lunes, 14 de julio de 2014

El Cuestionario Proust



A mí nunca me lo han hecho, será por que no soy una celebridad y la costumbre es, gracias a la revista Vanity Fair, hacerle este cuestionario a los famosos y a los notables.

Pero una de las prerrogativas de ser la dueña de este blog, es darme a mí misma un trato de mucha importancia, así que aunque nadie se pregunte cuál es mi respuesta a estas preguntas, y aunque ya ha pasado el tiempo en que los memes eran cuestionarios compartidos de blog en blog (ahora son imágenes chistositas alteradas por Photoshop, que se viralizan vía Facebook o Twitter), de igual forma voy a responderlas -je-:

1. El rasgo principal de tu carácter 
Yo sé de mí que soy, ante todo, intolerante. Pero como es una cruzada personal aprender a manejar dicha intolerancia, la gente me percibe lo contrario. Lo primero que dicen de mí es que soy amable. Eso es bueno... porque me esfuerzo mucho en serlo.

2. La cualidad que prefiero en un hombre
Gentileza. En todo momento debían ser gentiles, compasivos. No nada más con las mujeres. Con sus iguales, pero especialmente con los más vulnerables.

3. La cualidad que prefiero en una mujer 
Insurrecta. Se nos ha olvidado que debemos continuar rebelándonos. Aprendimos nuevamente la lección de ser sumisas, obedientes.

4. Lo que más aprecio de mis amigos
Su paciencia. Soy tan voluble, terca, necia, torpe, olvidadiza, imprudente... no sé por qué siguen soportándome, y a veces con tan buen talante.

5. Mi principal defecto
Soy vergonzosa e imperdonablemente impuntual. También soy intrigosa.

6. Mi ocupación preferida 
Ser una paria. Me sale tan bien. Y nací para ser bloguera, lástima que tuve que esperar tanto para descubrirlo, y que los blogs ya están muertos... Facebook (and Twitter, and Youtube) kills the blogging star.

7. Mi sueño de felicidad 
Flotar en el agua, comer camarones, tomar coca-cola que no engorde pero que no sepa a refresco de dieta, abrazar a mi raza, bailar con alguien que me ame... y aunque parezca lo más cursi y más idiota del mundo: Paz Mundial.

8.¿Cuál sería mi mayor desgracia?
Saber del sufrimiento de alguien querido, no poderle ayudar... la dolorosa impotencia de la guerra, la enfermedad, el hambre... no ser suficiente para el que necesito me ame.

9. El país en el que me gustaría vivir 
El México de antes, el que conocí... el México que no me daba miedo.

10. El color que prefiero
Negro. Y luego azul, azul profundo, como el del cielo cuando empieza a anochecer.  

11. La flor que me gusta 
La orquídea, el pensamiento, el tulipán, la flor de la isla Mauricio (no me sé el nombre).

12. El ave que prefiero 
Las alondras y los gorriones que me despiertan en las mañanas. También hay un pájaro rojo de alas grises que se me hace muy hermoso.

13. Mis autores favoritos en prosa 
Cortázar, Rulfo, Ibargüengoitia.

14. Mis poetas favoritos 
Efraín Huerta, Oliverio Girondo, Alejandra Pizarnik.

15. Mis héroes de la ficción
Sherlock Holmes, Auguste Dupin (mi villano favorito es el tenebroso Dr. Doom... y mi antihéroe favorito es Mr. Heisenberg).

16. Mis heroinas favoritas de la ficción
Lizzie Bennet, Lisbeth Salander.

17. Mis compositores preferidos
Chopin, Bach, Silvio Rodríguez, George Gershwin.

18. Mis pintores favoritos 
Kandinski, Paul Klee, Caravaggio, Goya, Remedios Varo.

19. Mis héroes de la vida real 
Nicola Tesla, Mandela, José María Morelos.

20. Mis heroinas de la historia 
Corazón Aquino, la Malinche, Sor Juana Inés de la Cruz, Simone de Beavoir, Aurore Dupin.

21. Mis nombres favoritos 
Gloria, Alondra, Samuel.

22. Lo que odio sobre todo 
El Machismo. El sadismo. La injusticia.

23. Personajes de la historia que más desprecio
George Bush hijo, Pinochet, Mussolini, Idi Amin, Ceaucescu... todos los dictadores. 

24. El hecho militar que más admiro
El movimiento de Independencia de México, y los de Latinoamérica.

25. La reforma que me parece más importante 
Todos los movimientos de la abolición de la esclavitud, y el movimiento feminista.

26. Cómo me gustaría morir 
Durmiendo. Soñando... O en medio de un orgasmo.

27. Estado actual de mi espíritu 
Va arriba de una nube.

28. Qué don me gustaría tener
El de castigar la estupidez mezquina... con un toque de mezquindad estúpida (¡hey!, no me juzguen, el fuego se combate con fuego).

29. Faltas que me inspiran la mayor indulgencia
Las mentiras... soy una mitómana en recuperación, que evita (con gran éxito) decir mentiras pero sabe que la verdad se oculta por reflejo, sin que una esté realmente consciente de que está mintiendo. Además uno se miente a sí mismo primero, así se justifica la mentira que se está por decir, o la que se dijo. El mentiroso es la primera víctima de su autoengaño.

30. Mi consejo
Lo que sea que te ayude a conocerte, está bien, así sea un libro de autoayuda o un curso de coaching, un programa de doce pasos o la venganza cruel de un examigo que te grita verdades a la cara con dolo. De la misma forma en que duele reconocerse en una foto que no es favorecedora, así duele ver cómo te ven los demás cuando identificas tus fallas, pero la aceptación es el siguiente paso... muy necesaria para alcanzar la autoestima y el crecimiento como ser humano. Golpea tu ego, golpea el orgullo, es tu principal lastre, es lo que más te impide avanzar.

Este listado de preguntas se conoce como Cuestionario Proust porque trascendió gracias a sus respuestas. Por error se le atribuyó su autoría, pero en realidad sólo lo respondió dos veces, la primera vez en su adolescencia (algunos dicen que a los trece años, otros a los quince), durante un juego de fiesta de cumpleaños de su amiga Antoinette Fauré (hija del presidente de Francia en ese tiempo), y otra, posteriormente, a los veintiuno. Los tests de personalidad eran un divertimento popular entonces, tal como los "chismógrafos" en la secundaria, o los memes blogueros en la década pasada. Aquí pueden leer sus respuestas, que fueron descubiertas en 1924, dos años después de su muerte, en un documento titulado "Marcel Proust por sí mismo". Vanity Faire lo retomó ya que en su consejo editorial se encontraban declarados fans del escritor, y lo convirtieron en un sello propio para entrevistar personalidades. De ahí su popularidad.

domingo, 6 de abril de 2014

Paseo Dominical en Honor de Leonora Carrington

Hace mucho que no hacíamos estas entradas, pero hoy no quisimos dejar pasar el que sería el 97 cumpleaños de Leonora Carrington, quien nació un día como hoy, y se nos fue hace tres años, no sin antes hermosear un poco más esta ciudad que la acogió con el mismo cariño con que ella eligió quedarse aquí.

La Ciudad de México siempre ha tenido el toque surrealista de Leonora, pero desde el año 2006 se le siente más presente en las calles con la exposición al aire libre de su obra. En ese año, como parte del Festival Internacional por el Agua, Tlalocan, dentro del marco del Foro Mundial del Agua que se llevaba a cabo en el Distrito Federal, se reubicó la escultura Cocodrilo, trasladándola del interior del Bosque de Chapultepec a Paseo de la Reforma, esquina con Havre, depositándola en un lecho de agua y transformándola en una fuente. Meses después, también como parte de una exposición que se pensaba efímera, se ubicó enfrente otra de sus obras: "Ya no hay lugar", escultura de unos magos que cumplen la función de brindar asiento, como parte de la exposición de arte-objeto Diálogo de Bancas en el tramo del Ángel de la Independencia a Av. Insurgentes. Ocho años después, la mayoría de las bancas siguen en exposición, pero varias han cambiado de lugar. 

Quizá la más viajera ha sido precisamente la de Leonora Carrington, que ha mudado de sitio un par de veces, una de esas, para ser parte de otra exposición de sus fotografías, pinturas y esculturas que se pudo apreciar en Paseo de la Reforma, a la altura de Chapultepec, en el año 2008. En ese tiempo su banca se colocó frente a su escultura El Pescador, casi frente al Auditorio Nacional (esta exposición se llamó: Leonora Carrington en la Ciudad de México,y como afortunadamente en Internet todo se queda, hay varios registros gráficos de cómo fue, este es uno de ellos).

Posteriormente esa banca ha sido colocada a espaldas de La Catedral Mayor, en la calle de Guatemala, en el Centro Histórico, donde, lamentablemente, pasa un poco desapercibida (sobre la exposición Diálogo de Bancas hicimos varias entradas hace años, esta es la última.y en ella se enlazan las anteriores).



