miércoles, 16 de marzo de 2011

Dossier: OBESIDAD, ESTIGMA SOCIAL. UNA HISTORIA MÓRBIDA



Dicen las malas lenguas que de bebé yo era bonita, estaba pelona y con hoyuelos en las mejillas, y era gordita, de esas bebitas que se ven bien sanas. Crecí y mi "sanidad" fue creciendo conmigo, producto de ser consentida en exceso y no recibir un "no" cada que pedía algo de comer. A los cinco años veía televisión todo el día y le hacía caso a cada anuncio de golosinas que veía, recuerdo a Capulina mandándome a comprar unos pingüinos Marinela mediante una cantaletita: "requeterebuenos son", y yo le pedía a mi mamibicha uno cincuenta (pesos) y me iba corriendo a la tienda, antes de que terminaran los comerciales. Cuando mi maestra de kinder me vio al regresar de vacaciones por poco y no me reconoce, "¿Pero, qué le pasó?", le preguntó a mi mamá. Pasó que había engordado, con apenas cinco años ya era una persona obesa.
La gordura me acompañó hasta la adolescencia, crecí entre burlas, torpeza física y complejos, era la última en ser elegida en la clase de Deportes, cuando se formaban los equipos de volibol; los niños se peleaban por no ser mi pareja en la clase de danza; los apodos sustituían mi nombre; me volví tímida y apocada, refugiándome entre libros, muñecos de peluche, televisión... y más comida. Como muchas, mi familia era de las que celebraban comiendo, ya fuera en épocas de vacas gordas o flacas, la comida era, en sí misma, un motivo de celebración. Cada cumpleaños, cada ascenso, cada diploma era festejado con un pequeño banquete. Las sobremesas eran la mayor actividad del día. Así, la comida se volvió al mismo tiempo mi verdugo y mi refugio, comía para consolarme y comía para festejar, hasta que un doctor concientizó a mi mamá de los riesgos de los malos hábitos alimenticios combinados con el sedentarismo. A los doce años acompañaba a mi mamá a las pistas de tartán y comíamos berros bañados de yogurt natural, el desarrollo me ayudó un poco y mi sobrepeso se redujo a sólo tres o cuatro kilos de más; sin embargo, jamás dejé de sentirme gorda ni dejé de recibir ese trato, ahora lo pienso y realmente me indigna la presión que tienen las adolescentes para ser flacas, basta no estar en los huesos para ser considerada gorda. Y eso que hablo de los tiempos en que la anorexia no estaba en el vocabulario de nadie, Karen Carpenter seguía viva y nada apuntaba a que habría una moda de no comer.
Sin embargo, las gordas de la secundaria y prepa teníamos prohibido usar mezclilla strech o mallones, tan penalizadas como los barros en la frente eran las "llantitas" que sobresalían de los jeans o los muslos que se juntaban al caminar. Injusto, pues la adolescencia es una etapa de descargas hormonales que alteran tanto el interior como el exterior de un postpuberto, exigir perfección cuando aún no se acostumbra uno a manejar su propio cuerpo es un crimen. Pero es la etapa en que más importa la aprobación, y saberse gorda es una limitante muy seria. Aunque hacía más ejercicio del que hacía una jovencita regular, no conseguí nunca tener un cuerpo atlético, ni siquiera cuando combinaba la natación, los aerobics y una dieta de 1200 calorías. Sólo hubo dos momentos en mi vida en que estuve en mi peso (no el ideal, sino dentro del rango normal): cuando dejé de comer y cuando vomitaba todo lo que comía. Lo primero fue cuando tenía diecinueve años y fui embaucada en un trabajo en donde no me pagaban, tenía además conflictos familiares (aderezados con ese radicalismo juvenil que hace ver todo blanco o negro) y lo único que quería era no estar en mi casa, así que salía muy temprano en las mañanas y regresaba lo más tarde que podía, la falta de ingreso me hacía pasar el día con una coca-cola en el estómago y el mal ambiente en casa me hacía llegar directo a la oscuridad bajo las sábanas, semanas con ese régimen me dio la satisfacción de poderme sentar sin que ningún rollito se formara en el torso y abdomen; luego ya vino la paz hogareña y dejé de perder el tiempo en esa seudoempresa, aunque me seguí malpasando ya sólo era en los últimos días de la quincena. Quizá por eso no recuperé el sobrepeso perdido, la primera mitad de mi segunda década pude incluso presumir de una figura proporcionada.
