jueves, 25 de julio de 2013

¡400 MIL!... y mi cumple

¡CUATROCIENTAS MIL PÁGINAS VISTAS!

¡Gracias!

Bueno, en realidad son más de 402 mil según el Fanzinómetro, y más de 437 mil según las estadísticas de blogger (que en un inicio eran las mismas pero quién sabe por qué luego hubo una diferencia que se fue acrecentando), pero es que esta entrada la vengo continuando después de varios días que la comencé, cuando me di cuenta de que se rebasaron las cuatrocientas mil.

Y da la coincidencia que es la madrugada del 25 de julio, justo cuando llevo 51 minutos festejando mi cumpleaños. Ya me dieron los primeros abrazos y ya hice mi primer brindis con coca (claro, fue un brindis por mi salud prediabeticosa).

Mañana me espera el primero de mis festejos cumpleañeros con la familia, y luego seguirán los de los amigos, que espero sean varios. Ya recibí los primeros regalos, uno de ellos una lap, que es en la que escribo ahora, y con la que podré darle un segundo aire a este blog, ya sin las malas pasadas que me daba la otra compu.

Hoy no es un post tan festivo, pero sí muy feliz. Estoy muy contenta... y eso que tengo muchos motivos para no estarlo, pero hoy, como Silvio, quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad.

Hay muchas tragedias en la vida, pero celebrarla, es una necedad que amerita una celebración aparte. Esta necedad que nos vuelve valientes y aguantadores. Tozudos. Estoicos y obcecados. Se necesita mucha necedad para seguir viviendo y encima querer seguir buscando la felicidad.

Y hoy que tengo tantos motivos para llorar, para querer desaparecer debajo de las piedras o de correr para salvarme, resulta que lo que más quiero es celebrar la vida.

Y lo quiero hacer también con ustedes. Gracias por leerme. Gracias por seguir aquí, un año más, y cuatrocientas mil páginas después.

Yo vuelvo hoy mismo, para contarles más cosas, por el momento descanso que mi jornada empieza muy temprano... pero quería amanecer con ustedes.

jueves, 18 de julio de 2013

Matador

Vientos de libertad, sangre combativa.

Mira hermano en qué terminaste por pelear por un mundo mejor.

...Qué suenan. Son balas. Me alcanzan. Me atrapan. Resiste...
Matador, Los Fabulosos Cadillacs.



Creo que si no había escrito antes su historia fue porque estaría inconclusa. Tantas dudas tenía sobre sus motivos... y sus motores.

Cuándo él se fue pensé que me abandonaba, y fue que me estaba salvando.
Así era él... un salvador 
(lo tenía escrito en la frente).

Explicarlo sería extenuante, explicarme a mí sería inútil. Tendría que contar tantos detalles, porque si no sólo sería la historia de unos locos. Una historia loca de unos desquiciados. Que se enfermaban mutuamente.

Eso sería muy cercano a la realidad. Pero faltaría lo inverosímil, lo inaudito.
Lo inédito.

No estoy para misterios pero realmente no puedo contarles mucho, más que decirles que mi vida, que mis vivencias, son inusuales. Poca gente vive tan a la orilla del abismo como yo. Y no porque sea aventurera o temeraria, ni siquiera estrafalaria, ni siquiera extravagante... bueno, ni siquiera realmente divertida. Sólo inconsciente. Agraviosamente inconsciente

(como en esos videos de muertes tontas, esas que podrían ganar un Premio Darwin).

Y de esas cosas que simplemente no puedo contarles, está este luto inacabado, este duelo que no tuve.

No me ha tocado enterrar a mis muertos (cosa curiosa). No es una frase que aspira ser literaria. Es la verdad. Tengo lutos sin exequias. No hay una urna que albergue cenizas y lágrimas, que lapide los recuerdos. Ellos han quedado ahí, al vuelo, como fantasmas de un pasado que se aferra a mis días presentes. Que no regresan porque, simplemente, nunca se han ido.

Él ha estado ahí siempre. Incluso cuando por fin se fue. Cuando realmente se fue. Porque la ausencia que lloré fue apenas, simulacro. Una broma burda. Más al final sí terminó haciéndose realidad, como todo lo que yo finjo. Porque han de saber que dejé de ser mitómana cuando comprobé que las que se hacían realidad eran mis mentiras.

Yo mentí sobre él, para justificar mi gran dolor. Y palabra a palabra mis mentiras se fueron cumpliendo.

Así fue que finalmente murió. Tras convertirse en lo que yo dije que era.

¿Qué camino le quedaba sino la muerte?

(Un día escribí esto:

Andar debajo la noche. Andar sobre la ciudad. Andar en busca de tumbas para, después de escribir que has muerto, poder enterrar tu nombre.
Y ya, ya puedo desandar las noches)

También yo me convertí en lo que mentí que era. La verdad nunca me alcanza, pero mis mentiras siempre esperan por mí.

Hoy también soy lo que él esperó que fuera. Por lo que se sacrificó. Las dos mentiras conviven, persisten.

Quizá ese sea mi homenaje a él.

Vivir por lo que él murió. Aunque eso también me mate.


Fue él, por cierto, quien me hizo escritora... y más que escritora, bloguera. Porque la larga e intensa batalla epistolar era en realidad un posteo de nuestras cotidianidades, la crónica de nuestras distancias. El intercambio de misivas -ensayos sobre la mutua ausencia- nos acercaba cuando no podíamos estar físicamente juntos. Hasta que un día no quiso recibir la última. Su motivo fue tajante: no podía conservarla, no quería tenerla para después tirarla. Fue cuando supe que realmente se había acabado todo. Aunque viví en el error de creer que era por desamor. Yo no volví a escribir, pero él sí siguió escribiendo. Sólo que ya no me envió ninguna. 

No quiero desestimar ningún sentimiento, ninguna relación. Pero hay amores más grandes que otros.

Y están los que son gigantes.

domingo, 16 de junio de 2013

Imagínate despertar y recordar que eres mexicano

La frase la dijo uno de los conductores del programa Top Gear, en tono burlón y despectivo, en un diálogo sarcástico que para muchos fue más allá del humor que caracteriza al programa, hasta volverse ofensivo.

Lo dijo como algo negativo, como si se tratara de recibir un mazaso en la cabeza, una cubetada de agua fría... una realidad terrible. Como la que viven miles de mexicanos que despiertan a esa realidad de pesadilla. Aquí ya hablamos de ese episodio con Top Gear, y tuvimos la respectiva polémica. No voy a volver a eso. Es decir, a explicar el por qué aunque sea humor sigue siendo racismo. 

Porque aunque sea brevemente sí quiero volver al prejuicio de que el mexicano es flojo, ya lo expliqué esa vez, pero lo hago de nuevo: caricaturas como Speedy González nos pintaron durmiendo al sol, cubiertos con sombrero y sarape, recargados en un nopal. Lentos. Flojos. Lo que no sabían los gringuitos que vieron a esos mexicanos dormidos en zonas semidesérticas, cubiertos bajo el sol, fue que estaban viendo a trabajadores agrícolas de las difíciles tierras del norte, reponiendo fuerzas durante las desgastantes horas de mayor calor, para continuar la labor que comenzaban en las madrugadas; sin vegetación que les hiciera sombra, debían improvisar una, aunque sea soportando el intenso calor bajo su cobija, la cual era necesaria para soportar las bajas temperaturas nocturnas que existen en esas zonas de extremos climáticos; las jornadas las reanudaban cuando los rayos del sol se hacían menos severos, continuándolas hasta después del anochecer, porque de otra forma, exhaustos y malnutridos, no podrían soportarlas bajo el sol abrasante. Jornadas extenuantes que casi eran inútiles, pues eran siempre insuficientes para cubrir las necesidades más básicas.