El año pasado se inició con la exposición Leonora Carrington y sus personajes fantásticos en el Cenart,y posteriormente, en julio, el Centro Histórico aumentó la dosis del arte de la entrañable artista con la exhibición de algunas de esas piezas en la exposición Leonora Carrington y sus animales fantásticos en el atrio de San Francisco, en la calle -ahora peatonal- de Madero, casi enfrente a la Casa de los Azulejos. Esta exposición estaba proyectada para permanecer sólo cuatro meses, pero ante la afluencia del público, se ha prolongado hasta estos primeros meses del nuevo año.













Todas estas imágenes que les traigo (¡por fin!) no son del Internet sino fueron tomadas con mis anteriores smartphoncitos (que eran medio chafas, apenas me conseguí uno chingonérrimo), con los que saqué muchas muchas fotos que nunca me di tiempo a subir al blog, y que apenas rescaté de irse a la basura o a la papelera del olvido, algunos de esos eventos ya no es oportuno ponerlos pero, si me lo permiten (y si no, pues también) voy a subir aquí las fotos como crónicas urbanas porque, pues, ni modo que las deseche, ¿no? Así que esperen algunas entradas con más imágenes que texto*, son malas fotos, aparte de malenfocadas y malencuadradas son inoportunas, desfasadas, extemporáneas, pero, son parte de mi mirada a esta ciudad y a algunos otros lugares que visito. 

Son las prerrogativas de ser la dueña y señora del blog -je-.

*Les anticipo una, ya que les hablé de las exposiciones del Festival de Agua del 2006, y es sobre dónde quedaron esas esculturas.


sábado, 1 de marzo de 2014

Tristesse


 No, no estoy triste, aunque debiera estarlo, quizá.

No quiero dejar pasar el aniversario de nacimiento de Chopin, aquí ya hablé de él, en su bicentenario y un año antes. Aunque el documento oficial de su partida de nacimiento tiene el 22 de febrero, la de hoy es la fecha que realmente él y su familia aceptaban como verdadera.

A mí su música me transporta a otro estado, es raro, no es sólo que me guste y ya, ni siquiera soy realmente conocedora, pero me toca fibras internas que ignoro por qué son tan sensibles a sus notas. Especialmente esta pieza, popularmente conocida como Tristesse o Nocturno, que incluso le han puesto letra y alguna vez les compartí con una inmejorable interpretación de Nina Koshetz.

Bueno, pero les decía: no estoy triste... es tan raro en mí eso. Y sin embargo, ahora me es tan natural no estarlo, como si no hubiera sido durante cuatro décadas mi característica principal la melancolía, la depresión continua. Raros que somos los humanos. Me sentía tan orgullosa de vestir esa eterna tristeza, a veces tan elegante como una saudade. Por lo menos ahora debía sentirme extraña vestida de sonrisas, pero no.

Aunque escucho a Chopin y me acuerdo de cuando esa tristeza, de por qué y de cómo se siente. Y la extraño un poquito y casi creo sentirla.

Un día, haciendo labores domésticas, puse un disco compacto que me regaló la única persona que coincidió conmigo en el amor (me amaba cuando yo lo amaba, coincidencia inusual). Era una selección de varias piezas conocidas de la llamada música clásica. Y cuando comenzaron estas notas me detuve en mi labor y me incorporé, tuve que mirar el aparato del que salía la música, como para comprobar que era un artilugio automatizado y no el compositor detrás del piano... y me tuve que sentar en los escalones que limpiaba unos segundos antes, incapaz de soportar tanta emoción, mientras me corría una lágrima por la mejilla. No sé a que se deba esta conexión con esta pieza. Ni con este compositor. Es como si lo hubiera conocido.

Más raro todavía si se suma la identificación que siento desde niña con la figura de George Sand. Y con la broma que un día le hice a esa persona con la que coincidí en el amar, al verlo con su gabardina y su melena a merced del viento, y le dijera: "Me recuerdas a Chopin". Como si lo hubiera conocido... como si lo hubiera amado como lo amaba a él.

Si fuera valiente afrontaría aquí el tema de la resurrección, que explicaría tantas cosas... menos a mí, que soy tan escéptica, y como tendría que definirme por una postura y además conflictuarme con un tema que no soy capaz de abordar con la seriedad que requieren sus adeptos, pues mejor me voy hacia otro que es mucho más fácil de tratar:

"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". (Stendhal, 1817) 

Stendhal fue un seudónimo que usó el escritor francés Henri-Marie Beyle en su libro Napolés y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio. Y fue retomado por la psiquiatra y psicoanalista Graziella Magherini, directora del Departamento de Salud Mental de Florencia y del Servicio Psiquiátrico del Hospital de Santa María Nuova, cuando observó cuadros breves e intensos de manifestaciones somáticas que surgían en personas, generalmente turistas, durante sus visitas a algún lugar artístico. 

El Síndrome de Stendhal es definido como la reacción romántica ante la acumulación de belleza y exhuberancia del goce artístico.

A mí me pasa con la música, no sólo con la clásica (aunque sí es más común con ella). Me pasa también con la pintura, y a veces me ha pasado con la danza. Soy tan fácil de hacer llorar y de hacer volar. Una vez me dejé impactar con un cuadro en el Jardín del Arte en San Ángel, que lo único que tenía era varios matices de rojo, pero que para mí era como una puerta a otra dimensión, una ventana a otro mundo. El precio me devolvió a la realidad -je-. Mi tacañez (más bien mi pobreza) me ha hecho andar por la vida y por pasillos de museos en busca de esos tonos y esa sensación otra vez. 

Me encanta ver bailar. Me gusta bailar, pero yo soy de moverme al compás de las guarachas sabrosonas, nomás. Pero ver bailar... me sublima. La capacidad que tienen otros cuerpos no sólo de elevarse a sí mismos sino de llevarme a mí también sobre sus hombros, sin perder ligereza, me hace volar a mí también. Son las tres artes que más me gustan. Aún por encima de la literatura, que alguna vez ambicioné crear, y que alguna vez me llenó leer. 

Pero me pasa más con la música. Un instrumento, una voz, una melodía... me hacen volverme tan ligera, como esa bolsa de plástico a merced del viento que sale al final de la película Belleza Americana.

Y en especial Chopin me vuelve tan vulnerable al viento, vibrante y feliz, como si de una bolsita de Soriana, de esas que han sido vaciadas de las despensas de 500 pesos, se tratara. Valga entonces esta entrada improvisada para conmemorar su 204 aniversario.


domingo, 9 de febrero de 2014

Te Juro que Te Amo


O

Memorias de una romántica de clóset.

"...aunque sufra este tormento, me quedas tú".
Los Terrícolas.

Durante mucho tiempo creí que era la peor música del mundo. Fue durante los años que siguieron: toda la década siguiente, y la que vino después, cuando el regreso de los grupos románticos se volvió oficial. Esos recuerdos que me perseguían, con el fondo musical de Los Yonic´s o de Los Baby´s o de La Revolución de Emiliano Zapata, regresaron a mí como bofetaditas a todo volúmen, gracias a estaciones como La Z, de reciente creación.

Para entonces, la ola romántica venía recargada: Los Temerarios y Los Piratas del Caribe se dejaban caer sobre mi atormentada mente, de por sí lastimada por Selena y Los Dínamos o Campeche Show. Era un tiempo en que yo ni siquiera soportaba a Juanga.

A diferencia de las canciones de Camilo Sesto, Julio Iglesisa y Manoella Torres, que me traían lo mejor de mi infancia, o la música de Chicago, Neil Diamond o Queen, que me devolvían a mis primeros intereses (los libros, la pintura, el ajedrez), los grupos románticos me recordaban los cuartos semioscuros y vacíos de una casa en obra negra, las tardes de aburrimiento, la lonchería sucia afuera de la ciudad donde me enfermé de vómito y diarrea, echando a perder un viaje, son recuerdos de un cine de provincia donde me aburrí viendo películas de artes marciales, de una arena donde lloré viendo las luchas, o peor aún, en la que vi morir un toro desangrado ante un público sediento de muerte, que aplaudía pidiendo más. 

No venía el mar con esas canciones, ni las albercas ni las puestas del sol, no llegaba la fiesta con piñata y payasos, pero sí llegaban las fiestas de mi papá, con multitudes dentro de una casa recién inaugurada, con desconocidos bailando en el patio, sirviéndose de la pequeña cantina casera que era toda una novedad. Esas fiestas no eran mías, aunque grandes y, en parte, divertidas, no se centraban en mí o en alguno de mis hermanos, eran para mí papá pero tampoco para él en realidad, eran para sus compañeros de trabajo, para sus colaboradores de campaña, para sus subalternos lambiscones o para los que quería agradar para comprometerlos luego.