Después vino una etapa muy tortuosa, de gran desequilibrio emocional, mi telenovela no la voy a contar hoy pero puedo decir que perdí mucha vida por una depresión abismal, en esa horrible etapa perdí incluso algo de capacidad sensorial, el sentido del gusto principalmente: la comida me parecía intragable y la poca que me llevaba a la boca salía casi de inmediato, me sentía ahogar y no encontraba alivio hasta que la vomitaba toda. Fue cuestión de semanas para que el espejo me devolviera una imagen mucho más esbelta, de todos los cambios que mi cuerpo ha tenido ese fue el más favorable (en un sentido estético), y ninguna de las consecuencias perjudiciales a mi salud me hizo lamentar haber perdido peso de ese modo. Así de importante se nos hace sentir que es estar delgada. Esa fue la segunda vez que estuve en mi peso adecuado. Con todo, tengo que decirlo: cuando empecé a ganar peso otra vez fue cuando supe lo que era sentirse atractiva. A medida que iba engordando el sobrepeso se acomodaba estrategicamente, y aunque nunca me sentí bien -la depresión mutó pero no se fue- y nunca dejé de anhelar estar delgada, puedo decir que cuando fui una gordita buenona tuve mi época de más "pegue". Hay una gran cantidad de hombres a los que les llama más la atención un cuerpo con sustancia, con redondeces voluptuosas. Sin embargo, yo no me sentía bien, y eso es algo que lamento ahora que veo a estas modelos size plus lucirse orgullosas: debí haberme permitido el sentirme bien conmigo misma. Orgullosa de mí.
Pero hice lo contrario, me recuerdo (y ésta es una confesión que no había hecho antes) mirándome al espejo desnuda, tratando de convencerme en que podía dejarme ver por alguien más sin producirle repulsión, pero nunca lo logré. No me perdoné ninguna adiposidad, ninguna estría, ninguna zona con piel de naranja. Incluso recuerdo haber tenido un pretendiente terriblemente guapo, varios años más joven que yo y con un cuerpo esculpido por horas en el gimnasio, y aunque a mí ese niñote me encantaba jamás me permití llegar a nada más que un flirteo tonto por vergüenza a mi imperfección corporal. Me dio pena unir mi flacidez a su cuerpo tonificado, me dio terror mostrarme a él sin la ayuda del brassier, de la lycra en los muslos, sin los centímetros de más que me regalaban las zapatillas y sin el auxilio del maquillaje en mi rostro. Simplemente no me lo permití. Y recuerdo haber seguido durante meses una dieta estricta sólo para poder meterme en un vestido ajustado y pasar frente a él... y contentarme sólo con su mirada admirativa. Porque a la hora de quitarme el vestido en la noche, agradecí que él no estuviera ahí. No sé si esto sea difícil sólo para mí, pero el sexo es un tabú por el simple hecho de no saber como mantener la luz apagada, por no estar a gusto más que en una posición, por no poder animarse a seducir, a tomar la iniciativa, a exponerse al rechazo que uno anticipa casi con seguridad. Y eso me pasaba cuando las miradas me seguían, ahora ya de plano no me permito pensarlo. Aunque aún ahora puedo comprobar que hay hombres que no desprecian un cuerpo voluminoso... y que el problema no son ellos. El enemigo está dentro. Es el que nos hace comer y culpabilizarnos después, el que nos impide encarar al espejo, el que nos desmotiva a probarnos esa blusa, a aceptar esa caricia, el que nos orilla vestirnos de negro, a no salir en traje de baño, a castigarnos por no poder continuar la dieta, a cubrirnos con una túnica que más bien parece una cortina, el que nos hace avergonzarnos de quienes somos, lamentarnos de quienes somos, lacerarnos por quienes somos.
Hoy tomo como prioridad estar sana, y sé que este peso que he acumulado no sólo es un lastre emocional sino también es un freno para un estado óptimo, pero cada vez un poco más entiendo que también mi salud depende de que aprenda que soy más que una mujer gorda, que no es la única característica que tengo, ni es la única que importa -como aprendí-; que muchos de estos complejos fueron injustamente sembrados y que mientras transformo mi cuerpo en uno más funcional, también debo transformar mi pensamiento en uno que rechace los juicios severos -propios y ajenos- sobre mi cuerpo.

