miércoles, 14 de enero de 2009

El Gran Silencio

por: Ulisses P. Bolón, ICrP
Una adolescente californiana de 13 años se convirtió en noticia al establecer un récord inimaginable. Greg Hardesty recibió la factura del celular de su hija, y en principio pensó que aquello debió ser una broma o un error: un estado de cuenta de 440 páginas para un gran total de más de $2,000 dólares, cantidad correspondiente a los 14,528 (sí, catorce mil quinientos veintiocho) mensajes escritos (SMS) que la menor envió tan sólo durante el mes de Diciembre. El Sr. Hardesty, decidido a comprobar la posibilidad de enviar tal cantidad de mensajes se topó con otro dato aún más sorprendente: 14,528 mensajes en un mes equivalen a unos 484 mensajes diarios, enviados a razón de uno cada dos minutos, descontando 8 horas diarias de sueño.

Si por cada mensaje escrito consideramos una equivalencia de tan sólo 15 segundos de habla, 484 mensajes diarios equivalen a poco más de dos horas de locución ininterrumpida. Alucinante.

Si bien es un caso aislado y extremo, las estadísticas de aquel país muestran que los adolescentes de entre 13 y 17 años envían alrededor de 1,742 mensajes por mes; uno cada 15 minutos, en promedio.

Esto me lleva a pensar en cómo lo sociedad ya cambió sus patrones de comunicación y la consiguiente imposibilidad de diálogo entre individuos de distintas generaciones, culturas y niveles sociales. La información que pulula vía SMS suele estar sobrecargada de texto inútil y no tener sentido, al igual que toneladas de información almacenada o circulante en la internet. Un ejemplo claro son los "blogs" cada vez más llenos de fotografías carentes de significado.

La realidad apabullante y desoladora es que nos enfrentamos a la primera generación que ya decidió renunciar al uso de dos de las habilidades humanas más privilegiadas: nuestros adolescentes ya no hablan y están perdiendo también la capacidad de escuchar. Con ello la sociedad está ante el riesgo inminente de ser devorada por el Gran Silencio - a guisa de agujero negro.

Piénselo si para hacer a su hijo bajar a cenar tiene que enviarle un mensaje escrito.

*El autor es Consejero de la Cámara de Comercio, Comisionado
de Investigación y Desarrollo y profesor de Comunicación.

3 ideas en tránsito:

malbicho dijo...

Weeeeeno!! te ganaste tu categoría aparte, eh?

coincido contigo, es paradójico que los avances para comunicarnos nos estén aislando en nosotros mismos: ves personas que hablan "solas" por la calle con la mano en la oreja, única señal de que hay un interlocutor para sus gritos a través de un minúsculo aparato; adolescentes que anulan el ruido de fondo -incluidas las voces humanas- para flotar a su propio ritmo personalizado en un mp3 o un ipod; entes que conservan la vida por medio de conexiones a internet (me incluyo), prefiriendo la virtual a la física...

Ulisses dijo...

jajaja, gracias malbichosa!.

Más allá del aislamiento al que se están sometiendo voluntariamente miríadas de personas, lo que más me da coraje es la paradoja de que habiendo más medios, más rapidos y mejores para una comunicación más eficiente, cada día comunican menos!.

En fin, supongo que eso nos coloca en la cima de la cadena trófica, pero al tiempo nos posiciona como especie en serio riesgo de extinción.

jaspin dijo...

Apart d las havlidads d ablar y escuchar, estos msges escritos tmbien nos acn perdr la kpacidad ler y escribir.

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