Ese es el origen de tan injusto prejuicio. Y lo explica mejor la encuesta publicada hace un par de semanas, en donde se ubica a los mexicanos como los más trabajadores del mundo, y de los que menos ingresos reciben, y tienen una calidad de vida inferior comparada con otros países (sin embargo, seguimos siendo calificados de flojos, y lo peor, por nosotros mismos, somos los primeros en acusarnos mutuamente de que somos la razón de que el país no avanza, que jalamos para regresar al fondo a los que van sobresaliendo con esfuerzo).

Todavía sigue siendo insuficiente tanto trabajo para muchos mexicanos, porque siguen sin poder cubrir lo más básico. Algunos no tienen ni siquiera la oportunidad de trabajar, porque sus tierras no dan fruto, no hay plazas laborales disponibles, o el crimen organizado y la delincuencia le han impedido continuar con sus pequeños negocios. Y entonces hay que huir. Emigrar, según el lenguaje oficial. Huir del hambre, del miedo y de la muerte.

Y en en ese sentido que la frase burlona del conductor inglés toma un tinte trágico: Imagínate despertar y recordar que eres mexicano.

Imagínate despertar y recordar que no hay otra opción que seguir aguantando. Que tu gobierno no te protege y no te respeta. Que los medios no se abrirán para que tú digas tu propia versión. Que tus mismos conocidos serán los que se defiendan de ti o te entreguen cuando te hayas vuelto incómodo para el sistema que los absorbe. Que las armas que te agenciaste son hondas sin piedras contra un Goliat blindado. Que no tienes verdadera capacidad de decisión, porque las opciones no son tales, la información a tu alcance ha pasado por un tamiz y ha sido reducida a una verdad parcial, en el mejor de los casos, porque de otra forma es una absoluta mentira; las condiciones para actuar son limitadas y salirte de esos límites implica riesgos y costos a veces muy altos. Que has sido conducido para pensar como piensas. Que un intento de pensamiento autónomo será reprimido y reprobado. Que los demás -tus iguales- te invitarán a no seguir tratando de no pensar como ellos, y si su invitación no es aceptada serás marginado, vilipendiado. Que aunque lo intentas, tu pensamiento no consigue ser de verdad crítico. Porque sigues amordazado, ensordecido y vendado. Crees pensar, pero no piensas. Imaginas pensar, pero no piensas. Sueñas pensar... pero sólo lo sueñas.


Y al despertar recuerdas que eres mexicano.


Escribo esto mientras en la televisión se festeja el gol mexicano sobre un equipo extranjero, no cualquiera, el italiano. Ganarle a Italia. Sueño dorado. El gol precisamente es de quien se ofendió tanto por los chistes racistas de Top Gear, que participó activamente en una campaña que decía: "Sí, imagínate despertar y recordar que eres mexicano". En ese momento él era el futbolista mexicano que salvaba al emblemático equipo inglés Manchester United de un desempeño mediocre. La ironía se cuenta sola.

Pero también la mía. En otro momento me uniría al festejo por México, por el triunfo de mi país. Siempre sentí un amor especial por el país, he escrito sobre eso aquí mismo, en otra ocasiones. La cultura, la historia, el folclor, la gente... había tantas cosas que amaba de este país. Ahora ya no siento que sea un triunfo que me incluya. Que fui traicionada, entre otras cosas, por mí, por lo que me dejé enseñar y por lo que aprendí a aprender.

Pero otra cosa que incluye ser mexicano, es no poder hablar de lo que se sabe, de las verdades que uno atestigua, de la verdad que llegó a tus manos y te impide continuar como antes, ignorarla y continuar como antes. Todo el sistema está en contra de la verdad. No hay como revelarla ni luchar por ella. A menos que seas suicida, pero no sólo eso, parricida además. Porque al sistema no le basta acabar contigo.

Ingenuamente pensé que era suficiente con esforzarse por ser congruente, que lo único por trabajar era la tolerancia, el diálogo. Que el objetivo final era la equidad, y para conseguirlo, la justicia. Ahora sé que sobrevivir es lo único que basta. 

Lo demás, cualquier cosa que eso sea, es ganancia. Pero lamentablemente tampoco basta.

El equipo de futbol tampoco ganó, por cierto.

sábado, 8 de junio de 2013

De Vuelta en Casa



No sé ni por dónde empezar, comencé tantas veces una entrada que no terminó de concretarse, en tantos tonos y en tantas intenciones, que la de hoy sólo quiere ser publicada ya.

Primero un anuncio formal: trabajo para dos blogs en donde, si les gusta leerme, también pueden hacerlo allá, ambos tienen temáticas y objetivos distintos a este blogcito, el estilo necesariamente debe ser más formal y con una función casi meramente informativa, pero de igual manera es el mismo sello con que escribo aquí porque no soy tan camaleónica y no puedo cambiarlo tanto, me traicionan la pluma y los dedos y termino siendo la malbicho en todas partes, aunque allá firme con el nickname que uso en la vida 1.0. Allá publico diario y tal vez hasta varias veces al día, en las jornadas que resulten más prolíficas. Me encantará recibir comentarios suyos allá también (estos son: el blog de O-Rouge, portal de empleo dedicado a profesionistas de la industria del lifestyle, y el blog de Capital Virtual, plataforma de interacción en línea en una ciudad cibernética hiperrealista).

Ahora un anuncio informal: este blog dejará de existir... como ahora lo conocen. No de inmediato pero sí en un futuro que espero sea lo más cercano que mi conocida dispersión mental me lo permita (y mis nuevos compromisos laborales). Y es que, por fin se cumplirá un sueño largamente acariciado, incluso antes de saber que sería posible (en un medio como éste): El Fanzín se volverá revista electrónica.

Revista Electrónica.

Sí. ¡Sí! Cómo lo leen: Revista Electrónica. ¡Revista Electrónica!

¡Revista electrónica, señores! Con blog y todo. Con la misma temática de aquí pero mejor planeada, formalmente diseñada. No al aventón como se hacían aquí los posts, producto de un capricho o de una diarrea mental, de una obsesión de insomnio o de una complacencia impuesta que hacía para retener lectores (lo cual no significa que no se atienda la retroalimentación y las sugerencias, pero ya no serán esas ganas de quedar bien con alguien nomás porque se decía fan).

Una revista independiente, autónoma, en un medio digital, sin compromisos con nadie, sin limitaciones, sin mayores restricciones, con dominio propio, con colaboraciones, con participaciones especiales (especiales por ser hechas por especialistas, aunque sean tan autodidactas como yo), con dossieres, con megaposts, con continuaciones y charlas de sobremesa, con temas que no necesariamente tengan que ser los más populares (o por lo menos, que no sea esa la intención al elegirlos), con rarezas, con el estilo que ya conocen, que ya adoptaron como uno que les complace... porque quiero pensar que si vienen aquí es porque lo hacen con gusto y voluntariamente, y no porque lo odien y sólo vengan a torturarse, a autoflagelarse soportándome. Si algo ha pasado con este blog es que aquí no se estacionan los haters ni los trolls, simplemente se van, lo cual es bueno por más que sea raro en la red. Normalmente en cualquier sitio siempre hay uno o varios trolls que se quedan a hacer la vida imposible, pero será que tenemos una política incluyente, y hasta a los que vienen con ganas de fregar los toleramos, que si se quedan es porque terminan sintiéndose a gusto.