Esas canciones venían con fotos y cintas de Echeverría saludando, Echeverría prometiendo, Echeverría justificando. Mi padre trabajó en su gobierno en un puesto más o menos (menos que más) influyente, coordinando sindicatos, organizando campañas políticas, estableciendo alianzas. Lo único bueno de esas fiestas es que luego esas canciones cursis daban paso a las de Javier Solis o Emilio Tuero, que mi papá cantaba con su privilegiada voz. Era tan buen anfitrión como buen cantante. Y nadie quería que la fiesta acabara por esas dos razones, así que la fiesta seguía otro día más, volviéndose un círculo vicioso porque otra vez llegaban Los Pasteles Verdes, o peor aún, Rigo Tovar y su Costa Azul. 

Una vez llegaron Los Ángeles Negros. Y no por un tocadiscos. Tuvieron un templete de madera en un extremo del jardín tan cuidado y bonito, maltratándolo un poco, lo que a mí me pareció un crimen (el jardín siempre ha sido mi parte favorita de la casa). 

Ese día hubo más gente que nunca, no era una fiesta cualquiera sino era el cumpleaños de mi papá, coincidiendo con el santo de mi hermana Gloria, en plena Semana Santa. Pero no los recuerdo mucho porque al final yo me subí a dormir. Era lo malo de las fiestas de mi papá, yo sólo vivía los preparativos con los cinco sentidos, el resto de la fiesta lo pasaba semidormida, o despierta por segunda o tercera vez en la noche, así que no siempre estaba con el mejor humor para apreciarlas, pese a que siempre tenía un número especial en un momento de esa noche, cuando me subía a una mesa o una silla para que mi papá presumiera que todos sus hijos cantaban, incluso la más pequeña, la más desenvuelta de todas. Porque la timidez no me abrazaba todavía.

Ese día la fiesta se extendió también más de la cuenta, no sólo fue otro día más, sino un tercero, aunque ya no era fiesta, pero algo de gente seguía aquí, oyendo y cantando cosas como: "...si lo hubieras hecho antes, de partir, si lo hubieras hecho, antes, de sufrir..."

También son recuerdos de carretera. De carreteras interminables sin final, con paisajes que se repetían hasta hacerme perder el interés, hasta preferir quedarme dormida sobre las piernas de alguien, después de llorar por ser regañada, o llorar de aburrimiento, o llorar de calor o por algún calambre. Lo peor de mis viajes infantiles tienen de fondo musical a un órgano tocado sin genio, con notas básicas que acompañan letras todavía más simples como "ya la luna está muy triste", o peor aún: "triángulo, triángulo, triángulo", una de las canciones que más absurdas me parecían. 

Pero sobretodo, esas canciones que hablan de debúts y despedidas, de palabras tristes y de corazones de roca, cantadas con voces feas y sin gran aporte musical, me saben a paredes tapizadas de madera. Porque así era la oficina de mi papá, al más puro estilo setentero, con pesados lockers de archivos y escritorios de metal. Sillones de piel que se me pegaban en las piernas. Son canciones, además, que traen a Esperanza de vuelta. No una esperanza, sino a Esperanza, la secretaria de mi papá, una muchacha bonita y amable, que se portaba muy bien conmigo. Me traía refresco (Orange Crush o Sangría) y cacahuates. Me sonreía mucho, como si la bonita fuera yo y no ella. A mi mamá también le caía muy bien. Nos dolió mucho que muriera, tan joven. No tenía más de 20 o 22 años, con mi papá llegó de diecisiete, directo de su pueblo. Los compadres de mi papá, los señores Águila, eran sus padrinos, y la trajeron del pueblo para que trabajara, se la recomendaron -intencionadamente- a mi papá y él la puso como su secretaria. 

Pero Esperanza no era cualquier chica pueblerina, era educada y con clase, hija de una familia venida a menos pero de educación muy rígida. No volvió a su pueblo ni a ver a sus papás. Se hizo amante de mi papá y se dedicó a pulirlo. Mi mamá sabía de los chismes, por supuesto, pero, todavía más inocente que la chica pueblerina, no los creyó. Todavía lo dice con incredulidad: "¿Cómo iba yo a creer que una muchachita tan bonita se iba a fijar en un viejo?"

Pero no sólo se fijó en él o en su dinero, como todos la acusaban, sino que se enamoró de él. Y él de ella. No sólo era su amante sino la mujer que lo inspiraba para ser más ambicioso y profesional. Lo enseñó a vestir y le enseñó modales, lo convenció de teñirse el pelo y hacerse la manicura en las uñas de manos toscas, manos de obrero que ascendió de operar maquinaria para hacer carreteras, a representante sindical, luego a líder de asociaciones, y luego a secretario de finanzas de la nueva federación que agrupó a todos los sindicatos de trabajadores del estado, con un liderazgo y una base popular tan fuerte que incluso se pudo postular para diputado. Pudo, pero no lo hizo. Negoció con el poder y cedió su fuerza al sistema, que lo traicionó. Nunca se lo perdonaron, ni él ni sus bases. Pero en ese tiempo no se sabía como iban a terminar las cosas y ella era, justamente, su esperanza y su fuerza.

Más adulta que él, ella lo preparaba para la guerra. A diferencia de mi mamá, que se conformó con ser dueña de su casa, Esperanza se adueñó de su hombre y de su causa, con un instinto asombroso. Formaban un equipo sólido y avasallador. Todos la reconocían como la artífice de ese personaje de voz grave y opinión férrea. Mi padre lo dijo después: "sin ella no hubiera llegado tan lejos, ella me impulsaba". Extrañamente, ella seguía quedándose detrás de él, no parecía aspirar a más, más que a ayudarlo al triunfo.

Pero Esperanza murió de un cáncer fulminante. Y mi mamá y yo lloramos su muerte, sin creerla. Sin saber lo que realmente había sido. No sé cómo mi papá siguió viviendo pero quizá no es coincidencia que poco tiempo después cayó en una trampa y en una crisis laboral, enseguida en una debacle económica de la que ya no se levantó nunca.

Un día me contó de Esperanza, cuando ya me creyó lo suficientemente adulta, contándome de cómo le escogía las corbatas y le enseñaba a anudarlas, a combinarlas. "Tu madre es una gran mujer, pero ni yo supe darle su lugar ni ella sabía cómo darme el mío", dijo, a manera de disculpa.

A eso me saben esas canciones de los grupos románticos de los setentas, a amores clandestinos, a amores a destiempo, a amores inconclusos pero eternos. Ahora ya no me parecen tan malas ni tan insoportables. La verdad, ahora ya hasta me gustan, incluso la de Los Baby´s, tan absurdas (¿que es eso de: "Para mí tú eres negra ya..."?), aún las de Los Terrícolas, con su humor involuntario ("¡Oh, carta de Néstor, ¿qué me dirá?") y me descubro cantando cosas como: "¡No!... ya no quiero nada, nada de este amor, que me diste túuu".

lunes, 27 de enero de 2014

Autodefensas... y Autojustificaciones

Imagen de los grupos de apoyo a las autodefensas "Valor por Michoacán"


La situación en Michoacán, que se empieza a expandir a otros estados como Guerrero, Puebla y Tabasco, es tema obligado en casi todas las sobremesas, conversaciones y foros de debates, tanto físicos como virtuales. Todo México tiene una opinión y todos comparten algún enlace. Lamentablemente, pese a esta aparente proliferación de información, muy pocos están bien informados. Y es que no hay forma de acceder a una información no manipulada, filtrada, tasajeada y alterada. Así que casi todas esas opiniones y fuentes que se comparten, están basadas en especulaciones, verdades a medias y mentiras.

En un inicio hasta algunos de los analistas políticos que intentan ser más objetivos se inclinaron a afirmar que entre los grupos armados de la zona de Tierra Caliente en Michoacán y el gobierno mexicano había una relación estratégica (incluyendo a Sergio Aguayo y Raymundo Riva Palacio), para delegar en ellos la difícil tarea de contener al cártel de Los Caballeros Templarios, a quienes ya no se puede definir sólo como narcotraficantes, pues han diversificado sus operaciones a la trata de blancas, secuestro, extorsión y contrabando, entre otras actividades ilícitas. Al mismo tiempo son varias las voces y plumas que sobreponen el origen de clase de las autodefensas (que no sean lo suficientemente indígenas o proletarios), que critican su falta de proyecto político o su falta de legalidad (se admita o no su legitimidad), sin cuidarse demasiado de identificarlos como grupos paramilitares o compararlos con los que hubo en países como Colombia (aquí un buen artículo para no caer en el error de hacerlo). 

