sábado, 25 de septiembre de 2010

El Silencio de Alejandra Pizarnik


"He nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá
"


"¿Qué haré con el miedo?", se preguntaba Alejandra Pizarnik. Y quizá, como respuesta describía la idea: "triste como sí misma / hermosa como el suicidio". Pizarnik se suicidó el 25 de septiembre de 1972, apenas dos años después que su admirada Janis Joplin, también de sobredosis (50 pastillas de Seconal, barbitúrico), aunque en su acción no hay nada de misterio ni de accidental, la suya era una muerte anunciada por ella misma, anhelada casi con placer, buscada con reiteración (aprovechó la salida de un fin de semana del psiquiátrico en el que se encontraba recluida, precisamente por dos intentos anteriores).
«¡He de tapar
el fracaso de mi vida
con la belleza de mi obra!»

Limitada por el lenguaje, en busca incesante de la palabra como morada, Pizarnik habitaba la noche tal como habitaba la soledad y su propia angustia: rehuyendo la luz. Alienada del mundo, en constante exilio, buscando vivir en la poesía, haciendo el cuerpo del poema con su propio cuerpo, extrayendo de la piedra de la locura el libro que la atragantaba, Alejandra Pizarnik se escribió a sí misma, en disección de su yo ("Nada sino yo, este yo que muerde; mi horrible, mi tenebroso amor a mi yo") y de su dolor, de esa "herida inmemorial, anterior a la palabra" ("mi primera persona / mi primera persona del singular está herida"), buscando el jardín en el bosque tanto para reconocerse, como para desconocerse.

«Quiero morir.

Lo quiero con seriedad,

con vocación íntegra».

En 1958 escribió: "He meditado en la posibilidad de enloquecer. Ello sucederá cuando deje de escribir. Cuando la literatura no me interese más". En 1971, un año antes de su suicidio, ella misma anticipaba que era el final: "Abandono de todo plan literario. Las palabras son más terribles de lo que me sospechaba. Mi necesidad de ternura es una larga caravana. sé que escribo bien y esto es todo. Pero no me sirve para que me quieran". Sus últimas palabras quedarían en una pizarra: "No quiero ir nada más que hasta el fondo".


A mis queridos Aurora y Julio, este pequeño Árbol de Diana prisionera —esta promesa de portarme mejor a partir de hoy —25 de febrero de 1963— y esta otra de hacer poemas más puros y hermosos —si me esperan.

Y sobre todo y ante todo, un inmenso y minucioso abrazo (es decir: 2) de Alejandra.

Dedicatoria del libro Árbol de Diana a Julio y Aurora Cortázar.

Y la voz de Pizarnik, en la única grabación que de ella existe:



Más sobre Alejandra Pizarnik:
Centro Virtual Cervantes. Alejandra Pizarnik
Blog Alejandra Pizarnik. La jaula se ha vuelto pájaro

Sólo literatura. Alejandra Pizarnik

3 ideas en tránsito:

marichuy dijo...

"Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz..."

Te comparto el link a este texto sobre la relación entre creación y locura (ayer lo tuitée temprano), inspirado en Alejandra:

http://bit.ly/dpRRiw.

«La noche de los dos se dispersó con la niebla»

malbicho dijo...

@marichuy
muy interesante lo del link, yo también anduve tuiteando ayer sólo sobre la pizarnik

=)

Cuetzpallin dijo...

Ella me recuerda mucho a Cioran... un poco diferentes, un poco iguales. Unidos por la depresión pues.

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Ideas en tránsito

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