Y es que pocas cosas me incomodan cuando leo un comentario. Pienso que todas las reacciones caben, y a menos que realmente estorben para continuar con el intercambio de ideas, no rechazo ninguna. Sólo el spam automatizado que anuncia viagra o porno ruso, o el spam analfabetizado de los que llegan a las entradas sobre la pena de muerte anunciándose para comercializar con sexo, ha sido retirado y moderado (y eso, ha petición expresa de los mismos comentaristas), porque ni siquiera cuando vienen a insultarme o a querer hacerme menos se ha quitado (las pocas ocasiones que ha ocurrido). Todas las reacciones caben, desde las mejor argumentadas hasta las pensadas con el intestino grueso, incluyendo las mías, cuando también me he excedo. 

En la actualidad se moderan los comentarios mediante el captcha, para evitar los bots que exponencialmente invadieron la página en semanas anteriores, y que tan amablemente me notificaron ustedes mismos. Pero por mí ni siquiera esa restricción pondría.

Pero me estoy desviando. Imaginen este blog, que ya demostraron les gusta, pero en versión extendida y mejorada. Así será la revista, y es un proyecto tan viable que sólo depende de mí y de (in)capacidad de organización para que se haga realidad. Como entre otras cualidades que tengo -je-, está la de ser realista, no les prometo que será enseguida, porque además quiero hacerla lo mejor que pueda, así que me llevará un tiempito, pero saber exactamente hace una semana que sería posible concretarla me ha dejado entusiasmada, y aunque no pude venir a contárselos enseguida, sí quería hacerlo, y me ha sacado del marasmo emocional que me había trabado.

Porque, y aquí viene la confesión, he pasado por uno de los momentos más desestabilizantes (y traumatizantes) de mi vida. Y para quien sea un lector habitual del Fanzín no se extrañará de que suelo presumir mi locura, y ya sabe que siempre aclaro que la estabilidad emocional no es mi fuerte y tengo siempre que apuntalarla, entonces imagínense qué tan grave y anormal tuvo que ser ese asunto para que me haya paralizado.

No es momento ni espacio para que ventile aquí lo rara que es mi vida, ni las vivencias tan extrañas que tengo ni las consecuencias tan absurdas que conllevan. Pero lo que sí se puede ventilar aquí es lo mucho que este blog significa, así que volver a él, con la posibilidad de llevarlo a un nivel más alto, es algo que realmente quiero celebrar. 

Y quiero hacerlo con ustedes, que después de mí, son las personas que más lo han llegado a valorar.  Mientras este blog crece y se convierte en revista digital, seguirá actualizándose con los temas que se han estado acumulando en estos días de silencio virtual. No hay manera de que les agradezca el tiempo que dedican a mis letras, a las entradas que hago y al resultado de todo el tiempo y esfuerzo que le he dedicado, que ofrecerles que lo haré mejor. Qué será mejor.

Es promesa.

martes, 30 de abril de 2013

No es que no tenga nada qué decir...
                                                                                                                                         lo que no tengo son las palabras.

domingo, 7 de abril de 2013

Resurrección Dominguera


Una semana después pero llegó mi propio domingo de resurrección.

Perdón por si alguien ha quedado defraudado de no encontrar más entradas aquí en las últimas semanas, no sé si aún queden lectores de este blog o se han perdido todos. Pero espero ustedes y yo recuperemos el ritmo anterior.

Una de las razones de que no me organice para escribir en éste es que ahora escribo en otro blog. Para esto déjenme les cuento que uno de los mayores halagos que recibí sobre mi manera de bloguear fue precisamente en una de las tantas pausas que ha tenido El Fanzín -de hecho era la primera ausencia larga-, esa vez por dificultades económicas al no poder pagar el servicio de Internet, y lamentando la falta de actualizaciones, a una amiga lectora le comentó su esposo: "debían pagarle por bloguear". Así de buenos le parecían mis posts y así de lamentable el que no pudiera subir nuevos. Me sentí realmente halagada y orgullosa cuando ella me lo contó. Aunque no fuera con una compensación económica me di por bien pagada, ante esa opinión.

Esta ausencia se debe también a motivos económicos, pero ahora es el contrario. Y es que ahora sí me pagan por bloguear. No aquí en El Fanzín, lamentablemente, sino en el blog corporativo de una empresa, con una temática muy diferente a la de aquí, y en un tono mucho menos informal. Aun así los invito a leerme allá también, sin embargo, no quiero hacer una invitación y ya. Mejor primero les cuento mis andanzas del último fin de semana.

Como cada vacaciones de semana santa, mi familia y yo salimos a pasear, aquí ya he contado como me fue la última vez que nos fuimos a acampar a un balneario en Hidalgo, y aquí como me fue en Acapulco (y aquí como me volvió a ir en la última visita), esta vez volvimos al balneario de aguas termales (ya estamos hartos de ir al mismo, pero los niños y el que paga el viaje ejercen su dictadura al decretarlo el balneario oficial de las vacaciones familiares). La verdad es que aunque nos quejamos de ir otra vez, lo disfrutamos mucho. El día que empezó frío y con viento se compuso totalmente, las aguas siempre cálidas y las instalaciones cada vez más comfortables nos regalaron momentos felices y divertidos. Sin embargo, todavía hoy no me repongo (apenas fui antier) del ejercicio realizado en sus albercas, de los golpes ligeros al caer de toboganes y chocar con los que también saltaban en la alberca de olas gigantes, de los raspones al rozar el fondo de un río artificial de poca profundidad, cuando me dejaba llevar por su corriente, y de la prolongada permanencia en aguas geotérmicas, tan benéficas y relajantes que todavía me mantienen en un sopor que me atolondra -je-. Y aquí es donde hago el primer enlace al blog que me da de comer, pues quiso la casualidad que encontrara información sobre los mejores balnearios de aguas termales en el mundo (hotsprings, les dicen en el idioma de Shakespeare, Wilde y los Beckham), y es que tengo que explicarles que el blog está dedicado a la información sobre el estilo de vida acomodado y de lujo (lifestyle, le dicen, justamente, en el idioma de los Beckham... y los Windsor).

Ya también es tradición nuestra hacer un alto para comprar pastes cuando pasamos por Pachuca al regresar. Kiko´s son el McDonald´s de los pastes, cada tres calles hay una sucursal y dominan hasta en la publicidad, ahora ya le salieron contrarios igual de competitivos en la mercadotecnia y también se ve una buena cantidad de letreros de El Duque (que vendrían siendo los Burguer´s King de los pastes... je, chiste malo de tan obvio y falto de ingenio), pero nosotros apostamos por comercios más pequeños.



Y aquí aprovecho para platicarles sobre los pastes porque debo esa entrada desde hace dos años. Para quien no los conozca, los pastes son como empanadas, también su relleno varía en dulce o salado, aunque los originales son los de carne molida, papa y poro, tal como tradicionalmente los hacen en Inglaterra. La masa utilizada es la cornish pastry, que es la base clásica para pays y tartas, y aquí el relleno se amplió a los platillos de la comida regional, heredera de la comida novohispana, tales como mole con pollo, picadillo, frijoles con chorizo y queso, jamón con queso y piña, champiñones, tinga y papas con atún; también hay de relleno dulce, como ate con queso, mermelada de piña, crema pastelera, manzana con canela, arroz con leche, cajeta y nutella. También hay otra variante que es con pasta hojaldrada, que es mi pasta favorita, pero para los pastes prefiero la masa original, y aquí les dejo la receta que tradicionalmente se usa en Real del Monte, Hidalgo (para hacer los cornish pasties a la manera inglesa, aquí un enlace al periódico Guardian, con un muy completo artículo sobre su platillo tradicional):

Pasta original :
 - 2 kilos de harina de trigo 
- 1 kilo de manteca 
- Agua, la necesaria 
- Sal al gusto 

Se mezcla la harina con la manteca, integrándolas poco a poco. Se agrega la sal y el agua. Se amasa hasta formar una pasta manejable, se deja reposar mínimo media hora. Luego se hacen las tortillas, el relleno se coloca en una mitad y se cubre con la otra, los bordes se unen con pequeños pellizcos, formando una especie de trenza, o se barnizan con agua o huevo, para que se peguen. También la superficie de la empanada se barniza con yema de huevo, para que quede brillosa. Si el relleno es dulce puede salpicarse con un poco de azúcar. Se hornean alrededor de veinte minutos, dependiendo de la intensidad del horno (en Hidalgo lo hacen en hornos de tabiques rojos), hasta que queden doradas (algunos recomiendan voltearlas y hornearlas hasta que el otro lado quede igual de dorado).