Junto a este análisis que no puede evitar ser tendencioso, está la descarada ofensiva de los medios plenamente identificados como instrumentos del gobierno, para estigmatizar al Consejo de Autodefensa ante la opinión pública más dócil, al grado de llegar a la manipulación de un video con uno de los principales portavoces de la Autodefensa, el Dr. José Manuel Mireles, editándolo para que su mensaje fuera un llamado a deponer las armas (transmitido por Televisa). Video que fue desmentido inmediatamente en redes sociales con la versión sin editar, en el que se aprecia claramente que se desvirtuó su mensaje original.

Y sumado a todo esto, está la opinión pública, a veces tan cínica o tan indiferente, que compra los argumentos descalificativos sin detenerse a hacer un ejercicio de pensamiento crítico, y que compra, también, el miedo que nos venden. Lo cual no es sencillo de evitar. Que violencia llama a más violencia no es un argumento menor, que la violencia no es la solución, no es una mentira. Pero la violencia ya estaba, sólo es que ahora son también las víctimas las que deciden un cómo y un cuándo.


La sociedad civil va a tener un rol importante en ese derrotero, ya sea por las acciones que tome, como por las que deje de hacer. Pero esa sociedad civil debe saber que este es un buen momento para actuar a favor de la gente que, valientemente, se enfrenta a las organizaciones criminales, tanto las ilegales como las institucionales. 

Porque nadie se sorprende ya cuando alguien dice que el narco está aliado al gobierno. Es uno de esos secretos a voces. Las acciones en la región de Tierra Caliente parecen confirmar lo que podrían parecer rumores, pues saber del ejército desarmando a las autodefensas y no a los narcotraficantes, y permitiendo que estos incendiaran la biblioteca y el palacio municipal, así como los negocios que desobedecían la orden que los Templarios daban de que se mantuvieron cerrados, dejan poco margen de duda.

Hay qué decir que las autodefensas han mostrado una organización estratégica muy eficaz, que contrasta con el barbarismo primario de las organizaciones criminales. En las últimas dos semanas han avanzado ocupando y rescatando territorios que estaban en manos de los narcotraficantes, también tiene una estrategia mediática que sí está golpeando la imagen del gobierno y del ejército: videos y testimoniales que desnudan el mal manejo. Las redes sociales juegan aquí un papel trascendente, filtrar y diseminar la información es su tarea, la virtualidad su trinchera. Esa puede ser la contribución a un movimiento que sí está haciendo trastabillar al sistema, porque aunque es cierto que mandar a la guerra desde nuestro escritorio o el iPad, no sólo es cómodo sino también irresponsable, lo es  más descalificar las autodefensas desde la misma comodidad cobarde, sin entender que son personas que lo están arriesgando todo, porque en realidad no les han dejado nada. 

Identificar que esta es más que una oportunidad, una responsabilidad, y que antes de retuitear que las autodefensas son tan peligrosas como los grupos paramilitares, o que sirven al gobierno o a otros cárteles, o que los financían desde China, habría que reflexionar si no se contribuye a desligitimizar una iniciativa que, si bien no es ideal, sí es la más importante y efectiva que se está llevando a cabo contra una ausencia de estado, que ha permitido gobiernos totalitarios en cada región tomada por la delincuencia organizada.

La Sociedad Civil ha actuado otras veces con gran efectividad, siendo un agente de cambio hacia la pacificación, la negociación y la acción inmediata, como fue tras el surgimiento del EZLN, la tragedia del sismo de 1985 o la manifestación de inconformidad por el turbio manejo de las elecciones en el 2006. Desde el 1º de septiembre también se ha manifestado contra un gobierno en contra de la ciudadanía (tanto a nivel nacional como distrital), desde antes, incluso, se manifestó contra un candidato que representaba un retroceso, siendo la mayor de estas manifestaciones el Movimiento Yo Soy 132.

Esta participación ciudadana, que se tarda a veces en responder, que cuando a veces lo hace resulta demasiado prudente, y que se repliega muy fácilmente en ocasiones, hoy necesita saltar con mayor decisión y firmeza, porque puede haber una oportunidad de encontrar la fisura de un sistema que no está preparado para responder a los cuestionamientos y a la protesta bien organizada. La represión agudizada en el último año y dos meses, puede actuar ahora en contra de ese lado represor. Porque la inconformidad está sembrada, la injusticia desnuda y la provocación señalada.

Actuar no es sólo tomar las armas, sino tomar una postura. Iniciativas hay, esta también es una de ellas: Convocatoria para un Congreso Popular. Y las más fáciles, las que podemos hacer dando un click, es desarrollar un filtro que nos depure información falaz, y nos permita formar un criterio, dentro de lo más posible, sustentado.

ACTUALIZACIÓN:

Este día la noticia de que las autodefensas de Michoacán llegan a un acuerdo con el gobierno para legalizarse se propagó desde la tarde, por supuesto, la incertidumbre acompañó al anuncio, junto a las críticas y descalificaciones hacia las autodefensas, quienes dan este comunicado. Al igual que en su momento pasó con los zapatistas, tenemos que decir que cualquier mala negociación es mejor que una buena guerra... aunque la experiencia nos dice que siempre hay una trampa detrás de algo así, además de la posibilidad que se abre de que ahora sí se conviertan en grupos paramilitares. Pero la recomendación sigue vigente, ahora más necesaria todavía: desarrollemos un filtro que nos depure información falaz, y nos permita formar un criterio lo más sustentado posible, porque otra posibilidad es que esta sea la forma que se encontró para nulificar el impacto de las autodefensas, cuyo ejemplo empezaba a seguirse en otros estados, así se les contiene, se les resta credibilidad y apoyo social, controlándolas desde su interior. ¿Podemos juzgar a quien elige una vía más pacífica, una tregua para no dormir entre el temor y el riesgo de muerte? Yo creo que no.

miércoles, 1 de enero de 2014

5 Años Ya

Esta soy yo, hace unas horas,
señalando el momento de iniciar el festejo.

Es el cumpleaños de este blogcito, que dejó ya de ser un bebé... de hecho, tal vez los años-blog son como los años-perro y es un blog adulto casi pasándose de maduro.

Debe ser porque ya casi huele a podrido -je-.

Este blog casi cadáver, que muere lento de inanición y desatención, sigue sin estirar del todo la pata. La verdad no quiero cerrarlo ni abandonarlo, siempre está en mi mente escribir algo aquí, pero soy pésima organizándome y fuera del blog laboral ya no sé hacer nada más (bueno, también manejo sus redes sociales y la comunicación oficial, que es mucha, además de corregir entuertos ajenos, lo cual lleva casi la mitad del tiempo que le dedico a la chamba). 

Justo cuando El Fanzín iba bien encarrerado se me cumplió el deseo de que me pagaran por bloguear, pero se me olvidó especificar que se me pagara por bloguear aquí. Je. Ironías de la vida. Tengo un trabajo que me permite muchas cosas, pero no saberme organizar hace que me dificulte las que más me gustan.

Me hace falta este blog, me hace falta el intercambio de ideas que me trae, la retroalimentación, la complicidad. También me hace falta la malbicho, tanto que la llevo conmigo siempre en las redes sociales, provocando confusión con los que sí me conocen con el nick de la vida no virtual, y que no me reconocen con esta máscara de metálica tristeza (¿o es amargura?).

Pasé la cena más feliz ayer, conviví casi con toda mi familia, en una cena intimista e interiorista. Después de recibir en casa toda una multitud en Navidad (y sentirme bendecida por ello), celebrar en mi núcleo fue hermoso. Y me sentí mayormente bendecida.

Y hoy esta celebración del blog también la quiero íntima. Sé que son pocos los que vendrán. También sé que son los menos ruidosos, que el tiempo de pachanga se quedó en los primeros años. Me toca recuperar lectores, conquistarlos nuevamente, pero de alguna manera ya tampoco quiero apapacharlos y comprarlos como antes, con mimos y regalos, con tal de conservarlos. Tampoco me es prioritario conseguir que llenen de comentarios mis entradas, con unos cuantos comentarios significativos me complazco.

Los tiempos cambian y yo también, ahora valoro más esos lectores silentes, que salen sólo cuando la entrada realmente les provoca, o que sólo comparten, haciendo eco. O los que se llevan la conversación a otra parte. Es en redes donde ahora la encuentro más seguido.

Pero, claro. La conversación aquí es lo que más me alimenta. Así que si dejan un comentario, tengan por seguro que me hacen la más feliz y satisfecha. Sólo que ya no me preocupa como antes, hace un par de años, cuando el no ver conversaciones prolíficas me hizo pensar incluso en dejar el blog.

Pasa, también, que este blog, en este año, se volvió más introspectivo. Se me volvió un blog personal. Era (es) mi necesidad. Desahogarme un poco. Levantarme un poco. 

