miércoles, 31 de octubre de 2012

Noche de Brujas (y otros Queridos Monstruos)


Desde inicios de la humanidad, y en varias culturas diversas, a las mujeres que entienden y manipulan la naturaleza (incluyendo la humana), se les ha considerados brujas, y a sus habilidades, producto de la magia y de la hechicería. Parteras y curanderas, consejeras y ancianas sabias por toda la suma de lo visto y lo vivido, fueron llamadas aliadas de demonios y seres malignos. Bastaba un tono rojo en el cabello, una pigmentación en la piel, una actitud independiente (quizá desafiante), un padecimiento desconocido o algo de sabiduría ancestral para que la mujer fuera estigmatizada como practicante de la brujería. Pero también respetada a la vez que temida.

Traje de 1887
Tarjeta de 1910


Se les atribuía el poder del vaticinio, de la sanación, de la maldición y de la injerencia en el destino. Curar cuerpos y almas, así como transmitir estos conocimientos de una generación a otra, fue la función de estas mujeres sabias, precursoras de la autonomía femenina de la actual sociedad occidental. Ese fue su pecado, y por ello las torturaban, las quemaban y las acusaban de pactar con el diablo.

La brujería aún en la actualidad está sujeta a debate y polémica, hay quien elige practicarla y adentrarse en su conocimiento, y todavía hay quien la condena vinculándola a lo diabólico. Por supuesto, también abunda quien se muestra escéptico, pero es curioso -por decir lo menos- cómo en varias culturas existió esa sacerdotisa, chamana, maga, hechichera, adivinadora, medium o sanadora con poderes sobrenaturales y vinculada con dioses o fuerzas oscuras.

Las antiguas literaturas griega, hebrea y árabe narran historias de mujeres que usan magia y hechizos para manipular a la naturaleza, a los hombres y a sus acciones, desde Circe y Medea, a la Bruja de Endor en el libro de Samuel, o los relatos llenos de magia de Las mil y una noches, las referencias a las prácticas de hechicería y magia están presentes; y también documentadas están las creencias celtas, irlandesas y nórdicas que también las incluyen. De la misma forma que los símbolos de los rituales de la alquimia oriental se difundieron desde el imperio egipcio al romano, con los viajes de Marco Polo y los de las tribus gitanas. Durante la Edad Media y el Renacimiento hay gran cantidad de documentos históricos que plasman la fuerte creencia sobre la existencia de las brujas, así como la de su persecución, destacando el libro Malleus Maleficarum, el mayor tratado sobre la brujería demonológica que se convirtió en el más influyente manual para la inquisición, que resume y difunde la creencia de que las mujeres, por ser criaturas inferiores, débiles y fácilmente corruptibles son más proclives a estas actividades.

La caza de brujas que inició en los últimos años de la Edad Media y se extendió hasta los siglos XVI Y XVII, causó la muerte de aproximadamente 60 000 personas, mayoritariamente mujeres, pero también hombres, ancianos y niños, sobre los que bastó un señalamiento de culpa o una sospecha para que se les iniciara una investigación que incluía tortura y suplicio hasta que confesaban su pecado y señalaban a un nuevo sospechoso.

Durante ese tiempo, se redefinió el concepto de brujería, que significaba: el vuelo en palos, animales, demonios o con ayuda de ungüentos, encuentros nocturnos con el Diablo y otras brujas en el sabbat o aquelarre, pactos con el Diablo, sexo con demonios (en forma de íncubos y súcubos) y la magia negra.

Esta imagen arquetípica de las brujas volando en escobas, tal vez tenga su origen en lo que acota el investigador del siglo XV, Antonio Escohotado, en su libro Historia de las drogas, en la que escribió:

"El vulgo cree, y las brujas confiesan, que en ciertos días y noches untan un palo y lo montan para llegar a un lugar determinado, o bien se untan ellas mismas bajo los brazos, y en otros lugares donde crece vello, y a veces llevan amuletos entre el cabello".

Linda maestra. Francisco de Goya, 1799
La sustancia que untaban en los palos era el estramonio, un afrodisiaco arraigado en la cultura popular, así como la belladona y la mandrágora, que preparaban en ungüentos que untaban en los palos de las escobas para introducirlos en sus vaginas, y provocarse así, alucinaciones y orgasmos.

Quizá de ahí la idea de que volaban.