Relleno original: 
- 1 kilo de papa fresca 
- ½ kilo de carne molida de res 
- Cebolla picada 
- Perejil o poro picado 
- Sal y pimienta negra al gusto

Las papas se cortan en cubos pequeños, al igual que la cebolla, el poro también se pica finamente y se mezclan todos los ingredientes con la carne, la mezcla final se salpimenta. Se coloca crudo en las tortillas antes de unir sus extremos. Esta es la diferencia entre un paste y una empanada, en los pastes el relleno se coce junto con la masa.

Y ¿cómo fue que un platillo inglés se convirtió en el platillo tradicional de la capital de Hidalgo, y de pueblos mágicos como Real del Monte? A causa de la plata, y del vasto yacimiento que se encontró en ese pueblito y que fue explotado por siglos por los españoles, especialmente por Pablo Romero de Terreros (ajá, no sólo fue una colonia, fue uno de los hombres más ricos de la Nueva España en su tiempo, al grado que invitó al rey de España para que visitara su mina y el pueblo, y le ofreció adoquinar con lingotes de plata el camino desde Veracruz hasta Real del Monte, para que el carruaje real no pisara la tierra). Ya independizado el pueblo y el territorio mexicanos, el descendiente de Romero de Terreros quedó en bancarrota y para reabrir sus minas buscó inversión en Londres, de donde llegó nueva tecnología y mano de obra. Fueron estos obreros ingleses (de la provincia de Cornwell) los que trajeron la costumbre de transportar su almuerzo envuelto en pan, para conservarlo caliente. La trencita de pan que une los extremos de la tortilla era para sujetar el paste, pues no tenían oportunidad de lavarse las manos después de interrumpir el trabajo en la mina para el almuerzo. Por cierto, junto con los pastes, trajeron el futbol.

Otro día hablamos de la pasta de hojaldre (sé que eso ya lo prometí pero les juro que se los cumplo ahora sí).

Por cuestiones de trabajo ando asomada siempre al mundo del lifestyle y el lujo, ahorita como advenediza e intrusa, sintiéndome todavía culpable de dejar mis votos de pobreza voluntaria y entrar en esos mundillos elitistas. Siempre me ha gustado el comfort y soy de naturaleza sibarita, pero siempre me molestó que esos gustos se reserven a clases acomodadas, creo firmemente que todo el mundo debería tener derecho a los placeres que da la calidad y el buen gusto. Confieso que cuando yo disfruto más un lujo es porque lo obtengo gratis -je-, y por eso ahora todavía estoy encandilada con algunos placeres que descubro gracias a mi jefe o a mis compañeros de trabajo, sin que me cueste gastar el poco dinero que recibo. Gracias a mi jefe me hicieron un cambio de imagen en el salón de belleza más caro de México, y quedé maravillada de la atención y las comodidades que ofrecen. También descubro algunos sabores nuevos que me habían sido vedados por el precio que tienen en las tiendas gourmets o en los restaurantes más lujositos, y también he quedado asombrada de las sensaciones en mi boca... claro que igual disfruto un taco de carnitas del puesto de la esquina o los nopalitos que prepara la mamibicha, o el vaso con coca-cola fría que por mi dieta me es restringido y que cuando hago la excepción pecaminosa lo disfruto igual que si fuera un pecado carnal.

De esos gustos caros que todavía no me doy están los libros de ornato que tanto me gustan, y de los que quería hablarles desde hace mucho. Los gringos los llaman coffee table books, y son los libros de gran tamaño y pasta dura que preferencían el contenido visual con fotografías de alta calidad, normalmente de la naturaleza, de obras pictóricas, escultóricas o arquitectónicas, con imágenes de danza o de moda, o con imágenes altamente estéticas o emblemáticas.

El primero de ellos data de 1892, y fue concebido por el director de una asociación de ciudadanos estadounidenses con un visionario interés por el cuidado del medio ambiente, y con la intención de llamar la atención hacia ese tema (tan poco prioritario en ese entonces), para lo cual ideó un libro con poco texto e imágenes impactantes. Inspirado en los pósters con imágenes de la naturaleza que adornaban las paredes de su despacho, David Brower, director de la asociación ambientalista Sierra Club, encargó el libro This is American Earth al fotógrafo Ansel Adams. Fue el primero de una exitosa serie de libros, que fueron los primeros en adornar las mesas de café norteamericanas, para adorno y presunción.

Hace mucho aquí hablamos del libro Sumo, del fotógrafo de moda Helmut Newton, uno de los coffee table books más famosos y exitosos (no suelen ser bestsellers dado el alto costo de fabricación y de venta al consumidor, muchos basan su éxito comercial precisamente en ser ediciones limitadas). La editorial alemana Taschen es la que se ha especializado en la edición de estos libros, con cuidadas ediciones en material de calidad, y enfocados a personalidades de gran prestigio. Y justamente aquí es donde hago mi segundo enlace al blog que realizo profesionalmente (ah, porque eso sí, ya puedo decir que soy una blogger profesional... por lo menos ya cobro por eso, y oficialmente ya no soy amateur, je), porque encontré novedades de esa editorial, enfocados al mundo de la moda. Pásenle a lo barrido y léanme por allá también, si me hacen favorcito.

Ya les enlacé a los dos últimos artículos de allá, les dejo ahora el enlace al blog general, aunque al principio hay dos entrevistas interesantes, pero que no hice yo, yo sólo escribo los artículos y las actualizaciones de estado en las redes sociales (y también ahí los invito a seguirme, a diferencia de mis perfiles como la malbicho, ahí sí actualizo diariamente... y les prometo ir más allá de la frivolidad del mundo del lujo).

También les prometo ya no alejarme tanto de aquí. Yo a este blog lo extraño más que ustedes, se los juro.

martes, 19 de febrero de 2013

El Taller de Lectura


La casa era amplia y siempre estaba iluminada, dos enormes ventanas dejaban entrar la luz solar a la estancia principal, el tapiz aperlado reflejaba su luz en las zonas más escondidas, y si era de noche, las decenas de cristalitos de las lámparas lanzaban destellos de color hacia todos lados. Era una casa agradable, no sólo porque estaba recién remodelada y decorada, lo que la hacía parecer nueva, sino sobretodo, porque estaba siempre limpia. Impóluta. 

Cuenta la leyenda, que una vez una vendedora de productos de limpieza llegó a esa casa con la intención de vender su producto estrella: un limpiador multiusos que arrasaba con el cochambre, el moho, el sarro y las manchas percudidas en los más aviesos rincones. 

-Ya ve que siempre hay una manchita que no podemos quitar por más que tallamos y remojamos-, aseguró  esa vendedora a la joven ama de casa, con conocimiento de causa y seguridad a prueba de toda duda.