Y si me permiten, quiero festejar este año continúandolo así, contándoles un poco de mí. Quizá les guste conocer un poco más a la mujer detrás de la máscara herida, aunque se parezca menos a la malbicho que pensaron:

Tengo un duelo interno que no ha concluido. Mi historia no es común, ni sencilla de explicar (no voy a poder hacerlo aquí, con todas sus aristas). Pero me tocó vivir un amor interrumpido, inconcluso. Y la búsqueda de ese cierre se llevó casi veinte años. En este año que concluyó me enteré que el objeto de ese amor había muerto, que llevaba muerto todo este tiempo que pensé era un abandono. Y que no dejó de amarme, como yo creí (como sufrí todo este tiempo).

Yo tampoco dejé de amarlo nunca, pero cargaba ese amor como un lastre, como una culpa. Una traición a mí misma. ¿Cómo seguía amando a quien se olvidó de mí? ¿Cómo podía ser tan incapaz de dejar de hacerlo, pese al tiempo cayendo sobre mis espaldas, aumentando el peso de esa carga?

Descubrirme no abandonada, no olvidada, no víctima del desamor, me alivió un poco, sólo para entristecerme por la serie de circunstancias que nos impidieron estar juntos. Fue tan injusto. Y tan fuera de tiempo. Esta historia de Romeo y Julieta no venía en mi agenda, no compré un boleto para ella. Yo no quería vivir una telenovela, desempeñar ese rol tampoco me vino bien. Menos cuando, por fin, parecía que recuperaba algo de esa alegría por vivir que se fue por tantos años.

La mente es extraña, juega con uno. Las reacciones nunca son lógicas y uno se tarda demasiado en entender. Me invadió la culpa. La culpa de seguir viva, sin él. De haber logrado seguir viviendo sin él. De haber tenido que exorcizar su nombre de mis labios para poder sobrevivir. Ahora sentía que mi traición era hacia él.

Y me quise morir de nuevo. Porque ya había sucedido un rechazo por la vida al no poder vivirla a su lado. Pero el sufrimiento no estaba ya, y así esta sensación fue temporal.

Lo malo que coincidió con algo realmente perturbador. Me enteré (y aquí abro un paréntesis para disculparme por no podérselos contar) de un crimen escalofriante contra la humanidad, contra nuestro país, y contra nuestra historia. Pero sobretodo contra nuestra gente. Esto vino acompañado de una conciencia cabal de cómo funciona el sistema, y cómo nada de lo que hagamos va a lograr que lo transformemos. El poder que tienen sobre nosotros es inmenso. Inconmesurable. Y ninguno de nuestros esfuerzos es suficiente.

Lo que está debajo de nosotros, sobre lo que estamos parados, es un basurero. Y un cementerio. 

Nada logrará resarcir el daño, ni siquiera paliarlo un poco. Aunque nos toca seguir resistiendo, pero sólo para conseguir no perder nuestra propia humanidad. Eso es lo único que podremos rescatar. Nuestra dignidad (hoy, por cierto, también es aniversario de la salida a escena del EZLN, otro esfuerzo por la justicia y la dignidad, y sabemos que han logrado muy poco y a la vez han logrado mucho, ejemplo de lo poco y lo mucho que se logra contra este sistema que nos tiene maniatados, vendados y amordazados).

Pero luchar sin esperanza, con la única conciencia de que tu lucha es personal, para rescatarte a ti pretendiendo que estás ayudando a otros, es difícil.

También supe que eso fue lo que lo mató a él. Porque vivir egoístamente es el único camino que queda, y algunos no estamos preparados para eso. La desesperanza es aniquilante, fulminante.
Puede parecer estúpido o ingenuo lo que estoy diciendo, pero créanme que es así: algunos sentimos que tenemos una misión, una responsabilidad con los demás, con lo que recibimos, y cuando te quitan eso te quitan todo. 

Porque el egoísmo, el individualismo, es justo lo que nos ha llevado hasta aquí, a como son las cosas ahora, a este mundo de mierda, a esta realidad de injusticia. Volverte uno de ellos no es una opción que se tenía contemplada. Resignarte a serlo es algo que va contra la naturaleza de quienes buscamos formar un mundo mejor. Seguir luchando se vuelve un sinsentido. Porque ahora sabemos que la lucha (por más solidaria que sea) es sólo por uno mismo, y que eso nos vuelve, necesariamente, egoístas. 

Cómo seguir, después de saberlo.

Pues así: admitiéndolo, conformándote con sólo luchar por paliativos pequeños, pegando tiritas de cinta adhesiva en las grietas de las casas que amenazan derrumbarse, apagando incendios con gotas de lluvia recolectada en conos de papel. 

Tratando de que la culpa te deje dormir... y sintiéndote culpable cuando por fin logras hacerlo.

Vivir, vivir, vivir... es apenas un sueño. Sobrevivir es lo que nos toca. Supervivir lo que hacemos. Tomar conciencia de esto es llorar la vida. extrañarla, reclamarla... anhelarla, abrazarla, desnudarla como a una amante perdida... porque la vida es eso que se pasa cuando intentas asirte a ella y no te queda más que correr detrás para no perderla mientras el viento te la desdibuja.

Aferrarte a la vida, y celebrarla. Otro sinsentido de cuando te sabes muerto.

Feliz inicio de año. Gocen, es el consejo. Ustedes que pueden, que todavía pueden. Yo también lo hago en cada oportunidad. No nos queda más que celebrar la vida que se nos va.


Adendum: y nada mejor que celebrar con música, y para iniciar el Año Nuevo, nuestra tradición de brindar al ritmo de La Traviata, y aplaudir con la Marcha Radetzky del tradicional Concierto de Año Nuevo en Viena:


viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela


"Reconciliar las aspiraciones de los negros con los temores de los blancos".
Nelson Mandela, después de salir de la cárcel tras 27 años, respondiendo a la pregunta "¿cuál será su fórmula?.


Si no me hubiera gustado tanto el rock en la adolescencia, a los quince años no me hubiera enterado de que Pat Benatar, U2, Peter Gabriel, Bob Dylan, Lou Reed, Bob Geldof y otros de mis músicos favoritos participaban en un grupo musical en contra del apartheid en Sudáfrica. Pero afortunadamente era una enajenadita que oía, comía y respiraba rock, y me bebí toda la información que pude sobre ese grupo formado por varios artistas afamados, reunidos bajo el nombre Artists United Against Apartheid. para cantar Sun City, en un esfuerzo parecido pero a la vez, muy distinto de We are the world, pues esta vez se pedía libertad, no caridad, crear conciencia, no chantajes. Así supe de Nelson Mandela. Y su lucha y su ideología se volvieron un referente para mí. Me asomé a la madurez siguiendo su labor democratizadora. Era la segunda mitad de los ochentas, la democracia parecía ganar batallas importantes: Berlín dejaba caer el muro, la Perestroika empujaba a una apertura en el régimen socialista, Solidaridad daba esperanzas de un cambio democrático en Polonia y se votaba en contra de Pinochet en Chile.




Nelson Mandela y Lech Walesa eran los nombres emblemáticos que se relacionaban a la libertad y la democracia, a derechos humanos y a la cultura del disenso. Exigir su libertad era parte de ese compromiso social que se gestaba en mi incipiente consciencia. Entre canciones de Silvio Rodríguez y consignas contra las autoridades, mi interés por Mandela se había ido cimentando,  Siempre lo admiré más que a todos, era un héroe contemporáneo. Cuando salió de la cárcel y no persiguió la venganza, sino todo lo contrario, fomentó la reconciliación entre una sociedad dividida por el apartheid, y refundó un país destrozado por la confrontación racial, quedé todavía más imantada por su personalidad. No se aferró al poder, no se aferró a la revancha, pero tampoco abandonó la memoria, no fue una amnistía, buscó se recordara la infamia y se honrara a las víctimas. Luego se dedicó a luchar contra el SIDA, a favor de los niños, a favor de la democracia que sembró. Y cada vez, la admiración por él crecía. Las ganas de ser, un poco, como él.



No podía vivir por siempre, noventa y cinco años ya fueron bastante regalo a la humanidad... pero deja un hueco tan grande que es difícil hallar contentamiento. ¿Cuándo surgirá otro como él?

Les dejo un enlace una entrevista con su biógrafo, John Carlin, en un artículo que se titula "El Nelson Mandela que yo recuerdo", donde lo describe generoso, lúcido, grandioso... "el más grandioso que haya jamás conocido". Me hubiera gustado usar ese título: "El Mandela que yo recuerdo... el que nunca olvidaré".

viernes, 4 de octubre de 2013

Televisión: Ver o No Ver... ¿Esa es la Cuestión?


Preámbulo 1:

Había una vez un niño al que su mamá no le dejaba pedir calaverita disfrazado en el Día de Muertos.

