domingo, 21 de junio de 2015

Mi viejo, mi querido viejo.





Esta canción le gustaba mucho a mi papá -como a casi todos, ya que es una canción realmente linda-, era parte de su playlist. No había reunión o tarde bohemia sin que estuviera presente, saliendo de una pila de discos de vinilo que tenía siempre lista para esas ocasiones. También la tenía en un casete que pidió le grabáramos con un mix casero de sus canciones favoritas, con las que se acompañaba cuando sacaba el polvo de su habitación; era muy limpio y le gustaba mucho el orden, en sus últimos años no esperaba a que nosotros nos diéramos el tiempo de asear sus habitaciones y lo hacía él mismo, siempre cambiando muebles y redecorando, en un intento constante de reinventar su espacio. Y mientras sacudía cantaba bajito esa y otras canciones, a diferencia de como lo hacía años antes, a todo pulmón, cuando tenía una potente cascada de voz que presumía con gusto, y a complacencia de todos los demás (porque no conocí a nadie que oyéndolo, no quedara admirado). 

Al final solo cantaba en voz alta en reuniones, y después de que se le insistía mucho. Seguramente, como en todo lo demás, su exigencia consigo mismo lo hacía avergonzarse de que su voz se viera disminuida con el tiempo (aún cuando siempre siguió arrancando aplausos cargados de admiración). Nunca se perdonó envejecer, volverse débil, vulnerable, dependiente de los demás. Era tan todopoderoso en otro tiempo. 

Una foto que se ha perdido ha quedado en la memoria de nosotros. Era una foto muy vieja, de cuando era joven. De cuando merecía el apodo de "El Seco", que jugaba con su nombre (Ezequiel) y con su complexión. Salía de la taquilla de un cine y se nota que lo tomaron por sorpresa, seguramente diciendo su nombre para hacerlo voltear a la cámara; su gesto lo dice todo, describiéndolo bien: broncudo, agresivo, siempre a la defensiva, listo para saltar encima de quien pudiera constituirle una amenaza. Sus manos sostienen los boletos y su cara se levanta hacia la lente, el ceño fruncido que arruga una frente prematuramente surcada, la mirada fija, penetrante, retadora e inquisitiva, el mohín de los labios conteniendo una maldición, un insulto o una advertencia. 

La chamarra y el copete indican que eran los años cincuenta, el pantalón amplio y el pañuelo en el cuello, su inclinación hacia la moda de los pachucos. Así es como lo describe mi mamá en su noviazgo: almidonado, acicalado y arrogante (pese a que sus hermanos más chicos corrían descalzos por las calles sin asfaltar), era el galancito de barrio, el líder de la palomilla, el que no le sacaba a los trancazos, por el contrario, sus botas estaban reforzadas con metal para cuando había que patear hacia las pantorrillas para luego lanzar un puñetazo en el estómago y sacar el aire, antes de disparar a la mandíbula y dejarlos noqueados en el suelo, ese -nos explicaba- era su movimiento más recurrido, su sello. Era, también, aprendiz de boxeador.

Su madre lavaba ajeno y sus hermanos menores también trabajaban desde que amanecía hasta que anochecía, así malcompletaban el gasto diario, dejándole a él la carga más pesada, la de pagar la renta, el insuficiente abrigo y la escasa despensa. Lo que faltaba a veces lo completaba jugando a las cartas, teniendo siempre el buen tino de retirarse cuando juntaba alguna cantidad que aliviara las necesidades más apremiantes. Desde los catorce años era la cabeza de familia, aunque trabajó formalmente desde tres antes, abandonando la escuela al terminar el cuarto grado de primaria. Así se inició en la 'adultez'. Fue, también, aprendiz de yesero.

Venía de una familia de pequeños terratenientes, su padre era el presidente municipal de un pequeño pueblo en Tlaxcala, pero cuando murió de tres tiros en la espalda mientras montaba a caballo, dejó a sus hijos en la orfandad y en la miseria, pues sus familiares los despojaron de todas sus tierras. Demasiados hijos no reconocidos, demasiados líos de faldas y demasiados rencores dejó el abuelo, así que lo único que les quedó a su viuda y a sus hijos fue emigrar a la gran ciudad. 

Una anécdota describe el tamaño de ese despojo: cuando a finales de los años 60 los hermanos se juntaron para llevar a su madre al pueblo, a reencontrarse con sus familiares, aprovechando para llevar a sus esposas e hijos a conocer su tierra natal, un susurro que se convirtió en alerta recorrió las casas mientras ellos bajaban de sus camionetas: "¡Llegaron los Carrasco!". Un grupo de hombres, mujeres y niños salieron a recibirlos, con más miedo que gusto, con más recelo que cordialidad. Fue la abuela la que rompió el silencio, preguntando si así se recibía a los paisanos. Enseguida brotaron las risas y las bromas, las palmadas en la espalda, las presentaciones. Ya con más confianza, cuando se disfrutaba de la sobremesa, confesó uno de los locales: 

-Creíamos que venían armados, a echarnos bala. 
-A balearlos no -precisó mi papá-, pero armados si venimos.