Pero la joven señora vestida con extrema sencillez la miró extrañada antes de negar con la cabeza: No, en esa casa no había ninguna. Volvió a negar cuando la vendedora insistió que si la dejaba pasar le mostraría como desmancharía detrás del inodoro, alrededor de las coladeras, las paredes alrededor de la estufa, bueno, hasta la estufa misma en sus parrillas y hornos: No, la señora no tenía ese tipo de problemas en ninguno de esos lugares. Pero ante la insistencia casi impertinente de la vendedora la dejó pasar, y la acompañó detrás de ella a todos esos lugares para que comprobara, sorprendida, que no había ninguna mancha en todo lugar que buscó, incluyendo el fondo de las ollas de aluminio o de los sartenes de peltre, en el piso de la zotehuela, detrás de la lavadora, o en los barandales de la escalera del jardín. No había mugre acumulada en esa casa, y con derrota, pero con admiración, le dijo a la señora que nunca le había pasado no encontrar dónde limpiar para demostrar su producto.

Y es que mi mamá se levantaba antes de las cinco de la mañana y se dormía pasaditas de la medianoche para no dejar ninguna parte de la casa sin limpiar, a pesar de los seis hijos que le exigían comida, ropa limpia (y bien planchada), y atención constante; a pesar, también, de tener dos perros de pelo negro e hirsuto, y un gato que resultó ser gata, y que descubrió su verdadera identidad cuando quedó preñada con cuatro hermosos gatitos pintos. Y encima un marido tirano, eternamente malhumorado, y tan exigente como injusto, pues cuando él llegaba cansado de trabajar, y hallaba una falla en el servicio (porque en realidad lo que mi madre le brindaba era un servicio, incondicional y sin paga), se la reclamaba rematando invariablemente al final: "Si no haces nada, ¿cómo no puedes hacer esto bien?".

Cuando las hijas de en medio alcanzaron la pubertad, comenzaron a ayudar un poco en los quehaceres domésticos, con pequeñas tareas que luego tenía que corregir... la hija mayor no, porque era la consentida del papá y estaba exenta de toda molestia, y la hija menor tampoco, porque era la consentida de todos los demás y aparte era realmente pequeña, aunque a veces lograba convencer a su madre de que le dejara lavar las tazas de plástico o sus calcetas, y entonces terminaba empapada de pies a cabeza y la mamá le decía: "No, no me conviene que me ayudes porque te enfermas y me sale más caro el caldo que las albóndigas", así que la pequeña malbichita también quedaba al margen del quehacer y se dedicaba a bailar y cantar a su alrededor mientras ella terminaba de lavar la ropa, con los brazos hundidos en la espuma jabonosa hasta los codos y la voz en cuello cantando sobre golondrinas, palomas negras y pajarillos pecho amarillo. Porque mi mamá cantaba siempre que lavaba algo. Así supe yo de historias como la del preso número nueve, que era un hombre muy formal, pero que un día mató a su mujer y a un amigo desleal. Cuando mi mamá planchaba o cosía oía radionovelas. Así supe yo de Kalimán y Rarotonga. Y una vez a la semana, después de comer, leía un poco, antes de continuar con la faena diaria y la merienda. Así supe yo del total placer de la lectura.

Y no nada más yo, sino que antes de mí, todos mis hermanos, incluida la mayor aunque no era su consentida y en todo lo demás parecía estar en su contra. Pero no había excepciones cuando nos recostábamos a su alrededor, en su amplia cama nueva, en su recámara remozada, cuando ella llegaba con la adquisición semanal de material de lectura. Todos cabíamos en esa cama alternándonos a su lado, o con la cabeza sobre su abdomen. Alternábamos también los pequeños tomos que devorábamos golosamente, recomendando a otro algún título o comentando el que teníamos entre manos, sorprendidos por un giro de la trama. A veces nos peléabamos por la adquisición más reciente, o esperábamos ansiosos que otro lo terminara de leer, para pedirlo (haciendo "cola" a veces, es decir, estableciendo un orden para poder acceder a tenerlo entre las manos, reclamando si alguien adelantaba algo de la trama o el final). Pero mi mamá ponía fin a toda discusión proporcionándonos algún otro título, no tan nuevo pero sí entrañable, del que nos resumía su historia o describía las características de sus personajes, interesándonos. 

A veces esas recomendaciones abrían el debate sobre las motivaciones de los protagonistas, sobre las costumbres retratadas o sobre las implicaciones morales de sus actos. Todos teníamos una opinión y mi mamá nos alentaba a externarla, moderando las intervenciones cuando uno se exaltaba de más o chocaba con una contraria. Eso también pasaba cuando mi papá era el que alentaba los debates cuando él moderaba las lecturas, la diferencia es que él no buscaba conciliar, ni era tan justo al conceder validez a las opiniones, tampoco se hacían en la cama de su habitación (la más grande y cómoda), sino en la mesa, tras el desayuno dominguero cuando nos leía el periódico en voz alta sin tolerar ninguna interrupción, y luego nos obligaba a comentar lo que había leído, invariablemente de la sección de Política. Rara vez aprobaba lo que decíamos, tampoco respetaba los desacuerdos que se tenían con él, lo que provocaba discusiones ríspidas que amargaban el resto del domingo (y de la vida, en ocasiones). 

Quizá por eso las tertulias con lecturas de sobremesa eran mejores sin él, periódicos y revistas eran analizados entre risas, bromas, sarcasmos e ironías, cuando los hermanos discutíamos sobre espectáculos, cine, programas de televisión, farándula, cultura o arte. El ingenio y la acidez eran celebrados y no pocas veces se originaban competencias para ver quien tenía la lengua más ágil y venenosa, en duelos verbales que rayaban las faltas de respeto, pero que se aligeraban con alguna carcajada ante una respuesta más pronta y lúcida. Pero nunca logramos por nosotros mismos, la armonía y la convivencia que mi mamá tenía en sus propios talleres de lectura. Tan espontáneos como concurridos. Porque vaya que tenían convocatoria.

Y eso que en la casa se leía siempre, y siempre géneros distintos, de acuerdo a cada personalidad adolescente y prepúber. Además de las lecturas escolares, que se ampliaron a medida que unos pasos se extendieron a los planteles del CCH, radicalizándose; o al colegio privado en que la consentida quiso cursar la preparatoria, moralizándose; o al centro cultural en el que el más bohemio se internó en el mundillo de las artes escénicas, sublimándose, en la casa siempre hubo una biblioteca extensa y rica que mi papá se preocupó en alimentar con sus intereses sobre la historia y el análisis social, además de una preocupación genuina por dotarnos de clásicos literarios. Pero nunca fue tan extensa su biblioteca como la de mi mamá. Ni tan conocida. Porque leímos y releímos cada tomo, exprimiendo cada emoción que podía provocar. Y anhelábamos el nuevo título con que iba a enriquecerse, ya sea nuevo o viejo, porque ante nuestra avidez ella se internó a buscar anteriores títulos, con la misma dedicación que muchos lectores irredentos se adentran en librerías "de viejo" a buscar libros de tapas desgastadas y lomos desleídos, atesorando títulos desconocidos y novedosos. Y era cuando se daban esas tardes felices de lecturas bajo su regazo, cuando llegaba cargada de bolsas repletas de más ejemplares de El Libro Semanal.

lunes, 28 de enero de 2013

Orgullo y Prejuicio, 200 Años


Ilustración de Pickering y Greatbat, para la edición de 1833

«Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa», dice Jane Austen, en uno de los íncipit más conocidos de la literatura mundial, quizá porque sigue vigente. Tantas son las razones y las complicaciones sociales que mantienen esta verdad mundialmente reconocida, que se necesitaría de la mirada aguda y fotográfica de la escritora británica para plasmarlas en una historia que retrataran nuestros ritos y convenciones alrededor del romance, tal como se vive en la actualidad.