Ella estaba en contra de la penetración cultural estadounidense, le preocupaba el olvido de nuestras tradiciones, la enajenación mediática, la docilidad con que se adoptaban costumbres ajenas a nuestra idiosincracia, las prácticas que atentaban contra nuestra cultura... pero a su hijo no lo convenció, no lo concientizó, no lo sedujo a secundarla en su lucha contra la imposición cultural, sólo le prohibió hacer lo que ella no aprobaba.

Érase una vez una madre represora.

Preámbulo 2:

A mí la vanidad y la megalomanía me pierden, me inmovilizan: quiero hacer cosas tan grandes que al final no hago nada, esas tareas y proyectos titánicos requieren tanto tiempo y planeación que nunca encuentro el momento para empezarlos. Uno de esos ambiciosos proyectos es un dossier sobre la televisión para este blog, tengo ganas (y necesidad) de hablar de la televisión cultural, de la televisión basura, de la demonización hacia la injustamente llamada "caja idiota", de la culpa que los televidentes y los no televidentes tenemos de que está tan desaprovechado un medio tan eficaz. Por eso hoy vengo a vomitar esta entrada, porque le traigo tantas ganas como Jorge Negrete a ese durazno que se ha de comer desde la raiz hasta el hueso (no me corrijan el error de acentuación, así se canta esa rola... sí niños: es una rola, y sí, niños: Jorge Negrete es un cantante, yo sé que para ustedes la arqueología musical data de Eminem para acá, pero en realidad es más antigua, y resulta que antes se cantaba de a deveras, no era sólo cosa de rap y sampleos).

Preámbulo 3:

Laura Bozzo va a municipios de Guerrero a hacer su programa, periodistas denuncian el uso del erario público para sus fines televisivos, lucrando con la tragedia de los damnificados del huracán Manuel, ella se defiende agrediendo, especialmente a Carmen Aristegui, considerada la periodista más respetada de este país. El público en redes sociales se manifiesta contra la experuana. El reclamo impositivo no tarda en aparecer: ¡No vean televisión!



Ahora sí:

Debería ser otro preámbulo pero ya no quise cansarlos, más resulta que llevo un par de semanas escribiendo, pero sobretodo, pensando, que este es uno de los mejores momentos en la televisión, en cuanto a contenidos de calidad. Llevo más de cuarenta años mirándola con detenimiento amoroso, así que concédanme algo de crédito si les cuento un pequeño secreto: la televisión no es Laura Bozzo.

La televisión no es Televisa, tampoco. Y la opción a ella no es unicamente TV Azteca. La televisión tampoco es Mad Men, Breaking Bad, Game of Thrones, Los Soprano, y todas esas estupendas series que desde Twin Peaks han venido apareciendo, sumando calidad en guiones, dirección y actuaciones. La televisión no empieza y acaba con los noticieros de López Dóriga, Alatorre y Carlos Marín, ni con la sonrisa idiota de las conductoras de revistas matutinas. Con el ceño adusto de las repeticiones de Doctor House o el gesto cínico de Charlie Sheen. No es Big Brother ni La Dichosa Palabra. Ni las recetas de Chepina Peralta o Gordon Ramsey. Va más allá de todo eso.

Va más allá de los esfuerzos setenteros de Miguel Sabido de alfabetizar a la población rural o de concientizar sobre la planificación familiar por medio de telenovelas, que, por cierto, tuvieron éxito: más de dos millones de personas se inscribieron a los programas de educación para adultos después de que la protagonista de Ven conmigo lo hiciera, y más personas se acercaron a los centros de control natal tras ver Acompáñame. Y es que debemos decirlo sin tapujos: Silvia Derbéz hizo más por la educación mexicana que los secretarios de educación de los últimos tres gobiernos. Y Miguel Sabido no inició ni paró ahí su proyecto de "entretenimiento social", antes con los televiteatros (puestas en escena de obras de teatro clásico, grabadas para transmitirse por televisión) y luego con la transformación del Canal 9 en un canal cultural, pugnó por un equilibrio en la programación televisiva, con contenidos de identidad cultural y de entretenimiento. Sin embargo, así narran testigos la conversación entre el productor y el dueño de Televisa, con que se dio muerte a su quijotesca idea hace justos 23 añitos:

El Tigre Azcárraga -Bueno Miguel, ya se acabó tu canal pendejo.
Miguel Sabido -Ni es pendejo ni es mío, pero y ahora, ¿qué vamos a hacer?
-¿Con qué?
-Con el compromiso social de la televisión.
-No sé... a mí me vale.

Azcárraga, sabemos, dijo:

“México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil... Nuestro mercado en este país es muy claro: la clase media popular. La clase exquisita, muy respetable, puede leer libros o Proceso para ver qué dicen de Televisa… Estos pueden hacer muchas cosas que los diviertan, pero la clase modesta, que es una clase fabulosa y digna, no tiene otra manera de vivir o de tener acceso a la distracción más que la televisión".

Una persona aprendió muy bien esta lección: Ricardo Salinas Pliego, y en cuanto agarró una televisora la puso en práctica hasta en los comerciales, superando a su maestro. Pero tristemente, también tomaron nota y memorizaron cada palabra, aprendiéndola mejor que nadie, precisamente los de esa clase que Azcárraga categorizó de "exquisita", los que se autodesmarcan de esa clase media popular "jodida, que no va a salir de jodida".

Los "exquisitos" fueron los más convencidos de que la televisión en este país no es para ellos, no les incumbe y no les interesa lo que se hace en ella. Voluntariamente se marginan y se excluyen.

Y como pasa en otros crímenes, culpan a las víctimas. Desde su púlpito del buen gusto y de la "exquisitez" cultural, señalan con dedo flamígero a los que se estimulan mentalmente de la llamada -por ellos- caja idiota.

El "ya no vean televisión" es el "no te vistas así si no quieres que te violen" del derecho que tiene la audiencia a contenidos dignos.



Pareciera que es antinatural ver calidad en televisión, han comprado por completo la idea de que las televisoras tienen derecho a ofrecer una programación de baja calidad y mal gusto, y de que los televidentes no tienen derecho a elegir. También desprecian, sistematicamente, los denodados esfuerzos de otras televisoras o de los pocos productores que insisten en ofrecer originalidad y calidad. Porque aunque no abunden ni sean la regla, sí hay programas de calidad en la televisión mexicana, incluso en televisión abierta. Incluso en Televisa.

Para muestra, un botón... más bien, una pequeña cápsula: Imaginantes, breviario cultural que Televisa pasaba entre uno y otro melodrama.

Pero, incluso, algunos telemelodramas no son tan malos. Café con aroma de mujer, El clon y Mirada de Mujer son algunos ejemplos de buenas historias, bien actuadas y bien dirigidas. Pero hay más: Diálogos en confianza es un talk-show informativo y orientador, en el que prejuicios y tabúes son discutidos desde hace casi dos décadas, junto a información útil y necesaria de temas de interés general, desde un análisis plural.

La programación infantil del Canal Once ha recibido premios en varios años, al igual que la de Canal 22 y TV UNAM, con su oferta tan diversa y tan interesante. La televisión por cable y por satélite amplian bastante la oferta, diversificando las temáticas y los tratamientos. Incluso el pretencioso Canal 40, en su acción de taparle el ojo al macho de que TV Azteca puede tener un aspecto cultural, también ofrece una que otra opción interesante (que no es, ni por asomo, el espacio que le da a Alazraki, no me jodan). Como comentábamos antes, hasta Televisa tuvo alguna vez un canal cultural, y no era tan malo, créanme, el mérito no era de ninguno de los Azcárragas sino, como ya contamos, del dramaturgo y productor teatral Miguel Sabido.

Pero ninguno de estos esfuerzos valen para "los exquisitos", para los profundos que se sienten más allá del más allá, y desprecian sistemáticamente todo lo que pueda salir de la "caja idiota" (fue Frank Zappa quien la llamó así, por cierto). Ninguno se siente tampoco con la responsabilidad de que el contenido que transmite la televisión mejore, ni como creador ni como público. Vaya, ni como analista.

Cuando alguien emite una crítica racional sobre su contenido, el reclamo de "los exquisitos" es: "¿Para qué ves televisión?". Demandan que no pierdas tu tiempo viendo esa bazofia, que eres muy ingenuo exigiendo contenido de calidad, o, en el más alto ejercicio racional que pueden dedicarle, te sugieren con tono imperativo (te ordenan, pues): "Si no te gusta no lo veas. Cámbiale".

¿Por qué ese argumento es tan deficiente? Porque el análisis del contenido televisivo debiera ser forzoso, al igual que cualquier contenido de otro medio masivo de comunicación, tanto por el especialista como por el público. Porque además no hay suficientes opciones que permitan una verdadera elección. No sólo porque hay comunidades en el que sólo llega la señal de un canal (y son comunidades en donde no sólo no hay otra opción de divertimento e información, tampoco hay bibliotecas ni librerías ni cibercafés), sino porque el control de la información también es manejado por los grupos en el poder, propagando, difundiendo y preservando un condicionamiento social que propicia una manipulación mediática y un control de pensamiento. Porque además los televidentes (todos) tenemos el derecho de una programación que no sea ofensiva, falaz o de ínfima calidad.

