban a terminar las cosas y ella era, justamente, su esperanza y su fuerza.

Más adulta que él, ella lo preparaba para la guerra. A diferencia de mi mamá, que se conformó con ser dueña de su casa, Esperanza se adueñó de su hombre y de su causa. Mi padre lo dijo después: "sin ella no hubiera llegado tan lejos, ella me impulsaba".

Pero Esperanza murió de un cáncer fulminante. Y mi mamá y yo lloramos su muerte, sin creerla. Sin saber lo que realmente había sido. No sé cómo mi papá siguió viviendo pero quizá no es coincidencia que poco tiempo después cayó en una trampa y en una crisis laboral, enseguida en una debacle económica de la que ya no se levantó nunca.

Un día me contó de Esperanza, cuando ya me creyó lo suficientemente adulta, contándome de cómo le escogía las corbatas y le enseñaba a anudarlas, a combinarlas. "Tu madre es una gran mujer, pero ni yo supe darle su lugar ni ella sabía cómo darme el mío", dijo, a manera de disculpa.

A eso me saben esas canciones de los grupos románticos de los setentas, a amores clandestinos, a amores a destiempo, a amores inconclusos pero eternos. Ahora ya no me parecen tan malas ni tan insoportables. La verdad, ahora ya hasta me gustan, incluso la de Los Baby´s, tan absurdas (¿que es eso de: "Para mí tú eres negra ya..."?), aún las de Los Terrícolas, con su humor involuntario ("¡Oh, carta de Néstor, ¿qué me dirá?") y me descubro cantando cosas como: "¡No!... ya no quiero nada, nada de este amor, que me diste túuu".

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