viernes, 6 de enero de 2012

¿Qué te trajeron los Reyes?


Tardé horas en hacer una entrada sobre juguetes antiguos y resulta que a la hora de publicar, Blogger se pasma, se apaga, y no guarda la entrada. La culpa es mía así que acepto el castigo por olvidadiza y descuidada, debo aprender a guardar cada dos frases, cuarenta segundos, quince pasos o par de semáforos, lo que ocurra primero -je-. Pero lo que no puedo ahorita es volver a buscar las páginas de los enlaces y las explicaciones a cada imagen, para el colmo de males, mi forma de trabajo tampoco es organizada y a veces las imágenes son hallazgos después de andar de link en link, y cerrada la página no puedo reconstruir el camino que me llevó ahí.

Ahora que... tampoco es tan grave, una entrada es sólo eso, y la única verdadera pérdida es el tiempo que no aproveché en otra cosa más productiva.

Pero entonces, lo único que me queda ahorita es contarles sobre mi frustración... y hacer una entrada personal -je, lindo pretexto para mi siempre latente autocomplacencia-.

Estuve bromeando en Facebook que no me trajeron nada los reyes este año, la verdad es que sí recibí unos dulces y un poquitito de dinerito, ya por aquí, en los muy tempranos inicios del Fanzín les conté de mi trauma sobre cómo me enteré que no existían, pero a cambio de eso se me ha compensado la decepción con creces y en 41 años sólo ha habido dos en que no recibo nada. 

Uno de los años más memorables fue cuando lloré de la decepción por no haber recibido la casa de Barbie, nunca me ha gustado esa muñeca y nunca tuve una, pero en el `77 la novedad era su casa con elevador y era la casa que mis otras muñecas merecían, así que la pedí con la ilusión de toda cabeza de familia por darle el mejor hogar a sus vástagos. Pero cuando amaneció y me asomé debajo del árbol de Navidad no la vi por ningún lado, al igual que nada de lo que pedí, así que asumí que no me habían traído nada; lloré y lloré como toda buena escuincla malcriada y consentida debe llorar a los seis años, provocando el enojo paterno por mi malagradecimiento, pues ignoré la colección de mueblecitos en miniatura que formaban la casa más perfecta de todas; ya pasado el enojo y el berrinche por la frustración acepté que aquellos juguetes eran los míos y junto a mis hermanos mayores jugué "a la casita", riendo feliz con las ingeniosas bromas que ellos hacían, como lo seguiría haciendo el resto del año, pues se convirtió en mi juego favorito.

Aunque debo confesar que en aquellas épocas setenteras, cuando lo más moderno era una autopista Scalextric o un CinExin, cuando los castillos se hacían con bloques Tente, se conducía la Avalancha o los triciclos Apache (¡yo quiero uno!), lo que nunca dejé de lamentar fue no tener a la adorable Lagrimitas Lili Ledy:


(Hay quien dice que esta canción es el himno del bullying, y quien creció en esas épocas de pantalones acampanados sabe porque)

Otro año especial fue a los catorce, un año antes no me habían traído nada -ni yo había pedido- y asumí que ya era "muy mayor" para esas cosas, así que cuando me levanté temprano ese día sólo fue para acompañar a mi hermano menor a ver sus juguetes, y cuando vi la bicicleta cerca de mi zapato creí que era un error, tardé en darme cuenta que sí era mía, y sólo lo hice porque los demás me lo repetían... además estaba muerta del terror: no sabía andar en bicicleta y no creía que podría aprender, aunque no tenía temor de lanzarme del trampolín de tres metros a la alberca, ni de subirme a la montaña rusa, ni de caerme vez tras vez de los patines, la idea de caerme de la bicicleta me paralizaba, y creo que más aún la vergüenza de hacer el ridículo a la "avanzada edad" que ya tenía. La insistencia ajena me sacó a la calle justo a pasar la pena que tanto temía, y justo ante la mirada cruel y juzgona de mis "máximas y acérrimas enemigas" (unas odiosas vecinas de mi misma edad, que siempre me tiraban mala onda y que yo mantenía a distancia con dignidad despectiva), soy de naturaleza torpe y aprender me llevó más tiempo del que todos esperaban, al grado que desistieron de seguirme enseñando y yo aprendí sola en el patio de mi casa, aprovechando los esporádicos momentos en que me quedaba sola, evitando las críticas y resistiendo los raspones que me daba vez tras vez, hasta que por fin logré equilibrarme y avanzar, entonces salí a la calle y me aventuré en avenidas menos densas, golpeándome contra los carros estacionados y asustando a viejitas con bastones que sentían que les caería encima... y después de muchísimo tiempo pude llegar un día frente a la casa, justo cuando salía la hermana que menos paciencia me había tenido, y dejarla con la boca abierta de verme frenar delante de ella. 