domingo, 13 de marzo de 2011

La Ley y el (des)Orden, Presuntos Culpables



La exhibición -y la efímera suspensión de la misma- del documental Presunto Culpable, en donde se muestran deficiencias del sistema jurídico mexicano, provocaron toda una oleada de opiniones y sospechosismos conspiranoicos. La orden de una Juez de Distrito prohibiendo la exhibición del documental en los cines para proteger la imagen de un testigo, fue tomada como un acto de censura por la mayoría de la opinión pública, a su vez, el documental fue calificado por algunos (en su mayoría militantes de la izquierda) como una herramienta para allanar el camino en favor del sistema penal acusatorio, mejor conocido como "juicios orales", que se aseguró favorece la impunidad y la hipergarantización de los acusados en perjuicio de las víctimas (un ejemplo de ello es el caso de la familia Escobedo, en el que una madre activista que exigía justicia por la muerte de su hija a manos de su pareja, localizándolo para lograr su detención y juicio, fue asesinada después de que el asesino confeso fue declarado inocente en un juicio oral).

Que se ventile la falibilidad del sistema jurídico y que se discuta sobre su reforma es muy sano (y más que sano, necesario), la difusión del documental y la polémica a su alrededor han favorecido el debate. Son interesantes los planteamientos sobre estos asuntos, especialmente los que clarifican aspectos jurídicos sobre la presunta censura, los que comentan sobre la presunta intención del documental y los que analizan sobre la presunta impunidad que implican los juicios orales, aprobados desde finales del 2007 por la Cámara de Diputados, llevándose a cabo en varias entidades.

En México los juicios orales se implementaron para los delitos de imprenta en 1820, pero fue hasta 1869 que el presidente Benito Juárez los establece para delitos comunes y oficiales, quedando en desuso en 1920, cuando el último juicio fue por uxoricidio, a la más célebre autoviuda del período postrevolucionario:


En 1928 el periódico Excelsior auspiciaba el primer concurso de belleza en el país, y la ganadora fue una chica moderna, que representaba a esa mujer liberal de los 20´s, con cabellos y vestidos cortos, de cortes tan libres como las costumbres alejadas de la mujer victoriana; liberadas del corsé y de los atavismos restrictivos de décadas anteriores, educadas y emancipadas, las mujeres modernas exhibían sus pantorrillas bajo sus vestidos sueltos, la rodilla y la mitad de sus muslos en las playas, así como su autonomía al matricularse en las universidades y laborar como maestras u oficinistas.



A este tipo de mujeres pertenecía María Teresa Landa, joven de 18 años que se autonombraba feminista, aseguraba que "las mujeres que estudiaban eran tan capaces como el hombre" y manifestaba su intención de "ser independiente en todos los aspectos de su vida". Estudiante de Odontología, no se intimidó al seguir el ejemplo de las mujeres de Estados Unidos y Francia, y se mostró ante la cámara con un moderno traje de baño, considerado inmoral por una gran mayoría.


Al ser elegida la primera Miss México, cobró gran notoriedad al representar al país en el concurso internacional y recibió ofertas para participar en el floreciente cine hollywoodense, sin embargo rechazó con gracia esos ofrecimientos para aceptar el matrimonial con Moisés Vidal, militar 17 años mayor que ella, y con el que se casó en una ceremonia civil clandestina, a escondidas de sus padres. Cuando éstos se enteraron descubrieron también la falsedad de los testigos y del acta matrimonial, pero estando en juego el honor de su hija accedieron a aprobar el enlace religioso.


Un año después, tras meses de vivir un semienclaustramiento en su lujoso hogar, alejada de la vida social e ignorante de la realidad social al no contar ni siquiera con el permiso de hojear los periódicos y enterarse de las noticias -pues una dama de su altura no precisaba de eso-, una mañana la ex Miss México encontró el periódico Excelsior del día sobre una mesita, sobre el mueble estaban también los cigarrillos y la pistola Smith & Wesson de su esposo; en la segunda plana del periódico, a ocho columnas, leyó su propio nombre: el titular decía que el esposo de la primera Miss México, María Teresa Landa, estaba acusado de bigamia, y no sólo existía una primer esposa sino dos pequeñas hijas.

La ex reina de belleza llevó la pistola a su sien justo cuando su marido le gritaba que se calmara, entonces el cañón del arma cambió de dirección y su carga se vació sobre el cuerpo masculino, cuando nuevamente la mujer apretó el gatillo, ahora contra sí misma, ya no había balas. Arrodillada ante el agonizante cuerpo de su esposo, le pedía perdón y suplicaba que no se muriera.