Esta noche es la noche de Halloween, también conocida como Noche de Brujas. Aquí ya hablamos de qué es el halloween y de su sincretismo que tiene en su origen y en su creciente protagonismo en nuestra cultura popular. Está tan arraigado en algunas partes del país que ya suplió la festividad tradicional del Día de Muertos, y en otras partes -como en el Distrito Federal y otras ciudades del centro del país- convive con las tradiciones, mimetizándose. Los adornos en establecimientos comerciales y casas ya se han colocado desde días antes, las discotecas (llamados popularmente antros) ya organizan noches temáticas y concursos de disfraces. Y hoy mismo en varias escuelas las mismas maestras invitan a llevar a los niños disfrazados, pero, curiosamente, es en la noche del 1o. de Noviembre cuando las calles de la Ciudad de México se verán invadidas de pequeños monstruos que la recorrerán  para "pedir calaverita", versión mexicana del "Dulce o truco" anglosajón. Acá no hay chantaje ni amenaza de travesuras y bromas, sólo la solicitud de dulces o dinero, aunque la costumbre de regalar monedas también se está diluyendo, y en las casas y negocios se preparan con bolsas de dulces para repartir, además de adornarlas, e incluso "transformarlas" en casas de horror para asustar y divertir a los niños.

Niños disfrazados en las primeras décadas del siglo XX

Los adultos son los principales cómplices de que esta tradición se esté arraigando, especialmente la generación de nuevos padres, que inauguraron la costumbre de salir disfrazados y supervisados por sus padres cuando eran niños, y ahora se vuelven a disfrazar para llevar a los suyos, poniendo tanto empeño en sus disfraces como en los de sus hijos (pero también son estos padres los que están transmitiendo la costumbre de poner ofrendas y altares de muertos en sus casas, o de colaborar en las que ponen en sus trabajos y en las escuelas de sus hijos). Y entre los disfraces que en estos años están poniéndose de moda, están los de los zombis.

Hay una invasión zombi en la actual cultura popular, desde películas con interminable número de secuelas, o en donde los enfrentan contra figuras históricas como Abraham Lincoln; adaptaciones de novelas clásicas como las que escribió Jane Austen, pero donde son zombis los que superan el orgullo y los prejuicios; videojuegos donde se debe escapar de ataques zombis en escenarios urbanos, o donde incluso pelean contra plantas bien abastecidas de armamento, y series de televisión que captan una audiencia numerosa y fiel. Este "renacimiento zombi" también se ve en las calles: hacen marchas como otros zombis de marcada preferencia política (je, broma local, a los simpatizantes del eterno candidato presidencial de izquierda, sus contrarios les llaman "pejezombies", entre otras lindezas). Rivalizan en protagonismo con los magos, los vampiros y los hombres-lobo, quienes también acaparan la cultura popular con sagas de libros y películas que provocan furor en el público, y quienes también viven una reinvención de sus mitos y características (como les está sucediendo a los pobres vampiritos, que no contentos con ponerlos a sufrir con las "reinvenciones" de Anne Rice, les llegó Crepúsculo para acabarlos de amolar).

Pero quiero centrarme en la figura de los zombis. Son muertos vivientes que vuelven de la muerte para luchar por una supervivencia tan básica como voraz: apenas alimentarse para seguir buscando alimento. Generalmente no buscan venganza ni los empuja un interés particular, apenas un instinto básico de preservar una existencia mínima, casi siempre resultado de fallidos experimentos científicos o virus no controlados. Deteriorados en lo físico y carentes de inteligencia, a menudo también son privados de la voluntad. Y esta última característica es casi lo único que conservan de los zombis originales, que eran revividos de la muerte por un hechizo de magia negra y convertidos en esclavos a las órdenes de su resucitador.

La nueva imagen de los zombis se la debemos principalmente al cine y a los videojuegos. Aunque su semilla la sembraron los libros de Mary Shelley, Allan Poe, William Seabrook y H. P. Lovecraft, entre otros. Lejos quedó la figura mitológica de los cultos vudú y de las creencias religiosas africanas, con una concepción del alma dual, especialmente en la tradición oral haitiana, donde se presume representaba el miedo a la esclavitud durante la opresión norteamericana.



Felicia Felix Mentor, fotografiada dos años después de haber muerto y haber sido enterrada,
según los testimonios de sus familiares.
Aquí enlazo a un buen artículo sobre estos casos

Y aquí también sorprende como en otras culturas ancestrales se puede hallar una figura similar: Jiang Shi en China, donde los cadáveres "reviven" cuando fueron enterrados lejos de su hogar, tuvieron un entierro inadecuado, o murieron de una forma terrible, atacando a las personas que encuentran para alimentarse de su esencia vital. Los cuerpos de estos muertos vivientes sufren ya el rigor mortis y sus extremidades extendidas los hacen avanzar a saltos con los brazos hacia el frente, su piel tiene una palidez verdosa a menudo en estado de descomposición y tanto el cabello como las uñas siguen creciendo. Como siempre, estas creencias pudieron tener un origen racional, y en este caso pudo ser la costumbre de los monjes taoistas de transportar los cadáveres de trabajadores pobres que morían lejos de su hogar, para que sus familiares les dieran una sepultura adecuada. Las características del transporte entre varas de bambú flexibles hacían saltar los cadáveres al unísono durante esos viajes realizados exclusivamente de noche, tocando una campana para anunciarse para que los pobladores los evitaran, pues era considerado de mala suerte encontrarse con los cadáveres.