Él siempre cargaba una Luger 22, regalo de uno de los comandantes que en ese tiempo visitaban mucho la casa (acompañados de pequeñas starlets de la época, como Isela Vega, o inclusive el mismísimo Chava Flores, que fue a dar clases avanzadas de albures a politiquillos y policletos que creían sabérselas de todas, todas). Como líder sindical recibía muchos regalos, y las armas eran algunos de ellos, no sólo pistolas o rifles, sino también machetes, dagas, cuchillos y pequeñas espadas. La Luger le gustaba por discreta, podía meterla en los maletines o entre los papeles de la guantera de su auto cuando viajaba recorriendo la República Mexicana, para defenderse de los asaltos mientras circulaba por las mismas carreteras que él ayudó a construir, cuando consiguió por fin un trabajo estable como operador de maquinaria pesada en el gobierno, y tuvo su primer acercamiento con los sindicatos. Ahí fue cuando volvió a la escuela, a la Universidad Obrera, en el hermoso edificio de San Ildefonso, ahora convertido en museo. Destacó tanto -como estudiante y como miembro sindical- que cuando una de mis hermanas cursó la preparatoria ahí, veinte años después (en la última generación que ocupó sus instalaciones), su apellido fue identificado por varios maestros, colocando muchas expectativas sobre ella (no cumplidas, hay que confesar).

Sobre la Luger contaba la siguiente anécdota: enviado en carácter de urgente a otro estado, para "coadyuvar" a imponer un acuerdo que no era aceptado por las huestes, y viendo rechazados sus primeros intentos de diálogo mesurado, y ya fastidiado por recibir insultos y mentadas de madre en lugar de argumentos, alzó su recia voz por encima de las de todos mientras arrojaba su maletín abierto sobre la mesa: "Aquí venimos a poner orden", gritó, al tiempo que la esbelta Luger se deslizaba saliendo de entre los papeles. El silencio denso que se dejó sentir durante largos instantes fue roto por las voces conciliadoras que intentaban calmarlo: "No, señor Carrasco, podemos dialogar... sentémonos a dialogar". Sin perder estilo y calma recogió parsimoniosamente la pistola que había olvidado llevaba, agradeciendo que no se le hubiera escapado un tiro, y que ninguno de aquellos líderes rurales, que posiblemente también iban armados, se hubiera sentido tentado a responder de igual manera. Era considerado, también, un gran negociador.

Seguramente, de haber tenido uno, le hubiera gustado que esta canción musicalizara su funeral. O de haber tenido una, que se cantara al pie de su tumba. Quizá eso pensaba mientras la cantaba bajito, sólo para sí, mientras la escuchaba en esas tardes bohemias que se montaba de tanto en tanto.

9 ideas en tránsito:

malbicho del fanzín dijo...

mi padre murió en el silencio, en el olvido y en la soledad, no tuvo funeral ni tumba, no tuvo coro de llanto ni homenaje de lágrimas, yo me enteré días después, aunque no pude creerlo sino hasta después de varios meses... aún ahora sueño que se abre la puerta y entra él, diciendo que todo fue una mala broma, qué sigue vivo, porque... cómo podría morir siendo todopoderoso? ¿quién se atrevería a matarlo?, ¿la muerte?, si podría comérsela a dentellazos

malbicho del fanzín dijo...

otro retrato de mi padre: http://elfanzinedemalbicho.blogspot.mx/2009/04/de-nina-mi-mundo-era-como-los-que-le.html

y otro, un poco más críptico:
http://elfanzinedemalbicho.blogspot.mx/2009/01/voz-sepia.html

y otro, un poco más feliz:
http://elfanzinedemalbicho.blogspot.mx/2014/02/te-juro-que-te-amo.html

quizá entre todos se forme uno

Anónimo dijo...

Hermoso tejido de recuerdos te dejo tu padre.
Feliz día a él, dónde quiera que se encuentre :)

Claudia.

Anónimo dijo...

Cuando aquella vez que leí tu "voz sepia" te dije que no podía decir nada al respecto de esas letras, era porque yo aún tenía a mi padre y no podía hablar de un sentimiento que no conocía. Ahora si ya puedo decirte algo.