El juicio a la autoviuda rebasó la capacidad de asistencia del salón de sesiones de la cárcel de Belén, proveedores de golosinas ofrecían su mercancía entre el público asistente, que enmudeció al verla entrar de elegante luto, con un vestido negro que realzaba la belleza de su cuerpo, el velo que cubría su rostro no alcanzaba a cubrir su belleza ni su dolor. El jurado popular se conmovió ante el alegato -de cinco horas- de su abogado defensor, José María Lozano (El príncipe de la palabra), quien revertía el discurso de la parte acusadora (que enfocaba la liberalidad de la asesina como un rasgo de su personalidad vacía, amoral e inescrupulosa), en su apasionado alegato de defensa, el abogado señaló la actitud liberal de la acusada, resaltando su inteligencia y modernidad para mostrarla como "una mujer de su tiempo".



Pero fue la última intervención de la bella ex reina la que sedujo al jurado, cuando ella admitió su culpa rompiendo en llanto al decir: "Quise matarme yo, pero lo maté a él". De pie, la audiencia aplaudió el fallo que la declaró inocente, pese que no había atenuantes ni causas de inculpabilidad, y en una ovación interminable la asesina absuelta fue sacada en hombros, entre vítores multitudinarios.

jueves, 10 de marzo de 2011

El Korova Milkbar y las mujeres-objeto de Allen Jones


Allen Jones es un artista pop británico que en la mayoría de su obra incluyó componentes eróticos. La obra que más lo identifica no es de él.

Korova Milkbar, el punto de reunión de los Drugos en donde consumen leche con drogas (en la película Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, basada en la novela del mismo nombre, de Anthony Burgess) tiene un mobiliario peculiar:


Estos muebles están basados en el conjunto Chair, Table y Hat Stand de Allen Jones, no fueron sus diseños, sin embargo, es una referencia obligada al hablar de su trabajo. Los muebles creados por él son estos:


Sus pinturas y esculturas son igualmente fetichistas y con alta dosis de erotismo, violencia e ironía; basadas tanto en las lecturas de Nietzche, Freud y Jung, como en la cultura pop de principios de los 60, al mismo tiempo, él se convierte en una de las más grandes influencias de los artistas de esa época.










martes, 8 de marzo de 2011

100 Años del Día Internacional de la Mujer


En 1911 se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer, decisión que se tomó un año antes durante la Conferencia Internacional de la Mujer Trabajadora en Copenhague, con el objetivo de contribuir a conseguir el sufragio universal. Aunque la fecha en que se llevó a cabo fue el 19 de marzo, en que se exigió, además del derecho al voto, la no discriminación laboral, el derecho a ocupar cargos públicos y el derecho a la formación profesional.

El día 25 de ese mismo mes, un incendio intencional en la fábrica Triangle Shirtwaist Company, en donde las trabajadoras protestaban por las malas condiciones laborales, provocó la muerte de 146 mujeres. En 1917, dada la escasez de alimentos y las muertes de dos millones de soldados rusos por la Primera Guerra Mundial, las mujeres de San Petersburgo salieron a las calles a pedir por "Pan y Paz". Este acto dio inicio a la Revolución Rusa y a la caída del zarismo. La fecha era el 23 de febrero del calendario juliano, pero el gregoriano marcaba el 8 de marzo.


Manifestación del 23 de febrero (calendario juliano), con mujeres encabezando las protestas.

En su libro Historia de la Revolución Rusa, León Trotsky relata:

“… la Revolución de Febrero empezó desde abajo, venciendo la resistencia de las propias organizaciones revolucionarias; con la particularidad de que esta espontánea iniciativa corrió a cargo de la parte más oprimida y cohibida del proletariado: las obreras del ramo textil…”

Así es que se adoptó esa fecha, aunque luego se amalgamara con la historia de las obreras estadounidenses (también del ramo textil). Aparentemente, esto respondió a un intento de desligar a la celebración de su carácter comunista, y con ello, también se ligó a un origen de martirio femenil en lugar de uno aguerrido, y hasta cierto punto, festivo.

Aún así, la muerte de esas 146 obreras ha sido trascendente para ejemplificar el costo que ha tenido adquirir derechos laborales y sociales para las mujeres. Tanto así que en este año 2011, el la ONU insiste en el reconocimiento de esos derechos con el tema «La igualdad de acceso a la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología: el camino hacia el trabajo decente para la mujer».