En el Poema de Gilgamesh se encuentra una amenaza de la diosa Ishtar: 

‘Derribaré las Puertas del Inframundo, destrozaré los postigos de las puertas, y las derribaré, y dejaré que los muertos suban para comer a los vivos ¡Y los muertos superarán en número a los vivos!’.

Otras criaturas mitológicas, como los draugr de las creencias nórdicas, guerreros que regresaban de la muerte para combatir a los vivos, o los ghouls que encontramos en el folclor árabe (también incluidos en las narraciones de Las mil y una noches), monstruos no-muertos profanadores de tumbas para devorar cadáveres y raptores de niños para también devorar su carne fresca, son otros ejemplos de los muertos vivientes que habitaron las mitologías antiguas, con algunas características que hoy retoman los zombis modernos. 

Es interesante también ver como las criaturas mitológicas se fueron fundiendo o combinando, hasta resultar en las figuras monstruosas que hoy nos son familiares, también los zombis compartían características con los vampiros, para ir luego diferenciándose con particularidades, así encontramos que, en el folclor rumano se mezclaron las brujas con los vampiros en la figura mitologica del strigoi viviente, pues eran criaturas hechiceras con doble alma, y una de ellas era enviada en las noches para alimentarse de sangre, y el vampiro y el zombi en el strigoi muerto, un cadáver viviente que se alimentaba de la sangre de sus familiares. 

Curiosamente, antes de que la cultura popular actual los declarara enemigos acérrimos, el vampiro y el hombre-lobo compartían el mismo cuerpo en la criatura de la mitología eslava: el vukodlak, una bestia humanoide con apariencia de lobo que extraía la sangre de sus víctimas durante sus transformaciones. El hombre que se transforma en animal es también una figura mitológica desde el norte de África hasta Norteamérica, donde la figura del nahual también está presente en sus creencias.

Pero quiero terminar con uno de los monstruos que en la actualidad tiene una popularidad ascendente, y que es además de muy reciente creación: Slenderman. Con apenas tres años de existencia es la leyenda urbana más intrigante para los internautas, en los que tuvo su origen.

Nació en un blog, en el año de 2009. Something Awful es un blog dedicado a historias de terror creadas a partir de una imagen. Cuando recibió una foto antigua de una figura humanoide, muy alta y delgada, con extremidades muy largas, a manera de tentáculos, comenzó la leyenda de Slenderman. A esa imagen se fueron sumando otras, lo más curioso, es que el humanoide era encontrado en fotos antiguas, aparentemente sin manipular... y como una bola de nieve cuesta abajo, la historia ha ido creciendo, con más imágenes y más testimonios, algunos tan enigmáticos como el de que se han hallado grabados de la Edad Media que demuestran su existencia desde ese tiempo (en realidad son ociosas manipulaciones digitales de los conocidos grabados de Hans Holbein). Como si se tratara de uno de los tantos memes visuales (imágenes que se difunden viralmente, con variaciones o recreaciones, las más de las veces cómicas) que inundan la red, las fotografías con la figura de Slenderman semioculta, acechando niños detrás de arbustos o emergiendo de las sombras, se siguen difundiendo y multiplicando, hasta convertirse en un fenómeno mediático al que se le han dedicado análisis, videoseries, videojuegos y proximamente película.

Se dice que esta fotografía no está trucada, fue rescatada de un incendio en una biblioteca
y luego se enteraron que fue tomada en 1975, el día en que desaparecieron 14 niños

Es interesante como se ha desarrollado esta historia, a partir de que alguien necesitaba una figura de terror nueva. No es el primer monstruo surgido con las nuevas maneras de comunicación, pero sí es la mejor lograda, pues ni los vergonzosos intentos de la actual industria cinematográfica han logrado crear un nuevo monstruo que se respete, para muestra está la abominación del Smiley, que más que terror da risa (por no decir pena). Esta nueva leyenda ha nacido como debe ser: de la imaginación de la gente común, y alimentada por la misma inventiva popular. 

Entradas relacionadas: Esto es Halloween, La Muñeca y el Juego del Miedo y Cuentos de Hadas con Final de Horror

2 ideas en tránsito:

marichuy dijo...

Estupendo y bien documentado texto, Bichito. Sí se vale escoger, me quedo con las brujas. Para bien y para mal, las leyendas que las acompañan siempre me han fascinado. En mi pueblo se contaban tantas: algunas genuinamente aterradoras; otras, demasiado exageradas.

Un abrazo
Que te quede lindo tu altar a “los muertos de tu felicidad”.

malbicho del fanzín dijo...

sería fantástico que un día contaras todas esas historias aterradoras, ya se me antojó conocerlas

gracias, la verdad es que me encantan las ofrendas, alguna vez participé en algunos concursos y siempre me fue bien, pero es caro, eso limita mucho =(

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