Ilustración de C. E. Brook para la edición de 1895

Porque ella guardó para nosotros, sus lectores, los convencionalismos sociales que vivía la sociedad que le tocó atestiguar, y estos últimos doscientos años, todo el que se ha acercado a su libro Orgullo y Prejuicio se ha acercado también a la sociedad rural inglesa durante la transición del siglo XVIII al siglo XIX. Se acerca, también, al feminismo incipiente de su protagonista (y de la escritora misma), que desafía la convención social del matrimonio arreglado por conveniencia, al priorizar el amor sobre la seguridad económica. Elizabeth Bennet es una protagonista literaria moderna, tan transgresora en su tiempo como en la actualidad lo puede ser Lisbeth Salander, de la exitosa Trilogía Millennium, asumiendo dos grandes (y graves) estigmas de la época: la soltería y la pobreza, a causa de sus convicciones. Pero el amor la sorprende. Y eso la hace también tan vigente como cualquier otra de las protagonistas de las novelas románticas actuales, incluso de las historias telenovelizadas que día a día atrapan a miles de espectadoras que suspiran por un galán como el señor Darcy: tímido, elegante, con sentido práctico pero al mismo tiempo romántico, tan enamorado como millonario.

Ilustración de Hugh Thompson para la edición de 1894

Tengo que confesar aquí que sufro de una cursilería pasmosa, y que el "Te amo" de Mr. Darcy me sorprendió y me conmovió tanto como a la misma Lizzie Bennet, a partir de él las páginas se sucedieron con velocidad agitada, hasta comprobar que también ella había descubierto en él a un hombre digno de amar. Porque soy una de las tantas miles de enamoradas del arrogante Fitzwilliam, y no he dejado de soñar de que un hombre guapo, sensible y millonario se dé cuenta de lo irresistible que me hace mi ingenio, y decida dejar de lado a las niñas bien que lo rodean para llevarme a vivir a su palacio de jardines suntuosos, donde intercambiaremos impresiones sobre obras artísticas mientras comemos uvas y bebemos té.



Pero más que la historia de amor del libro que hoy cumple dos siglos, me impactó el estilo directo e inteligente de una autora que supo retratar su sociedad a detalle, sin juicios pero sin contemplaciones, reflexionando no sólo sobre sus costumbres sino también sobre las relaciones humanas, a partir de una sencilla historia de amor,  tan sencilla y tan compleja como lo son todas las historias entre dos personas que se enamoran; una historia tan personal como universal, porque como todos saben, Austen la empezó a escribir justo al malograrse su gran amor, precisamente por convenciones sociales, traspolando su vivencia particular en una que es posible comprender por todo aquel que ha tenido la fortuna de enamorarse. Eso es a lo que yo aspiré conseguir cuando aspiré a ser escritora. Injustamente su literatura es considerada menor, tanto por grandes escritores como el mismo Mark Twain, quien realmente la odiaba y no escatimaba descalificaciones hacia ella, como por lectores contemporáneos, que siguen etiquetándola como autora de novelas rosas; afortunadamente ha sido también defendida por plumas más dignas y de mayor credibilidad que ésta, que la devuelven al nivel que tiene y merece.

La familia Bennet

Orgullo y prejuicio es uno de mis libros más amados, y Jane Austen es de mis escritoras consentidas, y estos doscientos años los festejo como si me atañeran directamente. No soy la única, Jane Austen seduce a muchas mujeres y no pocos hombres (un curioso cuento de Rudyard Kiplin nombra a soldados de la I Guerra Mundial, devotos de los libros de Austen, como Los Janeites, nombre que portan orgullosos los actuales admiradores de su obra, que recrean la moda y costumbres de su época), y en su figura y entorno se centran libros y películas, además de las adaptaciones a sus obras, la influencia en nuevos libros (como los de la famosa Bridget Jones) y las nuevas recreaciones (como la imaginativa Orgullo y prejuicio y zombies). Pero es poco conocido el escrito por su sobrino, donde además se reproducen algunas de sus cartas: Recuerdos de Jane Austen es un retrato cercano, tan objetivo como subjetivo de alguien que la conoció y la amó.

Retrato hecho por su hermana Cassandra

Supuesto retrato en posesión de la familia Austen

domingo, 20 de enero de 2013

Paseo Dominical: Sueño de una Tarde en La Alameda


Los paseos de las tardes en La Alameda son posibles desde el siglo XVI, cuando el virrey Luis de Velasco tuvo la visionaria idea de mandar construir el primer parque de América Latina, con influencias renacentistas (pero con intenciones no tan bucólicas: separar las viviendas de la población española de la indígena, aunque el virrey explicaría así sus motivos: "un paseo para darle belleza a la ciudad y que a la vez fuera lugar de recreo a sus habitantes"). 

Este jardín público fue abandonado y sus pastos servían para alimentar ganado, hasta que fue protegido por bardas (hubo un tiempo en que en uno de sus extremos se ubicó la hoguera de la Inquisición), luego se colocarían portones más grandes y fue embellecido por fuentes bajo la orden de Felipe V al llegar al poder, quien siendo de la dinastía de los Borbón conoció la belleza de los jardines de Versalles; ya siendo rectangular (con la ampliación de las calles aledañas) la refinada emperatriz Carlota la embelleció aún más con las rosas que mandó sembrar, para disfrutar sus caminatas, pero los paseantes comunes pudieron hacerlo con más seguridad cuando Benito Juárez la mandó iluminar y tumbar las bardas que la rodeaban.

Cuando aún tenía álamos, lo que justificaba su nombre

No tuvo mayor cambio hasta que en el marco de los festejos del Centenario de la Independencia, Porfirio Díaz inauguró el Hemiciclo a Juárez, cambiando de lugar el quiosco Morisco, que ahora está en Santa María la Ribera. Y ordenó también que volvieran los recitales de los domingos que iniciara el virrey Bucareli. En 1921 el gobierno alemán regaló el monumento a Beethoven, que fue colocado dando cara al Palacio de Bellas Artes.

Quiosco Morisco (y tranvía), cuando estaba en La Alameda, a principios del s. XX
(imagen de La Ciudad de México en el Tiempo)

Y desde noviembre, los paseos en La Alameda vuelven a ser posibles después de ocho meses de trabajos de remozamiento y rediseño. 

Así luce ahora,
hasta cierto punto homologándose a la explanada de Bellas Artes y al Jardín Solidaridad

Yo no había vuelto desde hace casi un año, hasta esta semana que acabó, y aunque de inicio eché de menos el piso de adoquines rojos, el aspecto antiguo de las fuentes y gran cantidad de árboles, ya en la tercera visita terminó por gustarme (por diversas cuestiones tuve que regresar a la zona dos días más, pudiéndola disfrutar desde varios ángulos y a distintos momentos de la tarde-noche). Estas son algunas de las imágenes que capturé durante esos paseos:

Los andadores son más anchos, las áreas verdes ya no están rodeadas por rejas
(al fondo, la fuente que donó Carlota: "La Venus conducida por cerafines", de Mathurin Moreau)

Con Bellas Artes al fondo

Una de las diez fuentes, algunas datan desde los tiempos de La Colonia

La fuente central, y sus magnéticos juegos de agua

Una vista nocturna de la misma fuente
(ahora La Alameda es más concurrida cuando cae la noche)

Otra de las fuentes bajo la puesta de sol 

Poseidón, en sus dominios

Tal como decía Cri-crí:
"Allá en la fuente había un chorrito... se hacía grandote... se hacía chiquito"

En esta fuente es donde la gente más se divierte
(aunque no salió ninguna de las fotos que tomé con la gente corriendo entre los borbotones iluminados, pese al frío)

Vista nocturna del quiosko, en el extremo contrario del Hemiciclo a Juárez

Durante la noche las fuentes iluminadas son un bello espectáculo

Una improvisación teatral  callejera convoca a un nutrido público,
a un costado del Museo Diego Rivera, bajo la reproducción del mural que inspiró el emblemático parque:
Sueño de una tarde dominical en La Alameda

Cinco siglos después, al hermoso jardín público se sigue dando el uso que esperaba el virrey Luis de Velasco: dar belleza a la ciudad, y recreo a sus habitantes.