Y año con año hay que insistir en la necesidad de un día conmemorativo para la mujer, sus derechos y sus contribuciones a la sociedad, pues todavía está presente un estado de vulnerabilidad de la mujer. Es paradójico que, mientras se difunden lamentables casos de lapidaciones, ablaciones, trata de blancas, esclavitud sexual, violencia doméstica, feminicidios, violaciones y acoso sexual, discriminación, marginación y abusos a las mujeres en todo el mundo, en los países industrializados, las mujeres que ya gozan de acceso a la educación (incluso a nivel profesional), de derecho al voto, de oportunidades laborales y posibilidad de elección de cargos públicos, de independencia económica y libertad para elegir pareja sentimental, profesión u oficio, estado civil y el ejercicio de su sexualidad -entre otros derechos-, ignoren deliberadamente la problemática de otras mujeres en situaciones con más desventaja, o se deslinden de participar en la solución de las mismas, incluso denostando la labor o el movimiento de otras mujeres que sí se ocupan de hacerlo.

La errónea concepción y el prejuicio en torno al feminismo, sus objetivos y sus logros, así como de las diferentes tendencias en que se divide (no todas las corrientes son radicales o separatistas), impide tomar conciencia de lo imperante que es continuar combatiendo la inequidad entre géneros; es común escuchar o leer que la lucha feminista ya es innecesaria, obsoleta o nociva, que el feminismo es igual de malo que el machismo, que las feministas odian a los hombres, que todos los "ismos" son malos, etc... mientras en otras partes, hay mujeres que son condenadas a recibir azotes por vestir con pantalones, mujeres que son privadas de obtener placer durante una relación sexual (mediante la mutilación de sus órganos sexuales), mujeres que no pueden mostrar su rostro en público, mujeres que no pueden elegir a la persona con la que van a casarse, o que son obligadas a hacerlo desde una edad muy temprana, mujeres que no son consideradas personas sino propiedades, sin siquiera tener derecho a opinar sobre sí mismas... la realidad para muchas mujeres, tanto en países lejanos como en éste mismo, aún es opresiva y desventajosa con respecto al hombre.

Cien años después, los motivos para conmemorar el Día Internacional de la Mujer aún siguen vigentes.

Rosie la Remachadora, ícono estadounidense que representa a la mujer trabajadora, aunque la imagen no pertenece a la Rosie de la vida real (Rose Will Monroe, remachadora de los bombarderos B-29, durante la II Guerra Mundial), el póster de J. Howard Miller representa la misma idea: el homenaje a las mujeres que trabajaron en fábricas, supliendo a los hombres que ingresaron a las filas en combate. Rosie, the riveter es también un ícono feminista.


Plus:

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domingo, 6 de marzo de 2011

Julio Galán en sus Propias Palabras


“No sé qué es querer, ni sé qué es ser querido. No tengo claro ese sentimiento. Lo único que tengo claro es mi pintura. Estoy sujeto a la inspiración, soy un instrumento”.


Utilizando siempre su obra como catarsis: "Detesto la pintura, pero es mi único espejo para filtrar la realidad, para vengarme de mi pasado. Soy pintor porque no puedo ser otra cosa".

Y quizá, revelando un trauma: "El dolor no fue físico, me violaron el coco; literalmente me castraron".



Que tal vez se relacione con su visión de la religiosidad en que creció: "Yo no entendía cómo vivir en ese mundo de tanta "santidad" cuando a mi alrededor respiraba tanta tristeza y maldad".



“Cada rasgo, cada pincelada de color, cada textura es reflejo de mi dolor...”



“Nunca lo niego, mis obras son un espejo de mi propio dolor, es así como exorcizo mis fantasmas para abrirme al abismo de una nueva vida que son aventuras. Es la forma de mimetizarme con el ambiente, eso me encanta, me escondo de mis propios reflejos, igual me escondo tras la máscara de estrafalario”.


“Soy un demonio personificado pues he vivido en el infierno arrojado del paraíso, por eso me disfrazo, para provocar y provocarme, nunca me he ocultado de mí mismo, son los demás quien se esconden de mí, su inseguridad les impide entenderme, no quepo en sus esquemas, por eso me critican como estrafalario, como artista negro y obtuso”.