Es grato tenerlos vivos en los recuerdos y porque no re inventarlos magnificando lo poco o mucho que de bueno tenían. O mejor aún re descubrirlos desde nuestra perspectiva de adultos, valorando aspectos que no valorábamos antes y perdonando otros tantos aspectos que eran de difícil asimilación y aceptación en un tiempo determinado.

Tus pinturas de recuerdos paternos pueden ser en lo general las imágenes de muchos padres de "chavos" como nosotros.

Y estos tus lienzos nos permiten imaginar aquellos barrios bravos de ellos, donde la patada y el trompón eran los mecanismos para dirimir diferencias, hacer amigos, marcar territorios; donde la pulcritud y el estilo de pachucos de salón, eran mucho más importantes que el baile mismo, donde el esfuerzo atrás de esos trajes contrastantes era muchas cosas:un forma de protesta, de la no aceptación a la miseria de aquellos tiempos, una fuga a la realidad de los muchos hermanos, o fue la trascendencia de si mismos.

Ahora si "haiga sido como haiga sido", eso papás de esos tiempos fueron y seguirán siendo la admiración de sus hermanos menores y de nosotros como hijos que tenemos la fortuna de poder escribir y decir: tuve un papá

Un abrazote

Jaspin por ti Jaspo

educavent dijo...

Estimada... en el dia del padre siempre resultan muy complejos los recuerdos en el sentido de colocarlos en su justa dimensión. A la luz del tiempo, tendemos, como con todas las personas que se han ido, a recordar las partes buenas en desmedro de aquellas que mucho nos hacían sufrir... pero tú misma lo mencionaste en uno de tus post, en su gran mayoría no son buenos padres, como tampoco nosotros somos buenos hijos. Pero ya al mirar en retrospectiva la vida, quisiéramos siempre tener la oportunidad de resarcirnos de nuestros errores, lamentablemente dicha fortuna no siempre es posible. Tal vez me estoy volviendo un viejo sentimental... hoy me enteré que seré abuelo, y eso que todavía me creo joven.
Recibe un fuerte abrazo, como siempre, un placer escucharte

Champy dijo...

Preciosa tú como preciosas tus letras, pero más bellos aún tus recuerdos.
Existimos porque alguien peinsa en nosotros y no al revés. Que no se te olvide.
Que linda forma de admirar.

2046

marichuy dijo...

Gracias por compartirnos el recuerdo de tu padre, querida Bichito.

Un fuerte abrazo

malbicho del fanzín dijo...

Claudia:
qué gusto leerte y saludarte por aquí también, gracias por darte el tiempo de leer y dejar un comentario, te mando un abrazo fuerte!

Jaspo:
fíjate que era lo que más quería contar, su tiempo, sus vivencias, los que lo rodeaban... creo que salió muy idealizante pero en realidad lo que quiero es guardar las memorias que tengo de él y las que me van contando, estas me las trajo de vuelta mi hermano mayor y me urgía plasmarla en papel, y bueno, me dije: tengo un blog, para qué una hoja de papel que puede perderse o dañarse, me obligué a hacerlo el día del padre para que al mismo tiempo sirviera de homenaje a mi papá en el día que destinamos a honrarlos, aunque ya casi acababa el día me obligué a abrir la lap y escribir lo que tenía semanas atorado en la garganta y los dedos, me da gusto que sirviera también como reflejo de algunos más, como dices, hay tantos elementos comunes entre los que crecimos en determinada época, es lógico que el perfil de nuestros padres también los tengan

gracias Jaspo, te mando un abrazo mientras tengo la suerte de dártelo personalmente

Educavent:
antes que nada, mil gracias por tus palabras, sabes lo mucho que agradezco y disfruto tus visitas... como le decía a Jaspo, sé que el resultado parece que idealizo la figura de mi papá, curiosamente dejé fuera una anécdota que era la principal que quería contar, y que no lo dejaba tan bien parado -je-, pero al escribir me fui hilando recuerdos y la memoria la dejó relegada, sólo un día después de publicada la entrada me di cuenta, y claro que ahora doy preferencia a los buenos recuerdos, aunque en realidad no tengo tan idealizada la figura de mi padre, sin embargo me da gusto que esta entrada sirvió para rescatar algo de la parte buena de él, ya habrá espacio para contar las otras -je-.

Gracias Educavent, como siempre, un honor contarte entre mis amigos y lectores. Un abrazo!

Marichuy:
Gracias a ti por dejar un saludo, un abrazo y tus palabras, espero seguir teniendo la oportunidad de devolverte la cortesía en tu espacio, en cada nueva entrada que nos regales. Tu blog vale mucho la pena, sería una pena que no siguieras publicando en él.

Abrazos!!!

malbicho del fanzín dijo...

Champy:
Muchas gracias mi champiñoncito querido, preciosa tu amistad como preciosa tu presencia, gracias!!!

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