(Click a cada imagen para agrandar)

miércoles, 16 de enero de 2013

Los Diarios de Susan Sontag



«Siento un poco de vergüenza de ser estadounidense. Siempre me ha molestado la vanidad de querer ser los primeros, la cultura popular, las películas de Hollywood... Quizá por eso me gusta tanto sentirme extranjera. Me interesan más los derrotados que los vencedores».



«El arte es una forma de consciencia».

«La única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia».
Susan Sontag.



Provocadora, polémica, brava, comprometida, profundamente crítica, Susan Sontag era una mujer de inteligencia avasalladora que sacudió las mentes norteamericanas por su nada complaciente análisis al sistema y cultura de su país, que lo mismo abordó la guerra de Vietnam o las políticas del gobierno norteamericano tras los ataques del 11 de septiembre. Así como las de países como Israel, a las que criticó desde el mismo estrado en que la galardonaban con el Premio Jerusalen de Literatura, el máximo premio israelí otorgado a escritores extranjeros. Además de la política y el poder, Sontag analizó la cultura occidental con la misma precisión quirúrgica, hasta en la manera de entender las enfermedades, y justo lo hace desde su misma condición de enferma de cáncer (del que derivaría posteriormente la leucemia que le causó la muerte a los 71 años), en La  enfermedad y sus  metáforas, y El SIDA y sus metáforas, reflexiona sobre los prejuicios negativos, los estigmas y las actitudes sociales con que se conciben y acompañan a las enfermedades.

Click para agrandar

Esa disección con bisturí analítico, también lo hace de sí misma en los escritos que salen a la luz tras su muerte, en 2004. En contraste con sus combativas ideas, activismo social y contribuciones intelectuales, poco se sabía de la vida privada de la escritora, dramaturga, cineasta y ensayista; incluso su relación con la reconocida fotógrafa Annie Leibovitz, y la hija que tuvieron durante su unión sentimental, fueron muy poco difundidas en sus detalles. Su vida personal y su aspecto íntimo fueron muy bien resguardados por ella misma hasta su muerte, hasta que su hijo y editor, David Rieff decide editar los diarios que ella comienza desde a los 14 años, cuando con lucidez pasmosa, enumera sus convicciones, creencias y preferencias:

Creo que: 

 (A) Que no hay dios personal o vida después de la muerte 
 (B) Que la cosa más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, Honestidad 
 (C) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia 
 (D) Que el único criterio de una acción es su efecto último en hacer que la persona feliz o infeliz 
 (E) Que está mal privar a un hombre de la vida [comentarios 'f' y 'g' están desaparecidos.] 
 (H) Creo, además, que un Estado ideal (además de 'g') debe ser de carácter fuerte y centralizado con control gubernamental de servicios públicos, bancos, minas, transporte + y subvenciones de las artes, un salario mínimo cómodo, el apoyo de discapacidad y edad [d]. Estado cuidado de las mujeres embarazadas con tal distinción como legítimos + ilegítimos hijos. 

Susan Sontag adolescente

En 1957 vuelve a hacer un ejercicio similar (además de establecer para sí misma "Reglas y deberes a los 24", en donde, entre otras cosas, se ordena no criticar públicamente a la universidad donde trabaja, darse una ducha cada noche y escribir a su madre cada tercer día):

¿En qué creo? 
 En la vida privada 
 En sostener la cultura 
 En la música, Shakespeare, edificios antiguos 

¿Qué disfruto? 
Música 
Estar enamorado
Niños 
Dormir 
Carne 

Mis errores 

Nunca estar a tiempo 
Mentira, hablar demasiado 
Pereza 
No aceptar el rechazo

Susan Sontag en 1964

Los diarios de Susan Sontag se han editado en varios volúmenes, siendo el primero Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964, y en ellos se puede hallar a una mujer transformarse de la brillante adolescente con la misma curiosidad hacia el conocimiento y la literatura que por el sexo, y la vida misma, por la que manifiesta siempre un gran apego (escribe a los 18, sin más contexto: "Dios, vivir es enorme"), a la deslumbrante librepensadora que sacudió la conciencia norteamericana, convirtiéndose primero en la intelectual independiente más admirada, bandera del movimiento ideológico posterior al mayo del 68, hasta la rechazada por la nacionalista sociedad estadounidense, que en la primera década de este siglo llegó a considerarla traidora a la patria por sus críticas al sistema norteamericano, especialmente por sus políticas imperialistas y antiterroristas.


El segundo volúmen es Como la conciencia es aprovechada por la carne. Diarios y cuadernos, 1964, 1980. Con base a estos libros se han diseñado los Diarios Ilustrados de Susan Sontag (a las que pertenecen las ilustraciones aquí mostradas), por la artista gráfica Wendy MacNaughton, con reflexiones, pensamientos y aforismos de la genial pensadora, que hoy cumpliría 80 años.

martes, 1 de enero de 2013

¡CUATRO AÑOS DEL FANZINE!

Así empezó todo:



Con un propósito incumplido... pero no olvidado. Aunque ahora ya me es casi imposible escribir diariamente, además el blog a evolucionado un poco, no es más un álbum de recortes y para recoger lo que veo en la red está El microfanzín, con una plataforma más práctica para eso; para comentar la información actual está Twitter y para cotorrear sabroso y echar chisme está Facebook (y para algo de todo eso está Google+ pero la verdad es que se me olvida que está ahí).

Ya tampoco las cosas del Fanzín y la malbicho me ocupan exclusivamente, no les había dicho pero soy responsable del manejo de las redes sociales y del blog de un sitio que proximamente tendrá una apertura pública, encima me comprometí en algunos proyectos que me interesan sobradamente, y que tienen que ver con la conciencia social que me he comprometido a desarrollar en mí y -en lo posible- en los demás, uno de esos proyectos es una iniciativa para contrarrestar la violencia y la normalización de la muerte de las víctimas del narcotráfico y la guerra mal planeada que se lleva contra este. Les cuento más sobre esto en una próxima entrada sobre el tema.

Porque lo que hoy nos ocupa es... ¡el cumple!