“Mi arte es un espejo, es el filtro que tamiza mi realidad, la uso para vengarme de mi pasado”.



“Cosas que no me gusta decir ni a ustedes les gustaría oír, por eso lo reflejo en el lienzo, quien tenga ojos que vea”.

(Todos hemos estado alguna vez) “envueltos en el dolor, en la tragedia, en el perfume prohibido”. (El perfume prohibido es) “Un elixir de vida que quieres beberte pero que sabes que no puedes hacerlo”.



“Sexualmente me gusta jugar con la duda...”


Admitiendo conflictos paternos: “mis gustos más delicados, por mi atracción hacia lo bello, por eso se ensañaba conmigo”.

“Pienso que en mis genes ya había algo para que no quisiera ser cazador ni macho, aunque eso no me condenaba a ser menos hombre”.“Pero no soy mujer, utilizo mi parte afeminada como un disfraz...”


“Soy lo que en este pueblo se le llama un solterón de 41 años, algo gordo y con muchos gatos en casa, quizás se me diga loco por mi obra, pero no lo estoy, es sólo una pose...”


jueves, 3 de marzo de 2011

La Publicidad más Efectiva


Quizá tú no los tomes en cuenta y aprovechas para ir al baño, para ordenar una pizza o practicas el deporte del zapping, pero las empresas gastan una millonada para hacer la publicidad de sus productos en televisión. Si tienen suerte, se quedarán en la mente de la audiencia y ésta los tomará en cuenta a la hora de abrir la cartera, algunos lograrán posicionarse al frente de su categoría y otros quizá hasta mimeticen su marca con el producto que venden (por eso nos sonamos la nariz con kleenex, nos alargamos las pestañas con rimmel y pegamos la foto en nuestra credencial con resistol). Pero hay anuncios que impactan tanto que no sólo crean fidelidad en el consumidor, sino logran transformar los hábitos de consumo y los estilos de vida.

No quedó constancia de la campaña de marketing que los vitivinicultores españoles hicieron para arraigar la costumbre de pedir deseos mientras se consumían doce uvas, al ritmo de las campanadas de la iglesia que señalaban el inicio de año, pero gracias a los actuales medios de comunicación sí sabemos de las siguientes campañas publicitarias:

Nada hay en la literatura de siglos anteriores que nos hable de la relación entre el matrimonio y los diamantes, sin embargo, en la actualidad la forma en que más se simboliza el compromiso es con un anillo adornado con una de estas piedras preciosas. La culpa es de De Beers, compañía minera fundada en el s. XIX que en 1948 encargó una campaña publicitaria con Advertising Ad, que complació a su cliente con el lema: Un diamante es para siempre. Desde entonces la promesa de amor eterno sólo tiene suficiente validez si se acompaña con el fulgor de esta joya. Fue Marilyn Monroe quien consolidó el afecto de las mujeres por los diamantes, pues si los caballeros las prefieren rubias, las mujeres prefieren brillantes (aunque la relación más fuerte que han tenido los diamantes es con las guerras, al financiar conflictos bélicos que benefician su extracción de países africanos).


Contrario a la estética aeronáutica que prevalecía en los 50, Volkswagen utilizaba la ironía y la autocrítica en sus anuncios televisivos para acentuar su lema de campaña: "Think Small"(Piensa pequeño), en la publicidad de su auto-escarabajo, transformando la publicidad en una actividad comercial donde el humor es un intento constante. Ideado por Hitler para la clase trabajadora de Alemania, el Beetle era un auto compacto, pesado y demasiado cercano a la tierra para gustar a los estadounidenses, pero su campaña logró atraer las simpatías hacia ese automóvil práctico e informal. Y quizá es la cultura pop de Estados Unidos la que más hizo porque los productos de esta compañía automotriz tuvieran el arraigo en las décadas 60, 70 y 80, pues tanto el entrañable vochito como la querida Combi coprotagonizaron películas, series animadas y series de comedia o acción. Les dejo uno de esos anuncios de los cincuenta, pero también les enlazo el anuncio que en este año rompió récords de vistas en Youtube, ya no es del escarabajo consentido pero sigue siendo una buena muestra de la publicidad de Volkswagen.