Mi tele de marciano. Desde los 70´s contribuyendo con mi estupidización.

Ningún "exquisito" sugiere (con tono de orden o prohibición) que se deje de leer, sólo porque existen los cursis títulos de autoayuda y superación personal, que tanto ayudan al control de pensamiento.  Ni prohiben la poesía por las insulsas letras de Ruy Sánchez, que tanto favorecen al mal gusto literario (Ruy Sánchez es a la poesía lo que Maná al rock, pero de eso ningún "exquisito" se queja, al contrario, ahí están dando retweet a sus frasecitas simplonas). Curiosamente cuando surgió la publicación masiva de libros gracias a la imprenta, sus detractores dijeron que abstraerían a la gente de sus responsabilidades, lo que afectaría a la producción económica. El mismo Sócrates no quiso poner sus pensamientos en un libro, pues dijo que la gente tomaría por una verdad absoluta lo que vería escrito (argumento que se usa contra la televisión, diciendo que la gente acepta como una verdad la imagen que ve en ella).

Nadie dice "Apaga la compu y prende tu mente", pese a que los blogs más populares son herederos digitales de la célebre Página 3 del extinto diario Ovaciones, es decir, espacios dedicadas a mostrar imágenes de mujeres sin ropa, en poses sugestivas, y reducidas a meros objetos sexuales. Y los diarios digitales basan mucha de su información en rumores... o peor aún, en una "línea" marcada por intereses de grupos de poder, favoreciendo la manipulación medíática. La expresión pública en Internet se describe, mayoritariamente, en tres palabras: intolerancia, sexismo y vulgaridad. Cualquier sección de comentarios de cualquier diario digital es ejemplo de eso. Pero nadie levanta la voz para prohibir la navegación en la red, aludiendo al buen gusto y a la calidad informativa.

(Y de qué sirve no prender la televisión para no ver a López Dóriga y a Loret de Mola, si los usuarios en la red eligen informarse a través de El pulso de la República y SDP Noticias.)

A "los exquisitos" se les olvida que la televisión sólo es tecnología, es neutra y sin ningún fin, tal cual lo es la radio, la imprenta o la Internet, y que el uso que se le da depende de quienes poseen sus concesiones, lo cual puede ser regulado de manera diferente a como es en la actualidad. Es nuestra responsabilidad, como público, e incluso, como creadores, exigir y fomentar mejores contenidos, y especialmente, opciones. Porque los que tenemos opciones lo sabemos: elegimos algo más. 

Breaking Bad terminó este anterior fin de semana, rompiendo algunos récords de audiencia y descargas, recibiendo, además, la calificación máxima de parte del público. Yo hablaría de cómo su trama contribuye a esa narcocultura que tanto estimula la descomposición social (aquí ya hablamos de eso... imagino cuanto narquito defenderá territorialmente su esquina diciendo: "Yo soy el danger, carnal... si alguien toca a la puerta soy yo", basta ver cuánto tuitero seudorudo cambió su ávatar de Dr. House por el de Heisenberg con todo y sombrerito), pero no niego que fue una serie realmente bien hecha, adictiva y memorable. Pero en su inicio esta serie no fue tan exitosa, hubo un factor que la hizo remontar su rating salvándola de salir del aire: Netflix



El servicio de streaming permite ver programas y películas de anterior exhibición en cine o televisión, y en el caso de algunas series como Breaking Bad, Mad Men y Arrested Development, la calidad de guión, actuaciones y producción marcan la diferencia entre captar o no a un público fiel, que buscará seguir los nuevos episodios. En el caso de las primeras dos series resultó en éxitos de audiencia, y por ende, de publicidad y ventas de espacio televisivo, en el tercer caso, devolvió vida a una serie que se ganó a la crítica pero no al público masivo, sin embargo, hubo otro público que la elevó a nivel de serie de culto, y que justificó la producción de una nueva temporada, con la novedad de exhibirse en un nuevo formato televisivo: todos los capítulos de la serie al aire desde el primer día.

Mi favorita

Orange is the new black y House of Cards fueron las siguientes series de producción original en Netflix, y la última consiguió incluso nominaciones al Premio Emmy, siendo la primera producción para Internet en ser nominada, y compitiendo con las de exhibición normal. Esta innovación en los formatos televisivos promete revolucionar el negocio de la industria televisiva, tal como ya lo hizo, en la década pasada, el reality show (y quien cree que la televisión de realidad es sólo Big  Brother, necesita actualizarse). Es una nueva forma de ver televisión, que otorga más poder y control al televidente. 

Pero es la calidad del contenido la que hace la diferencia. Y las opciones las que empoderan al espectador. Y es calidad de contenido y opciones televisivas lo que deberíamos estar exigiendo. No la anulación de un medio.

Tampoco deberíamos sentirnos con una superioridad intelectual que nos permite tratar como menores de edad a los que no tienen nuestros gustos o nuestra instrucción académica o nuestros recursos. "Ponte a leer" es la orden que nuestra soberbia nos hace gritarle al que se distrae frente a la televisión, como si realmente tuviéramos derecho a imponerle una forma de ocio o divertimento. ¿Y si se pone a leer a Paulo Coelho o a Jordi Rosado?, ¿qué diferencia hay en que se desvele viendo Pare de Sufrir o Miembros al aire?

Nos guste admitirlo o no, la televisión ofrece también un ejercicio intelectual, diferente al de la lectura, sí, pero es también un estimulante cognitivo y el televidente está epistémicamente activo. La televisión ejercita áreas cerebrales que la lectura no alcanza (y viceversa, claro está). Para un niño y para un adulto mayor el televisor es un agente de información y actividad cerebral que no debería ser desaprovechado, dadas las condiciones de dependencia que tienen con respecto a otras personas (un niño solo es difícil que salga a la biblioteca a elegir un libro acorde a su edad, y un adulto mayor incluso puede tener dificultades para visualizar el contenido de un libro o para escuchar la programación radial). Si se les apaga la tele también se les apaga una opción de discernimiento, no sólo de entretenimiento; se les cierra, también, una ventana al mundo, sobretodo al mundo actual, porque su inmediatez es una de sus grandes ventajas. Si no se es capaz de ofrecerles otras opciones de contenido o de respetar sus elecciones, también nosotros deberíamos exigirnos ejercicios de raciocinio y tolerancia para equilibrar nuestros prejuicios.



Esa postura de que todo entretenimiento es inane es tan errada como la de que sólo el contenido que aburre es cultural. Pensar que un cerebro que observa televisión está inerte, es también una demostración de desinformación, o incluso de ignorancia, ya la neurociencia ha demostrado qué áreas se estimulan. Y cualquiera que tenga niños sabe de la sorpresa de escucharles un vocabulario más amplio y un conocimiento nuevo cada día; manejar horarios y contenidos es tarea del adulto responsable, si hacemos nuestra tarea ellos harán la suya.

Escribo esto mientras espero noticias de cómo les fue con el boicot a Televisa, consecuencia del affaire Bozzo, que honestamente, creo fue muy benéfico para que se discutiera sobre la televisión, sus contenidos, su ética, sus monopolios, y especialmente, se manifestara fehacientemente el rechazo a las prácticas y a la programación de Televisa, tan nocivas y tan nefastas. Debe discutirse, debatirse y desmenuzarse la televisión mexicana y la oferta que nos llega de otros países, no ignorarse desde una lejanía arrogante.

Yo lo voy a decir abiertamente: amo la televisión tanto como amo los libros, el cine, la música; el arte y la cultura en general. Yo aprendo viendo televisión tanto como yendo a un museo, nunca he entendido como un medio tan eficaz puede ser tan vilipendiadio y tan permisivamente malaprovechado. No acepto que me digan: "No veas televisión". Es exactamente igual a que me dijeran: "no leas porque te evades de la realidad", "no veas periódicos porque dicen mentiras o verdades a medias, tienen 'línea', desinforman", "no oigas radio porque su programación musical es basura, de mal gusto", "no vayas al cine porque todo es ficción, te distrae de los problemas reales". No lo acepto, además, porque es desconfiar de mi criterio. 