No es casualidad que el cumpleaños del blogcito sea en inicio de año, la coincidencia no es tal y lo que se empezó hace cuatro años fue el inicio de una conversación y una convivencia fructífera, justo como el ciclo que se inicia cada 365 días y que nos entusiasma renovar. Hoy celebramos al doble, y brindamos también dos veces, una por el año que nace y otra por el año nuevo del Fanzín, que también renace. Lo único que sentimos es que nuestro cumple opaque otros eventos casi tan importantes como nuestro aniblogsario:

En 1325 la fundación de la ciudad de Tenochtitlán. En 1801 Giuseppe Piazzi descubre el primer asteroide, Ceres. Y se funda el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. En 1860 Lincoln programa la abolición de la esclavitud. En 1959 triunfa la Revolución Cubana sobre la dictadura de Fulgencio Batista. En 1994 entran en funcionamiento el Espacio Económico Europeo (EEE) y el Tratado de Libre Comercio (TLC) de Canadá, EEUU y México. Y guerrilleros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inician una rebelión en el estado mexicano de Chiapas protestando contra la pobreza del indígena campesino. En 1998 entra en circulación el euro, moneda única para dieciséis países de la Unión Europea, siendo Eslovaquia el último en unirse.

Por nuestra parte este año volvemos a recordar al santo patrono del blog, al que nos encomendamos en un principio: el dios Jano.



Jano es una figura mitológica exclusiva de la cultura romana, considerado un héroe (al igual que Prometeo) se le atribuye también la invención del dinero, las leyes y la agricultura, según los romanos este dios aseguraba buenos finales.

El origen del nombre del mes de Enero (Ianvarivs) procede de Jano, el dios romano de las puertas, los comienzos y los finales, a quien se representaba con una figura bifrontal, mirando hacia ambos lados de su perfil (al Este y al Oeste, por donde sale y se mete el sol); era el dios de los cambios y las transiciones, de los momentos en los que se traspasa el umbral que separa el pasado y el futuro, y se le honraba cada vez que se iniciaba un proyecto nuevo. Enero era el undécimo mes del calendario romano, fue con las reformas al calendario juliano (45 a.C., durante el mandato de Augusto) que fue considerado el inicio del año.

Este blogcito se inició con el año en este mes de puertas abiertas, encomendándose al dios Jano, no sólo para tener un buen comienzo sino un buen final, y cuando sea necesario, una buena transición.

Pero todavía no es tiempo del final del blog, aunque la transición se ha hecho con cada entrada. Y hoy precisamente para celebrar el fanzinversario les quiero comentar sobre las mejores entradas del blog. Al gusto del público y al mío propio.

Porque las reinas de las entradas son las que ofrecen datos e información para trabajos escolares, destacando descaradamente las que tratan sobre la pena de muerte, ofreciendo argumentos a favor y en contra, dentro del dossier que hicimos sobre el tema. Solitas, esas dos entradas ya sostienen el posicionamiento del blog, pues acumulan entre las dos más de cincuenta mil visitas, y diariamente rebasan el centenar. Son también las que mayor número de comentarios tienen, incluso habiendo borrado los más soeces y estúpidos (siendo las únicas entradas en las que he borrado comentarios, que ofrecían sexo por pago y lindezas de ese tipo, y a petición e insistencia de los mismos lectores). Otra reina de las entradas, a pesar de su corta edad, es la de Continuando la conversación sobre bullying, y también la que habla de La situación de la mujer en la actualidad, que aborda problemáticas como la ablación, la violencia sexual, la trata de blancas y otros temas sobre la realidad adversa de las mujeres en el mundo, dando cifras estremecedoras. El dossier sobre la discapacidad también es otro que atrae bastantes visitas.

Pero no todo es seriedad en el blog, desde el amor en las historietas rosas con Susy, Secretos del corazón, en los ligues en las redes sociales, con la historia de Cuca, una transexual cibernética, o el amor explicado desde el punto de vista científico, el romanticismo ha estado presente en el blog, atrayendo grandes cantidades de visitas. El amor y el desamor, y este último ha corrido por mi cuenta, tanto con curiosidad felina como con desahogos personales, aquí hablamos de los celos enfermizos y del duelo emocional, el temido mal de amores, y también lo hemos abordado a título personal, porque este blog ha sido hecho por una malbicha enamorada y muy malcorrespondida (correspondida, sí... pero ese es el principal problema, porque de veras lo es muy mal, je), y aunque no es mi deseo exhibirme tanto, al final no he logrado evitar hacerlo, y aquí está documentado lo que el enamoramiento, pero sobretodo, la desilusión y la desolación han provocado en la endeble mentecita malbichosa durante todas las fases del proceso amoroso y del duelo emocional, una muestra son las siguientes entradas:


También se habló de ausencias y pérdidas, tanto virtuales como físicas, la más sentida, la de mi padre, por la relación turbulenta que hubo entre él y yo, en donde igual éramos enemigos y cómplices, él inspiró dos textos:


Queda demostrado con estas entradas que la malbicho no es sólo un personaje, es también el retrato de una personalidad imperfecta, humanamente imperfecta, pues también se documentaron las enemistades virtuales y lo poco estable que es la autora intelectual de este crimen bloguero. Pero no todo ha sido infelicidad o nostalgia, y aquí dejo la prueba de que esta bicha ha sido feliz en dichosos paréntesis... y creo que incluso me atrevo a asegurar que actualmente también lo soy, y que estoy viviendo la mejor época de mi vida, así que el siguiente texto podría haber sido escrito hoy mismo:


Y otro muy festivo, de cuando aún me querían mis lectores y se daban el tiempito de venir a echar desmadre (esta vez por mi cumple):


Y de las entradas que más me han gustado a mí (y a veces también a ustedes), las que demuestran qué es lo quiero hacer con El Fanzín y para qué mantengo un blog, dejo algunas muestras que a mí me da orgullo y gusto releer, y que, perdonen la presunción, pero incluso considero que algunas son un aporte a la información en la red:

31 curiosidades de 31 minutos. Caza de albinos en Tanzania. Narcomentarios (sobre narcoviolencia y narcocultura). La malinche, ¿traidora o madre de la nación mexicana? La cena del centenario. Historias deliciosas: de Las muy ricas horas a la mantequilla Colbert. Los funerales de Víctor Hugo. El profesor y el pianista. El español mexicano y el (ab)uso del diminutivo. Los dibujos eróticos de Klimt. Cuando una mujer parte plaza. Taller de sexualidad: Parafilias alternativas y prácticas sexuales curiosas. La fiesta del Cinco de febreroEvolución del Zócalo, siglo XX (Minidossier). Juana Gallo. Manuel Tolsá y los trotes del caballito. Dossier: Jesús... ¿Cristo o de Nazareth? Muerte, conspiranoia y fraude: del Joker al Escándalo Libor. Los Barbarrojas del siglo XXI: los piratas somalíes. El ruido de fondo. Ópera Mariachi.

Estas son algunas de las casi mil entradas del Fanzín, y son también, algunas de las que me da gusto haber hecho (otras, reconozco, son absolutamente desechables). Son las que demuestran el amor con que se ha hecho este blog y con el que se ha construido el personaje de malbicho, amor por las letras, amor por la cultura, amor por la humanidad, amor por mi país, amor por mi ciudad, amor por mi familia, amor por la vida y amor por el amor mismo. Me encantaría saber cuál es la que más les gusta a ustedes, o cuál fue la que hizo que se decidieran a quedarse (claro, les hablo a los lectores habituales, que son con quien quiero compartir el festejo de hoy), ojalá quieran contármelo.

Es mi tradición recibir el Año Nuevo con dos canciones: la primera es la interpretación de Brindisi, de La Traviata, con Ana Netrebko, Rolando Villazón y Plácido Domingo en el concierto de Berlín de 2006:


La segunda es la Marcha Radetzky, del tradicional concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, que este año contó con la batuta de Franz Welser-Möst:



Siempre los pongo en El (micro)Fanzine, pero hoy quiero dejarlos aquí para compartir con ustedes mi deleite.

Le robo a Nora su tradicional despedida en cada entrada, pues necesito decírselos con la mayor sinceridad:

Gracias por leerme. 

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