Ya hablamos de esto en El Fanzine, pero vale la pena recordarlo: la Coca-cola, con todo y lo que se cree, no fue la que vistió de rojo a Santa Claus ni le creó esa imagen bonachona... pero sí fue la que popularizó esa forma de imaginarlo. Su publicidad adoptó al generoso santo y lo rodeó con el halo que la leyenda a su alrededor fue tomando a través de los años, cumpliendo peticiones de niños alrededor de todo el mundo en compañía de duendes, renos y trineos, pero la publicidad fue rediseñada por el ilustrador de origen sueco Habdon Sundblom, también conocido por sus afamadas pin-ups. Sundblom en un principio tomó como modelo a Lou Prentice, vendedor jubilado, pero con los años terminó pintándose el mismo y usando también a sus nietos como modelos para los niños que rodean al Santa Claus que agradece poder hacer una pausa "para refrescarse, y que cambia las galletas con leche -que dicta la tradición- por una botella de Coca-cola, tomando, incluso, por asalto el refrigerador. Y la Navidad nunca volvió a ser la misma.


Otra de esas figuras emblemáticas nacidas por la publicidad es el Hombre Marlboro. Y ¿quién iba a decirlo?, ese rudo hombre al que no le hacen falta palabras para comunicarse con la naturaleza del oeste americano, que tiene a un hermoso caballo como extensión de sus extremidades, y que ha inspirado a cientos de miles de hombres (incluidos los ex-presidentes Bush y Fox, en la famosa Cumbre-Marlboro) para que se guarden sus sentimientos tras una cortina de humo... fumaba cigarrillos que originalmente eran preferidos por las señoritas.


La transformación de Marlboro: de la sofisticación a los símbolos fálicos.


Y ese hombre Marlboro tiene nombre: es Ronald McDonald (homónimo del otro más famoso que nos cae tan bien, al igual que sus hipercalóricas y desabridas hamburguesas), pero no lo necesitábamos saber, bastaba con su sombrero de cowboy, su cuerda en la mano y el cigarro colgando de sus labios para que supiéramos que estábamos ante el embajador del Mundo Marlboro (y aquí en México, tan significativa como la estepa por la que corrían libres los cimarrones que guiaba el vaquero fumador, era la grave y varonil voz de Enrique Rocha dando la orden de que se entrara en ese mundo de virilidad: "Entra al Mundo Marlboro", le oíamos decir). Justo en el tiempo en que se aprendía a asociar al cáncer de pulmón con el tabaco (1959), el Hombre Marlboro llegó a seducir a hombres para que fumaran cigarros suaves (hubo un primer intento fallido de ligarlo a hombres trabajadores de otros oficios), a mujeres que deseaban secretamente a un vaquero que las atara a él y a una sociedad que busca seguir siendo hedonista a pesar de daño que eso le atraiga. Por cierto, tres actores-modelos que personificaron a Ronald McDonald (no de payaso, sino de vaquero... ¿o sería payaso de rodeo?) murieron de cáncer.


Y hablando de vaqueros... los que nos robaron la inocencia fueron los Calvin Klein de Brooke Shields. La imagen de esa hermosa niña, completamente sexuada, no pareció haber preparado para soportar escucharla por televisión diciendo "¿Quieres saber que hay entre mis Calvin y yo?: Nada". Y de ahí en adelante los anuncios de Calvin Klein se hicieron más y más agresivamente sexuales, hasta que de plano en los 90 le declaró la guerra a la gente gorda, fea y chaparra, pues en su mundo y en su ropa sólo pueden habitar cuerpos perfectamente tonificados y en perpétuo éxtasis. Después de Brooke, su siguiente musa importante fue Kate Moss, su andrógino encanto conquistó al diseñador que logró que los jeans y las trusas se convirtieran en un objeto de culto, y que la publicidad se volviera soft porn.





En el significativo año de 1984, Apple lanzó su campaña de Macintosch, volviendo a los comerciales un pequeño videoclip, con una historia incluida. Quizá fue el efecto MTV o la oportunidad inspiradora de no dejar pasar el año para referirse a la gran obra de George Orwel, lo cierto que Apple mostró con esto que su camino sería la creatividad. Su computadora personal revolucionó la informática y su comercial revolucionó no sólo la manera de hacer anuncios para televisión, sino también inauguró la pasarela comercial del Super Bowl, en donde año con año se presentan los anuncios más impactantes y efectistas. El corto dirigido por Ridley Scott (entonces en la cima por Alien y Blade Runner) fue elegido como el mejor comercial de todos los tiempos y uno de los mejores momentos de la televisión en la historia.



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