Después de esa vez, año con año se repitió la genuina sorpresa de que seguía recibiendo regalos, siempre hubo una chamarra, una muñequita de trapo, un sobrecito con dinero, un par de tenis, un reloj o un celular que me hacía sentir mimada y especial, hasta que hace un año no recibí nada y me resigné que después de los cuarenta es lógico que los reyes piensen que ya no soy una niña -je-... pero este día de nuevo me encontré con sorpresitas junto a mi zapato. Sin embargo, el mejor regalo que recibí este año fue volverme yo misma un rey mago, que ayudó a dos personas a no olvidarse de la magia de este día. El ejemplo me lo dio la mamibicha, que de verdad es una tipaza y que sí merece la mirra y el oro por su generosidad, ella me cuenta que cuando era preadolescente le dolió no recibir nada en día de Reyes, pero que entendió que ya era grande y que su familia siempre fue muy pobre, pero lo que sí le reclamó a su mamá fue que le negara a sus dos hermanos menores, todavía unos niños, la alegría de recibir un juguete. La abuelita Lola (ya les he platicado de ella) era una mujer recia y práctica, que creció durante los años más turbulentos de este país en el siglo pasado, así que seguramente no consideró necesario seguir una costumbre que implicaba gastos superfluos, y prefirió guardar el dinero para una ocasión más útil, pero mi mamá se le mostró muy dolida de que no hiciera un pequeño sacrificio para que sus hermanos recibieran algo, "por lo menos un juguetito pequeño y una bolsa de dulces, algo que les mantenga la ilusión". Y esa fue la instrucción que recibí de ella este año: ayudar a mantener la ilusión.

Plus:
Hay un proyecto de año nuevo en El (micro)Fanzine: a partir de hoy todos los días habrá un consejo ilustrado, los primeros los saco de una estupenda página (Advice to sink in slowly), en donde se recoge la sabiduría de estudiantes graduados de diseño del Reino Unido para legarla a los estudiantes de nuevo ingreso, después vendrán de otros proyectos de diseño con temática similar. No dejen de echarle un ojo al microfanzín, ayer hubo una galería de obras inspiradas en la epifanía y siempre habrá algo de interés ahí, microposts, recomendaciones o hallazgos compartidos. Y aprovecho para recomendarles Tumblr, un sitio de microblogging (y red social) realmente sencillo y con excelente retroalimentación, que se enlaza a Twitter y Facebook  (todavía no a Google +, lamentablemente... donde por cierto, ya también abrimos nuestro perfil, por si nos quieren agregar ahí), y se presta para especializarse en diferentes áreas creativas e intereses.

5 ideas en tránsito:

Anónimo dijo...

Ahhh yo tuve una "llora y llora" como le deciamos mi hermana y yo.
Gracias Malbichito, tus entradas siempre son interesantes. (aunque todavia no acabo de leer esta).
Para que no se te borre, puedes hacerlas priemro en Word y solo copiasy pegas aqui, si quieres que respete la letra que elegiste en word le das "no allow" o "no admitir" cuando te pregunte...esteee...lo que te pregunta.

Bueno seguiré con lo mío que es leer la entrega a mi correo de esta entrada. Ciao.
Larisa Pérez.

malbicho dijo...

Larisa:
acá la cancioncita se la cantaban a los niños que molestaban en la escuela, cuando ya no aguantaban las burlas o las bromas encima tenían que aguantar que los abusadores les empezaran a cantar: "llora y llora y mueve sus manitas", por eso dicen que el himno del bullying de los cuarentones -je-

gracias por el consejo, la verdad es que todo me pasa por descuidada, con darle "guardar" hubiera bastado esta vez (aunque en otras ocasiones sí era mala jugada del blogger), así que sigo tus sabias palabras

gracias!, feliz de leer un comentario tuyo

=D

marichuy dijo...

Creí que sólo a mí me jugaba malas pasadas Blogger, siempre a la hora de publicar y, a veces, a la hora de comentar.

Los Reyes, creo, nunca me trajeron lo que les pedí, excepto un año en que tanto los patines como mi primer reloj de pulso aparecieron bajo el árbol.

Un abrazo y mucha suerte en tu(s) nuevo(s) proyecto(s).

fritzio dijo...

Los Reyes, la bulla por su llegada y la emoción verdadera de los regalos deseados, pedidos

yo, al revés de las Ardillitas, era cliente de Santoclós (así quedó grabado en la red de mi infancia), pues Melchor, Gaspar y Baltasar llegaban (casi invariablemente, hasta que dejaron de llegar) ropa, dulces y, alguna vez, dinero

Los dias de reyes hasta antes de tener mis hijos fueron el ocasional abrazo con un dulce y, por supuesto (ese si no me falla) el niño en la Rosca.

Ahora que mis hijos ya dejaron muy atrás la adolescencia, nos contentamos, todos, con abrir, aunque sea un surco de la cotidianidad y los dias posteriores a las fiestas, las celebraciones, los abrazos multitudinarios, para estar, trqnquilo y a gusto, aunque ya no se envié globo al cielo o se deje cartita junto al zapato, recién boleado, eso si

Los tres sabios de oriente responden, siempre responden.

Este cinco seis de enero me trajeron una extraña variante de la calma interior que siempre parece estar en falta...

abrazo sincero

malbicho dijo...

marichuy
pues fue un buen año, no?, patines y reloj eran posesiones envidiables en esos años (bueno, para mí, que nunca tuve unos, el reloj me llegó hasta los quince y los patines siempre fueron prestados)

=)

fritzio
qué bello comentario, de veras... a mi casa santaclós nunca llegó pero el intercambio de regalos siempre me proporcionó juguetes de niña, los reyes conmigo fueron generosos (con mis hermanos todavía más), y ahora con mis sobrinos fueron más que espléndidos, parecía que teníamos una sucursal de la juguetería bajo el árbol... y la "fertilidad rosquera" que tengo siempre me deja un par de niños y compromisos para tamales, invariablemente (no me saco un premio en una rifa jamás, pero sí el niño en la rosca siempre)

me encantó que dejaras aquí estos recuerdos y reflexiones, sólo me sorprendió saber de tus hijos ya no adolescentes, siempre te hice muy joven -je-

yo también te mando un abrazo fraterno y sincero =)

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