Y no ofendo a nadie desconfiando del suyo, ni imponiéndole mis ideas (y mis prejuicios). Mejor procuro que tengan más opciones. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Entrada entremés (en lo que llega una verdadera entrada)

Me comprometí por Facebook a subir algo hoy mismo (aunque en realidad eso lo dije ayer, pues ya pasa de medianoche). Cuestiones de trabajo y ocio (este último muy sagrado para mí) no me dejaron. Soy una multitareas ahora (antes decíamos "milusos", pero bendita tecnología nos lo suple por un término que suena muy acá: multitasking), a mis anteriores labores de niñera de sobrinos abandonados por sus  madres desnaturalizadas, enfermera-cuidadora de mamibichas tercas y malcriadas, guisadora oficial de la casa, televidente de doble jornada y escritora de blogs abandonados (sobretodo por los lectores), se le suman labores de comiuniti manayer, socialmedia manayer y socialmedia estrateyist (todo por el sueldo de uno), aparte de componedora de platos rotos por toditos los demás, salvadora de hogares ajenos, coach life de vidas ajenas y lo suficientemente descompuestas como para que mis consejos sacados del horóscopo de Cosmopolitan sean útiles y valorados.

(Además tengo dos medios novios que me acosan de vez en cuando, con un poco de desgano y sin mucho entusiasmo... pero que ay´stán nomás enchinchando, estoicos y resignados a mis tiempos y malhumores)

En fin, que no tengo mucho chance, y cuando lo tengo, no tengo disciplina.

Quería escribir algo sobre la Independencia, pero mejor no, no puedo contar todo lo que sé y eso me frustra mucho, con este blog yo quería hacer algo de periodismo ciudadano pero las verdades que ahora sé no pueden ser publicadas así como así, pero de verdad he perdido algo de interés en defender este país y su historia, su cultura y su gente, todo es tan terriblemente injusto y doloroso, tan inútil y tan riesgoso, admiro a los verdaderos periodistas que respetan su profesión con el rigor y la valentía que se necesita, pero no me siento capaz de emularlos, y ya hasta casi disculpo a los que se venden y se traicionan a sí mismos porque ahora sé que el miedo discapacita y vence, nos vuelve egoístas y prudentes, demasiado prudentes...

...y también sé lo que se paga eso con falta de sueño y culpa, con vergüenza y autorreproche, con autoconmiseración... siento lástima de mí y siento una necesidad de disculparme, quizá por eso estas líneas, y quizá por eso todo este silencio.

Me duele México, me duele este país. Me duelen esas carpas en el Zócalo, esos pasos dando vueltas sobre sí mismos, en vano, exigiendo en vano justicia y paz, respeto, comprensión. Piden pan, no les dan. Piden solidaridad, no les dan. Piden queso, les dan hueso. Piden diálogo, les dan represión. Piden honestidad, les dan traición. Piden empatía, les dan desprecio. Y me siento con ellos a llorar.

No es verdad, no me siento con ellos. No voy con ellos porque yo no estoy de acuerdo con sus métodos. Desde hace muchos años no estoy de acuerdo con las marchas, las siento inútiles, dispersas, fáciles de manipular y tergiversar. Y desde el de Reforma estoy en franca contra de los bloqueos, me parece el método menos inteligente y justo, porque provoca un malestar y una daño colateral justo en las personas que el movimiento necesita atraer a su causa. Y menos aún estoy de acuerdo con el radicalismo, aunque sé lo difícil que es separarlo de la congruencia cuando uno adopta una causa. A mí me pasó.

Me tocó vivir desde un punto muy cercano e interno un movimiento radical tras los ataques de Aguas Blancas, hace casi veinte años. Y lo vi convertirse en una espiral de violencia que culminó en un movimiento armado. Con pérdidas humanas muy cercanas.

Pérdidas humanas inútiles, pues nada se logró solucionar... pero todavía seguía creyendo en la búsqueda de justicia, en el compromiso social. En la humanidad.

Ahora ya no. Ahora me toca ver de cerca la descomposición y la degradación de la naturaleza humana y de nuestra naturaleza social. Ya no me queda esperanza. Ya sólo me queda el miedo.

Miedo a estar a merced de ellos... y miedo a volverme uno de ellos.

Me duele cada llanto, cada quejido, cada mirada ausente. Cada silencio. Cada grito.

Me duelen los pies descalzos de la niña que ayer se acercó a pedirme una ayuda, extendiendo un rectángulo de papel que contaba su historia de injusticia. Un papel que sólo yo tomé, nadie más se interesó en entender qué la había llevado ahí, junto a su madre que parecía su hermana, de tan joven y menuda, pero que cargaba ya a otra niña en su rebozo y arrastraba a una más. Y yo sólo tenía un peso en la bolsa. Y la desesperanza de que la injusticia narrada en ese rectángulo de papel se resolviera.

Así cada paso. Cada historia de pobreza, de dolor y de injusticia me duelen. Me hacen sentir inútil y culpable. Casi cómplice. Porque no hago nada y porque no sé qué podría hacer.

Porque también la estupidez me duele. La mía y la de todos los demás. Toda esa estupidez mezclada con odio, con soberbia idiota. Con miedo. Con miedo al otro. Al diferente, al igual.. a ese igual del que se busca diferenciar.

jueves, 1 de agosto de 2013

El viaje y la poesía



Por Sergio Vicario

Viajar es elevar el espíritu, es −aludiendo a Kundera−, la levedad del ser que ocurre una vez que abandonamos el peso en nuestra memoria de la tierra conocida. (¿Los recuerdos pesan?, ¿es la angustia o la rutina que nos agobia?) 

Ciertamente, si nada lo impide, constantemente nos movemos de un lugar a otro, pues la vida en sí es movimiento, y cada día vamos tejiendo con nuestros pasos acciones que determinan nuestra historia. Es el recuento de lo ocurrido y la noción de dónde provenimos, pero viajar, es otro tiempo aún no escrito, y la pregunta es: ¿hacia dónde vamos? 

Viajar, un movimiento mayor: ir de un espacio conocido a otro, tal vez diferente: el cielo parecerá de otro azul; otro el aire, las personas y las cosas; uno mismo, imperceptiblemente, ya es otro. Las situaciones que ahora nos suceden y el tiempo que pasa, también son diferentes y confrontan o niegan a nuestra anterior estancia. 

Viajar, abrir una puerta: trasladarse es la acción de cruzar esa puerta: ¿quién nos recibe? La vida en su magnificencia: los colores, el clima, las casas y la condición de las personas. 

Al sentir esa levedad que provoca el viaje, la vida rutinaria, monótona se va desdibujando y los sentidos se alertan o zozobran en un sopor placentero, es la relajación y la espera en movimiento; cruzamos entonces las rutas de una geografía vista y desconocida, reconocemos el horizonte, la tierra, los árboles y las montañas; viajar es un reconocimiento de esa existencia. 

Renombramos al descubrir las cosas en el tránsito de un lugar a otro, y son las mismas cosas antes vistas que ahora se tornan diferentes, ¿qué las hace así? Una percepción dotada de libertad; las emociones se alertan; un juego que auspicia los sentidos: la vista, el olfato, la percepción de la temperatura. Nuestro cuerpo y nuestros sentidos rememoran una sutil canción de abandono y desprendimiento. Viajar es volver al encuentro con lo desconocido y con uno mismo, en ocasiones, el gran ausente. 

Viajar es, para bien, un encuentro con la poesía, aún sin concebirlo así, porque la poesía altera la vida conocida, como el viaje; esta alteración nos predispone a replantear lo antes dicho. Es un soplo en las ideas, una mirada que escudriña y el pensamiento desatado que registra y distingue. 

La poesía dota de placer, inteligente placer, el pensamiento, al igual que un viaje nos enriquece de experiencias novedosas. 

La poesía, se ha dicho, es una forma de nombrar lo innombrable, sustitución de los conceptos. El viaje y la poesía nutren y alientan el espíritu, el carácter; esa es una posibilidad; hay quienes viajan y no descubren sino el silencio más uniforme, cuando las cosas no palpitan o no vemos su palpitar. ¿Cómo demostrarlo si los recuerdos son similares y semejantes las emociones de cada quien? ¿Cómo reconocer que la poesía sucedió? Experiencia personal, el viaje, la poesía son el íntimo secreto de quien narra, escribe, describe, y es su voz la que demuestra la ocasión.

Este texto es de la autoría de Sergio Vicario, poeta y ensayista, además de Gestor Cultural comprometido con la difusión de la cultura y el arte en la Ciudad de México. Me constan sus esfuerzos porque le he colaborado en varios de ellos, habiendo comprobado la solidez y honestidad de su compromiso. Me honra que me compartió este ensayo de manera personal, y un poco abusando de su generosidad me lo traigo acá sin pedirle permiso, sólo dando aviso y confiando en que no se negará a que permanezca. Fue Vicario quien me inició en la creación literaria, ya con la disciplina y la técnica necesarias para abordarla con seriedad. En referencia a la cita de Jack Kerouac con que se ilustró esta entrada, Vicario sería una de esas personas que le interesarían al escritor beat. Es uno de esos que Arden.

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