lunes, 28 de enero de 2013

Orgullo y Prejuicio, 200 Años


Ilustración de Pickering y Greatbat, para la edición de 1833

«Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa», dice Jane Austen, en uno de los íncipit más conocidos de la literatura mundial, quizá porque sigue vigente. Tantas son las razones y las complicaciones sociales que mantienen esta verdad mundialmente reconocida, que se necesitaría de la mirada aguda y fotográfica de la escritora británica para plasmarlas en una historia que retrataran nuestros ritos y convenciones alrededor del romance, tal como se vive en la actualidad.

Ilustración de C. E. Brook para la edición de 1895

Porque ella guardó para nosotros, sus lectores, los convencionalismos sociales que vivía la sociedad que le tocó atestiguar, y estos últimos doscientos años, todo el que se ha acercado a su libro Orgullo y Prejuicio se ha acercado también a la sociedad rural inglesa durante la transición del siglo XVIII al siglo XIX. Se acerca, también, al feminismo incipiente de su protagonista (y de la escritora misma), que desafía la convención social del matrimonio arreglado por conveniencia, al priorizar el amor sobre la seguridad económica. Elizabeth Bennet es una protagonista literaria moderna, tan transgresora en su tiempo como en la actualidad lo puede ser Lisbeth Salander, de la exitosa Trilogía Millennium, asumiendo dos grandes (y graves) estigmas de la época: la soltería y la pobreza, a causa de sus convicciones. Pero el amor la sorprende. Y eso la hace también tan vigente como cualquier otra de las protagonistas de las novelas románticas actuales, incluso de las historias telenovelizadas que día a día atrapan a miles de espectadoras que suspiran por un galán como el señor Darcy: tímido, elegante, con sentido práctico pero al mismo tiempo romántico, tan enamorado como millonario.

Ilustración de Hugh Thompson para la edición de 1894

Tengo que confesar aquí que sufro de una cursilería pasmosa, y que el "Te amo" de Mr. Darcy me sorprendió y me conmovió tanto como a la misma Lizzie Bennet, a partir de él las páginas se sucedieron con velocidad agitada, hasta comprobar que también ella había descubierto en él a un hombre digno de amar. Porque soy una de las tantas miles de enamoradas del arrogante Fitzwilliam, y no he dejado de soñar de que un hombre guapo, sensible y millonario se dé cuenta de lo irresistible que me hace mi ingenio, y decida dejar de lado a las niñas bien que lo rodean para llevarme a vivir a su palacio de jardines suntuosos, donde intercambiaremos impresiones sobre obras artísticas mientras comemos uvas y bebemos té.



Pero más que la historia de amor del libro que hoy cumple dos siglos, me impactó el estilo directo e inteligente de una autora que supo retratar su sociedad a detalle, sin juicios pero sin contemplaciones, reflexionando no sólo sobre sus costumbres sino también sobre las relaciones humanas, a partir de una sencilla historia de amor,  tan sencilla y tan compleja como lo son todas las historias entre dos personas que se enamoran; una historia tan personal como universal, porque como todos saben, Austen la empezó a escribir justo al malograrse su gran amor, precisamente por convenciones sociales, traspolando su vivencia particular en una que es posible comprender por todo aquel que ha tenido la fortuna de enamorarse. Eso es a lo que yo aspiré conseguir cuando aspiré a ser escritora. Injustamente su literatura es considerada menor, tanto por grandes escritores como el mismo Mark Twain, quien realmente la odiaba y no escatimaba descalificaciones hacia ella, como por lectores contemporáneos, que siguen etiquetándola como autora de novelas rosas; afortunadamente ha sido también defendida por plumas más dignas y de mayor credibilidad que ésta, que la devuelven al nivel que tiene y merece.

La familia Bennet

Orgullo y prejuicio es uno de mis libros más amados, y Jane Austen es de mis escritoras consentidas, y estos doscientos años los festejo como si me atañeran directamente. No soy la única, Jane Austen seduce a muchas mujeres y no pocos hombres (un curioso cuento de Rudyard Kiplin nombra a soldados de la I Guerra Mundial, devotos de los libros de Austen, como Los Janeites, nombre que portan orgullosos los actuales admiradores de su obra, que recrean la moda y costumbres de su época), y en su figura y entorno se centran libros y películas, además de las adaptaciones a sus obras, la influencia en nuevos libros (como los de la famosa Bridget Jones) y las nuevas recreaciones (como la imaginativa Orgullo y prejuicio y zombies). Pero es poco conocido el escrito por su sobrino, donde además se reproducen algunas de sus cartas: Recuerdos de Jane Austen es un retrato cercano, tan objetivo como subjetivo de alguien que la conoció y la amó.

Retrato hecho por su hermana Cassandra

Supuesto retrato en posesión de la familia Austen

2 ideas en tránsito:

marichuy dijo...

Una novela hermosa, harto romántica. La leí hace tanto que quizá amerite una nueva lectura.

Saludos, Bichito.

malbicho del fanzín dijo...

hola!, qué gusto leerte aquí otra vez =)

hace tiempo, en uno de tus blogs, comentamos sobre esta misma autora y creí entender que no te gustaron sus libros, qué bueno que entendí mal -je-

a mí lo que más me gusta, más que la historia de amor, es la impertinencia de su protagonista, que defiende tanto su independencia =)

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Ideas en tránsito

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